viernes, 13 de julio de 2012

Capitulo 11.-


Nick creía que Miley estaba afligida; que Miley lo odiaba. No quería tener hijos con él. Quería quitarle la única hija que tenía. No se lo permitiría.
—Si tuvieras una hija, sabrías que no son retornables como los envases —dijo él.
Ella palideció.
—Venía a decirte que puedes poner las chuletas cuando quieras.
Nick miró cómo se alejaba. Descargarse con Miley no solucionaba nada. Entristeció. Su amor había degenerado en la necesidad de herirse el uno al otro. Debía llamarla para disculparse. Mentirle. Decirle que había malinterpretado lo que le dijo a Doyle. Que ella y sus hijos podrían reemplazar a Hannah.
Nunca había mentido a Miley y no iba a empezar a hacerlo. Tenían que ser sinceros.
Nadie podía remplazar a Hannah.
Nick quería un hijo, pero no para reemplazar a Hannah. Amaría a otro hijo igual que amaba a la pequeña. Querer a Hannah, no significaba que él no pudiera querer a una mujer.
Él sólo había amado a una mujer en su vida, y ella lo había traicionado.
A su hija la llamó Hannah porque sabía que a Miley le gustaba el nombre. Era una manera de mantener a Miley en su corazón.
—Papá, ¿cuándo van a estar los perritos calientes?
—¡Perritos calientes! —Dijo Worth—, ¿he venido hasta aquí para comer perritos?
—Son para mí y para Davy, tonto —dijo Hannah.
—Anda, llámame tonto —dijo Worth mientras la levantaba en brazos.
—¡Tonto, tonto, tonto!
—Es tu tío —dijo Greeley—. No debes llamarlo tonto. Tienes que llamarlo tío Tonto.
Davy se unió a Hannah.
—¡Tío Tonto!
Davy era un niño bueno. Trataba a Hannah como si fuera su prima de verdad.
Los abuelos maternos de Hannah no quisieron ir a la fiesta. Para Nick, fue lo único bueno del día.
Nick se unió al grupo del porche. No iba a estropear la fiesta de Hannah.
—Estoy lleno. Creo que necesito ir a dar un paseo ¿y tú Greeley? —dijo Worth.
—Vamos.
—Es una buena idea —dijo Miley.
—¿Dónde vas? Con nosotros no vienes, ¿a qué no, Greeley? —dijo Worth.
—Queremos estar a solas —contestó Greeley.
A Nick le extrañó la respuesta. Los Cyrus siempre estaban juntos. Miró a Miley y vio que estaba decepcionada. Worth y Greeley la habían dejado de lado. ¿Habrían oído lo que dijo y les parecía mal? ¿Y quiénes eran ellos para opinar? Nick estaba enfadado con Miley por haberse puesto del lado de Doyle, pero tenía que admitir que se merecía lo que ella le hizo.
Si no hubiese incluido a Hannah en su venganza…
—Cerrad los ojos —ordenó Demi.
Nick se volvió para mirarla.
—¿Qué?
—¡Que cerréis los ojos! Miley y tú.
Él miró a Miley. Ella le sonrió y cerró los ojos.
Nick no comprendió ni la sonrisa ni por qué estaba sonrojada. Fuera lo que fuera lo que su familia planeaba. Ella lo imaginaba y no le hacía gracia. Worth y Mary Cyrus no participarían en los planes de venganza de Miley, así que todo eso no tenía nada que ver con Hannah.
—¡Nick! ¡Cierra los ojos!
Nick los cerró y le preguntó a Demi:
—¿En tus tours, llevas un látigo?
—No la conoces. Si no intentaba ahogarme, intentaba que me matara montando un potro salvaje. Me casé con ella en defensa propia —se rió Joe.
—¿Listo? —gritó Worth.
Se oyó un ruido metálico y algo muy grande rodó hacia la casa.
—Vale, ya podéis bajar —gritó Worth.
—Mantén los ojos cerrados —Demi agarró a Nick del brazo—. Escalones —Demi lo guió por el patio. Nick oyó que Joe guiaba a Miley.
—Esperadme —gritó Hannah. Nick se paró.
Miley se chocó con él.
—Ay. Lo siento, se me olvidó que Hannah tenía que ponerse las botas.
—Ya estoy —dijo Hannah agarrándose a la mano de Nick.
Nadie iba a quitarle a su hija.
—Abrid los ojos.

Nick se asombró al ver un montón de hierros oxidados soldados entre sí.
—Para los novios —dijo Greeley.
—Oh, Greeley. Es maravilloso —dijo Miley.
Nick volvió a mirar los hierros. Había leído un artículo acerca de las esculturas que hacía Greeley. Lo llamaban arte.
Le dio la sensación de que todo el mundo esperaba que dijera algo. Se colocó junto a Miley y miró la escultura.
—Es un caballo.
Todo el mundo lo miró como si fuera beep. Miró de nuevo. No era uno, sino tres. Dos grandes y uno pequeño. El mediano protegía al pequeño. ¿Qué podía ser? Se le ocurrió de repente. Puso una gran sonrisa y se dirigió a Greeley:
—Leí un artículo sobre ti en el que decían que eras un talento nuevo en el mundo del arte. Está muy bien.
—¿Bien? ¡Es fabuloso! No tenías que haberlo hecho —dijo Miley.
Nick se dio cuenta de lo que era. Un regalo de boda para él y Miley. La miró. También la había pillado por sorpresa. Tenían que aceptarlo y después ya decidirían qué harían con él.
—Gracias, Greeley —por el tono no parecía sincero. Miley pasó la mano por el caballo pequeño.
—Es precioso.
Nick se preguntó si alguien más había notado la tensión en la voz de Miley. O visto que se le humedecían los ojos.
—Los caballos no son así, papá.
Todo el mundo se rió.
—Greeley no hace caballos como los de verdad. Hace lo que siente que es un caballo —Miley agarró a Hannah de la mano y la acercó a la estatua—. Entorna los ojos e imagina que eres una potrilla que cabalga junto a su mamá y a su papá. ¿Lo ves?
Hannah miró la estatua y dijo:
—Me veo, digo, veo a la potrilla. Me gusta. ¿Es mía?
—La escultura es un regalo para los tres —dijo Greeley después miró a Nick—, ¿no vas a preguntarme cómo la he llamado?
Él no quería preguntarlo.
—¿Cómo?
—La familia de Hannah.
Greeley debía de saberlo. No era el momento de decírselo. Pronto se enterarían. Si Nick pensaba en eso, estropearía la fiesta de Hannah.
Dejó de mirar a la estatua y vio que Demi lo miraba. Se preguntó qué les habría contado Miley. Miró al resto del grupo. Miley, Hannah, Davy y los Norton hablaban de la escultura. Doyle la miraba asombrado. Mary sonrió a Nick y Worth le guiñó un ojo.
¿Qué sucedía?
—Nos toca a nosotros —dijo Demi y le dio un sobre a Miley. Ella lo abrió y se lo dio a Nick. Él sacó un folleto de hoteles.
—Para vuestra luna de miel —dijo Demi—. Una suite en cualquiera de los hoteles de los Steele, para cuando queráis y durante todo el tiempo que queráis. Decídmelo y lo arreglaré todo. Nosotros cuidaremos de Hannah.
Nick era incapaz de mirar a Hannah.
—Estupendo.
Nadie hizo caso de la falta de entusiasmo de los recién casados.
—Es difícil superar estos regalos, así que no lo hemos ni intentado —Jake sacó un paquete de detrás suyo—. Le toca a Nick.
—Date prisa, papá.
—¿Por qué no me ayudas? —él se agachó.
Hannah quitó el lazo. Levantó la tapa y dijo:
—Ooooh, son unas bolas preciosas. Mira, papá. Una, dos y tres.
—Son especiales. Para el árbol de Navidad.
El dolor se apoderó de Nick. En Navidad, Miley ya se habría marchado. Y si perdía a Hannah… Podría elegir su favorita y llevársela con ella. Si Doyle la dejaba. Miley podía hacer lo que quisiera con las otras. Sin Miley o sin Hannah, Nick no volvería a celebrar la Navidad.
—El último —dijo Worth y sacó un paquete del bolsillo—. De mamá y mío, con amor.
—Ábrelo tú —le dijo Nick a Miley.
Ella rehusó.
—Yo lo abro —dijo Davy.
—Te toca —dijo Nick dándole el paquete—, Hannah ha abierto el otro.
—Es una foto de un caballo —dijo Davy cuando quitó el papel.
Nick miró a Worth. Él le sonrió. Era de un caballo musculoso y arrogante.
—Jackpot —dijo Worth—. Un semental de cinco años. Es vuestro. Decidme cuándo queréis que lo traiga.
Nick estuvo a punto de arrugar la foto. Worth y él siempre hablaban de cruzar a sus caballos. Pensaban cruzar a una de las yeguas de Nick con uno de los sementales de los Cyrus para celebrar la boda de Miley y Nick. Entonces, no hubo boda. Y aún no había nada que celebrar.

A lo lejos se oía la tormenta. Miley estaba acostada al lado de Nick y sabía que él estaba despierto.
—Les dije que no nos hicieran regalos de boda —había dicho lo mismo justo después de que se marcharan los invitados, entonces, Nick no contestó y parecía que esa vez tampoco iba a hacerlo.
Si Miley no se hubiese quedado atónita al ver aparecer a Sean Doyle, se habría imaginado lo que les esperaba cuando vio que Worth, Greeley y su madre llegaban con el remolque para caballos.
—Debí de imaginármelo cuando vi el tráiler. Pensé que a Worth le había dado pereza desengancharlo.
—Nick no dijo nada.
Si por lo menos le gritara, ella podría gritarle también. El silencio la ponía nerviosa.
—¿Vas a estar enfadado siempre?
No hubo respuesta.
—No tenemos que seguir casados por unos miserables regalos.
—Más que miserables —dijo Nick.
—Lo que sea. Greeley no tendrá problemas para vender la escultura. Kristy querrá que Hannah se quede con los adornos navideños, y Joe y Demi no nos han dado nada todavía —le quedaba el último regalo. Sabía lo que el semental significaba para Nick—. Worth y tú podéis hacer un trato respecto a Jackpot.
—¿Por qué no les has contado lo de Hannah?
—Lo he hecho —dijo.
—Greeley llamó a la escultura La familia de Hannah. No le hubiera puesto ese nombre si supiese que Doyle es el padre.
—No, no lo habría hecho. Sabe que Sean la reclama, todos lo saben, y están de acuerdo conmigo con que tú eres el padre. Es más, todo el mundo ve el parecido que hay entre tú y Hannah, menos Sean, los Taylor y tú.

De espaldas a ella, Nick fingía que dormía. Miley sabía que no era así. Deseaba que llegasen los resultados de las pruebas. Así podría marcharse. Seguir con su vida.
Ninguno durmió nada. Al amanecer, Nick suspiró aliviado, se levantó y se vistió.
Miley oyó que cerraba la puerta principal. Se levantó y miró por la ventana. Vio que Nick estaba mirando la escultura.
A Hannah le encantó la escultura. No comprendería por qué se la tenían que llevar. Quizá Greeley pudiera dividirla. Quitar a la yegua y dejar a los otros caballos juntos. Padre e hija. Unidos.

Ruth o Miley le habían dejado el correo sobre su escritorio. Nick estuvo un rato largo mirando el sobre que había encima del todo. No era capaz de abrirlo.
Oyó el trote de un caballo y pensó que Miley estaría con la potrilla en la pradera.
Se levantó y salió. Si se quedaba un segundo más en la oficina, explotaría. El sobre podía esperar.
Hasta entonces había intentado mantenerse lejos de donde Miley trabajaba con la potra para que no lo acusara de que la controlaba. Esperaba que ella se enfadase al verlo aparecer. Quizá si discutían, conseguiría olvidarse del sobre.
Hannah estaba montada en Copper, atenta a lo que sucedía en el picadero.
Miley sacudía una manta delante de la potra. No se inmutaba. Nick no podía creerse que era la misma potrilla que llegó allí coceando y relinchando.
Miley lo miró.
—Va a ser una delicia, Nick. Es obediente y lista.
—¡Papá, mira! Estoy montando a Copper.
—Ya lo veo —Hannah llevaba más de un año montándose en el caballo más dócil que tenía Nick. Copper era de fiar.
Nick agarró la silla de Copper. Una vez que abriera el sobre, ya sería oficial. Ya no podría llamar a Hannah su hija. No contaría para nada que la quisiera, ni que la hubiese criado. Sólo contaría lo genético.

Miley miraba a Nick de reojo. Por su expresión, sabía que algo terrible sucedía. La potra notó la tensión de Miley.
Nick. No podía pensar en él mientras trabajaba con la potra. Quería saber qué iba mal.
Soltó a la potrilla en la pradera. La potra trotó hacia la manada de caballos.
—Adiós. Hasta mañana —le dijo Miley a la potra.
—¿Ha sido buena hoy? —preguntó Hannah.
—Muy buena.
—La he tocado, papá. Miley y yo hemos montado a Copper junto a ella, y yo la he acariciado. Le ha gustado.
Miley vio que Nick agarraba la silla con fuerza y dijo:
—No la dejaría hacer nada que pudiera ser peligroso.
—¿Qué?
Era evidente que no tenía nada que ver con que Hannah montara a Copper. Miley bajó a la niña de la yegua.
—Vete a lavar. Yo iré en cuanto termine con Copper.
—No quiero ir a lavarme.
—Ruth ha preparado espaguetis.
Hannah salió corriendo hacia la casa.
Miley miró a Nick. Al ver su cara, se acercó y le tocó la mano con la que agarraba la silla de montar.
—Quiero dejar a Copper con los otros caballos. Necesito que la sueltes.
Nick miró a Miley y quitó la mano. Se quedó mirando al suelo.
Miley desensilló a la yegua y la dejó entrar en el prado.
Nick le dio un golpe a un poste de la valla.
A Miley se le paró el corazón. Ella había metido el correo. Había visto el sobre. La reacción de Nick, sólo quería decir una cosa. No podía ser cierto. Ella no se equivocaba.
—Volveremos a hacer las pruebas. En otro sitio. Se han equivocado —dijo Miley.
—No recuerdo mucho de cuando me acosté con Kim. Había bebido. Me desperté desnudo, en la cama de Kim. Me dolía la cabeza y estaba confuso. Dijo que había estado buscando a un tío porque Doyle no se quería casar con ella a pesar de que la había dejado embarazada. Dijo que yo no llegué a tocarla, que me dormí antes de hacer nada.
—La tocaste. Hannah es la prueba de ello. Me da igual lo que Kim dijera. O lo que digan los resultados de las pruebas.
—Ya vale, Miley. Puedo perder a Hannah. ¿Eso no te parece suficiente venganza? No me des falsas esperanzas.
—No son falsas esperanzas. Tú eres el padre de Hannah. El físico no engaña. Sí, el ADN es físico, pero se han equivocado. Las haremos otra vez. Me da igual lo que digas. No te quitarán a Hannah.
Él no la miró, sólo negó con la cabeza.
—¿Qué decía la carta exactamente? —preguntó Miley. Después cruzó el patio y entró en la casa.
El sobre estaba encima del escritorio.
Sin abrir.
Miley lo agarró y lo abrió. Si a Nick no le gustaba que le abrieran el correo, peor para él. Leyó lo que decía y corrió hasta el picadero. Nick no se había movido de allí.
—Léete esto —le colocó la carta delante de los ojos.
—No hace falta. Ya sé lo que dice —dijo él.
—¿Desde cuándo puedes leer a través de los sobres?
—Vete, Miley. Ya te has divertido bastante.
—¿Divertirme? —gritó—. Ni siquiera he comenzado. Primero te voy a dar una patada porque eres un testarudo. Será muy divertido. Creo que te daré más de una. Puede que te ate y te tire al suelo. Cuando Hannah salga a ver qué pasa, le diré que estoy intentado hacer que el terco de su padre tenga un poco de sentido común.
—Déjalo. Yo… —Nick se dio la vuelta— ¿Qué has dicho?
—He dicho terco.
—Has dicho, «su padre». Dame eso.
—¿Por qué? Ya sabes lo que dice ¿no?
—Miley.
—Nick. Me dijiste que me fuera. Y me voy —se dio la vuelta y corrió hacia la casa. Se lo merecía. Le hizo que creyera que no era el padre de Hannah cuando ni si quiera había abierto el sobre.
Nick la agarró con fuerza para quitarle el papel.
Miley intentó soltarse y dijo:
—Haré que te arrepientas.
—Venga —dijo él sin retirar la vista del papel—. Soy el padre de Hannah —dijo incrédulo—. Es cierto. Kim mintió. Soy su padre.
A Miley se le humedecieron los ojos.
—Ya te lo dije.
—Hannah es mi hija —se rió—. Siempre ha sido mi hija —soltó a Miley, y gritó— ¡Mi hija!
Hubo un tiempo en el que Miley lo habría abrazado, habría compartido su alivio con ella. Eso fue hacía mucho tiempo. Entonces, Nick y ella compartían sus alegrías, sus penas. Sus vidas. Su futuro. Después, sólo compartían la cama.

Miley estaba junto a la ventana del dormitorio.
—Parece que va a llover.

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