sábado, 7 de julio de 2012

Capitulo 1.-


El salón Augusta del Hotel Nicholas en Aspen, Colorado, propiedad del señor Steele, era el escenario perfecto para celebrar la boda de Joe Steele y Demi Cyrus. Aquella tarde de septiembre habían encendido las chimeneas que había a cada extremo del salón. Los invitados brindaban por la pareja feliz. Los huéspedes del hotel y algunos turistas observaban a las estrellas de cine, a los magnates de negocios y políticos que se encontraban entre la multitud.
Miley Ray Cyrus quería marcharse.
—Mile, ¿todavía no estás lista? —Dijo el niño en tono desesperado—. Demi, quiero decir, mamá, dijo que no teníamos que quedarnos todo el rato.
Miley sonrió a su nuevo sobrino. Davy Steele era un bebé cuando sus padres murieron. Demi le dijo que aunque no era su madre, podía llamarla mamá.
—Tenemos que esperar a que corten la tarta —dijo Miley acariciando el cabello del niño.
— ¿Tenemos que esperar?
—Sí. Como te vas a quedar en el rancho con la abuela, Worth y Greeley, mientras Demi y Joe estén de luna de miel, tendrás mucho tiempo para montar a caballo.
De luna de miel. Parecía imposible. Hacía sólo unas semanas que la hermana de Miley conoció a Davy y a su tío Joe. Y de repente se había convertido en la esposa de Joe Steele y en la madre de Davy. Sin duda, Davy comenzaría en seguida a llamar papá a Joe.
A Miley se le humedecieron los ojos. Demi estaba preciosa. La belleza de su hermana trascendía la apariencia física. Emanaba belleza desde el interior. La belleza que surgía de ser amada de verdad.
Miley creyó una vez que la amaban de esa manera. Pero se equivocó.
—Oh, no, ahí viene.
— ¿Quién viene? —preguntó Miley.
—Ella —dijo el niño y señaló hacia una niña sonriente—. No me deja tranquilo.
Miley nunca había visto a esa niña antes. Tenía unos cuatro años y una cara angelical.
—No parece muy peligrosa.
—No me deja en paz —la niña lo agarró de la mano y él la retiró—. Vete, no me gustan las niñas.
La pequeña rompió a llorar.
— ¿Lo ves? —Davy le dijo a Miley—, hace eso cada vez que le digo que me deje en paz. Deja de llorar —le dijo a la niña—, vamos a tomar tarta, ¿no te gusta la tarta?
La niña asintió y le tendió la mano de nuevo, Davy suspiró y la agarró.
Miley sonrió a Davy con una mezcla de lástima y aprobación. Después se agachó y dijo:
—Hola. Yo soy Miley y él es Davy. ¿Cómo te llamas?
—No dirá nada. Quizá no sepa hablar —dijo Davy. La niña lo miró indignada.
— ¿Te gustan las bodas?
La niña se encogió de hombros y tocó el vestido de Miley.
—Bonito.
—Gracias. El tuyo también es muy bonito —era horrible, rosa fosforito y con demasiados volantes.
—Me lo ha comprado mi papá —dijo la niña.
— ¿Quién es tu papá? —preguntó Miley.
—Este es mi papá —dijo la niña con expresión alegre y señalando hacia arriba.
—Hola, Miley.
Miley sintió que se le paraba el corazón. ¿Qué hacía allí Nick Jonas? Era imposible. En una boda. Y menos cuando una vez creyó que se iba a casar con él. ¿Cómo se atrevía a aparecer en la boda de Demi sin que lo hubieran invitado? ¿Cómo se atrevía a hablar con ella? No pensaría que lo había perdonado.
Nunca lo perdonaría. La había herido más de lo que nadie tiene derecho a herir a otra persona. Ya no tenía capacidad para herirla.
— ¿Miley? ¿Estás bien? Tienes un aspecto curioso. ¿No puedes ponerte de pie? ¿Quieres que vaya a buscar a la abuela Mary, o a Demi, digo, a mamá?
La voz de Davy hizo que Miley reaccionara.
—No —dijo sonriendo—. Estoy bien. Se me ha dormido el pie.
—Deja que te ayude —dijo Nick.
Ella lo ignoró y se puso en pie. Se dirigió hacia su hermana mayor que estaba al otro lado de la habitación con cara de preocupación. Y de culpabilidad.
«Maldita seas, Demi». Miley había conseguido evitar a Nick Jonas durante cinco años. Trabajaba como profesora en Denver, y cuando estaba en Aspen se le activaba una especie de radar que prevenía los encuentros fortuitos.
—Puedo explicártelo —dijo Demi cuando llegó su hermana—. Nick era el mejor amigo de Worth.
—Y yo soy la hermana de Worth. Quieres decir que ¿Worth lo invitó?
Demi se ruborizó.
—Ayer vi a Nick en el pueblo. Me saludó de manera tan tímida que me habría reído si la situación no hubiese sido tan triste. Me has dicho un millón de veces que ya no te importa. Que no significa nada para ti. Él era uno de nuestros amigos, y Worth lo echa de menos.
—Él nunca me lo ha dicho.
—Worth no lo haría. Está bien, tampoco me lo ha dicho a mí, pero era su mejor amigo.
— ¿Y por eso lo has invitado? ¿Por Worth? —miró a su hermana. Demi nunca había sido capaz de mentir.
— ¿Por qué más lo iba a invitar? Sé que a ti ya no te importa.
Miley la habría estrangulado.
—Sabes que no me gusta que metas tu nariz respingona en mis asuntos.
—La tengo igual de respingona que tú. Además —dijo Demi—, su mujer ha muerto. Nick y tú podríais…
—Nada. Escúchame, Demi Cyrus, si quieres convertirte en el felpudo de un hombre, adelante. Yo no pienso hacerlo, así que métete en tus asuntos.
—Personalmente, no me imagino a mi mujer siendo el felpudo de nadie —alguien rodeó a Miley por la cintura.
—Si no te lo habían advertido, Joe Steele, lo siento. Los demás tenemos que aguantarla, pero tú podías haberte librado.
—Puede que sea estúpido, pero creo que sé lo que pasa.
—Siento haberte llamado estúpido, pero es que a veces mi hermana…
— ¿Qué ha hecho ahora la señora Memetoentodo? —Joe sonrió a su novia—. Te quiero, señora Steele, pero eso no significa que no me entere de que interfieres en muchas cosas.
Demi parecía tan apenada, que Miley dijo:
—No importa. Estoy impresionada y he exagerado. Mi hermana no se casa todos los días. Creo que estoy un poco sensible.
Demi le dio un fuerte abrazo.
—Mentirosa —le susurró a Miley al oído. Le agarró las manos y continuó en voz alta—. Prometo que no ocurrirá otra vez.
Miley resopló y ambas se rieron.
Joe las miró.
—Nunca entenderé a las mujeres.
—Eso es lo divertido del matrimonio —bromeó la madre de Miley uniéndose al grupo—. Mi nuevo nieto se va a poner furioso si no cortáis la tarta. A Davy le gusta mucho más montar a caballo que ir a bodas —añadió Mary Cyrus entre risas.

El pelo corto le sentaba bien.
Miley le sonrió al novio. Hubo un día en que las sonrisas más cálidas eran para Nick. Hacía diez años se había enamorado de Miley Cyrus Muchas cosas  habían cambiado desde entonces, pero eso no. Eso nunca cambiaría.
Él no tenía derecho a amarla, y menos después de lo que le había hecho. No pretendía que lo recibiera con los brazos abiertos otra vez. Pero eso no significaba que él no tuviera fantasías.
—Ni los perros hambrientos miran así a la comida.
Nick no necesitó darse la vuelta para reconocer la voz.
—Cuando ayer me encontré con Demi y me invitó a la boda, pensé que quizá… —soltó una carcajada llena de amargura—. Miley no sabía que yo venía. Demi no se lo dijo.
—Demi no podía casarse sin que asistieran sus dos hermanas a la boda —dijo Worth Cyrus.
—Quieres decir que Miley habría dejado de asistir por no verme. ¿Y tú? Si hubieras sabido que venía, ¿habrías dejado que Demi caminase sola hasta el altar?
—Yo lo sabía. Demi se lo pensó dos veces y me preguntó si debía llamarte y decirte que no vinieras. Después pensó que no vendrías. Yo sabía que sí lo harías.
Nick no fue capaz de interpretar el tono de voz de Worth. Tampoco fue capaz de mirar al hombre que fue su mejor amigo.
—Pasamos muy buenos ratos juntos.
—Sí —dijo Worth—. Te he echado de menos, pero Miley es mi hermana. Lo que hiciste la destrozó.
—Haría lo que fuera, pagaría el precio que fuese necesario, para poder deshacer lo que hice.
—Lo sé.
Nick miró a Worth.
— ¿Y ella lo sabe?
—No te ha mencionado desde la noche que entró en casa diciendo que te ibas a casar con otra.
—Pensaba que a estas alturas ya se habría casado.
—Algunos hombres se lo han propuesto, pero no aceptó. Entre Beau y tú, la opinión que se ha formado Miley de los hombres no es muy buena.
Nick apretó los puños dentro de los bolsillos. Pocos hombres eran peores que Beau cyrus, el padre de Miley que falleció sin que ella lo lamentara. Nick no podía negar que lo que Worth dijo era verdad, aunque le doliera.
—Hannah está esperando la tarta, pero será mejor que nos vayamos.
—No sabía que fueras tan cobarde —dijo Worth y se alejó.
Worth lo había llamado cobarde, y no sabía por qué.
Se oyeron unas risas. Eran Miley y sus dos hermanas con el novio. Nick solía soñar que ella se reía con él en su cama.
Hannah se había alejado. Estaba cerca del grupo que rodeaba a la novia. Se fijaba en Miley. Se supone que a las niñas les encantan las bodas, y parecía que Hannah estaba más fascinada con la dama de honor que con la novia.
Mucha gente pensaba que las dos hermanas mayores se parecían. Se equivocaban. Demi era como un libro abierto. Miley como libro cerrado, que sólo permitía que unos pocos lo abrieran. Nick tuvo el privilegio de compartir los pensamientos más íntimos de Miley. Un privilegio que desperdició de manera estúpida. Desde el otro extremo del salón, notaba que ella escondía sus sentimientos. Si fuese un hombre llorón, habría llorado en ese momento. Habría llorado millones de veces en los últimos cinco años. Llorar no cambiaba las cosas.
Tampoco salir corriendo. Se quedaría hasta que Hannah se comiera la tarta. Después se irían de allí. Lejos de Miley Cyrus.
Jake Norton se unió al grupo y rodeó con el brazo a Miley y a su hermana Greeley. Nick había leído que Norton y su esposa se quedaron en el rancho de los Cyrus mientras la estrella actuaba en una película del Oeste que se rodaba por la zona. Sabía que habían llegado a ser buenos amigos de los Cyrus. Pero aún sabiéndolo sintió celos al ver que Miley se reía con Norton.
Era beep por haber ido. Si la novia cortase el maldito pastel… Hannah se comería su porción y después se marcharían.
Miley estaba tan guapa. Mucho más guapa que cinco años antes. Casi podía sentir su boca. «Corta el maldito pastel».

Miley quería gritar. Cortaron la tarta y todo el mundo brindó por los recién casados. Si Demi lanzase el maldito ramo, Miley podría escapar. Tenía que salir de allí. Si él dejara de mirarla… No podía soportar estar más tiempo en la misma habitación que él.
—Supongo que sabes que Nick está aquí. Lo acabo de ver. ¿Estás bien? —preguntó Greeley.
—Claro que estoy bien —contestó Miley a su hermana pequeña—. ¿Por qué no iba a estarlo?
— ¿Cómo voy a saberlo? Sólo soy medio hermana tuya.
—Greeley Cyrus, eres tan hermana mía como Demi. Me pones furiosa cuando dices esas cosas.
—Es mejor eso que verte ahí, como si fueras la única superviviente de una catástrofe.
—No tengo ese aspecto. Me ha sorprendido, eso es todo. No sabía que Demi lo había invitado.
— ¿Quieres que le diga que se vaya?
—Worth ha hablado con él.
— ¿Y le ha dicho que se vaya?
—Evidentemente no. Sólo estaban hablando. No se han dado la mano, ni nada.
—Eso espero.
Miley abrazó a su hermana en reconocimiento a su fidelidad.
—No, Demi tiene razón. Si a mí ya no me importa, Worth y él pueden recuperar su amistad. Si es que Worth quiere un amigo tan superficial.
— ¿Si? —Enfatizó Greeley— ¿ya no te importa?
—No me importa —dijo Miley. No podía importarle. El amor entre ellos había muerto. Muerto no, estaba enterrado en la basura. No quedaba nada. Forzó una sonrisa— Demi va a lanzar el ramo. Sabes que lo tirará hacia aquí. Agárralo tú, porque yo no pienso hacerlo.
La novia lanzó el ramo. Directo hacia Miley y Greeley. Miley se echó hacia la derecha en el mismo instante en que Greeley se echó hacia la izquierda. El ramo cayó entre ambas.
— ¡Mira papá! La mujer me ha lanzado las flores.
Miley vio la cara de consternación que tenía Demi y confirmó las intenciones de su hermana mayor.
—Yo no me meto en esto —Greeley se marchó antes de que Miley pudiera preguntarle qué quería decir.
—Son mías —Miley escuchó una voz decidida detrás suyo.
Nick estaba agachado hablando con su hija. La pequeña tenía agarrado el ramo contra el pecho y decía:
—Mías.
—No, no son tuyas. Las flores son para una niña grande.
—Yo soy una niña grande.
—Son para una señorita. Devuélveselas a la novia, iremos a una floristería y te compraré unas flores.
—Yo las agarré.
—Se supone que no tenías que hacerlo.
—Yo las quiero.
Miley quería sonreír con indulgencia, como todos los que observaban la escena. La cara sonrojada de Nick demostraba que sabía que eran el centro de atención. Eso no significaba que él dejara de hacer lo que creía que estaba bien. Nick Jonas estaba orgulloso de hacer lo que él creía correcto.
Le quitó las flores y le secó una lágrima de la mejilla.
—Podemos comprar flores amarillas. ¿Te gustan las flores amarillas?
—No quiero flores amarillas. Quiero éstas.
Sin pararse a pensar, Miley se agachó y le quitó el ramo a Nick. Se dio la vuelta y le ofreció las flores a la pequeña.
—Toma. Tú las agarraste.
La niña colocó las manos detrás de la espalda.
—Papá dice que no puedo quedármelas.
Miley no quería saber nada de la hija de Nick, pero la niña había agarrado el ramo y debía poder quedárselo. Se arrodilló y dijo:
—Tu padre es un hombre, y los hombres no saben nada sobre las bodas. Quien toma el ramo, se lo queda. Es una regla, y sé que a tu padre no le gusta desobedecerlas —dijo con mofa.
La pequeña miró al suelo. Seguía con las manos detrás de la espalda.
—Papá dice que las flores son para una señorita.
—Yo soy una señorita. ¿Puedo quedármelas?
La niña dudó y después asintió.
—Está bien. Si son mías, yo se las puedo dar a otra persona, y te las voy a dar a ti —Miley le tendió el ramo, demostrando que podía actuar con dignidad en cualquier circunstancia.
La pequeña miró a su padre. Sonrió y aceptó el ramo.
—Es bonito —dijo y le acercó el ramo a Miley—. Huele. Miley esperaba que después de olerlo, la niña y su padre se marcharían.
— ¿Qué se dice, Hannah? —dijo Nick.
—Gracias.
Hannah. Miley sintió una gran pena. La niña se llamaba como la abuela de Nick. Ellos habían planeado que su primera hija se llamaría así. La pequeña podría haber sido la hija de Miley. Hizo un esfuerzo para contener el llanto. Después se puso rabiosa. Le había puesto el nombre a la hija de otra mujer. No es que le importara. El ya no le importaba.
—Miley, ¿no estás lista todavía?
La voz de Davy la salvó. Le sonrió agradecida.
—Estoy lista y deseando marcharme.
— ¿Eres su mamá?
Miley negó con la cabeza. Davy señaló a Demi y dijo:
—Ahora ella es mi madre, así que Miley es mi tía.
— ¿Y quién es tu hijo? —preguntó Hannah.
—No tengo hijos —contestó Miley.
— ¿Por qué?
—Vamos, Hannah —dijo Nick con voz seria.
—Pero papá, a lo mejor sus hijos conocen a mamá.
Nick agarró a su hija y se marchó.
— ¿Estás bien? —preguntó Worth agarrando a Miley por el hombro.
—¿Por qué todo el mundo me pregunta lo mismo?
—Davy dijo que estabas rara.
—Davy cree que estoy rara cada vez que me ve con un vestido. Dice que parezco una chica —imitó la voz de Davy—. Quiere que lleve vaqueros porque le prometí que después de la boda montaríamos a caballo. ¿Dónde ha ido?
—Se ha ido a despedir de los novios.
El barullo llamó la atención de Miley.
—Se marcharán los… —cuando vio la causa del alboroto se calló.
Hannah estaba en brazos de su padre con una gran rabieta. Con una mano sujetaba el ramo de flores, con la otra se agarraba a una de las columnas de metal. El resto de los invitados se reía y Nick se sonrojó. La cría pataleaba.
—Bájame —gritó.
Dejó a su hija en el suelo y ella salió corriendo hasta llegar frente a Miley. Le rodeó el cuello con los brazos y le dio un fuerte beso en la mejilla.
—Adiós —la pequeña se dio la vuelta y regresó donde estaba su padre—. Tenía que decirle adiós a Miley.

El resto de su vida sin Miley. ¿Durante cuánto tiempo tendría que pagarlo? ¿Aún no lo había castigado lo suficiente? Nick había pensado en la respuesta a esas preguntas durante cinco años. Ningún castigo, por duro que fuera, borraría lo que había hecho. Siempre lo perseguiría la cara que puso Miley cuando se lo contó.
Pensó que lo superaría. Que llegaría a aceptar que Miley nunca formaría parte de su vida. Pero desde el momento en que la vio en la boda de Demi, supo que se había estado engañando.
La idea le vino cuando volvía a casa. Quizá el pastel tenía demasiada azúcar. O el aroma de las flores le había afectado al cerebro.
Nick agarró el teléfono, pero lo volvió a colgar. Si bebiese se serviría una gran copa de coraje. Ya no bebía alcohol, y sabía que cuando lo hacía se convertía en un beep y no en un valiente.
Miley evitó mirarlo durante el banquete. No es que fuera un hombre irresistible. Era un chico normal, moreno y con mandíbula prominente.
Con respecto a Nick, Miley se había comportado como una beep. Lo suficiente como para enamorarse de él. No iba a dejarse atrapar por su actuación lastimera. No lo creería.
Nick miró el teléfono. Pensó en la potrilla. Maldita sea, aunque él hubiera arruinado su vida, la potra se merecía ayuda. Llamaría.
Miley le colgaría el teléfono.
Enfadado, dejó el aparato y se levantó. Miley reapareció en sus pensamientos. Lo peor eran las noches. Pensando en Miley. Recordando pequeños detalles, como por ejemplo, la forma en que ella sacaba la lengua hacia un lado cuando se concentraba. Nick solía bromear y le decía que un día estaría concentrada montando a caballo y que éste saltaría y ella se mordería la lengua.
El deseo se apoderó de Nick. Quería mordisquearle la lengua. Con cariño. Con amor.
Había desperdiciado ese privilegio, y ese amor.
Observó como pastaban los caballos. La potrilla estaba en el medio. Nunca se quedaría sola. Los otros caballos la protegerían. No se fiaba de las personas.
Miley podría enseñarle a confiar.
Si él no la llamaba, Miley no podría ayudar a la potra. Se dirigió hacia el teléfono, después se detuvo.
Si no la llamaba, Miley no podría decir que no. No había ninguna razón por la que pudiera aceptar, y demasiadas para que dijera que no. Si decía que no…
Nick no recordaba cuándo había conocido a Miley. Al principio sólo era una de las hermanas de Worth. Después, cuando ella tenía dieciséis años, él se enamoró. Cuando Miley cumplió dieciocho, Nick le pidió que se casara con él.
La madre de Miley les pidió que esperaran. Mary Cyrus se casó muy joven. Beau Cyrus era un vaquero de rodeo, encantador, pero de débil personalidad. Cuando Mary se quedó embarazada de Worth, Beau la llevó otra vez al rancho de sus padres. La dejó allí mientras él participaba en el circuito de rodeo. Él volvía al rancho para que Mary lo curara cuando un toro lo tiraba al suelo. Después se volvía a marchar solo, y casi siempre dejaba a Mary embarazada.
Con la ayuda de Yancy Nichols, el padre viudo de Mary, crió a los cuatro niños. Greeley ni siquiera era suya.
Mary nunca se quejó. Cuando les pidió que esperaran, Nick supuso que ella quería que Miley estuviese segura.
Después se preguntaba si es que él le recordaba a Beau. No se parecía en nada a Beau Cyrus.
Quería culpabilizar a Beau de lo que había sucedido, por comportarse de forma irresponsable había conseguido que sus hijos se hicieran adultos antes de tiempo. Nick era seis años mayor que Miley. A menudo le decía que tenía que relajarse y vivir un poco, pero ella era inflexible y no toleraba que otros tuvieran un espíritu juvenil. Como él.
No. No tenía excusa. La culpa de lo que había sucedido sólo era suya, de Nick Jonas.
No debía de haber ido a la boda de Demi, pero la tentación de ver a Miley, de hablar con ella era superior a sus fuerzas. Cuando la vio junto a su hermana Demi, durante la ceremonia, deseó tocarla. Al ver que sonreía a Hannah, deseó que le sonriera a él.
Con sólo mirarla, supo que no lo había perdonado. Si no hubiese sido por Hannah, él se habría marchado.
Ella había sido muy amable con Hannah.

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