Había tantas cosas que esperaba que Hannah nunca aprendiera. La guerra y el odio, el dolor y la traición. Nick sabía que no podría protegerla siempre. Los caballos se rompen las patas, los perros muerden, los niños dicen cosas crueles, los animales y las personas se mueren.
Y además, está la gente que te traiciona. ¿Cómo podía proteger a su hija de un hombre como él?
Mary Cyrus no pudo proteger a Miley.
Copper recibió al hermano de Miley con un relincho. Worth rascó la crin de la vieja yegua y sonrió a su hermana.
—¿Necesitas ayuda?
—Si lo que quieres es saber por qué estoy cargando a Copper y a dónde voy con el tráiler, ya se lo dije a mamá.
—Nick llamó esta mañana y me dijo que vas a ayudarlo con un caballo.
Miley terminó de cargar a la yegua, y cerró la puerta del tráiler.
—No voy a ayudarlo a él. Voy a ayudar a la potra.
—¿Quieres hablar de ello? Nunca supe por qué discutisteis tú y Nick la noche que fue al bar.
—Sobre lo que siempre discutíamos. A veces me parecía que actuaba como Beau, de forma irresponsable —Miley soltó una carcajada—, no sabía que estaba en lo cierto —no lo sabía entonces, ni cuando Nick apareció dos días más tarde con una sonrisa de disculpa, un montón de flores en una mano y el anillo en la otra. Ella aceptó las tres cosas porque lo amaba y porque lo creyó cuando le dijo que maduraría.
Él se olvidó de mencionar que después de la discusión se fue directo al bar. Y que para celebrar su liberación y demostrar que era un gran hombre, se emborrachó. También se olvidó de la cantinera que se lo llevó a la cama.
—Eso fue hace cinco años —dijo Worth—. Nick no era más que un niño. En cinco años, un hombre puede madurar mucho. Tienes que admitir que se responsabilizó de sus actos y no buscó la manera fácil de escapar. Nick podía haber mantenido a la niña sin casarse con Kim.
Miley dejó su equipo dentro del tráiler.
—¿Eso es lo que tú habrías hecho?
—No. Yo me habría casado con ella. No tengo ninguna queja acerca de cómo nos criaron mamá y el abuelo, pero sí que estoy resentido con Beau por ser padre sólo de nombre. Yo nunca permitiría que un hijo mío se criara sin mí.
—Debajo del puente sólo hay agua. No hay vuelta atrás.
—Hablas como Yancy. El abuelo siempre decía que hay un dicho para cada situación.
—Tenía razón —dijo y se dirigió hacia la puerta.
Worth se la abrió y dijo:
—Ahora que está viudo, podíais probar de nuevo —se apartó y Moonie se metió en el coche.
—No tengo ningún interés —contestó Miley y se sentó al volante.
Sin decir nada, Worth se retiró y le dijo adiós con la mano.
Mientras conducía por la autopista, Miley pensó que su hermano siempre la trataba como si tuviera diez años.
—Espero que no piense jugar a los casamenteros —le dijo al galgo que iba sentado a su lado. Moonie apoyó la cabeza sobre el muslo de Miley. Ella lo acarició.
—¿Y para qué se necesita a un hombre si se tiene un perro?
La respuesta a su pregunta fue un ronquido.
«Chicos. No puedes contar con ellos para nada. Menos para que te traicionen», pensó. Para ser justa, tenía que excluir a su abuelo y a su hermano de la categoría de inútiles. Se podía contar con Worth.
Miley esperaba que su hermano no recordara el pasado. Nadie podía cambiar lo que había ocurrido entre ella y Nick.
Worth habló de la difícil elección de Nick. Por lo menos, él pudo elegir. Miley no tuvo elección.
Se asustaba de pensar lo ingenua que había sido. Pensó que el comportamiento de Nick durante las semanas anteriores de la boda, era la prueba de que había madurado. Después se enteró de que se sentía culpable por haberse acostado con Kimberly Taylor.
Cinco años después, Miley todavía no estaba segura de si habría aceptado el anillo si hubiera sabido que él se había acostado con otra mujer. Creía que no lo habría aceptado, pero era muy joven. Y estaba enamorada. Nunca sabría la respuesta.
Un álamo de hojas doradas llamó su atención. Los álamos eran verdes, el color de la primavera y la promesa. Recordaba estar sentada en el porche esperando a Nick, pensando en los detalles de última hora para la boda. Recordó el momento en que se lo dijo, y vio la imagen de su cara, pálida, superpuesta en el desvío de la autopista.
—Me he acostado con otra. Kimberly Taylor. Está embarazada, Miley, así que voy a casarme con ella.
Miley escuchó las palabras, pero se negó a comprenderlas.
—¿Qué quieres decir? ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿De qué estás hablando?
—Me emborraché y me acosté con ella la noche que tú rompiste nuestro compromiso. Está embarazada.
—No te creo —no quería creérselo.
—Me gustaría que fuese mentira. Estoy más arrepentido de lo que puedo decirte, Miley. Sé que es una cosa horrible.
—¿Vas a casarte con otra?
—Lo he pensado mucho y creo que es lo que debo hacer, lo único que puedo hacer. Me equivoqué al acostarme con Kim, pero no puedo borrar lo que he hecho. Ahora tengo que casarme con ella.
—¿Y qué pasa conmigo?
Él no la miró. Se quedó allí de pie. Después dijo:
—Encontrarás a alguien más. A un hombre mejor. Alguien que te merezca —se dio la vuelta y se encaminó hacia la furgoneta.
Ella le gritó. Le insultó, le dijo todo lo que se le pasaba por la cabeza. Nick se quedó junto al camión, cabizbajo. Hasta que ella no se calló, él no se agachó y recogió el anillo que Miley había tirado a sus pies. Después se subió al camión y se marchó.
Al día siguiente se casó con Kimberly Taylor.
Nick Jonas casado o Nick Jonas viudo, a Miley le daba igual. Había ido al rancho por la potra, no por Nick. Y menos por la niña que había heredado el pelo de su madre. A pesar de ser pelirroja, la niña se parecía a Nick.
Miley se enteró en seguida de los cotilleos acerca de Kim Taylor. La gente pensaba que a una novia a la que habían dejado plantada, le gustaría saber que al hombre que la dejó por otra también lo estaban engañando. A ella no la hizo feliz. Sólo demostraba lo poco que le importaba a Nick o a Kim que a Miley se le hubiera arruinado la vida.
Cuando Miley llegó, la niña estaba columpiándose. Al ver que llegaba con un tráiler, la pequeña arrastró los pies contra el suelo y dejó de columpiarse.
Miley pretendía concentrarse en la potra, no en la hija de otra mujer. Ignorando a la pequeña, abrió el tráiler y sacó a Copper.
—Hola.
—Hola —contestó Miley. Esperaba que la niña no estuviera por medio.
—Papá me dijo que no debo molestarte.
—Tiene razón.
—¿Cómo se llama?
Miley miró y vio que la niña acariciaba al galgo.
—Moonie. No debes de acariciar a perros desconocidos. Pueden morderte.
—A ella le gusto.
—A él. Es un macho.
—Es gracioso. Está muy delgado.
Miley le dijo a Moonie que se quedara en el tráiler. Se montó en Copper y se acercó a la pradera.
La niña corrió delante de la yegua.
—¿Cómo se llama tu caballo? Mi caballo nuevo se llama Honey.
Miley cerró la cerca de la pradera. La hija de Nick había hablado igual que él solía hacerlo con Miley.
La niña trepó por la valla y se sentó.
—Papá me quiere de verdad. Yo quiero a Honey.
—Tu padre te ha dicho que no me molestes. Vuelve al columpio y quédate allí.
La yegua estaba en medio de un grupo de caballos. Miley llevó a Copper hacia ellos. Los caballos miraron con curiosidad cómo se acercaba Miley. Como estaban tranquilos, la potrilla se confió. Miley dirigió a la manada hacia el picadero. Entraron todos y después fue sacándolos uno a uno hasta que sólo quedó la potra. Sin prestarle atención, Miley cerró la puerta. Después montó a Copper por el picadero, primero al paso y luego al trote. Hablaba tranquila. Al cabo de un rato, la potra trotó hacia ellas. Miley hizo que su yegua parara poco a poco hasta que la potra caminó a su lado. Acarició a Copper acercando cada vez más la mano a la potra, pero sin tocarla. Al principio, la potra se asustaba cada vez que Miley movía la mano, pero poco a poco se fue acostumbrando al movimiento.
Vueltas y vueltas. Al fin, Miley guió a Copper hasta la verja. Cuando la abrió la potra se sobresaltó al oír el ruido, pero enseguida se dio cuenta de que estaba abierta y corrió hacia la pradera. Cuando ya estaba un poco más lejos, se volvió a mirar a Miley.
—No fue tan malo, ¿verdad? —preguntó Miley.
—Eres la mujer más paciente que conozco. Casi nunca te enfadas. Estoy seguro de que eres una buena profesora.
Como estaba centrada en la potra, Nick no se dio cuenta de que Nick se aproximaba. Sacó a Copper y lo llevó hasta el tráiler.
«Ha dicho casi nunca», pensó ella. Sabía que se refería a la noche que perdió los papeles y gritó como una endemoniada.
—Yo nunca dije que fuera una santa. Si lo que buscabas era una tontaina sumisa, no tenías que haberte comprometido conmigo.
—¿Y eso a qué viene? Era un cumplido.
Él sabía muy bien de qué estaba hablando. Miley lo apartó cuando se disponía a quitarle la silla a Copper.
—Ya me ocupo yo de mi caballo, y no quiero tus cumplidos para nada. No quiero que me controles. Si no te fías de mí, entrena a la potra tú.
—No te controlo. Quería hablar contigo.
—No tenemos nada de qué hablar.
Él se apoyó en el tráiler.
—No hemos hablado de lo que me vas a cobrar por domar a la potra.
¡Todo!, quería decirle. Nunca podría pagarle todo lo que le debía.
—No estoy entrenando a la potra por ti.
Él sonrió y dijo:
—No creo que la paga de Hannah le dé como para pagar la doma del caballo.
Ella se dio la vuelta. No era justo que la sonrisa de un canalla la pusiera nerviosa.
—Estoy aquí por la potra. Y no por otra razón.
Él no contestó.
—Estás haciendo feliz a Hannah.
—Tu hija es tu responsabilidad, no la mía.
—Hannah no es una responsabilidad. Es un privilegio y una delicia.
Miley metió a Copper en el tráiler. Hubo un tiempo en que planeó tener hijos con él. Soñaba con ver a sus hijos e hijas sobre sus hombros, en su regazo, en sus brazos. Su Hannah. No la de otra mujer. Miley se ajustó el sombrero, saltó del tráiler y cerró la puerta.
—Creo que mañana podré venir. Dile a tu hija que no me moleste. Aplícate el cuento.
Nick miró a su alrededor.
—¿Dónde está Hannah? Me sorprende que no se quedara a verte trabajar con la potra. Ruth la habrá llamado a cenar —dudó un instante y se dirigió a la casa.
Miley se sintió culpable al pensar en lo estricta que había sido con la niña. No se equivocó al mandarla lejos del picadero. La niña la habría distraído, a Miley y a la potra. Miley no tenía por qué sentirse culpable. Quizá la hija de Nick se había sentido herida, pero era una niña mimada que conseguía lo que quería llorando. Tenía que aprender que no siempre podía hacer lo que quisiera.
Miley buscó a Moonie. El galgo no solía marcharse de donde le habían dicho que se quedara. Al no encontrarlo, lo llamó:
—¡Moonie, ven aquí! ¡A casa, Moonie!
Se oyó un ladrido. Miley vio que Moonie estaba junto al columpio.
—¡Vamos, vamos!
El perro siguió ladrando y se quedó donde estaba.
Miley se dirigió hacia allí.
Moonie cada vez ladraba más fuerte.
Cuando Miley vio que había algo azul junto a él, echó a correr.
La hija de Nick estaba tumbada detrás del columpio. Las lágrimas mezcladas con tierra habían formado barrillo en sus mejillas.
—Me duele el brazo —gimoteó y Miley se arrodilló a su lado.
—¿Hannah? —Nick la llamó desde la casa.
—Está aquí. Se ha hecho daño en el brazo —contestó Miley.
Nick la levantó en brazos.
—Está bien, cariño. Ya está aquí papá. ¿Qué te ha pasado?
—Subí muy alto para ver a Miley y a Honey y me caí —puso una sonrisa triunfal—. He sido muy buena, Papá. Me quedé en el columpio, como Miley me dijo.
Miley se sentía culpable. Nick no la había mirado de forma acusadora. No había pronunciado ni una sola palabra de culpa. No culpaba a Miley por el accidente de su hija.
No tenía que hacerlo. Miley sabía que ella era culpable.
Greeley entró en la sala de espera del hospital de Aspen.
—¿Cómo está?
—Se ha roto el radio izquierdo. Este hueso —dijo Miley señalando el antebrazo—. Por suerte fue una rotura simple. No han tenido que recolocárselo ni nada. Le van a poner una escayola. ¿Qué haces aquí?
—Mamá me llamó al móvil después de que la llamaras, y como iba de camino a Aspen a dejar una escultura, saqué a Moonie del camión de Nick y lo llevé a tu casa. Le di de comer a él y a Amber. No se quiso quedar allí, así que está en mi camioneta. Mamá me dijo que parecías un poco triste. ¿Estás bien?
—Sí, ¿por qué no iba a estarlo? Yo no me he roto nada. Ha sido culpa mía.
—¿La empujaste del columpio?
Greeley quería decir una tontería, pero no estaba tan equivocada.
—Le ordené que se fuera. Le dije que se fuera al columpio y que se quedara allí. Cuando se cayó se quedó debajo del columpio. Le dijo a Nick que era una niña buena.
—No me digas que Nick te echa la culpa.
—Él no ha dicho nada, pero debe culparme. Si yo no le hubiera dicho que se quedara allí…
—Puede ser peligroso para ti, o para ella, si se queda en el picadero mientras tú trabajabas con una potra. Hiciste bien en decirle que se fuera.
—No debí haberle hablado de forma tan cruel.
—¿Cruel? ¿O seria?
Miley juntó las manos.
—Se lo dije en el tono que utilizo cuando los chicos se pegan en el patio.
—Los adultos tienen que proteger a los niños de ellos mismos. No hagas una montaña de un grano de arena.
—Yo no quería que se hiciera daño. No quería…
—Claro que no —dijo Greeley.
—¿Claro que no? —Soltó Dulce—, ¿y si inconscientemente quería herirla, que se marchara, no sólo del picadero, sino para siempre?
—¿Qué te pasa? Normalmente no eres tan dramática.
—Lo digo en serio, Greeley. He estado pensando en el daño que me hizo Nick y en cómo lo he odiado a él y a la mujer con la que se casó.
—¿Qué tiene eso que ver con la caída de la niña?
—¿No te das cuenta? —Miley apoyó la cabeza contra la pared—. La razón por la que Nick se casó con esa mujer fue porque estaba embarazada de él. No sabes cuánto he rechazado a esa niña. Es irracional, infantil y malo, pero no puedo evitarlo. Sé que ella no pidió nacer, pero… —le flaqueó la voz—. No puedo dejar de pensarlo, si no la hubieran engendrado, si no hubiera nacido…
—No teníamos ni idea de que te sentías así —dijo Greeley—. ¿Por qué no nos lo contaste?
—¿Qué iba a decir que no me hiciera parecer más beep? He querido tanto a Nick, durante tanto tiempo. ¿Qué dice de mí el que haya amado a alguien tan despreciable, alguien que me ha hecho tanto daño? Sé que lo que ocurrió fue culpa de Nick, pero si lo culpo a él, tendría que admitir que yo fui una estúpida, una perdedora. Sabes que soy muy orgullosa —Miley intentó sonreír—. Pero tenía que echarle la culpa a alguien, así que le eché la culpa a la mujer que se casó con él, y por extensión a la niña, porque sin ella, él nunca se habría casado con Kim. Nada tiene sentido, pero no puedo evitarlo.
Greeley le agarró la mano.
—Escúchame, Miley Cyrus. El comportamiento de Nick Jonas, no repercute en ti. ¿Crees que mamá fue estúpida por aguantar a Beau?
Miley miró fijamente a su hermana.
—Sí.
—Bueno, en realidad, yo también. No era un buen ejemplo. Mamá lo acogía cada vez que aparecía por casa, y sabía que en cuanto se recuperara volvería a engañarla. No tiene nada que ver contigo y Nick.
—Mamá nunca te rechazó a ti porque Beau se acostara con la que fue tu madre.
—Mamá sabía que lo que hiciera Beau con esa mujer no tenía nada que ver conmigo. A veces pensaba que fingía que me quería igual que a vosotras. Solía ponerla a prueba.
—Lo sé —Miley cerró los ojos desesperada—, me gustaría parecerme más a mamá. En lo único que pensaba era en como la hija de Nick me había destrozado la vida. Es un bebé, y yo la rechazaba. Greeley, he llegado a odiarla.
Cuando aquella tarde se encontró a la niña tumbada detrás del columpio, Miley vio a Hannah por primera vez como un individuo, y no como la prolongación de su madre o como la razón por la que Nick la abandonó. Deseó tomar a Hannah entre sus brazos y pedirle perdón. Reconocer que había caído tan bajo como para odiar a la niña, la avergonzaba.
—No podía soportar estar cerca de ella. No podía ni mencionar su nombre. Y menos hablar con ella o mirarla.
—No tendrás que volver a hacerlo. Buscaré a alguien más que trabaje con la potra.
Miley se quedó asombrada. Nick había oído su confesión a Greeley. Por la expresión de enfado que tenía supo que no aceptaría una disculpa ni una explicación. Si pudiera explicarle el dolor y la confusión que la había llevado a comportarse de esa manera. Miley se quedó mirándolo indefensa.
—No seas tan drástico, Nick —dijo Greeley—. Todos estamos un poco conmocionados, pero lo importante es que tu hija está bien. ¿No es así? ¿Dónde está?
wow se esta poniendo interesante
ResponderEliminarmiley explotooo
sigue porfaa
Umpalumpas si que tenia rencor guardado Miley la niña no tiene la culpa aver que pasa sube pronto me encanto los caps cuidate.
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