Miley entró en el vestíbulo del Brown Palace Hotel, totalmente empapada. Sus pies casi emitían un ruido de chapoteo mientras caminaba. Segura de que el vestido habría encogido una o dos tallas, temía ver cómo se le había quedado el cabello. Lo sentía pegajoso y enmarañado.
Sin embargo, estaba decidida a no defraudar a Nick. Dado que ella lo había animado a asistir a la cena, lo menos que podía hacer era acompañarlo, como le prometió. Aunque tuviera un aspecto lamentable.
Consciente de las miradas curiosas, echó un vistazo al gentío y se dirigió hacia el aseo de señoras.
A medio camino, oyó que pronunciaban su nombre.
—¿Miley?
El corazón empezó a latirle deprisa. Había esperado poder arreglarse el cabello antes que Nick la viera. Meneando la cabeza, se giró hacia él y sonrió.
Perfectamente ataviado con un esmoquin negro, estaba para comérselo. A Miley le recordó a un tigre temporalmente encadenado. El clásico esmoquin no ocultaba su constitución musculosa ni el peligroso brillo que jamás abandonaba del todo sus ojos.
Nick la miró rápidamente de arriba abajo y enarcó las cejas.
—¿Qué ha ocurrido?
—Una colisión múltiple de ocho vehículos —explicó ella, ajustándose el cuello del vestido por enésima vez en los últimos minutos— Nosotros íbamos los segundos. Tuve que prestar declaración a la policía. Para colmo, me he calado hasta los huesos mientras buscaba un taxi.
Nick la tomó del brazo y la apartó del gentío.
—Me alegra que hayas llegado. Empezaba a preocuparme —vio cómo Miley exhalaba un suspiro de alivio. Con el cabello hecho una maraña empapada de rizos y el rostro congestionado, tenía un aspecto casi salvaje. Nick se fijó en la sombra de su escote, y se preguntó si no sería un pecado que generalmente ocultase sus curvas con vestidos y jerséis flojos.
—Un vestido fantástico —dijo, sin saber si arrancarle la tela a tirones o cubrirla con su chaqueta para que los demás hombres no pudieran verla.
—Gracias. Hace una hora era aún más bonito —respondió Miley— Sé que estoy hecha un desastre. Pero si me das un par de minutos para…
—¡Nick Jonas! —llamó una rubia alta y despampanante que en ese momento se abría paso hacia ellos— Hace siglos que no sé nada de ti, sinvergüenza. Y dijiste que me llamarías —le reprochó con un deje sexy.
Nick reprimió un gruñido.
—He estado muy ocupado, Kit —reparó en la mirada curiosa de Miley— Miley Cyrus, te presento a Kit… —se interrumpió, incapaz de recordar el apellido de la rubia.
—Kit —dijo Miley en tono amistoso, ofreciéndole la mano.
El rostro exquisitamente maquillado de Kit se tiñó de impaciencia.
—Kit Carlton —estrechó rápidamente la mano de Miley y luego se giró hacia Nick— Si necesitabas pareja para esta noche, podías haberme llamado.
Nick sintió deseos de llevarse a Miley del hotel y olvidarse del premio. ¿Qué diablos había visto en Kit?
—Miley es mi pareja —dijo, empujando amablemente a Miley hacia el extremo de la sala— Seguro que hay una docena de tipos haciendo cola ante tu puerta.
A Kit le faltó poco para ronronear como una gata en celo.
—Sabes que tú para mí eres el primero, Nick. Mi nombre está en la guía —le gritó mientras se alejaban.
Nick tosió un par de veces.
—¿Se te ha comido la lengua el gato? —le preguntó Miley con una sonrisa dulce.
—Ten piedad de mí.
—¿Por qué? Es una mujer muy bella. Tiene el pelo impecable. Y está seca.
—Es un incordio. Tiene los ojos verdes porque ése es el color del dólar.
—Me parece un comentario muy cruel por tu parte.
—Pero es cierto —dijo Nick, atrayéndola hacia sí— Olvidémonos de la cena y volvamos a mi casa.
Miley negó con la cabeza, pero él percibió que por un momento se había sentido tentada de aceptar su sugerencia.
—Hemos venido para que recojas tu premio.
Nick agachó la cabeza para besarle levemente los labios, y se sintió satisfecho al ver que se le aceleraba el pulso.
—No me importa el premio —aseguró.
—Lo sé —Miley se recostó en su pecho un segundo, y luego se retiró— Pero esto empieza a ser una especie de reto personal para mí. Además, tengo hambre.
—Podrás comer lo que quieras si nos vamos. Diablos, incluso te traeré champán de París por avión…
Miley negó con la cabeza.
—Concédeme un minuto. Tengo que arreglarme el pelo.
—Déjalo como está —dijo Nick. Vio que ella parpadeaba, extrañada— Me gusta así.
Miley le sostuvo la mirada.
—¿Cuándo te revisaste la vista por última vez?
Los labios de Nick se curvaron, formando una sonrisa.
—Tengo la vista perfectamente. El único cambio que haría sería quitarte el vestido.
—Ya somos dos —musitó ella, tirándose del cuello mientras se volvía— Ha sido una locura comprarlo.
Incapaz de dejar pasar aquel comentario, Nick la agarro por la muñecay la detuvo.
—Miley —dijo, y oyó cómo ella jadeaba, sorprendida— Voy a hacerte mía.
Miley se estremeció. Y lo sorprendió al girarse para mirarlo. Sus ojos emitían una suerte de brillo desafiante que él jamás había visto. Aquella mirada, descaradamente femenina, bastó para excitarlo.
Ella ladeó la cabeza y dijo:
—Ya veremos.
Nick entornó los ojos y la contempló mientras se alejaba. La urgencia de poseerla latió en todos los puntos de su cuerpo. Miley no sospechaba lo cerca que estuvo Nick de seguirla hasta los aseos para demostrarle allí mismo lo mucho que la deseaba.
Al verse el cabello en el espejo, Miley emitió un gemido desesperado. Estuvo a punto de maldecir, hábito que había abandonado años atrás, cuando descubrió que los niños solían irrumpir en las conversaciones de los adultos en los momentos más inoportunos.
Una atractiva chica morena la miró y chasqueó la lengua mientras se retocaba los labios con carmín.
—Vaya una ocasión para que a una le caiga encima una tormenta, ¿eh?
—Sí —dijo Miley, ajustándose de nuevo el cuello del vestido. Tomó una toalla de papel y se secó las mejillas.
—¿El hombre que he visto contigo es Nick Jonas? —preguntó la morena.
Miley exhaló un suspiro y asintió.
—Sí. Esta noche le entregan un premio.
—Lo sé —la mujer sonrió y guardó el lápiz de labios— Salí con él hace tiempo.
¿Dos en una noche? Miley echó un rápido vistazo alrededor, preguntándose quién más…
—Es un hombre excepcional —dijo la mujer.
Miley notó que el corazón se le encogía.
—Sí, lo es.
—Y también es excepcionalmente rápido a la hora de desaparecer cuando pierde el interés —miró a Miley a los ojos y añadió—: Que tengas suerte.
Después de oír eso, Miley se soltó el pelo, literalmente. Tarde o temprano, Nick se cansaría de ella y la dejaría. Pero, ¿deseaba estar con él, aunque fuera temporalmente?, se preguntó. La respuesta la desgarraba por dentro, pero debía aceptarla.
Sí, lo deseaba, se dijo al observar la velada impaciencia de Nick mientras el presentador de la ceremonia alababa sus actos de caridad. Lo deseaba.
Colocándole la mano en el brazo, lo miró a los ojos y sonrió. Aquella premonición sobre su destino con Nick era más fuerte que nunca. El corazón le latía desbocadamente, como si se estuviera deslizando por una pista de esquí. A Miley jamás se le había dado bien esquiar.
—¿Te sería más fácil si te insultaran? —susurró, señalando con la cabeza al presentador.
Nick le acarició el cabello.
—Se me va a cortar la digestión. Vámonos.
Miley reprimió una carcajada.
—Espera un poco más.
Él le tiró cariñosamente del pelo.
—Te has convertido en toda una provocadora.
Ella negó con la cabeza.
—Ni hablar.
—¿Sabes lo que suelen hacer las mujeres provocadoras, no? —dijo Nick en voz baja.
Miley notó que el corazón volvía a disparársele.
—Claro que sí.
—Suelen prometer cosas —siguió diciendo Nick.
Ella asintió.
—Y luego no las cumplen.
La oscura mirada de Nick se clavó en sus ojos, llena de interrogantes.
Miley notó un nudo en la garganta, pero estaba decidida a seguir por el camino que había tomado.
—Yo siempre cumplo —dijo suavemente.
Por la convicción que atisbó en el rostro de Nick, supo que su suerte estaba echada.
Nick miró el cuentakilómetros y soltó deliberadamente el acelerador, aunque su deseo era pisarlo a fondo. Miley intentó entablar conversación, pero él se limitaba a contestar con monosílabos.
Necesitaba poseerla.
La ansiedad con que la deseaba resultaba casi absurda. Se lo había repetido a sí mismo varias veces a lo largo de las últimas semanas.
Deseaba perderse en su aroma, en su tacto y en su sabor. Deseaba llegar al mayor punto de intimidad posible con ella. Y a medida que llegaba más lejos, más deseaba. Apenas podía ocultarle a Miley la intensidad de su pasión por ella.
—¿Por qué estás tan callado? —Miley le agarró el brazo y se inclinó hacia él, rozándolo levemente con el seno.
Reprimiendo un jadeo, Nick rió para sí.
—Porque quiero llegar a casa antes de arrancarte ese vestido y devorarte.
Siguieron unos instantes de silencio, pero Miley no se retiró de él. Nick la miró de soslayo, preguntándose en qué estaría pensando.
—¿Te he asustado?
—Tú siempre me asustas —dijo ella.
Nick tomó la salida de la interestatal.
—En ese caso, ¿por qué no me has dejado?
—Porque no sé qué me asusta más. Lo que sientes por mí… —tomó aliento— O lo que yo siento por ti.
Miley había hablado con el corazón, y Nick sintió que un hondo sentimiento de ternura se sumaba a la pasión que sentía por ella. Dicho sentimiento lo sorprendió, pero no mitigó su ansia por poseerla. Era una necesidad demasiado grande, y la había reprimido durante demasiado tiempo.
—Jamás he deseado a una mujer como te deseo a ti —la miró de soslayo una vez más y vio que cerraba los ojos.
—Demuéstramelo —dijo Miley suavemente.
Nick le tomó la mano y la presionó contra su sexo excitado. Ella se quedó quieta al principio. Luego, lo acarició.
Jurando entre dientes, Nick jugó mentalmente a las veintiuna para conservar la cordura hasta que llegaran a casa. Sin apenas esperar a que se abriera del todo la puerta del garaje, introdujo el coche y lo detuvo en seco. A continuación, se quitó el cinturón de seguridad, estrechó a Miley entre sus brazos y reclamó su boca del modo en que planeaba reclamar su cuerpo. Completamente.
Miley abrió los labios para recibirlo. Su lengua se enredó dulcemente con la de él.
Nick tomó aliento e inhaló su aroma, la fragancia de su excitación de mujer, y devoró sin piedad sus labios, saboreándolos hasta que Miley se aferró fuertemente a su cuerpo.
Acariciándole los hombros desnudos, él deseó tocarla por todos los rincones de su cuerpo. Intentó bajarle el vestido, pero sólo lo consiguió en parte.
Le pellizcó los pezones con los dedos y emitió un jadeo de necesidad.
—Maldita sea, este vestido…
—Lo sé —murmuró Miley, apretando los senos contra las palmas de sus manos de un modo que lo hizo estremecerse— Le dije a la dependienta que no era adecuado para mí.
La frase apenas se filtró en el cerebro de Nick.
—No me refería a eso —dijo con una risotada áspera— Es muy difícil de quitar.
Miley se reclinó en el asiento, con los ojos nublados por la pasión y los labios ligeramente hinchados por los besos de Nick.
—Oh, Nick.
Al verla dispuesta y esperándolo, Nick volvió a jurar entre dientes. Era demasiado. Deseaba acceder a ella por completo, sin reservas.
—Te compraré otro —dijo, y agarró la tela roja con las manos y la desgarró con un fuerte tirón. Miley abrió los ojos de par en par, sorprendida— Te compraré dos más. O tres —la sacó del coche en brazos y entró en la casa.
—¿Qué estás haciendo? —inquirió ella, con aparente dificultad para formar las palabras.
Nick subió al dormitorio dando grandes zancadas.
—Voy a demostrártelo.
Y se lo demostró.
Tras dejarla en la enorme cama, Nick agachó la cabeza y le acarició los senos con la nariz mientras le bajaba las medias.
—Sé que voy demasiado deprisa —musitó— Pero llevo mucho tiempo esperando.
Le exploró con manos ansiosas la entrepierna, y comprobó que estaba húmeda y dispuesta. Miley le tiró inútilmente de la camisa.
—Nick… Deseo… Necesito…
Él se despojó de la camisa, dejando al descubierto su recio pecho.
—Oh, Miley, eres tan dulce —susurró mientras le recorría el vientre con los labios y descendía hasta sus muslos.
—Dios mío… —la voz de Miley se extinguió cuando la lengua de Nick encontró el centro de su sexo. Sus caricias la dejaron completamente vulnerable, transportándola a una galaxia de placer hasta entonces desconocida.
La tensión era tan dulce e intensa que Miley clavó las uñas en el edredón. Cuando le llegó la primera oleada de placer, se puso muy rígida y dejó escapar un chillido. Con manos temblorosas, tiró de Nick hacia arriba.
—Te necesito —susurró con voz ronca— Te necesito —repitió mirándolo a los ojos— dentro de mí.
—Oh, Miley —exclamó él, besándola.
La determinación, la necesidad y el amor impulsaban a Miley. Le bajó los pantalones y los calzoncillos, y palpó su excitación.
—Cariño, no hagas eso —le advirtió Nick— No podré… —sus jadeos estremecieron a Miley por dentro— Me falta muy poco para…
—Aguantarás —murmuró ella, sin dejar de acariciarlo.
Emitiendo un sonido a medio camino entre el jadeo y la risa, Nick sacó un envoltorio de plástico del bolsillo de su pantalón y retiró toda la ropa.
—Basta de provocación —dijo al tiempo que se ponía rápidamente el preservativo— Ahora eres mía —con una embestida firme, penetró en ella y se estremeció.
Sin dejar de mirarla a los ojos, Nick comenzó a moverse rítmicamente hasta que ambos alcanzaron el éxtasis. Miley jamás había sido poseída tan completa, tan irrevocablemente.
Hicieron el amor una y otra vez durante el resto de la noche.
Cuando la luz del amanecer se filtró por las cortinas, Miley despertó, sintiéndose como si acabara de participar en una maratón. Tenía el cuerpo lacio y los músculos doloridos. Miró a Nick, que dormía a su lado, y se sintió maravillada. El pelo moreno le caía sobre los párpados cerrados. Su cuerpo desnudo, rebosante de fuerza, le recordó al de un conquistador.
¿Y ella, qué era?, se preguntó, y decidió tomar un poco de agua. Se desplazó hacia un lado de la cama, pero el brazo de Nick la detuvo, rodeándole la cintura. La atrajo hacia sí.
—¿Adónde crees que vas?
Miley notó que el corazón le martilleaba cuando lo miró a los ojos.
—Tengo sed. Iba a buscar un vaso de agua.
—Quédate aquí —dijo Nick levantándose— Yo te lo traeré.
—No importa —tartamudeó ella— Puedo ir yo… —se interrumpió al ver que Nick entraba en el cuarto de baño.
Al cabo de unos instantes regresó con el agua. Mientras Miley bebía, él la acurrucó contra su pecho y jugueteó con su cabello al tiempo que le besaba la mejilla. Su ternura conmovió a Miley.
—¿Quieres más? —preguntó Nick.
Ella negó con la cabeza, sorprendida de lo cómoda que se sentía con su propia desnudez. No recordaba haberse sentido así en toda su vida.
Él le acarició la frente con la yema del dedo.
—¿Qué pasa por esta cabecita?
Miley cerró los ojos.
—Me siento un poco confusa.
—¿Pero estás pensando?
—Intento hacerlo —respondió ella, riendo para sí— Parece que tenga el cerebro lleno de guijarros que no paran de rodar.
—Entonces, necesitas quedarte en la cama —musitó Nick, y antes de que ella se diera cuenta, le atrapó un pezón con la boca.
Miley abrió los ojos rápidamente. Era imposible que lo deseara de nuevo. Pero notó que su sexo volvía a humedecerse.
—Es imposible que me desees otra vez —logró decir.
—Sí, es posible, y te deseo —respondió él atrayéndola hacia sí. Su sexo rozó el muslo de Miley— Hoy es domingo, y pienso retenerte en la cama todo el día —le mordisqueó suavemente la punta de los senos, excitándola.
—Pero, ¿y la comida? —preguntó ella con la fracción de su mente que aún operaba correctamente.
—Pediremos lo que quieras —contestó Nick introduciéndole la mano entre los muslos— Diablos, puedo hacer que nos traigan marisco de Maine, si lo deseas.
Miley emitió un jadeo al notar la intrusión de su dedo.
—No quiero marisco —desconcertada por su capacidad para engatusarla, lo apartó de sí ligeramente— Me bastaría con un tazón de cereales o un bollo —esta vez, le llegó a ella el turno de besarlo. Exploró su abdomen con los labios.
Su boca de detuvo a unos centímetros de su sexo, y él emitió un jadeo.
—¿Un bollo? ¿Quieres un bollo?
Percibiendo la desesperación de su voz, Miley sonrió.
—Luego —respondió, y lo tomó con la boca.
Las semanas siguientes fueron para Miley un período de descubrimiento constante y de gozo. Sospechaba que Nick sentía lo mismo, pues pasaba con ella todo el tiempo posible.
Insistía en que se quedara en su casa casi a diario, y solían bromear acerca de las excusas que utilizaba para convencerla.
A pesar de tener que ausentarse de la ciudad por motivos de negocios, Nick quiso que ella permaneciera en su casa, detalle que la sorprendió y la conmovió al mismo tiempo.
No obstante, Miley necesitaba tiempo para despejar una incógnita muy importante.
Estaba tan enamorada de Nick, que no sabía con seguridad qué resultado esperaba del test de embarazo al que acababa de someterse.
Sólo tardaría un día en saberlo.
aww ternuris ya se estan enamorado bien x ellos y tndran bebe ojala y no pase nada malo sube pronto linda cuidate.
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