martes, 17 de julio de 2012

Capitulo 14.- ¡FIN!

Nick volvió a su silla.
—Miley no va a volver —Hannah comenzó a llorar, sus gemidos le rompían el corazón.
Le daría a Hannah todo lo que pudiera.
No podía darle a Miley.
Si Miley hubiese tenido paciencia.
Creía que esa vez lo conseguirían. Miley tenía razón. Nunca iban a ser felices.

Nick sabía que el coche que llegaba no era el de Miley.
Greeley se bajó del todoterreno.
—Hola.
—¿Se ha olvidado algo? ¿Qué quieres?
—Me envía Demi. Quería venir ella, pero Joe le ha prohibido que se meta en esto. Normalmente eso no la habría detenido, pero se acaban de casar y está dejando que se crea que manda.
—Pobrecillo.
—Así es. Las Cyrus pueden ser muy pesadas.
—Supongo que al final me dirás qué es lo que quieres.
—Creo que tu cumpleaños es dentro de poco. Te he traído un regalo.
—¿De parte de Miley?
—Yo que tu, si recibes algo de Miley llamaría a los artificieros. Te lo prometo, Nick. Eres un beep. Si la quieres tanto, ¿por qué has dejado que se vaya?
—¿Quien ha dicho que la quiero?
Greeley le tendió un sobre.
—Demi encontró esto en la papelera. Miley había pensado dártelo por tu cumpleaños. Demi dice que si hablas de esto con Joe, te matará —Greeley se marchó antes de que Nick pudiera preguntarle qué había en el sobre.
«Los papeles del divorcio los enviaría un abogado». Miró el sobre y lo abrió. Dentro había unas fotos de Hannah. En una, estaba sentada en la hierba leyendo un libro, con las piernas cruzadas y descalza. Nick la había visto así sentada tantas veces…
La segunda foto era de Miley y Hannah. Estaban haciendo pompas de jabón. Miley arrodillada en la hierba, haciendo una pompa enorme. Hannah la miraba con los ojos bien abiertos.
En la tercera, Miley y Hannah estaban en la hierba mirando como caían montones de pompas sobre ellas.
En la cuarta, Hannah tenía la cabeza apoyada en el regazo de Miley. Ya le habían cortado el pelo.
Con el pelo corto, Hannah se parecía a Miley. Nick comprendió por qué la pequeña quería cortarse el pelo.
Todos los niños que Hannah conocía tenían madre. Seguro que más de una vez escuchó que se parecían a su madre. Ella no tenía a quien parecerse.
Él no se había dado cuenta de que Hannah había elegido a su nueva madre.
En la última foto, aparecía lo que él no había observado. El amor que Miley sentía por Hannah se reflejaba en su mirada.
Él era un beep.
Miley era capaz de querer al animal más asqueroso, ¿por qué creía que no amaba a Hannah?
—¿Qué tienes, papá? —Hannah lo agarró del brazo para ver qué sujetaba.— ¿Porqué han llegado las fotos? ¿Hoy es tu cumpleaños?
—No —de repente sonrió—. En cierto modo, sí, cariño. Si el cumpleaños es el día en que nace una persona, hoy es mi cumpleaños.
—¿Vamos a comer helado?
—Hoy no. Comeremos helado en mi otro cumpleaños —dijo Nick.
—Yo quiero ahora.
—Ahora tenemos cosas que hacer. Tenemos que hacer las maletas. He decidido que voy a ir a Tejas y que tú te quedarás con Miley.
—¿Sí? —Hannah le rodeó el cuello—. Te quiero, papá —lo miró a los ojos—. ¿Lo has visto? Miley dijo que lo verías.
—¿El qué?
—El amor, en las fotos.
—Lo he visto.

Mientras hacían las maletas, Hannah miraba las fotos.

—No veo el amor, papá.
Nick señaló la cara de Miley.
—Ahí. ¿Ves cuánto te quiere?
—Ese es mi amor. Pero no veo el tuyo. Ya sabes. Porque Miley y yo te queremos.
—¿Qué te hace pensar que Miley me quiere? ¿Te lo ha dicho?
—Papá —dijo Hannah con tono de adulto—, claro que Miley te quiere. Me lo ha dicho Davy.

Miley no se imaginaba quién podía llamar al timbre a las seis y media de la mañana. Pensó que debía de ser Worth.
—Buenos días, Miley. Espero no haberte sacado de la cama.
—Hola, Miley.
Ella miró a Nick y a Hannah. Debía estar soñando.
Nick soltó la maleta. Dejó a Hannah en el suelo y le dio un abrazo.
—Pásatelo bien —se puso en pie y abrazó a Miley—. Tú también. Nos vemos dentro de unos días.
—¿Qué ocurre? ¿Nick? —le gritó.
—Todos los papeles están en la maleta. Está todo lo que necesitas. Cuando regrese pondremos el rancho a nombre de los dos. Entonces hablaremos de la adopción.
Miley lo agarró del brazo.
—Ni se te ocurra marcharte. ¿Dónde vas? ¿De qué estás hablando?
—Tengo prisa. He de llevar unos caballos a Tejas. El número de mi móvil está junto a los papeles, por si acaso. Wally viene conmigo. Los ayudantes saben cómo va, pero si ocurre algo en el rancho, tú te encargas.
—Adiós, papá. Un beso.
Nick le dio un beso y después sonrió a Miley. Ella no tenía intención de besarlo, pero, de repente, estaba entre sus brazos. Él se retiró.
—Tengo que irme. Os echaré de menos. Regresaré lo antes posible.
—¿Te vas y dejas a Hannah conmigo?
—Sí. Ruth viene a Tejas con nosotros. Su primo vive allí —se volvió a mirar a Hannah—. No olvides lo que te he dicho —y se marchó.
Miley cerró la puerta y miró a Hannah.
—Bueno —dijo desorientada. Hannah sonrió.
—¿Has desayunado?
Hannah asintió.
—Supongo que tu padre te ha dicho que seas buena. La pequeña negó con la cabeza y se rió.
—¿Qué te ha dicho?
—Me ha dicho que tú eres mi nueva mamá. Que tengo que llamarte mamá.
Miley no pudo contener las lágrimas.

Él tenía las palmas de las manos sudorosas. Como si fuera un adolescente. Miley le había dado un beso de despedida. Era la única esperanza. Ella no había contactado con él. Nick era quién llamaba para hablar con ellas. No demasiado para que Miley no creyera que estaba controlándola.
Las llamadas no servían de nada. Hablaban del tiempo, de que Hannah se había pintado las uñas de azul…
Cada vez que llamaba, quería decirle a Miley que la quería, antes de colgar. Pero se ponía nervioso.
Nick le había dicho a Miley que llegaría al día siguiente, pero cuánto más cerca estaba de Colorado, más ganas tenía de llegar, así que condujo sin parar.
No sabía si Hannah le habría contado a Miley que él le había dicho que ella era su nueva madre. No se atrevía a preguntarlo. Ni Hannah ni Miley, mencionaron el tema.
Cuando llamaba, casi siempre las encontraba en el rancho. Al llegar allí, Nick todavía no había decidido si era porque Miley pensaba que Hannah estaría más contenta allí o porque se había tomado en serio lo de que se tenía que encargar del rancho.
Las llamadas lo confundían. Miley estaba un poco distante.
El coche de Miley estaba aparcado frente a la casa. Nick aparcó el camión cerca del granero. Subió las es caleras del porche y entró.
—¡Papá, no! —Hannah se paró en la escalera— ¡Vete! No era el recibimiento que esperaba. Hannah subió corriendo y gritando:
—¡Miley, mamá! Ha llegado papá. ¡No puede llegar ahora!
Arriba se oía música.
—No te oigo, cariño. ¿Qué dices?
—¿Ha llegado papá!
—Apaga la música. ¿Qué has dicho?
—Ha dicho que ha llegado su padre.
—¿Qué haces aquí? No llegabas hasta mañana —dijo Miley con cara de sorpresa.
—Lo has estropeado, papá. Nuestra sorpresa.
Él pensaba que al menos Hannah estaría contenta de verlo. Miró a su alrededor, estaban en la habitación que era de sus padres, y después de Kim.
Habían quitado todos los muebles. Cambiado el papel de la pared. Nick miró al techo.
En los espejos del techo, se reflejó su cara, y la de las dos mujeres de su vida. Las dos tenían la ropa llena de pintura. Estaba claro que las había interrumpido en su trabajo.
—Os quiero —dijo él.
Hannah le sonrió.
—Yo también, papá. ¿Por qué has estropeado nuestra sorpresa? Íbamos a dejarlo bonito para ti.
—Estás preciosa —después miró a Miley—. Las dos. Os quiero mucho.
—Debe de ser así, si crees que estoy preciosa. Parece que salí de una película de miedo.
—Estás preciosa. Pareces mi esposa. Como la madre de mi hija —se rió porque si no lloraría.
Miley pestañeó para contener las lágrimas.
—Tú pareces un hombre que lleva días conduciendo y que necesita una ducha, un abrazo y un beso de su esposa y de su hija.

—Estás ahí —Miley entró en la habitación—. Creo que voy a tener que cortarme el pelo para quitarme la pintura. ¿Qué es esto?
—El colchón de Hannah. Si se va a quedar mi cuarto, tendremos que dormir en algún sitio.
—Hannah necesitaba un cuarto más grande. Yo he dormido en su antigua cama. No tenemos que dormir aquí en el suelo.
—Como has metido todos los muebles que había aquí en esa habitación. Casi no se puede ni respirar.
—Es culpa tuya por haber venido tan pronto —estaba tan sexy sin camisa y descalzo—. Worth y Joe vienen mañana a bajar los muebles de tus padres del altillo. Los Taylor quieren la alfombra y lo que había aquí. Les he dicho que tú se lo llevarás.
—Si lo quieren, que vengan a por ello.
A pesar de que Nick opinase que los Taylor habían utilizado a Hannah, ellos siempre serían sus abuelos. Miley utilizó como excusa el dormitorio de Kim para ver cuál era la situación. Tenía esperanzas porque parecía que los Taylor habían asumido que Nick se quedaría con Hannah ya que no mencionaron ni a Sean Doyle ni nada acerca de la custodia de la niña. Miley sabía que los Taylor pensaban que si iban de buenos modos, quizá consiguieran algo de dinero de Nick.
—Ya veremos.
—Eso que significa, que como eres una recién casada intentas hacerme creer que yo llevo los pantalones.
—¿Qué quieres decir?
—Pregúntale a Greeley —se acercó a ella y colocó las manos sobre sus hombros mirándola a los ojos—. Miley, tenía miedo de que nunca me dejaras entrar otra vez en tu vida. Te necesito, no por Hannah, sino por mí. Te prometo que nunca volveré a traicionarte. Te amo, más de lo que puedo expresar con palabras.
—Te amo —Miley lo abrazó—. Hemos estado a punto de perder nuestro amor. Esta vez, sabemos lo importante que es e intentaremos que cada vez sea más fuerte.
—Otra cosa… después de que Kim y yo nos casáramos, yo no podía dormir con ella en esta habitación. Esperaba compartirla contigo. Kim y yo usamos el cuarto de invitados. Al cabo de unas semanas, yo volví a mi habitación y ella se vino aquí. Teníamos vidas separadas.
Miley imaginó a Nick y a Kim viviendo en la misma casa, como extraños, unidos sólo por una hija y por el sufrimiento. Por primera vez, Miley comprendió lo difícil que debió ser para los dos. Sintió lástima por Kim.
—Eso es el pasado. Kim te dejó un regalo estupendo, tu hija. Tenemos que estar agradecidos.
—No te merezco.
—Lo siento. Estás pegado a mí —lo abrazó con más fuerza—. ¿Vas a hablar toda la noche o nos vamos a la cama?
—Estás deseando probar el techo de espejos ¿eh?
—Vamos a necesitar un percutor para quitar eso. Tenía que haber esperado a que pusieran el techo nuevo antes de pintar —dijo sonrojada.
—No me casé contigo porque planearas las cosas —dijo Nick mientras le quitaba el albornoz.
—Lo sé. Querías acostarte conmigo —Miley cerró los ojos y disfrutó de las caricias.
—No, necesitaba a alguien que le pintara las uñas a Hannah.
—Mentiroso. Querías que volviera porque el sexo es muy bueno.
—¿Quieres decir que lo he cambiado de bueno a muy bueno?
—Tú no has cambiado nada. Siempre ha sido muy bueno. Apaga la luz y vamos a la cama.
—Si apagamos la luz, no veremos los espejos.
—Eso es —Miley le dio un beso en el cuello.
—¿Te pone nerviosa? Ponte esto y estarás adecuadamente vestida —metió la mano en el bolsillo y sacó el anillo.
La alianza brillaba con la luz. Miley se la colocó en el dedo anular.
—¿Es todo lo que necesito?
Se tumbaron en la cama y juntos se rieron, y se amaron.

—Miley.
Al oír su nombre, Miley se despertó. Nick no estaba en la cama.
—¿Nick?
—Estoy aquí, junto a la ventana. Quiero enseñarte algo.
Miley se puso el albornoz y fue hacia allí.
—¿Qué haces?
—Me he levantado a por una manta. No me dejaste terminar de hacer la cama —la agarró por la cintura—. Mira.
Ella cerró los ojos e inhaló el aroma de Nick.
—Te he dicho que mires.
—No hay nada que ver.
—Compórtate y haz lo que te digo. Estoy intentando mostrarte una cosa.
Ella no veía nada.
—Está muy oscuro.
—Por eso lo he visto.
El cielo estaba cubierto de nubes, pero de vez en cuando se veía alguna estrella. El invierno estaba cerca. Nick la abrazó al ver que Miley tiritaba.
—Ahí viene.
Detrás de las nubes apareció la luna e iluminó la escultura de Greeley. En el suelo se veía la sombra de los tres caballos. Parecía que estaban en movimiento.
—La familia de Hannah —dijo Miley—, Hannah, tú y yo.
—Mira. A la derecha.
Había un arbusto con forma de potrillo. Su sombra se fundía con la de la escultura.
—Una familia de cuatro —dijo Nick. Miley sólo pudo asentir.
Observaron las sombras hasta que la luna se escondió de nuevo.
—Bueno, ¿que opina, señora Jonas?
—Creo que tenemos que darle a Greeley un motivo para que ponga en marcha su soldador.
Nick le acarició el vientre y dijo:
—Lo que tú quieras, cariño.
Miley se rió. Él también. Ambos sabían que eran compañeros. En el amor y en la vida.

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