Venganza. La mujer que él creía era la más compasiva del mundo, le resultaba una completa desconocida.
Una cosa es que le hiciera daño a él, pero, que Miley utilizase a Hannah para vengarse era terrible.
Nick apretó los dientes y subió las escaleras del porche. Miley y Sean se quedaron sorprendidos. No lo habían oído llegar.
—Vete de aquí, Doyle. Antes de que te mate.
Miley se acercó a Nick y le puso la mano en el hombro.
—Creo que Sean y tú debéis hablar.
Nick se enfadó aún más y dijo:
—¿Ya me has oído! ¡Fuera de aquí!
—Miley dice que debemos hacemos la prueba de paternidad —dijo Doyle.
—Mi mujer dice muchas cosas. No necesito esa maldita prueba para saber que Hannah es mi hija. Sal de aquí y mantente alejado de mi hija —le habría dicho que también se alejara de su esposa, de no ser porque Miley ya se había posicionado junto al enemigo. Nick no quería pensar en ello. No quería que ella notase cuánto le había dolido su traición.
En silencio, observaron cómo el actor se metía en el coche. Nick pensaba muy rápido. Solicitaría una orden de distanciamiento. Le diría a Ruth y a los empleados que estuvieran pendientes de Hannah, que tuvieran cuidado con Doyle. A partir de entonces, cerrarían la verja.
A Miley no le daría una llave. Tendría que tocar el claxon para que la dejaran pasar, como todo el mundo que no fuera de allí. No. Quería que se marchara.
Hannah corrió hacia el porche.
—Hablaremos cuando Hannah se haya acostado —dijo Miley.
Lo único de lo que tenían que hablar era de cuánto tardaría en recoger sus cosas.
—Miley —gritó Hannah—, Papá nos ha comprado un helado, a mí y a Moonie.
—¿Y el mío? —preguntó ella bromeando.
Cinismo… hacía como si no odiase a la niña. En el hospital, Miley dijo lo que pensaba. Se equivocó al no creerla. No quiso creerla.
Quiso acostarse con ella.
Ella se agachó para decirle algo a Hannah. Los vaqueros resaltaban las curvas de su trasero. Nick apretó los dientes.
Todavía quería acostarse con ella.
Miley dejó la revista al escuchar los pasos de Nick.
—¿Ya está acostada? —
—Vamos a mi oficina.
El tono de Nick la sorprendió, pero, recordó que Nick estaba muy nervioso. Lo siguió hasta la oficina y se sentó frente al escritorio.
—No tienes que ponerte así.
Él se quedó de pie, de espaldas a Mileye y mirando por la ventana.
—No has traído muchas cosas. Está claro que sabías que no te quedarías mucho tiempo. Con treinta minutos tendrás suficiente para empaquetar y marcharte. Olvídate de tu yegua. Mañana te la llevaré al Double Nickel.
—¿De qué estás hablando? No me voy a ningún sitio.
Nick golpeó el alféizar de la ventana.
—Tengo una pregunta. ¿Ha sido una suerte para ti que Vern y Edie involucraran a Doyle, o estabas metida en todo esto desde el principio?
—Hasta anoche, ni siquiera sabía que Kim y Sean eran amigos.
—Debiste danzar de alegría cuando te conté mi historia —se volvió para mirarla—. Enhorabuena. Siempre fuiste buena ocultando tus sentimientos, pero anoche demostraste que ahora eres una experta.
—¿De qué me acusas, Nick?
—Ya vale de actuar como una inocente. No te servirá de nada. Sé por qué te casaste conmigo.
No podía saberlo. Ella le sostuvo la mirada.
—¿Por qué?
—Maldita seas, Miley. No te culpo porque me odies, pero, ¿tenías que meter a Hannah en tu venganza?
—No estoy segura de lo que crees que he hecho, pero, nunca he intentado herir a Hannah. Sólo a ti.
—La mujer malvada. Nunca pensé que fueras un estereotipo.
—Yo nunca pensé que me abandonarías antes de la boda. Eso también es un estereotipo.
—Sé que lo que hice es imperdonable. Me imagino por qué te casaste conmigo, pero nunca imaginé que fueras capaz de herir a Hannah para desquitarte conmigo. Eso me pasa por dejarme llevar por lo que está debajo de mi cinturón en lugar de pensar con el cerebro.
—Un problema frecuente en ti —soltó ella. ¿Cómo podía pensar que quería hacer daño a Hannah?
—Supongo que crees que merezco perder a la hija por la que te abandoné.
Nick Jonas se iba a llevar un gran sermón, pero, primero Miley tenía que descubrir por qué él había llegado a la conclusión de que todo ese lío era por su culpa.
—¿Has conseguido hablar con tu abogado? —él la miró con desprecio. Miley lo intentó de nuevo—. He hecho algunas llamadas.
—De eso estoy seguro.
—Me acordé de que en el periódico hablaban de un sitio donde hacen pruebas de ADN. Fui a la biblioteca, encontré el artículo y llamé. Es rápido y confidencial. Lo único que hay que hacer es sacar una muestra del interior de la boca con un algodón y mandarla. Podemos mandar una muestra tuya, una de Hannah y una de Sean.
—Yo no voy a hacerme una prueba de paternidad, ni Hannah tampoco.
—Nick, piénsalo, es la mejor manera de deshacerte de Sean. Las pruebas demostrarán que él no es el padre y que tú sí lo eres.
—Me dijiste que nos miráramos en el espejo. Lo hice. Ni el pelo de Hannah, ni la nariz pequeña, ni la barbilla es como la mía o la de Kim.
—Tiene cuatro años y es niña. Claro que tiene una nariz pequeña —no sabía por qué se molestaba. No lo convencería. Ella no se rendiría—. Si me equivoco con lo de las pruebas, entonces, lucharemos por Hannah. Tú la has criado mientras Sean la ha ignorado. Ella te quiere. Conseguiremos informes y testimonios que digan que eres un buen padre. Llevaremos un montón de papeles ante el juez.
—¿Has leído alguna vez los periódicos? A los jueces no les importa nada de todo esto.
Miley se negaba a echarse atrás. Y menos cuando sabía que tenía razón.
—No sé por qué te empeñas en creer que Hannah no es tu hija —él echó la cabeza hacia atrás. Sus ojos se llenaron de dolor. Miley se obligó a continuar—, no puedes manchar el nombre de Kim. Es la madre de Hannah. Si no te haces la prueba, Sean te llevará a juicio y se hará público, ¿eso es lo que quieres?
—Quiero que te metas en tus asuntos.
—Piensa en Hannah. ¿Qué habría pasado si hubiese estado jugando ahí fuera cuando llegó Sean? ¿Y si le hubiese dicho que él es su padre? ¿Te vas a arriesgar a que Hannah pase por todo eso? El juez te obligará a que te hagas la prueba. Háztela ya y quítatela de encima, así podrás continuar con tu vida.
—Doyle no sabía nada de esto hasta que tú se lo dijiste.
—¿Por eso estás enfadado conmigo? Espabila, Nick. Cualquier abogado habría sugerido que hicierais la prueba.
—Eso no lo sabes. Me habría negado.
Sabía que no podía negarse. Se dio la vuelta y volvió a la ventana.
Miley se puso en pie y sacó un papel de su bolsillo. Se lo dio a Nick.
—Aquí tienes el número de donde hacen la prueba y el de Sean. Está en Aspen —antes de salir, dijo—. Sé que estás preocupado por Hannah, así que de momento no tendré en cuenta tus acusaciones. Una vez que tengamos los resultados, hablaremos.
—¿A dónde vas?
—A sacar a Moonie. Me da igual lo que digas, no me voy hasta que esto se aclare.
—¿Y eso cuándo será?
—No lo sé. Lo que sé es que no pienso dormir en esa cama de agua. Si no quieres dormir conmigo, duerme tú en ella. O en el suelo, o en el sofá del salón. Yo voy a dormir en tu cama con o sin ti. Hiciste que me casara contigo, así que al menos deja que duerma bien.
Nick durmió en el sofá del salón. Por la mañana, Miley dobló las sábanas y las mantas y las guardó antes de que llegara Ruth. Cada tarde, Nick las sacaba del armario y convertía el sofá en cama.
Miley deseaba que él durmiera tan poco como ella.
Nunca debió haberse casado con Nick. Ni siquiera para un mes.
Durante mucho tiempo pensó que casarse con Nick haría que su vida fuese perfecta. Se casó con él y nada era perfecto. Eran dos extraños viviendo en la misma casa. Educados, pero distantes. Si no fuese por Hannah, Miley dudaba de que Nick cenara con ella, o de que pasase por casa. La habría apartado por completo de su vida.
No es que le importara. Ella no quería casarse con él.
Él no la había tocado desde la noche de bodas.
¿Cómo podía pensar que Miley podía hacer algo tan atroz como intentar que perdiera a Hannah?
Miley le había prometido que se quedaría un mes, pero sus acusaciones invalidaban cualquier promesa. No se le ocurría ninguna razón por la que debiera permanecer allí ni un minuto más.
—¿Cómo es que papá no se va a la cama? —Hannah estaba dibujando y sorprendió a Miley con la pregunta.
—Sí va a la cama —Miley no sabía que la niña se había enterado de que dormían separados.
—Él me dice que me vaya a la cama para que no me ponga de mal humor. Papá está de mal humor.
Nick intentó que Hannah no se diera cuenta del drama que había a su alrededor, pero sus esfuerzos tuvieron el efecto contrario.
—Cuando los mayores estamos preocupados, a veces, parece que estemos enfadados.
—¿Y cómo es que papá está preocupado?
Miley buscó una buena respuesta.
—Los mayores nos preocupamos por todo.
—Yo no voy a ser mayor.
—Muy lista, cariño.
Hannah dejó de pintar y miró a Miley.
—¿Por qué me llamas cariño? Papá me llama cariño. Él me quiere. ¿Por qué a ti no te llama cariño? Davy dice que papá te quiere, y que por eso os habéis casado.
—Davy no sabe de qué está hablando —contestó con brusquedad.
—Sí lo sabe. Es un niño grande. Lo sabe todo —Hannah dijo esto y se concentró en su dibujo.
Miley intentó trabajar, pero, se sentía culpable por haber contestado así a Hannah. No había nada que pudiera hacer para convencer a Nick de que estaba equivocado respecto a ella. No iba ni a intentarlo. Lo que podía hacer durante su corto matrimonio, era intentar hacerle la vida fácil a Hannah mientras su padre combatía con los demonios. Intentó arreglarlo.
—¿Qué estás dibujando?
—Un dibujo —dijo Hannah cabizbaja.
—¿De qué?
—De gente.
—¿Puedo verlo?
Hannah dudó antes de tenderle el papel. Había tres figuras separadas. La más alta tenía el pelo negro. La mediana tenía el pelo amarillo, y la pequeña rizos rojos. La boca de las tres era un semicírculo negro colocado hacia abajo.
—Háblame del dibujo —dijo Miley.
Hannah arrancó el envoltorio de una cera.
—Parecen tristes.
Hannah se encogió de hombros.
—Me pregunto cómo podemos hacer que se pongan contentos.
Hannah dejó de jugar con la cera. Al cabo de un rato, miró a Miley y dijo:
—¿Un helado?
Cada vez que la veía marcharse, Nick se preguntaba si ése sería el día que ya no regresaría. Pensaba que no se marcharía sin la yegua, pero, luego se acordó que él había llevado a la yegua en su remolque. Miley mandaría a Worth a recoger a Copper.
Le dolía la espalda. Estaba harto de dormir en el sofá. La cama era suya. Tenía que aceptar el reto y meterse en la cama junto a Miley. Ver cuánto tardaba ella en irse a otra habitación.
Y si no se marchaba? Estaría tumbado junto a su cuerpo cálido, al lado de su piel suave. Sabía dónde lo llevaría un solo roce.
¿Cómo quería acostarse con ella si lo había traicionado?
Quería confiar en ella. Si no hubiese admitido que quería venganza. No es que él no adivinase sus intenciones cuando se casaron. No se imaginaba que utilizaría a Hannah para vengarse.
Nick aparcó el camión detrás del granero y apoyó la cabeza en el volante. Las intenciones de Miley eran muy claras. Miley llevó a la casa menos cosas que su madre cuando iba a visitarlo durante una semana. Miley no tenía intención de seguir casada con él.
Si no hubiesen hecho el amor la noche de la boda.
Un hombre no echa de menos lo que no conoce.
Había estado a punto de cumplirse su sueño de casarse con Miley. Ella se había reído de su sueño. Había destruido el amor que él sentía por ella.
Él nunca volvería a amar. ¿A Miley no le parecía suficiente? ¿Tenía que hacerle perder a Hannah, también?
Nunca había pensado en que un día odiaría a Miley Cyrus.
Nick sintió el vacío mientras caminaba por el pasillo de su casa. Recordó que había visto el coche de Miley aparcado en la puerta, si no, se le habría encogido el corazón. Sólo había silencio. Oyó risas que venían del porche de la cocina. Llegó allí y se detuvo en la puerta.
Miley estaba repantigada en una silla. Tenía los pies sobre un taburete. Hannah estaba arrodillada junto a ella, de espaldas a Nick.
—No creo que lo hiciera —dijo Miley.
—Papá lo haría —insistió Hannah.
Nick abrió la puerta.
—¿Qué haría papá?
—¡Papá! —gritó Hannah y corrió hacia él. Tenía un bote pequeño en la mano rota y un pincel en la otra.
—¿Qué estás haciendo? —preguntó él.
—¡Mira papá!
Nick le miró los pies. Tenía las uñas pintadas de color naranja.
—Miley me las pintó, y yo estoy pintándole las suyas. Nick miró a Miley. Ella sonrió. Él se puso alerta. Retiró la mirada de los labios de Miley y la dirigió hacia donde señalaba Hannah. Los dedos de Miley estaban manchados de esmalte de uñas.
—¿A que son bonitas? Puedo pintarte las tuyas también.
—Bueno, umm…
Miley se rió.
—¿Lo ves? Ya te dije que los hombres no saben apreciar los dedos bonitos.
Nick apreciaba los dedos bonitos. Le pasó una imagen por la cabeza. Miley tumbada en la cama. Nunca había deseado hacer el amor con los dedos del pie de una mujer.
—¿Por qué no te gustan las uñas pintadas, papá?
Hannah se inclinó para terminar de pintarle las uñas a Miley.
—Me gustan las uñas pintadas, pero en las chicas, no en mí.
—Miley no es una chica. Es vieja.
—¡Vieja! —Dijo Miley— ¡Si yo soy vieja tu padre es un anciano!
Nick miró a Miley y ella le sonrió con una sonrisa cálida. Él se preguntó qué tramaría Miley detrás de esa sonrisa. Disimuló sus sospechas y aclaró:
—Quiero decir, que los hombres no nos pintamos las uñas, igual que tampoco nos ponemos vestidos.
—Nosotras no llevamos vestidos —dijo Hannah.
Nick ya se había fijado en eso. Desde que llegó, se estaba fijando en las piernas bonitas de Dulce. No tenía sentido que llevara pantalones cortos en septiembre. Que lo tentara a acariciar su piel.
—Miley, he hecho otro desastre.
—No te preocupes. Se arregla con un poco de quitaesmalte.
—Vamos a estar guapas para nuestra fiesta, papá.
—¿Qué fiesta?
—Vamos a tomar helado —dijo Hannah contenta—. Vendrá Davy y todo el mundo.
—Sólo la familia. Vienen el domingo.
—Ruth no trabaja el domingo.
—Lo sé. Haremos una barbacoa. Todos traerán algo.
—¿Todos?
—Mamá, Worth y Greeley. Y Demi y Joe.
—Y Davy —añadió Hannah.
—Por supuesto, Davy también. E invitaremos a los abuelos Taylor.
La rabia se apoderó de Nick cuando descubrió qué significaba la sonrisa de Miley.
—Supongo que le habrás mandado una invitación a Doyle —dijo Nick.
—Ya te he dicho que sólo vendrá la familia.
¿Cómo podía pensar Miley en hacer una fiesta cuando su vida se estaba desintegrando? Si sintiese un poco de ternura hacia Hannah, no planearía una celebración, y menos en ese momento.
A menos que celebrase una victoria. Él había enviado por correo las pruebas de ADN. Sabía cuál sería el resultado, pero mientras esperaba, tenía un poco de tiempo para relajarse. Para planear.
Nick abrió la puerta del armario y buscó una manta. Se detuvo. ¿Por qué tenía que dormir en el sofá? La casa, la cama, le pertenecían. Miley había destruido su vida. No tenía por qué destrozar su espalda. Cerró la puerta y se dirigió hacia su dormitorio.
Miley lo miró cuando abrió la puerta.
—Se me acaba de ocurrir que tenía que haberte hecho una pregunta antes de hacer las invitaciones del domingo.
—¿Sólo una?
—Seguro que se me ocurren más —volvió a concentrarse en la libreta que tenía en la mano—. ¿Sabes hacer barbacoas?
—¿Qué? —no sabía qué es lo que esperaba oír, pero desde luego, no era eso.
—Barbacoas. Cuando Worth las hace, da igual lo que ponga en ella, siempre se queda, o crudo o carbonizado, y me temo que Joe no ha hecho una barbacoa en la vida. Así que, ¿sabes hacer barbacoas?
—Miley —empezó a decir. ¿Cómo iba a discutir con su esposa si se empeñaba en hablar de barbacoas?
—Lo sé, es sexista que el hombre haga la barbacoa, pero me gustaría que la fiesta saliese bien.
—Miley —lo intentó de nuevo.
—Worth es un chauvinista cuando se trata de barbacoas. Cree que es trabajo de hombres. Cuando la vamos a hacer nosotras, se empeña en hacerla él. Para no ofenderlo, lo dejamos que lo haga, pero sin duda, es el peor cocinero de Colorado. Si me ve a mí en la barbacoa, se pondrá él. Si te ve a ti, se quedará por allí cerca y hablará de deportes como todos los hombres.
—Yo puedo hacer la barbacoa.
—Bien —Miley escribió algo en el cuaderno. ¿Qué ocurría? Nick no se había sentido tan desorientado desde que cinco años antes se encontró en la cama de Kim Taylor. Unos días antes, Miley lo había traicionado y esa noche en lo único que pensaba era en la barbacoa.
Ella levantó la vista.
me encantooo
ResponderEliminaraunke nick piense mal de miley
siguela porfaaa