lunes, 9 de julio de 2012

Capitulo 6.-


¿Cómo se atrevía a pedirle que olvidara el pasado? ¿Que hiciera cómo si no la hubiera traicionado? No tenía intención de fingir nada.
¿Creía que una ridícula disculpa reparaba el daño que le había causado? Si él hubiera sufrido una mínima parte de lo que sufrió ella, sabría que sería necesario algo más que palabras para igualar la escora.
Le hervía la sangre, se levantó y caminó de un lado a otro de la habitación. Nick tenía a una hija que adoraba. Miley no había hecho nada más que amarlo y la había dejado tirada. Todo el mundo se había compadecido de ella. Había sufrido durante cinco años. Él le había robado el corazón, arruinado su vida, e incluso robado el nombre que le iba a poner a su primera hija. A cambio, pretendía que vivieran juntos como marido y mujer.
Como si ella lo hubiese estado esperando durante esos cinco años. Muriéndose por él.
No quería casarse con él. Quería aplastarle la cabeza contra una pared. Quería hacerle daño.
Quería venganza.
Miley se detuvo en la mitad de la habitación.
Quería venganza. Sólo si Nick sufriera como ella había sufrido, las cosas estarían igualadas.
Habría terminado con Nick Jonas para siempre.
No quería casarse. Quería venganza.
Vio el vestido de boda de Demi y se le ocurrió el plan perfecto. La venganza y el matrimonio podían ir unidos.
Nick había dicho un mes. Miley le daría un matrimonio de verdad durante un mes. Sería la esposa perfecta, se adaptaría tan bien a su forma de vida que él no podría imaginar vivir sin ella. Le ocuparía los días, la mente, la cama.
¿Cómo iba a acostarse con un hombre al que no amaba? Bueno, la gente lo hace continuamente. Nick se acostó con una mujer a la que, según él, no amaba. Miley era adulta. Tenía veintiséis años. Podría hacer el amor con él.
No sería amor. Sólo sería sexo. Pura actividad física que no tiene nada que ver con el amor. Él nunca descubriría que sus sentimientos no estaban implicados. Podría engañarlo.
Compartir la cama con Nick no le resultaría muy difícil. Todavía quedaban remanentes de la atracción que un día sintió por él. Los restos de una atracción puramente física.
Hannah. ¿Qué pasaba con Hannah? Hannah vería a Miley como una visita de un mes. Se lo pasarían bien juntas y después Miley se marcharía. Igual que los padres de Nick iban al rancho y después se marchaban a Tejas. Miley no planeaba ser la madre de Hannah. La niña tenía a su padre. Y a Ruth. Una vez que Miley se marchara, Hannah se olvidaría de ella, sería como si nunca hubiese estado allí.
Miley contempló el velo de Demi. Podía poner muchas objeciones. O podía simplemente hacerlo.
Lo haría.
Haría que Nick Jonas se enamorara de ella. Que se arrodillara ante ella.
Después lo abandonaría.
Igual que él la abandonó.
Quien fuera que dijo que la venganza es dulce, no aclaró cómo de dulce puede llegar a ser. Miley sonrió.
Escuchó como abajo arrastraban una silla. «La gente empezará a marcharse. Nick se irá. Y el juez», tomó el velo y se lo puso en la cabeza.
Se detuvo al pie de la escalera y miró dentro del comedor. Todo el mundo estaba sentado alrededor de la mesa menos Worth que estaba de pie con un cuchillo en la mano. Tenía la tarta delante suyo.
—Se supone que la tarta la tiene que partir los novios —gritó Miley—. Después de la boda.
Al instante cesaron todas las conversaciones.
Mary Cyrus fue la primera en hablar.
—¿Miley? ¿Qué ocurre? ¿Vas vestida con vaqueros y velo de novia? ¿Qué estás haciendo?
—¡Miley! —exclamó Hannah.
—Creí que no te ibas a casar —dijo Davy.
Miley miró a Nick e ignoró al resto. Estaba sentado de espaldas a ella. Al oírla hablar se sobresaltó. Los músculos de su cuerpo se tensaron. Miley esperó.
Al fin, Nick se dio la vuelta.
—Podemos esperar a que te vistas.
—Podemos esperar aún más —dijo Mary—. Miley, quiero verte en la cocina —una vez allí, Mary cerró la puerta del comedor—, ¿qué ha pasado? Hace un momento estabas decidida a no casarte con Nick.
—Digamos que son los nervios prematrimoniales.
Nick entró en la cocina.
—Creo que tengo que formar parte de esta reunión.
Mary Cyrus lo miró y dijo:
—No sé qué le has dicho, pero sí sé que quieres que ella esté segura de que hace lo correcto.
—Estoy haciendo lo correcto.
—Debí de haberte encerrado en tu habitación.
—No puedes detenerme, mamá. Si te opones, me casaré en otro sitio. Lo he decidido —Miley miró a Nick—, voy a casarme con Nick. Ahora.
Nick la miró.
Al cabo de un momento, la madre dijo:
—No puedes casarte en vaqueros. Si no quieres ponerte el vestido de novia de Demi, por lo menos ponte un vestido.
Sin dejar de mirar a Nick, Miley se colocó el último alfiler en el velo.
—Lo tomas o lo dejas.

—Lo tomo —esas palabras tan simples tenían mucho significado.
A Miley se le aceleró el corazón al mirar a Nick a los ojos. En seguida apartó la vista. No quería reconocer los sentimientos que insistían en su interior.
Nick le tendió la mano.
—Estoy listo, cuando quieras.
Ella nunca estaría preparada. Su valor estuvo a punto de desvanecerse. Nick le tomó la mano. El calor de su cuerpo fluyó al de ella. A él se le humedecieron los ojos.
—No hago esto por ti —murmuró ella.
—Lo sé.
Él pensaba que lo hacía por Hannah. Miley no podía continuar. Intentó soltarle la mano, pero él la agarró más fuerte y se la llevó a los labios. Un escalofrío recorrió el cuerpo de Miley. No. Él no podía hacerle el amor. Allí no.
—Miley Ray Cyrus, ¿te casarás conmigo?
Intentó decir que no, pero pareció como si su barbilla tuviera movimiento propio y la movió de arriba abajo. Nick la observó con atención. Debió leer el pánico en sus ojos. La soltaría. Se rompería el hechizo.
—Vamos a decírselo al juez —dijo con una sonrisa y sin dejar de mirar a Miley.
—Miley —Worth entró en la cocina con Greeley—, espera hasta que estés segura de lo que quieres.
—Estoy segura —sabía que no sonaba convincente.
—Deja de hacer de hermano mayor, Worth. Miley sabe lo que hace.
«Él lo sabe. Se imagina que quiero vengarme», Miley rechazó la idea en cuanto se le pasó por la cabeza. Nick no podía saberlo. Dentro de un mes. Cuando ella lo abandonase. Ella ya no tenía dudas. Era lo que quería hacer. Sonrió a su hermano y a la dama de honor y dijo:
—Vamos.
—Miley —comenzó Worth.
Greeley lo interrumpió.
—A menos que la ates a la cama y la encierres en su habitación, no harás que cambie de idea.
—Quiero asegurarme de que es ella la que ha tomado la decisión. No quiero que nadie la haya presionado.
—No es una cría —dijo Greeley—. Es adulta. Puede tomar sus propias decisiones. Sabe que la pequeña necesita una madre.
—Esa no es razón para que Nick le haga hacer algo que no quiere —contestó Worth—. El matrimonio es una decisión muy seria. Miley quiere un marido en el que pueda confiar, y no creo que opine así de Nick.
—No pretenderás que ignore las necesidades de la niña —dijo Greeley.
—Worth. Greeley. Sé que estáis preocupados, pero es Miley la que tiene que decidir —dijo Mary.
La cocina quedó en silencio. Miley miró a sus hermanos y luego a su madre.
—Por si lo habéis olvidado, me gustaría casarme antes del próximo siglo —y salió de la cocina con Nick.
La madre los siguió hasta el comedor y sonriendo a Miley dijo:
—Pero no en vaqueros.
Nick sonrió a Mary y dijo:
—Está bien, Mary. Así tendremos de qué reírnos en nuestras bodas de oro.
Miley se las arregló para reírse como todo el mundo a pesar de lo que sentía. El olor a comida le había afectado al estómago.
—Casémonos, así podré comer.
—¡Espera! —gritó Hannah. Apareció con un ramo de flores marchitas. —Las he recogido yo. Para que las lances.
—Oh, Hannah —dijo Mary—, me olvidé de tus flores. Debí haberlas puesto en agua. Lo siento.
Miley agarró el ramo de flores.
—Están perfectas —todo el mundo sonrió. Pensaban que lo decía por educación. No era así. Las flores marchitas anunciaban un matrimonio y un final, no un comienzo.
Frente a la chimenea y junto a Nick, Miley le dijo al juez:
—Que sea breve. Sáltate todo eso de para lo bueno y para lo malo… Yo digo que sí, él también y nos declaras marido y mujer.

Marido y mujer.
Los dos solos. Hannah iba a pasar la noche con los padres de Nick y los Cyrus en el rancho Double Nickel.
Nick dejó las maletas de Miley en el porche. Nunca pensó que Miley se casaría con él.
Sabía que Miley esperaba que le regañara por omitir una parte de las promesas matrimoniales. De qué servía que ella prometiera esas cosas. Miley iba a hacer lo que quisiera. De otra manera no la habría conseguido. Así la tenía.
Por lo menos durante un mes.
Abrió la puerta.
Puede que Worth y Greeley creyeran que Miley se había casado por Hannah, Nick sabía muy bien que la decisión no tenía nada que ver con su hija.
Sospechaba que se había casado con él para convertir su vida en un infierno. Confiaba demasiado en sí misma. No era su estilo tratar mal a los demás. La conciencia se interpuso en su camino.
Se dio la vuelta y la levantó en brazos.
—¿Qué haces? Bájame.
La llevó dentro de la casa.
—Bienvenida a casa, señora Jonas —le gustaba como sonaba. La expresión de Miley era indescifrable. Él deseaba que lo abrazara y lo besara. Ella puso una sonrisa y le dijo al oído:
—Gracias.
Nick la dejó en el suelo.
—Subiré tus maletas.
Miley lo siguió hasta los dormitorios. El deseo se apoderó de Nick. Al casarse, Miley aceptó un matrimonio real. Nick se detuvo en el pasillo.
—Hannah duerme en el cuarto de invitados, y yo duermo en mi antigua habitación. Ha sido un día muy largo. Si prefieres, bueno, como Hannah no está aquí, si quieres dormir en su habitación…
—¿Y por qué no en…? —Miley se calló cuando abrió la puerta del dormitorio principal—. ¿Es que tu madre cambió de opinión y se llevó los muebles a Tejas?
—Están en el altillo —Kim había cambiado los muebles antiguos por unos de contrachapado.
—Me encantaba la habitación de tus padres.
—El papel de la pared estaba descolorido y a Kim no le gustaban los muebles oscuros.
Miley se horrorizó al ver el papel negro y plateado con manchas rojas y las cortinas rosas.
—¿Qué hicisteis con la colcha de tu bisabuela?
—La he guardado hasta que Hannah sea mayor.
Miley tocó la cama y retiró la mano sobresaltada cuando notó que se movía.
—Es una cama de agua. Con una colcha fucsia —evitó mirar a Nick.
—Después de morir Kim, cerré esta habitación. Ya nadie entra aquí, sólo Ruth para limpiar.
Miley se tumbó en la cama y con cuidado movió el colchón de agua.
—No sé si es como un burdel antiguo o como uno de esos sitios de luna de miel que anuncian en las revistas.
Kim estaría contenta de saber que su burdel había sido reconocido. Nick miró hacia el techo para ver el reflejo de la cara de Miley. El techo estaba recubierto de espejos.
—No tienes que dormir aquí —dijo con brusquedad.
—Lo siento. No estoy segura de poder dormir aquí. Tendría pesadillas. Cientos de Mileys observándome. ¿No es un poco peligroso? ¿Y si se cae un espejo? Si no nos corta, igual rompe la cama de agua y nos ahogamos —hablaba en plural. Nick olvidaba la decoración a medida que la esperanza se apoderaba de él—. Por otro lado, si lo piensas bien, da un poco de pena desaprovechar por lo que la mayoría de los recién casados pagan un montón de dinero. Quizá debamos estudiar qué posibilidades ofrece. Se supone que es muy sexy —se desabrochó el botón de la blusa—, ¿quieres dormir aquí?
El matrimonio de Kim y Nick había sido un desastre desde el principio. Dolida porque Nick no la amaba, Kim se desquitó de él como pudo. Nick le había sido fiel mientras vivía. No iba a condenarla una vez muerta. Esa habitación, una prueba de que Nick había fallado a Kim, lo entristecía.
—No voy a dormir aquí contigo —le dijo a Miley. Se dio la vuelta y se marchó.
Miley observó cómo se marchaba. Antes de la boda Nick le había dicho que quería acostarse con ella. Se había casado decidida a acostarse con él ¿y él la rechazaba? Se levantó de la cama y se dirigió al vestíbulo.
La puerta de la habitación de Nick estaba abierta y ella entró. Él se estaba quitando el abrigo.
—¿Qué significa esto? —Preguntó Miley—. Me embaucas en este estúpido matrimonio y ¿ahora no quieres acostarte conmigo? No puedes negarte. Yo soy la única de este matrimonio que puede negarse —de repente se le ocurrió una explicación para el comportamiento de Nick—. Estoy demasiado delgada, ¿verdad? Ya sé que tu esposa era como una modelo, pero…
—No estás delgada —dijo Nick y dejó el abrigo en el respaldo de la silla—. Estás perfectamente bien —después, se desabrochó la camisa muy despacio.
Miley quería abrírsela de un tirón.
—¿Y por qué no quieres acostarte conmigo?
—¡Quien dijo eso? —dejó la camisa sobre el abrigo y comenzó a quitarse las botas.
—Tú. Dijiste que no ibas a dormir conmigo.
—Allí —Nick se puso en pie y caminó alrededor de la cama—. No he dicho nada sobre dormir contigo, aquí.
Su mirada la hizo retroceder.
—Esta es una cama muy pequeña, y yo soy de mal dormir. Estiro de las sábanas y todo eso —se apoyó en la pared—. No conseguirás dormir nada.
Nick se apoyó en la pared con una mano a cada lado de Miley.
—En lo último que pienso esta noche es en dormir.
Ella no podía dejar de mirarlo. El ardiente deseo de sus ojos le cortó la respiración. Durante un segundo tuvo pánico y empujó a Nick para apartarlo. Al sentir el calor de su cuerpo no pudo evitar acariciar su piel. Él no se movió. Se le aceleró la respiración y se le tensaron los músculos.
—Dijiste que eras la única que puede negarse. ¿Te niegas?
—Y si me niego ¿qué? —le acarició un pezón con el pulgar.
—Tú eliges, ya te lo he dicho. No volveré a besarte hasta que tú me lo pidas.
—Ah, sí —Miley pasó el dedo por la clavícula de Nick— pensé que al casarme contigo ya estaba todo claro —se arriesgó a mirarlo.
Nick sonrió.
—¿Eso quiere decir que quieres que te bese?
—¿Desde cuándo hay que dejártelo todo tan claro?
—Eso es un sí —movió las manos para acariciarle los pechos e inclinó la cabeza.
Miley cerró los ojos cuando él la rozó con los labios. En el trato no entraba que él pudiera mordisquearle el labio o delimitar su boca con la lengua, ni que el beso fuese tan profundo que hiciera arder el interior de Miley.
Y sus manos. Cómo le acariciaba el pecho con ellas, por encima de la ropa interior. Se percató de lo peligroso que podía ser Nick cuando no tuvo voluntad para separarse de él. Miley pasó del placer al deseo. Echó la cabeza hacia atrás dejándole el camino libre, rindiéndose y exigiendo a la vez. El mundo se desvaneció. Sólo existía la boca de Nick. Dejó de besarla en la boca y comenzó a besarle la oreja, para entonces, ella ya estaba suplicándole.
Y completamente desnuda.
—Te vas a congelar —Nick la tomó en brazos y la llevó a la cama.
Nick se tumbó junto a ella. Entrelazaron las piernas y Miley se estremeció al rozar el vello de Nick.
Nick levantó la cabeza.
—Te he imaginado tantas veces con la cabeza sobre mi almohada… —le dio un beso en la boca—. Tienes la boca más sexy del mundo.
El deseo que sentía Miley era cada vez más fuerte. Continuó moviéndose debajo de él.
—Oh, Miley —dijo él y la besó de nuevo.
Ella nunca había soñado que iba a ser así. Sólo eran dos cuerpos juntos, pero de algún modo… Las manos, la boca y la lengua… Tras el deseo y la euforia, volvieron despacio a la realidad. El corazón de ambos latía al unísono.
Nick se retiró de encima de Miley y tiró de la colcha para taparse. Tumbado junto a ella dijo:
—Gracias. Has sido muy agradable.
Agradable
. El sentimiento de ternura que Miley sentía hacia él se desvaneció. Odiaba la palabra «agradable».
Todo el mundo la había alabado por haber sido «agradable» cuando Nick se casó con otra mujer, por no haber dicho nada en contra de ellos.
«Agradable» se emplea para las niñas educadas que piden permiso para acariciar a un perro. Para los jóvenes amables que sujetan la puerta abierta a alguien que lleva las manos ocupadas.
No se podía utilizar la palabra «agradable» para describir lo que había ocurrido en la cama de Nick.
Miley apostaría que Nick nunca había utilizado esa palabra para describir sus relaciones sexuales con Kim.
Si le hubiera dicho a Miley que la amaba después de acostarse con ella, quizá hubiese creído que no mentía. Puede que hasta hubiese pensado en abandonar la venganza.
Sin embargo, lo que le dijo fue que hacer el amor con ella había sido agradable.
Nick Jonas la invitaba a que se vengara.
Miley le enseñaría lo que es ser agradable.

Nick estaba tumbado con los ojos cerrados disfrutando del calor del cuerpo de Miley.
Ella no había hablado de amor. No es que él se lo mereciera, pero que Miley no lo hubiera hecho le comía por dentro. Después de hacer el amor, Miley se dio la vuelta y se durmió. No dijo ni una palabra cuando él la despertó por la noche y volvieron a hacer el amor.
No hacía falta que él le hablara de amor.

1 comentario:

  1. wow si se casaron
    se me hace que miley le va a salir el tiro por la culata....
    me encantooo

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