lunes, 9 de julio de 2012

Capitulo 8.-


La pequeña se quedó dormida nada más salir de Aspen. Nick se metió en el coche y se tapó la cara con el sombrero. Sin dar pie a ninguna conversación. Miley encendió la radio.
Ya en la casa, Nick habló con Hannah y, entre risas, hicieron los rituales de antes de acostarse. Todo parecía normal. Si Miley no hubiera entrado en el bar, no habría sospechado nada de que algo iba mal.
Él podía haberla dejado fuera. Igual que estaba haciendo en ese momento.
No es que ella quisiera involucrarse. Había escuchado lo suficiente como para saber que Doyle decía que era el padre de Hannah.
Pobre Hannah. Perder a la madre afecta tanto a un niño, aunque Miley sospechaba que Kim no había sido muy buena madre. ¿Cómo iba a serlo si tenía unos padres como esos? Beau no fue muy buen padre, pero Mary, con ayuda de su padre, hizo que los niños tuvieran lo mejor.
Hannah ya había sufrido bastante. Que se hubiera casado con Nick para vengarse, no significaba que no pudiera ayudar a su hija. Y si para ayudar a Hannah tenía que inmiscuirse en los problemas de Nick, lo haría.
Moonie se acercó. Estaba inquieto al estar en una casa desconocida. Miley dudaba que necesitara salir afuera otra vez, pero era una buena excusa para estar junto a Nick.
Él estaba apoyado en la barandilla y con la cabeza agachada. Moonie bajó los escalones y se dirigió hacia una zona donde había hierba alta. Miley se colocó al lado de Nick.
—Te he traído la chaqueta. Las noches ya son algo frescas —como él no contestó, le echó la chaqueta sobre los hombros.
Al cabo de un momento, él se la puso y dijo:
—Vete a la cama, Miley.
Miley comenzó a pensar. Hasta entonces, ¿Nick no sabía que su mujer se había acostado con otros a pesar de que todo el valle lo sabía? El traicionado siempre era el último en enterarse. Miley se llenó de satisfacción.
Nick ya sabía lo que se siente cuando alguien en quien se confía se acuesta con otra persona.
Había rumores de que Kim se acostaba con muchos hombres. Nick y Sean Doyle debían de compadecerse el uno al otro, y no enfrentarse. Cuánto más lo pensaba, más extraño le parecía que el actor dijese que era el padre de la niña.
—No comprendo por qué Sean Doyle dice que es el padre de Hannah.
—¿Has visto que pelo tiene?
—Sí, pero…
—Lo tiene pelirrojo y rizado. Como Hannah.
Miley frunció el ceño. No podía ser que Nick creyera lo que el actor decía.
—Hay mucha gente pelirroja. Kim tenía el pelo rizado y rojo. No era del mismo tono que el de Hannah, pero eso no es raro.
—Kim tenía el pelo liso y castaño. El color y los rizos eran de peluquería.
—Entonces hay alguien más que es pelirrojo en su familia. O en la tuya. ¿Quién sabe por qué vuelve a aparecer ahora? Hay muchos hombres rubios, pero no creo que ninguno de ellos sea mi padre desconocido.
—Maldita Kim —golpeó la barandilla con el puño—. ¿Qué le hice yo para que me engañara de esta manera? Cuando se quedó embarazada, me casé con ella. Nunca dudé de quién era el padre de Hannah. Nunca creí…
—Crees que es verdad —dijo Miley incrédula—. Crees que él es el padre de Hannah.
Nick agarró una piedrecita del suelo y la lanzó.
—Sé que lo es.
—Ese hombre no es el padre de Hannah. ¿Cómo has podido creértelo?
—Kim me dijo que lo era.

—¿No dejaste embarazada a Kim? —Soltó Miley—. Entonces no tenías que casarte con ella.
—Ese es otro tema.
—Para mí no. Me dejaste por una mujer a la que no habías dejado embarazada. A menos que sí lo estuviera. ¿Por qué crees que mintió?
—Intenté hacer feliz a Kim. Le di todo lo que pude. No pude darle lo único que quería. Quería que la amara, y yo no podía amarla. Lo intenté, pero no pude. Fue culpa mía. Kim no era mala persona. Tenía muchas carencias y yo no pude darle lo que necesitaba. Entonces, nació Hannah. Yo estuve en la sala de partos. Vi como lloraba. Tenía la cara roja y los dedos de los pies pequeñitos… —se calló.
—Querías al bebé pero no a la madre —comprendía el dolor de Kim. Y la amargura. Tenía que ser horrible ver cómo Nick amaba a Hannah cuando Kim quería que la amara a ella.
—Era cariñosa con Hannah, pero, de una manera descuidada. Pensaba que la niña me prefería a mí, o a Ruth.
—Debió de ser por eso por lo que Kim dijo que el bebé no era tuyo. Estaba dolida y quería herirte —Miley lo comprendía muy bien—. ¿Cuándo te lo dijo?
—Unos seis meses antes de que muriera. Me dijo que cuando se acostó conmigo ya estaba embarazada.
—Mintió. Hannah es tu hija.
—Kim inscribió a Doyle como padre de la niña. Yo sabía que era actor y pensé que se había inventado la historia para impresionarme, para que me pusiera celoso. No creí que se hubiera acostado con él.
—Lo hiciera o no, él no es el padre de Hannah.
—Para Kim era como un juego. Se enfadaba conmigo y decía que Hannah no era mía. Después decía que me había mentido, que Hannah era mi hija, y que lo había dicho porque estaba enfadada —Nick golpeó la barandilla—. Decidí creerme lo segundo.
Moonie regresó y se tumbó cerca de ellos. Miley se agachó para acariciarlo. Pensó que Nick no se merecía su compasión.
—¿Por qué no te hiciste la prueba de paternidad?
—Porque no me importa quién dejara embarazada a Kim. Hannah es mi hija.
—La prueba de paternidad lo demostraría.
—¿No lo entiendes? Una noche, después de que Kim muriera, vi el programa de Doyle en televisión. Vi que era pelirrojo, igual que Hannah. Entonces, supe que Kim no mentía. No es que eso cambiara algo. No voy a abandonar a Hannah. Me alegré de que Doyle no se interesase por ella. ¡Maldita sea!
Miley intentó disfrutar al oír la voz atormentada de Nick. Nick estaba aprendiendo cómo se sentía uno al perder el control de su vida. El dolor que se siente al perder a alguien amado y la indefensión cuando no se puede hacer nada por ello.
Miley quería venganza. Sed de venganza.
Ni en su momento más vengativo se había imaginado una situación mejor. Que ella lo abandonara no le dolería tanto como perder a Hannah.
La victoria final. Nick estaba sufriendo tanto como Miley había sufrido. Debía levantar la cabeza y gritar de alegría.
No podía. Sólo un monstruo se regocijaría en ese dolor. Agarró la mano de Nick.
—No me importa lo que dijera Kim. Hannah es tu hija —Hannah se parecía demasiado a Nick como para ser hija de otro—. Nadie te la va a quitar. No tienes de qué preocuparte.
Nick retiró la mano.
—¿Qué importa lo que tú pienses? ¿No lees los periódicos? Separan a los niños de sus padres en cuanto algún famoso dice que él es el padre. Como si ser padre no fuera nada más que eso.
—No la perderás. Mañana te informas acerca de las pruebas de paternidad y eso lo aclarará todo.
—No voy a hacerme una prueba de paternidad. No voy a dar municiones al otro bando para que luchen por mi hija.
Era el mejor momento para decirle que no tenía elección.
—Esta noche no puedes hacer nada, así que vamos a la cama.
—Olvídalo. No estoy de humor.
—¡Y yo qué! Te estás enfrentando a la mayor crisis de tu vida, y ¿qué crees? ¿Que soy tan superficial, que en estos momentos no me importa nada más que el sexo?
—No he dicho eso.
—Entonces, explícame para qué no estás de humor.
—No importa. No estoy muy claro de ideas —Nick la agarró y la acercó hacia él. Apoyó la frente sobre su cabeza durante un segundo. Después se retiró y dijo—. Lo siento.
A Miley se le pasó el enfado. No podía tener en cuenta nada de lo que dijera Nick en esos momentos. Consideró las opciones que tenía. Podía abandonar a Nick. Negarse a ayudarlo. Alegrarse por su sufrimiento. O podía olvidarse de la venganza hasta que el asunto de Hannah se solucionara. Recordó a Nick acostando a Hannah la noche en que se rompió el brazo y le resultó muy fácil decidirse.
—Creo que necesitas irte a la cama y dormir bien para que mañana podamos ver todo esto con la mente clara. Tenemos que detener a Sean Doyle antes de que Hannah salga perjudicada.
—Tienes razón. Llamaré a mi abogado por la mañana. Vamos dentro.
Miley fue al baño para prepararse para ir a la cama. Cuando salió, vio que Nick estaba junto a la puerta de la habitación de Hannah. Miley se paró a su lado.
—Es tan pequeña y tan inocente.
—La estás educando muy bien.
—Me lo pone fácil.
Él se marchó despacio. Moonie estaba tumbado a los pies de la cama de Hannah y Amber también. La pequeña tenía dos ángeles guardianes.
Se oían truenos en la lejanía. Las sombras del pasillo eran amenazantes. Imaginaba fantasmas donde no los había. Si había algo especial era la electricidad del aire que anunciaba una tormenta.
Se había contagiado de los miedos de Nick. Por supuesto que él era el padre de Hannah. Sólo había que mirarlos. Hannah tenía los ojos azules, un poco más claros que los de Chris, pero tenía las mismas cejas y las pestañas igual de largas. Tenían la misma sonrisa. Sin duda, Nick era el padre de Hannah.
Se oyeron truenos otra vez, no estaban cerca.
Nick estaba en la cama cuando Miley entró en el dormitorio.
—No voy a dormir en la cama de agua bajo esos espejos, y si dices algo acerca de no querer acostarte conmigo, te prometo, que llamo a Moonie —Miley apagó la luz y se tapó con la sábana—. Calla y duérmete.
Durante largo rato, lo único que se oía en la habitación era su respiración, las cortinas que se movían con el aire de la ventana abierta y los truenos en la lejanía. De repente, la voz agonizante de Nick se oyó en la oscuridad.
—Me matarían si perdiese a Hannah.
Miley no podía ignorar el dolor de una persona. Ni si quiera el de Nick Jonas. Además, ¿no se suponía que fingía ser la esposa perfecta? Se acercó a él y lo abrazó.
—No vas a perderla —dijo Miley. El dolor de Nick haría llorar a una piedra. Compadecerse de Nick no quería decir nada—. Hannah es tu hija y siempre lo será. Kim mintió —lo abrazó más fuerte, como si pudiera obligarle a que la creyera—. Hannah es igual que un Jonas.
Al cabo de un rato, Nick dijo en voz baja:
—Gracias.
—Lo verás tú mismo si os miráis en un espejo.
—No. Gracias por no estar furiosa conmigo. Debí de haberte contado lo que dijo Kim antes de casarme contigo. No me merezco tu apoyo —debió de oír el sonido que ella emitió, porque dijo—, ya sé que me apoyas por el bien de Hannah. Sé lo que sientes por mí, y bueno… —le agarró la mano y le dio un beso— … gracias.
Miley no dijo nada. Apoyó la mejilla en la espalda de Nick y se quedó quieta. Esperando que él se quedara dormido.
Había estado enamorada de Nick durante años. Cinco años atrás, el odio había desbancado al amor. Se alimentó de ese odio, hasta que pensó en la venganza.
Al escuchar las declaraciones de Nick, y al verlo sufrir, Miley se dio cuenta de que la venganza no era para ella. Podía torturar a Nick todo lo que quisiera, pero, no cambiaría nada en la vida de Miley. Ni el pasado. Ni el presente. Ni el futuro.
De repente sintió que iba a la deriva. Era como si, sin amor, ni odio, ni venganza, no tuviera objetivos. Nick ya no era el centro de su vida. Ni el centro de sus emociones.
Se preguntaba si realmente lo había amado. Era muy joven. Él era un buen partido, estaba disponible y además era sexy. Nick la deslumbró en seguida. Ella se había enamorado de estar enamorada. Hasta que no se comprometieron no comenzó a poner a prueba a Nick, buscaba el parecido que tenía con Beau.
Después de que Nick se casara con Kim, a Miley le resultó más fácil seguir odiándolo que buscar una nueva relación. Decidió que Nick y su padre le habían enseñado todo acerca del rechazo. Despreocuparse hacía que la vida fuera más segura. Sobre todo cuando el odio y la rabia llenaban todos los vacíos.
Una vez que habían desaparecido, Miley no sabía con qué reemplazarlos. Lo que tenía era un matrimonio vacío para un mes y una niña que no era suya.
La respiración irregular de Nick le demostró que él tampoco podía dormir. Recibía el calor de su cuerpo a través del pijama. Él no llevaba más que calzoncillos. Ella no podía negar que le gustaba tenerlo junto a ella. Estaba sorprendida por su reacción en la cama la noche anterior. Miley nunca había pensado que fuera una mujer apasionada. Antes, habría llamado amor a su manera de reaccionar. Ya mayor y más sabia, reconocía lo que era. Lascivia. Química. Un hombre solitario. Una mujer solitaria. Los dos atractivos. Era natural que hubiera cierta atracción física entre ellos.
Amor no.
Quizá el amor ni siquiera existía.
Demi y Joe creían que sí. Miley sonrió. Estaban tan encandilados. Ellos no contaban.
Su madre también creía en el amor. Se le nubló la vista y Miley cerró los ojos. No se pudo dormir.

La potra movió las orejas en dirección al sonido de un coche que llegaba al rancho. Perdió la concentración y se asustó al ver el saco que tenía Dulce en la mano. Corrió hasta el centro del picadero y se levantó sobre las patas traseras relinchando. Miley maldijo al beep que había entrado en el rancho a gran velocidad, e intentó tranquilizar a la yegua. Después le acaricio el cuello y la dejó salir a la pradera.
Se dirigió a hablar con el visitante. Ese beep no debería haber conseguido el carné de conducir. ¿Y si Hannah hubiese estado jugando por allí?
En frente de la casa había un coche deportivo. Un hombre bajaba por las escaleras del porche y se dirigía hacia donde estaba Miley. El sol resaltaba el cabello pelirrojo del hombre. Miley colgó la cuerda de un poste. Deseaba no estar allí.
—¿Puedo ayudarlo?
—Estoy buscando a Jonas. O a Hannah —miró a Miley.
—Soy la mujer de Nick. Nos vimos un momento en el bar, la otra noche —no tenía por qué explicarle que Hannah había ido con Nick a hacer recados.
El actor le tendió la mano.
—Sí, lo recuerdo. Soy Sean Doyle.
Miley lo miró.
Sean sonrió y retiró la mano.
—Supongo que Nick te ha dicho que soy el padre de Hannah.
—Me dijo que tú dijiste que eres el padre de Hannah. No lo eres. Nick es el padre de la niña.
El actor la miró de reojo y dijo:
—Kimmie y yo estuvimos…, ya sabes… Me dijo que yo era el padre de la niña. Se acostó con Jonas para ponerme celoso y obligarme a que me casara con ella —siguió a Miley hasta el porche.
—¿Y por qué no lo hiciste? —se sentó en una silla, no tenía intención de invitarlo a pasar dentro de la casa. Ruth había dejado la cena en el horno y se había marchado. No había nadie más por allí.
—Yo estaba casado, y con dos niños.
—Ya veo.
—Escucha, a mis admiradoras no les importan las aventuras amorosas mientras uno cumpla con sus obligaciones. No es que yo me vaya acostando con todas las que llaman a la puerta de mi hotel, y créeme, tengo muchas oportunidades. La cosa es, que yo sentía cariño por Kimmie. Si no se hubiese casado con Jonas, le habría dado dinero para mantener al bebé.
Miley casi sintió pena por él. Algún día dejaría de ser guapo y no tendría nada en su interior para seguir adelante.
—Señor Doyle, Hannah no es su hija.
—Llámame Sean. Kimmie me dijo que sí lo es.
Miley se mordió la lengua para no decir que Kim había mentido.
—Junta los meñiques así —Miley colocó las manos con las palmas hacia ella y juntó los meñiques.
Mirándola extrañado, el actor la imitó.
—Tus dedos se tocan por todas partes.
—¿Y? A todo el mundo —dijo él.
Ella negó con la cabeza.
—Los de Nick no. Se separan drásticamente. A su madre le pasaba lo mismo. Ella me contó que a su madre le pasaba lo mismo, y que a su abuelo también. Los dedos de Hannah se separan igual que los de su padre.
—Eso no quiere decir nada. Seguro que la mitad de la gente tiene los dedos curvados. Hablaré con mi abogado e iremos a juicio. Conseguiré a mi hija.
—¿Por qué haces esto?
—No quiero que digan que soy un padre renegado.
Había esperado cuatro años para tomar esa decisión. Miley se preguntaba cuánto le habían influido los Taylor.
—Vuelve a California y haz de padre de tus propios hijos.
—Mi mujer no me dejará. Ella y su abogado dicen que no soy un buen padre. Sólo puedo verlos un fin de semana al mes. Cuando tenga a la hija de Kimmie, Jessie, mi esposa, verá que soy un buen padre.
—Tú no eres el padre de Hannah —dijo Miley. Nick llegó en el coche y se dirigió a la parte trasera del granero. No se alegraría de ver a Sean Doyle. Miley se puso en pie dispuesta a deshacerse de él—. Llevarlo a juicio es una pérdida de tiempo y de dinero.
—No me importa lo que cueste. Tengo mucho dinero.
Miley suspiró. Quería decírselo primero a Nick, pero, ese asunto tenía que terminar antes de que perjudicasen a Hannah.
—Señor Doyle, Sean, hoy he hecho algunas llamadas. Hay una prueba sencilla del ADN que demostrará que usted no puede ser el padre de Hannah. No es dolorosa y es confidencial. Tus fans no se enterarán.
—¿Quieres decir que toman muestras de sangre para la prueba de paternidad?
—Para la del ADN no se necesita sangre. Demostrará que no eres el padre de Hannah —no lo era. Ella sabía que no. Que fueran pelirrojos era pura coincidencia.

—Miley está aquí —gritó Hannah desde el asiento trasero de la camioneta. Nick ya había visto su coche aparcado cerca de la casa. El coche de su esposa. Le gustaba pensar eso. Saber que estaba en casa. Tenerla en su cama. Deseaba haber hecho el amor con ella la noche anterior. La manera en que rápidamente se ofreció a ayudarlo, le dio esperanzas.
Nick abrió la puerta del coche. Moonie saltó y esperó a Hannah. Nick la sacó en brazos, le dio un abrazo y la sostuvo frente a él intentando ver si se parecía a su madre o a su hermana. Para él, Hannah se parecía a Hannah. La observó. ¿Tenía sus mismos ojos azules?
Aquella mañana no consiguió localizar a su abogado porque estuvo en los juzgados durante todo el día. Nick hablaría con él al día siguiente. Le pagaría lo que fuera necesario para que convenciera a Doyle de que los dejara tranquilos. Doyle sabía desde hacía cuatro años que, supuestamente, era el padre de Hannah y no había hecho nada. Era probable que eso le quitara los derechos de paternidad. Nick adoptaría a Hannah. No la dejaría marchar.
—Déjame bajar, papá. Moonie y yo tenemos que ir a decirle a Honey que ya hemos llegado.
—Quedaos fuera de la pradera —advirtió Nick—. No paséis de la valla. Ni tú ni Moonie.
—Vale —Hannah se marchó y Moonie la siguió.
Nick los observó durante un minuto, después se dirigió a la casa. Quería ver a su esposa. En cuanto pasó la valla, vio que no estaba sola, pero la sombra le impedía ver quién estaba con ella.
No reconoció el coche deportivo. Pensó que sería de Steele. Demi estaría allí.
Mientras estuvo casado con Kim, Nick nunca sabía a quién se encontraría en casa. Kim lo acusaba de que la espiaba. Se entristecía al pensar que no se había preocupado de espiarla.
Escuchó voces antes de llegar al porche.
Le llegaron fragmentos claros de la conversación de Miley.
—La prueba del ADN demostrará… padre de Hannah.
Nick se quedó paralizado por lo que escuchó. La noche anterior, cuando se le hundía el mundo, Miley le dio fuerzas al mostrarle su lealtad.
Lealtad. ¿Qué lealtad? Encontró la explicación al comportamiento de Miley.

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