—Lo entiendo —susurró Miley en la cálida oscuridad.
—Tú lo entiendes todo, mi preciosa
Miley —Nick dijo con ternura—. Has acogido a los mellizos de todo corazón y los quieres como si fueran tus propios hijos. Has abandonado tu país y a tus padres y la profesión que amas para cruzar medio mundo solo porque quieres tanto a tu abuelo que no puedes soportar que se enfrente él solo a la vejez. Y tú...
Miley, me dijiste que me amabas. Me ofreciste el mejor regalo de todos; y yo tuve que rechazarlo. Hasta esta noche...
—¿Hasta esta noche? —a
Miley le daba miedo hasta de respirar; miedo a creer lo que le estaba pasando.
—Hoy Delta me ha demostrado de lo que es capaz—Nick dijo en tono grave—. La gente me decía cosas, los amigos me decían cosas... Me habían dicho que
Miley podía llegar a ser cruel, pero yo nunca lo había visto. Pensaba que la conocía tan bien. El padre de Delta tiene mala fama, y la gente la juzgaba por eso. Pero yo estaba equivocado. He sido un estúpido.
—Ella simplemente... —
Miley aspiró hondo; de repente le resultaba imposible sentir lástima por Delta—.Nick, debería haberle hablado de mi nivel deportivo. Y tal vez... y tal vez haya sentido lo que había entre nosotros.
—¿Y acaso es eso excusa para pegar con un látigo a una persona en público? —preguntó Nick—. ¿Para montar una escena como la que ha montado? ¿Para hacerte daño? —negó con la cabeza—. El comportamiento de Delta es inexcusable. La llevé a casa, estaba tan enfadado que no podía ni hablarle, y luego esta noche fui a su casa y le dije que nuestro compromiso se había terminado —Nick suspiró—. Delta se puso a gritar como una verdulera —le dijo—. Y jamás me he sentido tan agradecido en toda mi vida porque te hiciera esto.
Miley, su rabia no tenía nada que ver con lo que sentía hacia mí. Solo con su orgullo herido y con la necesidad de dinero que tiene su familia. No me había dado cuenta de la verdadera razón para casarse conmigo hasta esta noche. Lo que te ha hecho hoy me ha librado de un compromiso de por vida. Me ha evitado cometer el error más grande. Pero,
Miley, lo siento tanto...
—¿Lo sientes?
—Que me haya tenido que dar cuenta de este modo, haciéndote Delta daño. Y siento mucho que te haya humillado.
—No me ha humillado —
Miley dijo con afabilidad—. En realidad, creo que me ha hecho un gran favor. Ahora tengo tantos amigos en el distrito que he perdido la cuenta. No sabes la cantidad de jinetes que se acercaron para pedir perdón por el comportamiento de Delta y que me ofrecieron su sincera amistad. No creo... No creo que tenga necesidad de volver a estar sola nunca más.
Se hizo silencio.
—¿Quiere decir eso que entonces no nos necesitarás más? ¿A mí y a los mellizos?
En alguna pradera distante se oyó el canto de un zarapito llamando a su pareja. Su melodía era aún más Miley que la del ruiseñor. Y esa dulzura hizo que a
Miley el corazón le estallara de felicidad.
—Creo que siempre os necesitaré —susurró.
—¿Quieres decir a los mellizos?
—A ti —
Miley le rozó los labios con la punta de los dedos—. Llevo diez años amándote, Nick. Jamás he dejado de amarte, ni por un momento, y no pienso dejar de hacerlo ahora. Ni ahora ni nunca.
—¿Lo dices en serio?
—Totalmente.
Entonces muy despacio, con mucha ternura, Nick la estrechó entre sus brazos.
—Te quiero,
Miley —le susurró al oído—. Si no me enamoré de ti cuando tenías catorce años, fue porque estuve ciego. No fui capaz de ver que tenías un corazón tan grande como el país que te vio crecer.
Miley... Mi único y
Miley amor.
Y entonces sobraron las palabras.
Nick le subió la cabeza suavemente para inclinarse a besarla con pasión y amor; y ella lo besó también con todo el amor que llevaba dentro.
El cuerpo de Nick y el de
Miley se fundieron en un solo cuerpo. Dos corazones latiendo al unísono. No sabía dónde terminaba el amor de ese hombre y donde empezaba el suyo. Miley entreabrió los labios para acogerlo, buscando su sabor, explorando su cuerpo a pesar de conocerlo instintivamente ya. Le metió las manos por debajo de la camisa, deseosa de sentir la seda de su piel y la fuerza de su pecho.
Aquel hombre era su alma gemela. Su vida entera.
Y cuando Nick le levantó la blusa y le acarició los redondos y turgentes senos con reverencia y amor, a
Miley le entraron ganas de llorar. Ya no se sentía inhibida. Había entregado su corazón tan al completo que sentía como si ya fueran marido y mujer.
Su Nick... Su amor...
Pero, de repente, Nick se apartó de ella y buscó su mirada en la oscuridad.
—Miley...
—¿Amor... ? —susurró
Miley.
—
Miley, si seguimos besándonos, cariño, no podré responder de las consecuencias.
Y
Miley cerró los ojos y se echó a reír suavemente, desprendiéndose de diez largos años de dolor, de deseo. Muy despacio, abrió de nuevo los ojos y lo tumbó sobre la manta y los almohadones junto a ella.
—Entonces seré yo la que tenga que responder por las consecuencias Nick —sonrió—. Yo responderé por los dos. Por siempre jamás.
Cuando los mellizos se despertaron por la mañana, Nick y
Miley estaban de nuevo vestidos y listos para saludarlos con una apariencia digna. Nick rechazó la oferta de Miley de quedarse a desayunar, le dio un beso de despedida, seguido con ávido interés por ambos mellizos, y metió a los niños en el coche. Seguidamente se volvió hacia
Miley para darle un abrazo, pero al momento se apartó de ella y la miró con seriedad.
—No te veré en unos días,
Miley —le dijo sin más—. Necesito... Necesito pensar bien las cosas.
Y
Miley se quedó callada.
Miley se pasó todo el día cantando mientras realizaba sus tareas. Nick le había dicho que necesitaba pensar, pero sin duda eso no querría decir que no se había dado cuenta de que estaban hechos el uno para el otro.
Pasó tres días sin saber nada de ellos. Ni siquiera los mellizos aparecieron para las lecciones de montar a caballo.
Miley llamó por teléfono al segundo día, confusa e incapaz de soportarlo más, y fue el capataz de Nick el que le contestó.
—El señor Jonas y los niños están tremendamente ocupados —Dan le dijo con determinación—. Te llamarán en cuanto tengan un momento libre.
¿Sería su imaginación o le pareció que el hombre le había hablado en un tono ligeramente divertido?
Pero no parecieron tener ningún momento libre, y su alegría empezó a desvanecerse.
Nick Jonas le había dicho que la amaba. Dios mío, y ella había pensado que... Había pensado que querría casarse con ella.
¿Acaso estaba tonta perdida?
Llegado el tercer día
Miley parecía un fantasma, vagando de un lado a otro, y no tenía ya ni pizca de ganas de cantar.
Hasta que llegó la tarde.
Jack fue al buzón y subió a la casa con una carta para
Miley escrita con la letra de un niño. Observó a su nieta mientras la abría y vio cómo se ponía colorada y después pálida.
—¿Y bien, niña?
—Me han invitado a casa de los Jonas esta noche —susurró
Miley—. Laura, Matthew y Nick solicitan el placer de mi compañía... —se calló y se quedó mirando la tarjeta; la música de violines empezó a sonar de nuevo.
—¿Y yo no estoy invitado? —Jack se burló y después se echó a reír y la besó en la mejilla—. Vamos, niña, ya sabes que estoy bromeando —vaciló—. He notado que no mencionan a Delta...
—No creo que Delta y Nick vayan a casarse ya —dijo Miley con cautela y vio cómo su abuelo sonreía de oreja a oreja.
—¿Caramba, qué te parece? ¿A qué estás esperando entonces? Ponte guapa y márchate.
El mejor vestido de Miley aún tenía manchas de toffee de la tarde que había pasado con el pastel de profiteroles. Sin embargo, no tenía nada mejor.
Se vistió con cuidado, se soltó y cepilló el cabello y después se montó en su camioneta para ir a casa de los Jonas.
La invitación decía a las seis de la tarde. Miley se presentó a la puerta a las seis y dos minutos.
Fue Matthew el que le abrió.
Nada más verlo Miley se dio cuenta de que era una invitada especial. El niño iba vestido de punta en blanco con pantalones negros, camisa blanca y una pajarita que le quedaba demasiado grande.
—Buenas tardes,
Miley —dijo Matt con formalidad, y entonces se echó a reír.
—¡Matt! —le reprendió Laura detrás de la puerta y el niño recuperó la compostura con esfuerzo.
—Adelante, por favor —le dijo con solemnidad antes de salir trotando hacia el salón.
Aturdida, Miley lo siguió.
Nick y Laura la estaban esperando para darle la bienvenida.
El salón estaba limpísimo, al igual que Nick y la niña. Laura llevaba un vestido de vuelo y un lazo rosa en el pelo; y por primera vez,
Miley vio a Nick con esmoquin. Intensamente formal e intensamente viril.
—
Miley...
Nick estiró los brazos y la acarició con la mirada; pero Laura se le adelantó. Le dio la mano a
Miley y se la estrechó con solemnidad.
—Buenas tardes,
Miley —sonrió—. Nos alegramos tanto de que hayas venido. ¿Podría...? —miró a Nicnerviosamente—. ¿Podría ofrecerte una copa de jerez?
—Me encantaría —
Miley sonrió.
Lo que siguió fue la mejor cena de todas. En total hubo seis platos: entremeses, sopa, primer y segundo plato, sorbete y postres variados. Después de cada plato los niños volaban hacia la cocina y
Miley se quedaba a solas con Nick.
Y finalmente, después de comer queso y tomar café, la invitaron a inspeccionar la cocina.
Desconcertada, se puso de pie y los siguió.
La cocina estaba como los chorros del oro. Habían lavado y guardado cada plato, cubierto y fuente. Estaba lista para empezar a preparar otra cena.
—Es sorprendente... —
Miley consiguió decir.
—Eso no es todo —le dijo Laura—. Ahora tienes que venir al piso de arriba.
Miley miró a Nick; pero Nick la estaba mirando con el mismo nerviosismo que los mellizos.
Los cuatro subieron las escaleras y Laura, que había adoptado el papel de guía, señalaba las camas perfectamente hechas, los ordenados montones de ropa planchada, los arreglados dormitorios...
—Y una raya amarilla —le dijo Matt sin aliento mientras señalaba la gruesa raya amarilla que rodeaba la pared de la habitación de los mellizos—. Mira nuestra raya. Delta decía que era una idea ridícula, pero Laura se lo dijo a Nick y Nick dijo que sí. Así que ayer nos la pintó, como hizo nuestro papá —Matt le dio la mano a
Miley—. Y ahora es como nuestra casa —suspiró y se agarró a su mano con fuerza.
Y después siguieron enseñándole toda la casa, los suelos abrillantados, los cuartos de baño limpios, ordenados...
—¿Por qué... ? —Miley respiró hondo al llegar al descansillo de las escaleras—. ¿Por qué me estáis enseñando todo esto?
Nick puso una mano en el hombro de cada mellizo.
—La señora Brown lleva tres días sin venir.
—Tres...
—Llevamos tres días haciéndolo todo solos —Nick siguió diciendo—. Hemos limpiado el polvo, abrillantado los suelos y los muebles, planchado y limpiado. Hemos leído libros de cocina y preparado recetas. Si la cena de hoy te ha parecido rica, espera a probar los sándwiches de Matt. En realidad, hemos pasado tres días habituándonos a la vida doméstica. Y eso nos lleva a lo que nos gustaría decirte.
—¿El qué?
—Queremos que te cases con nosotros —Matt soltó, incapaz de contenerse—. Nick dice que tú no puedes hacer las tareas domésticas, y que como necesitamos que alguien las haga para que esto no sea un desastre, hemos decidido aprender. Así que no necesitamos a nadie que las haga,
Miley. Te necesitamos a ti.
La necesitaban.
Miley miró a Laura y a Matt y finalmente al hombre que había organizado aquello. Al hombre que le sonreía de tal modo que hacía que el corazón le latiera más deprisa.
—¿Esta... invitación es también por tu parte, Nick? —le preguntó sin aliento, y Nick soltó a los mellizos y le tomó las manos con fuerza.
—De todo corazón,
Miley —dijo en tono suave—. Pero, no contestes todavía. Espera,
Miley... Hay más...
—¿Más? —no podía apartar los ojos de él.
—Ve a por el folleto de viajes, Matt —dijo sin dejar de mirarla.
Matt salió y volvió a los dos segundos con un folleto en la mano.
—¿Qué es esto? —preguntó Miley aturdida y aquellos maravillosos y risueños ojos la miraron con pasión.
—Son cinco billetes de avión abiertos a los Estados Unidos —Nick sonrió—. Pensamos... Pensamos que tu única objeción sería Jack. Así que, hicimos unas cuantas cosas. Pensamos en unir las casas para formar una gran familia... y también llamamos a tus padres a Pittsburgh cuando Jack nos dio el número.
—¿Llamasteis a mis... ?
—Bueno, no les dijimos que tú y yo nos íbamos a casar —Nick le informó—. Solo les sugerimos que era una posibilidad. Y les preguntamos qué les parecería si los cinco íbamos a América a pasar una larga y bonita luna de miel.
—Los cinco... —
Miley apenas si podía respirar.
—Tú, yo —Nick fue contando con los dedos de la mano derecha—. Matt, Laura y Jack. Pensamos que si te portabas bien nos llevaríamos a tu abuelo para que viera a tu padre.
Miley tragó saliva.
—¿Y bien? —Nick sonrió—. ¿Y bien, querida
Miley?
—¿Quieres decir llevarlo a ver a su hijo? —susurró
Miley—. Pero, Nick...
—Bueno, no queremos forzarte —Nick dijo divertido—. Pero parece que tu madre está convencida de que lo que más desea tu padre en el mundo es ver a Jack. Y también sugirió que mientras tú y yo nos íbamos a pasar la luna de miel, y según ella en los Estados Unidos hay un montón de lugares maravillosos para hacerlo, podríamos dejar a Jack con tu padre para que pasen todo el tiempo posible juntos. Dan podría encargarse de las dos granjas mientras estamos fuera. Y tu madre... Bueno, pensó que si a los mellizos les parecía bien, tal vez podría llevárselos a Disneylandia.
—¡Disneylandia! —Matt y Laura gritaron al unísono—. ¡Disneylandia!
—Entonces —Nick abrazó a Miley con ternura—. Bueno, no tienes por qué decir que sí ahora mismo, amor mío. No queremos presionarte.
—¿No?
—¡Disneylandia! ¡Disneylandia! —gritaron los mellizos.
—Niños, no estamos presionando a Miley, ¿verdad? Si quiere decir que no, puede hacerlo.
Todos la miraban con incertidumbre, tanto los niños como Nick.
Y entonces
Miley se echó a llorar y a reír al mismo tiempo, intentando abrazar a los tres a la vez, dándoles un lugar en su corazón.
—Pero seréis locos... Os quiero tanto a todos que creo que voy a llorar.
—
Miley —Matt susurró; la abrazaba por las caderas con la misma fuerza que su tío—. ¿Quiere decir eso que te casarás con nosotros?
—Desde luego que sí —
Miley sonrió y Nick la levantó en brazos con un grito triunfal—. Creo que sí, Matt —dijo entre risas y gritos.
—¿Lo harás,
Miley? ¿Lo harás? —le insistió Laura.
Miley apenas podía hablar de la emoción que sentía y porque Nick empezó a besarla con pasión. Apartó sus labios de los de
Miley un centímetro para dejar que contestara a Laura.
—Desde luego, Laura.
—¿Y a mí qué me dices? —dijo Nick con voz ronca y apasionada—. ¿A mí qué me dices, mi querida
Miley?
—Que me casaré contigo —
Miley le dijo con ternura antes de que él la besara de nuevo—. Me casaré contigo, Nick Jonas. De todo corazón.
Fin.
Hermoso!!!!!
ResponderEliminarNo puedo decir nada más, simplemente hermoso :') Juro que casi lloro :D Ya quiero leer la próxima, porque tiene que haber otra, si no me corto las venas xDD
wow estuvo hermosa
ResponderEliminarfue una de las mejores noves q leido
otra xfa