viernes, 13 de julio de 2012

Capitulo 10.-


—¿Qué quieres?
Quería acostarse con ella.
Lo invadió el calor del deseo. Miley lo había traicionado y él quería acostarse con ella. ¿Después de lo que le había hecho? Querer a Miley era traicionar a Hannah.
Miley no esperó a que contestara.
—Pensé en poner chuletas, pero si prefieres hamburguesas, no me importa. Le prometí a Hannah que también haríamos perritos calientes. Mamá va a traer tarta de chocolate. Demi, los embutidos y Greeley, ensalada de patata. Hannah y yo haremos pan, a no ser que quieras hacer hamburguesas, entonces compraré panecillos. A ver, —se concentró en el cuaderno—, limonada, té helado… Helado, por supuesto. ¿Se te ocurre algo más?
Él quería decirle que dejara de actuar.
—No pienso dormir en ese sofá nunca más.
—Vale.
—Esta es mi casa y mi cama, y voy a dormir aquí te guste o no.
—Duerme dónde quieras.
—Eso pretendo —Nick se sentó en la cama y se quitó las botas. Se puso en pie y se quitó la camisa. Se disponía a quitarse los vaqueros. Miley no se había movido.
—¿Entonces? —esperaba que se marchara. No le importaba dónde iba a dormir.
Miley lo miró.
—¿Entonces qué?
El tono de Miley era humilde y sensual. Era más un reto que una pregunta.
El cuerpo de Nick se tensó. El deseo de venganza de Miley terminó con todo el amor que sentía por ella. Ya no significaba nada para él. Eso no quería decir que no pudiera utilizarla. Manteniéndole la mirada, Nick se desabrochó el cinturón. Se inclinó, tomó el cuaderno y lo dejó sobre la mesita de noche, después apagó la luz. Los pantalones se le deslizaron hasta el suelo. Miley no dijo nada cuando Nick se metió en la cama y la abrazó.

Miley echó azúcar en la jarra de limonada y la removió. Actuar como si no pasara nada por el bien de Hannah, no quería decir que tuviera que disfrutar en la cama matrimonial. Nick era el culpable. Miley podría controlar mejor sus reacciones si él no fuese un buen amante. Pero claro, lo que hicieron no tenía nada que ver con el amor. Lo que Chris quería era evadirse de la realidad mediante el sexo. Miley sabía que la estaba utilizando.
¿Por qué no? Ella también lo estaba utilizando para… En realidad, Miley no sabía para qué lo utilizaba. Cuando intentó analizar su comportamiento en la cama con Nick, sólo se centró en pequeños detalles como en sus anchas espaldas, la piel suave y los latidos de su corazón. Era horrible. Cuando una mujer sentía indiferencia hacia un hombre, no se le hacía un nudo en el estómago cuando veía su pecho desnudo.
Era peor admitir que le gustaba oír la respiración acompasada de Nick mientras dormía a su lado.
Le gustaba todo lo que implicaba estar casada con Nick. Excepto el hecho de estar casada con él.
Se había vuelto completamente loca.
El pan se estaba enfriando en el estante. En el congelador había tres tipos de helado y en la nevera estaban las chuletas y el té helado. Miley estaba haciendo los últimos preparativos y Nick supervisaba a Hannah mientras se bañaba.
Pensó que era curioso que cuando una mujer planeaba tener hijos con un hombre, no pensara primero en qué clase de padre sería. Antes veía a Nick como un hombre fuerte, sexy y guapo. Al verlo con Hannah, descubrió que tenía ciertas cualidades en las que nunca había reparado. Era tranquilo y decidido. Protegía y alimentaba a su hija, y Hannah lo adoraba.
—¡No! ¡No quiero! ¡Voy a decírselo a Miley! —Hannah bajó las escaleras llamando a Miley. Entró en la cocina medio enfadada— ¡Papá dice que tengo que ponerme los zapatos!
—¿Vas a ir así vestida? —preguntó Miley cuando vio el vestido rosa fosforito.
—Es mi vestido de fiesta —miró hacia sus pies y señaló los zapatos blancos—, ¡no van a ver mis uñas pintadas! ¡Dile a papá que no puedo ponerme zapatos!
—Bueno, um… —Miley oyó un ruido y vio que Nick estaba en la puerta—. Como vamos a hacer una barbacoa, tu padre y yo vamos a llevar vaqueros.
—Yo quiero ponerme mi vestido de fiesta.
Miley volvió a mirar el horrible vestido y dijo:
—Está bien —con un poco de suerte, lo destrozaría—, ponte unas sandalias y así se te verán las uñas.
Nick se cruzó de brazos.
—No tiene sandalias. Vive en el campo. Tiene unas botas y los zapatos blancos.
Miley los miró. Vio que ellos la miraban con cara de expectación. ¿Por qué la miraban? Ella no era la madre de nadie.
—Vale, Hannah, ponte las botas…
—Noooooo!
—Déjame terminar. Cuando estés fuera del porche ponte las botas, y cuando estés en la casa o en el porche, te las quitas.
—Vale —Hannah se sentó en el suelo y se quitó los zapatos.
—No he terminado. Si no te pones las botas cuando salgas del porche, no irás descalza nunca más.
—Vale —Hannah miró a Nick—. Ves, papá. Ya te lo dije. Miley sabe más porque es una señora.
Nick le dio una suave palmada a su hija y le dijo:
—Un poco de respeto a tu padre. Hannah regresó corriendo.
—Te quiero —dijo muy seria—, pero no tienes ni idea de pies bonitos.
—Si que sé de pies bonitos. Es más, me comeré los tuyos con mostaza.
—¡No! ¡Yo me comeré los tuyos! —y se marchó riendo.
Nick dejó de sonreír.

—No sé para qué he preparado tanta comida si vamos a comer pies —dijo Miley.

Nick la miró.
—Buena pregunta. ¿Para qué te has molestado?
—Si se hace una fiesta, hay que tener comida.
—¿Por qué das una fiesta? ¿Para celebrar lo bobo que soy por casarme contigo?
—Recuerda a quién se le ocurrió que nos casáramos —recordó que fue a ella a quién se le ocurrió primero. Nick no tardaría en recordárselo.
—Miley —Nick la agarró por los hombros—, ¿cómo hemos llegado a esta situación? Nunca quise pelearme contigo, pero no me gustó la manera en que me comparabas con Beau.
—No me eches la culpa a mí. Yo no fui la que me acosté con otro.
—Siempre sales con lo mismo, ¿verdad? —Nick retiró las manos de los hombros de Miley.
—¿Y qué esperas? Me traicionaste —Miley respiró hondo—. No tiene sentido recordar el pasado. Las chuletas están en la nevera. ¿Has preparado la barbacoa?
—Es de gas.
Miley miró por la ventana. Deseaba que Nick se marchara de la cocina. Pensar en lo que pudo haber sido era muy doloroso. El silencio era tenso.
Nick se colocó detrás de ella y le acarició los brazos.
—Miley, podemos empezar de nuevo. Somos adultos. Podemos intentar que este matrimonio funcione. Si tú quieres.
Miley se quedó sorprendida por su reacción. Quería intentarlo. Quería decir que sí.
El miedo la mantuvo en silencio. Entregarle su cuerpo a Nick le había resultado fácil. Confiar en él era más arriesgado. Casi no se había recuperado de la última vez que le hizo daño. Si se lo volvía a hacer…
Sentía que había algo maravilloso al alcance de su mano. Podía ser suyo. Lo único que tenía que hacer era aceptarlo. Darle una oportunidad.
—¿Hola? ¿Hay alguien en casa?
Nick la soltó y se retiró.
—Olvídalo. Es demasiado tarde para comenzar de nuevo.
—Nick… —la indiferencia de su mirada hizo que no continuara.
—Creo que han llegado los invitados —dijo con frialdad y se marchó.

La capacidad de razonamiento de Nick se esfumó. Él quería creerse su cuento de hadas, y pasó por alto cómo había traicionado a Miley. Como un beep, le había sugerido que continuasen casados. Claro que Miley no supo cómo responder. Seguro que tuvo que contenerse para no reírse en su cara.
Ya sabía por qué hacía la fiesta. Su esposa puso cara de sorpresa cuando vio a Sean Doyle con el resto de los invitados, pero a Nick no lo engañaba.
Hannah estaba sentada encima de Nick. Como todo el mundo le decía cosas, la pequeña tenía un poco de vergüenza.
—Qué vestido tan bonito —dijo Doyle—, acércate y así lo podré ver mejor.
Hannah no se movió.
—Davy y yo queremos ir a ver a Honey —dijo Mary Cyrus—. ¿Nos enseñas donde está?
Hannah saltó desde el porche, le echó una mirada de culpabilidad a Nick y se volvió a subir. Se puso las botas y miró a Miley. Nick pensó que Miley disimulaba, como si no la hubiera visto. O peor aún, que no le importaba nada si Hannah pisaba un clavo oxidado.
Hannah alcanzó a Mary y a Davy y en seguida se puso a jugar.
Doyle se puso en pie y Nick se puso tenso. Se iba a enterar si molestaba a Hannah.
—Sean, ven aquí un momento —dijo Miley y señaló a la silla que había a su lado—. Sabemos que la mitad de lo que nos está contando Jake acerca de Hollywood es mentira, pero no sabemos qué. Necesitamos que nos digas cuándo miente.
El actor se unió al grupo que había alrededor de Jake Norton.
—Por fin. Tenía muchas ganas de conocerte —dijo Kristy, la mujer de Jake Norton, y se sentó junto a Nick.
—¿Por qué?
—Porque llevaba mucho tiempo queriendo conocer al hombre que le rompió el corazón a Miley —Kristy Norton sonrió y dijo—. No es la mejor manera de empezar una conversación, ¿verdad?
—No.
—Un hombre sincero —dijo Kristy—. Estoy tan contenta por Miley. Es estupendo lo bien que se lleva con tu hija —Nick no vio motivos para decirle que no era así. Además, respecto a Hannah, tenía razón—. Aunque sois malvados por haberos casado sin nosotros. Ayer me quedé helada cuando Demi me lo contó. Le he dicho a Jake que tiene que hacer una película con vuestra boda. Me encanta la idea de Miley casándose en vaqueros. Estoy segura de que estaba preciosa.
—Sí —dijo Nick.
—Ya entiendo por qué no le dio ninguna oportunidad a otros hombres.
—No ha tenido problema en dársela a Doyle.
—Échale la culpa a Jake por traer a Sean. Ya le he dicho que no se puede aparecer en casa de gente con amigos a los que no se ha invitado. No es que a nosotros nos hayan invitado, pero Demi dijo que os daríamos una gran sorpresa —Kristy miró a Nick—. No todas las sorpresas son buenas.
—Los amigos de Miley son bienvenidos —dijo Nick para no ser desagradable.
—Jake está haciendo otra película del Oeste y Sean quiere ser el actor secundario. Se pegó a Jake en cuanto lo vimos en el bar del hotel Jerome. Yo no creo que tenga el aspecto adecuado para ese papel.
—Creía que a las mujeres les gustaba su aspecto.
—A las adolescentes. Es demasiado guapo. La película tiene dos papeles de hombres duros, como Jake, Worth o tú. Tenéis rasgos duros que resultan atractivos tanto a hombres como a mujeres. ¿Tú que crees, Miley? ¿A qué Nick parece un actor? Es el prototipo de vaquero duro, robusto y responsable. Y muy sexy, ¿no crees?
Miley miró a Nick sorprendida y dijo:
—Creo que ha sonado el timbre del horno. Iré a mirar.

—De verdad, no necesito ayuda —dijo Miley.
—No hemos venido a ayudarte —dijo Greeley. Entraron en el porche trasero y Demi cerró la puerta tras ellas.
—¿Cuál es el problema?
Miley sabía que no tenía escapatoria.
—Ninguno. He venido a mirar la comida.
—La acabas de mirar. ¿Por qué has hecho esta fiesta?
—Por nada. Hannah y yo decidimos que había que hacer una fiesta.
—Sabes que una vez que a Demi se le mete algo en la cabeza, no para hasta que lo consigue. Será mejor que nos lo cuentes. Miley, Nick está a punto de estallar y tú no haces más que escabullirte. ¿Qué pasa?
—Nunca hemos hecho una fiesta juntas, eso es todo.
Por la forma en que la miraron sus hermanas, supo que esa vez no podría escabullirse.
Ella se rindió. Al fin y al cabo, necesitaba otra opinión. Si estaba equivocada…
—Greeley, ¿te acuerdas cuando teníamos diez u once años, que un día llegaste llorando a casa porque alguien te había dicho que no te parecías ni a Demi ni a mí? Dijiste que te dijeron que no eras de nuestra familia.
—Lo recuerdo. Worth dijo que debía de alegrarme por no ser escuálida, rubia y alta. Demi quería que me pidieran perdón. Tú me dijiste que te gustaba mi aspecto y mamá dijo que lo importante era cómo era mi personalidad.
—Mamá sacó las fotos de la familia para que las viésemos —dijo Miley—. Llegamos a la conclusión de que los cuatro teníamos la misma boca y los mismos pómulos que Beau, y que Greeley además tenía el pelo y las cejas como él. El resto de nosotros, heredamos la estatura de mamá.
—¿Os acordáis de cómo se enfadó Worth cuando se enteró de que su boca se parecía a las de sus hermanas? —dijo Greeley.
—¿Y esto a qué viene ahora? —dijo Demi mirando a Miley con curiosidad.
—Empezamos a jugar a observar a otra gente y a intentar descubrir si eran parientes. Cuando enseñaba también lo hacía. Hoy día, los niños tienen madrastras, hermanastros…
—Miley —dijo Demi.
—Nick cree que Hannah no es su hija.
—En serio —dijo Greeley—, ¿con esas cejas? ¿Tiene los dedos torcidos?
Miley asintió y Demi dijo:
—¿Cómo se le ha ocurrido eso?
—Kim Taylor —Miley explicó todo.
—En cuanto lleguen los resultados de las pruebas, Nick se dará cuenta de que es lo mejor que ha podido hacer —dijo su hermana pequeña.
—¿Y qué es lo que nos estás ocultando?
—Más o menos eso es todo. Nick está furioso porque ha venido Sean, y se cree que yo lo he invitado a pesar de que ya le he dicho que no. Cree que intento hacer que pierda a Hannah para vengarme de él por casarse con Kim. ¿Cómo me cree capaz de hacer eso? Primero dice que me vaya, luego que lo intentemos otra vez. No debí de haberme casado con él.
—Es culpa mía. Yo no debí de invitarlo a mi boda —dijo Demi.
—Ahora no podemos preocupamos de lo que hicisteis —dijo Greeley—. Lo que nos preocupa es qué puede hacer Miley.
—Eso es fácil —Mary Cyrus estaba al otro lado de la puerta—, matarlo.
—¿Cuánto tiempo llevas ahí, mamá? —dijo Miley.
—He oído que te casaste con Nick para vengarte.
—Cambié de opinión —dijo Miley defendiéndose.
—Tú eres la que siempre dice que hay que mirar las cosas desde el punto de vista del afectado —dijo Mary.
—La Reina de la Sabiduría ha llegado —dijo Demi y dejó pasar a su madre.
—No sé de qué estás hablando. Nick cree que soy tan despreciable como para querer que pierda a su hija.
—Vamos a entretener a los comensales —las hermanas salieron y cerraron la puerta.
—¿Por qué piensas que Nick cree que quieres que pierda a Hannah? —dijo Mary.
—¿Cómo voy a saberlo? Le dije que Hannah es su hija. Le busqué información sobre las pruebas de ADN para que todo se solucione antes de que sea demasiado tarde. Convencí a Sean de que se hiciera la prueba. Hice todo lo que pude para demostrarle a Nick que Hannah es su hija.
—El amor es muy complicado.
—No estoy hablando de amor. Hablo de confianza, y el problema es que Nick no confía en mí.
—Tienes que tener paciencia. Kim era poco fiable y desleal. Lo convenció de que no era el padre de la niña que él ha criado y a la que quiere.
—Yo no soy Kim Taylor.
—Lo sé. Pero ponte en el lugar de Nick. Greeley me contó lo que dijiste en el hospital y que Nick te oyó. Le dijiste que te casarías con él, el día de la boda dijiste que no, luego cambiaste de opinión. Admitiste que te casaste por venganza. Es normal que desconfíe. No sabe qué es lo que quieres de él. ¿Y tú?
Miley no contestó y Mary continuó:
—Me voy con los demás al porche. Todavía no le he preguntado a Kristy por su embarazo.
Miley se quedó en la cocina. No quería nada de Nick Jonas.
Desde luego, no quería estar embarazada como Kristy.
Cuando Nick y ella se comprometieron, pasaban las horas hablando de cuántos hijos tendrían…
Y Nick, ¿querría tener más hijos?
¿Qué se sentiría al dar de beep a un bebé?
Nunca lo sabría.
Los resultados favorables de las pruebas no cambiarían nada.
Nick criaba muy bien a Hannah. Miley no sabía por qué se había casado con ella. Kim lo convenció de que no era el padre de Hannah y Nick pensaba que casarse le ayudaría a mantener la custodia de su hija.
Miley estaba segura de que sí era el padre de Hannah, así que no la necesitaba.
Era perfecto. No quería quedarse.
Se fue a buscar a Nick para preguntarle si estaba listo para preparar las chuletas.
Estaba junto a la barbacoa. Sean estaba con él. Miley se acercó a ellos, pero estaban tan absortos por la conversación que no se dieron cuenta de su llegada.
—No voy a dejar que Hannah se quede contigo —dijo Sean—. Cualquier periodista lo sacará a la luz y pareceré uno de esos padres apocados. Perderé a la mitad de mis fans.
—Hannah no tiene nada que ver con tu carrera. Ella me necesita, y yo a ella.
—Lo siento, Jonas. Sé que esto no es culpa tuya, pero tampoco es el fin del mundo. Yo no puedo tener más hijos. Me hice una vasectomía. Miley puede darte todos los que quieras. No echarás a Hannah de menos.
—Acabas de demostrar que no eres un buen padre para Hannah. Miley no arreglará nada si pierdo a Hannah.
Ella debió de hacer algún ruido porque Nick se dio la vuelta de pronto y la vio. Sean masculló algo y se marchó. Se hizo un silencio interminable.

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