viernes, 24 de agosto de 2012

Capitulo 17.-


—¿Quieres decir que te casarías conmigo —dijo Nick despacio— si te lo pidiera?
Miley cerró los ojos, intentando sacar fuerzas de flaqueza.
No podía sincerarse, eso desde luego. Sin duda tenía demasiado orgullo para decirle la verdad.
Finalmente, Miley abrió los ojos y miró a su amor, con el corazón atenazado por el dolor.
— Nick, llevo diez años amándote —dijo en voz baja—. Me sacaste a bailar hace diez años y me enamoré de ti nada más verte. Esperé que se me pasara. Pero, como ves, no ha sido así. Todavía te quiero. Si me pidieras que me casara contigo... —suspiró y se apartó de él—. Si me pidieras que me casara contigo, sin embargo, diría que no.
—Dirías...
—No me quieres como esposa —dijo Miley  simplemente—. No crees que esté a la altura de las circunstancias. Y yo tampoco lo creo. No podría darte lo que quieres, y sé que sufriría mucho intentándolo. Así que... Así que creo que es hora de que vuelvas con tu Delta y continúes con tu vida. Eso es lo que pienso.
El silencio que siguió fue casi ensordecedor.
—Maldita sea —dijo por fin Nick.
—Eso es —dijo sin más.
— Miley...
—No hace falta decir nada —susurró con tristeza; seguían agarrados de la mano, como si fueran dos amantes—. Y tampoco debería haber dicho nada. Tú no me necesitas de ningún modo, Nick. Solo pensé que... Como no me había enamorado nunca antes, y pienso que no me volveré a enamorar, pues que tal vez tú tuvieras derecho a saberlo.
Se quedó callada.
— Miley... —la voz de Nick estaba llena de asombro—. Miley, lo que me estás ofreciendo... es como un regalo...
—Un regalo que no deseas.
—Un regalo que sin duda podría haber deseado. En otro momento, en otro lugar — Nick la estrechó entre sus brazos—. Si fuera solo por mí...
—Pero no es por ti, ¿verdad? —dijo Miley—. Es por los mellizos y por tu posición como pilar en la sociedad. Eres un rico terrateniente. Debes casarte con la mujer adecuada. Y esa mujer no soy yo.
—No —dijo de plano y a Miley le dolió su respuesta—.  Miley  no haces más que burlarte de mi nivel social y es ridículo. Pero los mellizos no son ridículos.
—Por supuesto que no lo son — Miley le sonrió—.  Nick... Volvamos al trabajo. Olvidemos que esto ha ocurrido.
—No puedo...
—Debes hacerlo —dijo Miley—. Debes.
Nick maldijo de nuevo y después empujó un poco a  Miley  Por un momento se miraron en silencio, con dolor.
Estaban tan cerca el uno del otro. Insoportablemente cerca. Tan cerca que solo podía pasar una cosa. Una cosa que ambos deseaban...
Despacio, muy despacio, Nick inclinó la cabeza. Y  Miley levantó la suya para recibir los labios de Nick.
Entonces se unieron en un solo cuerpo. Claro que no estaban casados, no eran un solo cuerpo y una sola alma.
Miley no debería haber dejado que la besara. Pero lo hizo, y lo que sintió fue lo que siempre había soñado sentir.
Pero el roce de los labios de Nick sobre los suyos no era un sueño; ni tampoco sus fuertes manos de granjero rodeándole la cintura, ni la calidez que bañaba su risueña mirada de ojos marrones.
La ternura que emanaba aquel hombre se apoderó de ella con más fuerza que una garra de acero.
Miley levantó las manos para agarrarle la cabeza, para estar más cerca, más cerca... Abrió la boca para dejar que su lengua le acariciara, para acoger a Nick Jonas con todo su corazón, con cada poro de su cuerpo.
Aquella era su paz, su hogar. Pero, por supuesto, no podía ser.
El beso no podría durar. La ternura no era sino una ilusión. Un momento de locura por parte de Nick Jonas; infinitamente maravilloso, pero pasajero. Tenía que terminar. El dolor ya lo sentía ella antes de notar que él se ponía tenso. Antes de notar que recuperaba el sentido.
—Dios mío, Miley... —dijo Nick en tono ronco y apasionado—. Miley... Lo siento...
Lo sentía.
La rabia se presentó para rescatarla. No mucha, pero la suficiente.
—¿Sientes haber besado a la criada cuando la esposa no está mirando? —susurró Miley y retrocedió un paso—. Es lógico.
— Miley...
—No estoy en el mercado para mantener una relación de una noche, Nick, ni siquiera aunque seas capaz de olvidar que te vas a casar con otra — Miley cerró los ojos—. Ahora, si has terminado, me gustaría volver al trabajo... antes de que diga algo de lo que pueda arrepentirme toda la vida.
Nick la miró largo rato sin hablar y, finalmente se agachó para terminar de guardar las cosas en la nevera.
—Entonces vístete, Miley —dijo con gravedad—. Tienes razón. Tenemos trabajo pendiente y estamos... estamos perdiendo el tiempo.
Sin decirse nada, Nick y Miley empezaron a trabajar cada uno desde un lado distinto del prado. No se encontraron hasta que no terminaron de segar toda la extensión, e incluso entonces fue solo para darse las buenas noches con frialdad.
A Miley le pareció que se estaban despidiendo para siempre.

Miley volvió a ver a Nick tres días después. Pero a ella se le hicieron eternos. Para sus adentros se reprendió, diciéndose que ella ya no era una adolescente.
¿Cómo podía haberle dicho que lo amaba? ¿En qué demonios había estado pensando para decir una cosa así? ¿Para dejar al descubierto de tal modo sus sentimientos?
Los sermones que no dejaba de echarse a sí misma no la ayudaron en absoluto; al contrario, le hicieron sentirse mucho peor.
Los mellizos asistían a sus lecciones de montar, y le informaban de lo que acontecía en casa de Nick sin preguntarles ella.
—Nick y tía Delta se pasaron toda la noche preparando las invitaciones de boda —le dijo Laura con tristeza—. Y no puedo ser dama de honor porque Delta dice que solo quiere tener una y será la tonta de su hermana. ¿ Miley, si te casas algún día, podré ser dama de honor?
—Desde luego — Miley sonrió, pero por dentro se le saltaron las lágrimas al pensar en que ella nunca se casaría.
Imposible. Sobre todo cuando hacía diez años que había entregado el corazón con tanta pasión; y jamás lo había recuperado.
El jueves empezaron a almiarar el heno. Nick estaba allí, pero Miley apenas lo vio. Se llevó a tres de sus hombres con él, para tener los suficientes en los prados. Miley se quedó en el almiar, amontonando las balas de paja hasta que llegaron al techo.
El viernes por la tarde, cuando Nick llevó el último camión, Miley estaba más cansada de lo que lo había estado jamás. Y, además, muy satisfecha.
Jack había estado supervisando toda la operación, yendo de un lado a otro con expresión satisfecha, y había ido a caballo a cerrar las puertas de la valla cuando los hombres se habían marchado a casa. Así que cuando llegó Nick con el último camión, Miley estaba sola.
Era la primera vez desde el lunes que estaban a solas.
Al ver a Nick entrando montado en el tractor, a Miley se le formó un nudo en el estómago. No había pensado que volviera a surgir la oportunidad de estar a solas con él.
—¿Tienes sitio ahí arriba para otra carga? —gritó  Nick.
Miley estaba a la altura de las vigas y desde allí Nick parecía pequeño.
—Echa el elevador hacia este lado. Cárgalo y envíamelas.
No cruzaron palabra durante quince minutos, mientras  Nick cargaba las pesadas balas de paja en el ascensor y Miley las levantaba y colocaba ordenadamente. Era un trabajo pesado y muy cansado, y se alegró mientras colocaba la última bala de paja.
Nick Jonas se encaramó y se colocó junto a ella.
—Hemos terminado —suspiró; se sentó en una bala y miró al patio.
Nick estaba tan cansado como Miley. Se lo veía agotado y Miley sintió cierto reparo.
—Has trabajado demasiado.
Se volvió.
—Tú has hecho todo el trabajo aquí sola —dijo despacio—. Has cargado dos mil balas de paja en dos días. ¡Y dices que yo he hecho mucho!
—Me he divertido haciéndolo —le confió Miley—. Y los hombres me han echado una mano.
—Los pectorales se te van a poner tan fuertes como los míos, ya verás —Nick se burló mientras la miraba con curiosidad—. Cargando tantas balas...
—Dos mil —dijo con satisfacción.
Y entonces, como no parecía tener otra alternativa, se acercó y se sentó junto a él.
La granja se extendía delante de ellos. En la distancia  Miley vio a su abuelo caminando hacia el río con paso ligero, con el corazón contento. Todo ese heno significaba que la granja podía seguir en marcha.
Los hombres de Nick estaban recogiendo la maquinaria para volver a casa.
—Yo... Nosotros te estamos muy agradecidos — Miley dijo con timidez.
Se volvió para mirarlo, pero Nick parecía concentrado en el punto que era el abuelo de Miley.
—No hay de qué.
—Sí hay de qué.
—A los mellizos les encantan las lecciones de montar —dijo Nick sin mirarla—. Matt es un niño distinto. Está siempre feliz y contento. Y únicamente ha puesto mala cara cuando le he dicho que íbamos a almiarar y que no podías darle la clase hoy.
—Esta semana ha dado tres lecciones —Miley sonrió—. No son tan pocas. Sabes, Nick, Matt promete mucho.
—Es una talento muy valioso en un niño —Nick concedió sin mirarla.
Era como si temiera hacerlo.
—De niña me encantaba montar —dijo Miley con suavidad—. Siempre tenía un amigo. Primero fue Toby, después Peace. Y ahora Paddy.
—Qué suerte tiene Paddy —dijo con suave ironía, y  Miley no supo si se estaba burlando de ella o no.
—Yo... tengo que bajar —le dijo en tono vacilante—. Esto... tengo que preparar la cena.
—¿Tú? ¿Cocinar? —esa vez la ironía fue inconfundible.
—No hace falta que te burles de mí, Nick.
—Solo me da lástima de tu abuelo.
Miley se mordió el labio. Le pareció que se estaba mostrando grosero adrede. Como si estuviera intentando enfadarla...
Y lo estaba logrando.
—Sí, bueno, no te molestes —le soltó Miley—. Hay cosas más importante en la vida que la cocina francesa — Miley lo miró con rabia—. Me estás comparando con Delta, ridiculizándome...
—No es cierto.
—¿Entonces qué estás haciendo? —le preguntó, y  Nick se quedó callado—. Lo ves — Miley dijo con amargura—. Delta es perfecta, y yo soy a la que podría haberle tocado el premio si hubieras salido un poco por ahí sin que nadie se enterara —se puso de pie, encorvándose un poco para no darse con el tejado—. Me bajo. Por mí puedes quedarte aquí toda la noche.
—Miley... —Nick le agarró la mano y Miley se echó para atrás.
No podía soportar que la tocara.
—Suéltame, Jonas —dijo en tono suplicante.
Y su ruego fue respondido, pero por otra dirección.
—¡Miley... !
El grito sorprendió a Miley. Eran los mellizos.
Nick maldijo entre dientes y la soltó.
—¿Estáis los dos ahí arriba? —gritó Laura—. La señora Brown dijo que podíamos venir y luego volver con  Nick.  ¿Podemos subir?
—Si sois capaces de trepar —Miley les gritó, evitando la mirada de Nick.
Estaba tan agradecida a los mellizos por haber aparecido tan a tiempo que cuando llegaron arriba sintió deseos de abrazarlos.
—¡Vaya! ¡Esto es fantástico! —Laura exclamó mirando los altos montones de paja que había a su alrededor—. Qué lugar tan estupendo para tener un escondite secreto. Esto no lo tenemos en nuestro granero, ¿verdad, Matt? Porque Nick coloca el heno en grandes ruedas.
—Es el sistema más moderno —dijo Nick mientras saludaba a sus sobrinos con afecto—. Pero nuestra  Miley es una chica tradicional...
—Cuyo abuelo no puede con enormes balas de paja que nadie es capaz de levantar —Miley terminó de decir por él—. Ni yo tampoco. Si utilizáramos ruedas de paja tendríamos que comprar el equipamiento adecuado para moverlas... —hizo una pausa—. Bueno, espero que vosotros dos hayáis venido a recoger a vuestro tío para iros a cenar.
—Sí —Laura sonrió—. Y también para que nos lleve a casa en el tractor. Pero... —miró con vacilación de  Miley a Nick—. No tenemos por qué irnos a casa todavía, ¿verdad, Nick?
—Oh, sí, Nick tiene que marcharse —dijo Miley con empeño y sentimiento.
Solo quería que Nick Jonas desapareciera de su vista para poder tranquilizarse.

miércoles, 22 de agosto de 2012

Capitulo 16.-


—Tú no —sonrió; las gotas le resbalaban por la cara y estaban tan cerca que casi se tocaban—. Tú también eres una rata de agua. Nunca he visto a nadie meterse en el agua con tanta alegría...
Adelantó la mano como para tocarla, pero Miley se volvió y se sumergió de nuevo.
De repente, Nick Jonas estaba demasiado cerca. Demasiado cerca para ser un hombre prometido a otra mujer.
No podía quedarse junto a él. ¡No podía!
Miley se alejó con resolución de aquellos ojos risueños. Entonces se lanzó río arriba, contracorriente, a pesar de lo mucho que le molestaba la camiseta para nadar. De lo único que era consciente era de que Nick Jonas la seguía de cerca.
Poco a poco Miley se dio cuenta de que estaba a espaldas suyas, a punto de alcanzarla.
Aquel hombre nadaba como un pez. Y poco a poco  Miley dejó de intentar escapar de él y nadaron juntos.
Experimentó una extraña sensación. Algo maravilloso.
Era como si estuvieran bailando. Cada vez que Miley daba una brazada, Nick lo hacía al tiempo que ella, surcando el agua con fuerza y elegancia.
No deberían estar así, haciendo eso. Aquel hombre se iba a casar con otra mujer.
Aunque, a decir verdad, solo estaban nadando.
Bueno, en realidad no. Al menos ella no. Lo que estaba haciendo Miley era enamorándose cada vez más del hombre que tenía al lado. Enamorándose perdidamente.
Lo que estaba haciendo Miley era fundiéndose con Nick Jonas.
En un solo cuerpo. En una sola alma... ¡Pero era una locura!
Un tronco caído de un árbol les impidió continuar. Agradecida, Miley dio la vuelta y dejó que la corriente la arrastrara.
No sabía si Nick la seguía o no. Y tampoco le importaba. Solo sabía que ya no estaba nadando a su lado. Ya no sentía el movimiento de su poderoso cuerpo junto al de ella.
Finalmente, llegó al lugar donde Nick había dejado la nevera. Miley salió del agua y vio que Nick llegaba detrás de ella.
¿Estaría sintiendo lo mismo que ella?, se preguntó  Miley. No pensaba que fuera posible. No podía sentir lo mismo que ella y seguir prometido a Delta Podger.
Se puso de pie y se retiró el pelo de la cara mientras  Nick iba hacia la orilla.
—Me has ganado —dijo sonriente.
Se puso de pie y Miley lanzó una exclamación entrecortada.
A diferencia de Miley, Nick se había dejado los pantalones puestos, pero eso era todo. El pecho desnudo le brillaba bajo el sol que se filtraba entre el follaje de los árboles.
Tenía un cuerpo como los que salían en las revistas de mujeres. Un cuerpo de aquellos en los que su madre siempre le había dicho que no se fijara. Pero Miley no podía dejar de mirarlo.
Y Nick se quedó inmóvil al verla.
La miró fijamente y después se miró el pantalón.
—¿Llevo la cremallera abierta? —preguntó.
—No — Miley frunció la boca y miró hacia otro lado—. Solo es que...
—¿El qué?
Miley se acercó a la nevera y quitó la tapadera; solo para tener algo que hacer a parte de mirar a Nick.
—¿Levantas pesas? —preguntó sin mirarlo.
—No — Nick sonrió; se acercó a ella y se agachó a su lado—. He echado estos músculos yo sólito —dijo sin dejar de sonreír—. Serán de cargar cientos y cientos de balas de paja, digo yo —se apartó y la miró—. Eres una mujer extraña, Miley. No sabía que las chicas educadas hicieran comentarios sobre los cuerpos de los hombres.
Miley se sentó, sacó un sándwich y dio un mordisco. Así podría ir pensando una respuesta.
Tuvo que dar otros dos mordiscos más antes de sacar fuerzas para contestarle.
—¿No vas a comer? —dijo con enfado.
—Estoy disfrutando de verte comer. Jamás he visto a una mujer disfrutar tanto con la comida como tú.
—Te has movido en los círculos equivocados — Miley dijo de mala gana sin poder evitarlo—. Con mujeres que no se fijan en los cuerpos de los hombres; con mujeres que fingen no disfrutar de la comida.
—Eso incluye casi la totalidad de las mujeres que fueron a mi fiesta de cumpleaños —dijo Nick y Miley dio otro mordisco.
—Es cierto, Jonas—le dijo Miley—. Te mueves con la gente equivocada.
—Miley... —frunció el ceño con indignación.
—Me comeré todos los bocadillos si no empiezas —lo avisó—. Están buenísimos.
—Estoy seguro —dijo más tranquilo—. De acuerdo, señorita Cyrus. Vamos a recuperar energías y a ver qué más eres capaz de hacer aparte de segar, nadar, insultar... ¿Cuántos talentos más tienes?

Lo que Miley hizo fue quedarse dormida. Comió su último sándwich, se bebió su tercer vaso de limonada y cerró los ojos mientras Nick terminaba de comer.
Se despertó una hora más tarde.
Nick le estaba tocando el hombro. Por un momento  Miley se quedó helada. Estaba tumbado junto a ella, su cara a unos centímetros de la suya.
—Hora de volver al trabajo, dormilona — Nick le sonreía—. A no ser que quieras que llame a Dan...
—No... — Miley se puso de pie tambaleándose, absurdamente consciente de que no llevaba los pantalones puestos, y Nick se los lanzó.
—Ha llegado el momento de vestirse —sonrió.
—Yo...
—Lo sé —se puso de pie y empezó a ponerse la camisa—. Preferirías segar desnuda. Aunque no es muy cómodo, créeme.
—¿Lo has intentado? —le preguntó y él sonrió.
—No. Siempre he sido bastante sensato.
—Y crees que yo no soy nada sensata, ¿verdad? —dijo despacio, mirándolo a los ojos—. Crees que estoy un poco... un poco loca, ¿a que sí?
—Eres algo impulsiva —respondió Nick en voz baja—. Pero aún eres joven...
—¿Quiere decir eso que se me pasará la tontería?
—Bueno... — Nick suspiró mientras se abotonaba la camisa y se volvía a cerrar la nevera—. Un día te despertarás y te darás cuenta de que la vida te exige un precio —la miró a los ojos—. Supongo que finalmente tenemos que enfrentarnos a nuestras responsabilidades. Y a veces... es tan repentino.
—Como te ha pasado a ti — Miley dijo en voz baja—. Ahora tienes a los mellizos; así que has dejado de hacer tonterías. Has dejado atrás la niñez. Has aceptados tus responsabilidades junto a Delta...
Él puso mala cara.
—No metamos a Delta en esto.
—¿La amas? — Miley le preguntó de repente.
Pero enseguida deseó haberse mordido la lengua.
— Miley... — Nick le agarró de la muñeca; en sus labios había una sonrisa pesarosa.
Miley se quedó quieta, mirando la mano de Nick.
—¿Sí? —susurró y entonces lo miró a los ojos.
—Miley... — Nick hizo ademán de soltarla, pero en lugar de eso tiró de ella con fuerza de modo que estaban pegados el uno al otro—. Miley, esto es una locura.
—¿El qué? —la proximidad de Nick no le dejaba respirar—. ¿Qué es una locura? —dijo—. ¿Qué me agarres?
—Lo que sentimos...
Entonces a Miley el corazón le dio un vuelco.
Así que él también lo sentía. No solo era ella.
Aquella emoción no solo era fruto de su tontería, sino algo entre un hombre y una mujer; algo de lo más natural y tan antiguo como el mundo.
Un sentimiento tan valioso como el oro. Mejor aún. Mil veces mejor...
Pero Nick estaba negando con la cabeza.
—Miley, no puedo...
—¿No puedes el qué?
Sentía el calor de su cuerpo bajo los pechos, aplastados contra los fuertes pectorales.
—¿Qué es lo que no puedes?
—No puedo mantener una relación contigo —susurró, pero sus manos la agarraban con fuerza, delatando la falsedad de sus palabras—. Miley, ya no soy ni joven ni estoy soltero. Tengo responsabilidades.
—Cierto —dijo con voz entrecortada.
—Lo entiendes, ¿verdad? —se apartó de ella, pero no la soltó—. Debes entenderlo, Miley. Los mellizos son responsabilidad mía ahora. Una gran responsabilidad. Debo educarlos tal y como lo habrían hecho sus padres. Necesitan una madre... una madre...
—Adecuada —dijo Miley, a pesar de lo que le dolía decirlo—. Con eso te refieres a Delta.
Delta.
Aquel nombre se interponía entre los dos. Delta se interponía entre ellos.
—Es lo que sus padres habrían querido para ellos —dijo Nick en tono grave—. Delta es organizada. Sensata. Estable.
—Y pertenece a la clase social adecuada — Miley dijo antes de poder evitarlo, y Nick asintió lentamente.
—Es... Es importante que sepa comportarse. Que sepa enseñar a los niños. Que eduquemos a los niños para que sean...
—Sensatos —dijo Miley con amargura—. Aburridos. Dos personitas que figuren mucho en sociedad. Me apuesto a que Laura nunca podrá hablar de los pectorales de un hombre.
—Supongo que no — Nick esbozó una sonrisa pesarosa—. Yo me ocuparé de eso. O más bien, será Delta la que se ocupe.
—Estoy segura —dijo Miley con rabia—. Suéltame,  Nick... —seguían tan cerca, que Miley temió que  Nick pudiera percibir los alocados latidos de su corazón.
—No hasta que esté seguro de que me has entendido — Nick le agarró la muñeca con más fuerza—. Miley, desde la noche que vine a tu granja he querido decirte esto. Quería decirte que de haber estado libre... Dios sabe que es una tontería pensarlo, ¿verdad? Pero si estuviera libre... si hubieras venido hace tres meses... antes de que pasara todo esto... Tú y yo... —se encogió de hombros—. Bueno, nos habríamos divertido.
—Quieres decir que habrías tenido un lío conmigo —dijo Miley con cautela.
—Me hubiera gustado — Nick sonrió—. Eres una mujer muy deseable, Miley.
—Pero no te habrías casado conmigo.
—Maldita sea, Miley, no había ni siquiera pensado en casarme —dijo Nick con sinceridad—. Quiero decir... el matrimonio no es un capricho.
—No —dijo Miley en voz baja—. No lo es, ¿verdad? ¿Qué es lo que dice el cura cuando casa a una pareja? Algo de entrar en el matrimonio de manera reverente...
—Exactamente — Nick murmuró con determinación—. No dice nada de entrar en el matrimonio por pasión. Casarme contigo... Casarme con alguien como tú sería una locura. Divertido durante un tiempo... hasta que hubiera que enfrentarse a las responsabilidades...
—Sí — Miley coincidió en tono grave—. Por ejemplo, cuando quisieras que me pusiera a cocinar.
Nick suspiró y la miró. Su mirada grave se tornó algo más risueña.
—Te estás burlando de mí...
—O se hace con alegría o con mal humor —dijo Miley en voz baja—. Yo siempre he preferido enfrentarme a las responsabilidades con alegría en lugar de con pesar. El dejar mi puesto en el equipo hípico nacional, el abandonar a mi padres... Tú no eres el único que ha tenido que tomar decisiones difíciles, Nick. Me tratas como... como a una cabeza hueca —aspiró hondo—. Y creo... Bueno, creo que lo que me estás diciendo es insultante.
—No tengo intención de insultarte.
—Decir que soy el tipo de mujer que querrías para tener un lío amoroso, pero no para casarte es un insulto —susurró Miley—. Es como si me dijeras que soy inferior...
—Yo no he dicho eso.
—¿Entonces qué estás diciendo?
—Bueno, para empezar no sabes cocinar —dijo Nick exasperado—. ¡Los gemelos y yo nos moriríamos de hambre!
—Viviríamos de sándwiches. O, peor aún, tú tendrías que aprender a cocinar. Tal vez pudiéramos aprender juntos. Sería... Sería divertido. Pero tú le tienes miedo a la diversión, Nick. ¿Y, quién sabe? Tal vez la diversión no os haga ningún daño.
—Pero...
—¿Pero qué? — Miley le soltó y enseguida se apartó horrorizada.
Santo cielo. Era casi como si estuviera... como si estuviera proponiéndole matrimonio.
— Miley...
Miley dejó de sonreír y se quedó muy seria.

martes, 21 de agosto de 2012

Capitulo 15.-


Había llegado el momento de segar el heno. El lunes amaneció despejado, apacible y caluroso; estaban a finales de verano y el parte meteorológico no anunciaba más que calor para toda la semana. Miley lo escuchó en la radio mientras desayunaba, y cuando estaba terminando, llegaron Dan y Nick.
Ese día tocaba segar. Miley había asumido que utilizaría el viejo tractor de Jack con la vieja segadora, pero tanto Nick como Dan llegaron conduciendo sendas y enormes segadoras modernas. ¡Con esa maquinaria podrían segar ambos prados en un día!
Miley llamó a Jack y salió al porche a recibirlos. A recibir a Nick...
¿Por qué demonios le hacía sentirse así?, se preguntaba mientras empujaba la puerta mosquitera.
—Buenos días, señorita Cyrus.
Nick Jonas saltó del tractor con agilidad y se acercó a la barandilla del porche a saludarla. Al llegar miró el reloj que llevaba en la muñeca.
—Son las ocho, casi la hora del almuerzo.
—No pensé que fuerais a venir —dijo, intentando ignorar el efecto que le causaban los pantalones ceñidos y la camisa medio abierta de Nick—. Pensé que esperaríais a que refrescara un poco.
—Nosotros no. Cuanto más calor, mejor. Hace la temperatura ideal para segar... o para ir a la playa, dependiendo de lo pausado que sea cada uno — Nick señaló a Dan, sentado en su tractor—. Jack dijo ayer que primero deberíamos segar el prado del río. Nos vamos a hacerlo ahora, así que te veremos por la tarde... a no ser que Jack tenga algo que decirnos.
Esa tarde... Tenían la intención de segar el heno sin ella.
Otro día sin ver a Nick.
—¿Pero y yo?
Miley se metió las manos en los bolsillos y se mordió el labio.
Su intención no había sido ponerse mimosa, pero así había hablado; como un niño que se va a perder algo bueno.
Nick sonrió.
—Puedes bajar a mirar si prometes no meterte en medio —dijo con generosidad.
Miley arrugó la nariz en señal de desagrado y fue hacia el tractor de Dan.
—¿Dan, tienes algo mejor que hacer esta mañana? —le preguntó en tono afable.
—Bueno, siempre hay cosas que hacer... —miró con vacilación a su jefe y después a Miley—. Pero tu heno tiene prioridad. Ya deberías haber hecho la siega hace un mes o más.
—Sí, pero soy capaz de segar igual de bien que vosotros — Miley le dijo de plano—. Si me confiarais uno de estos tractores...
— Miley... — Nick se plantó a su lado rápidamente y le puso las manos en los hombros—. ¿A qué estás jugando? ¿Crees que dejaríamos que una mujer hiciera nuestro trabajo?
¡Vaya!
—¿Estás diciendo que no soy capaz de segar en línea recta?
—Estoy seguro de que sí — Nick sonrió—. O tal vez hacer dibujos...
—Sí, y en espiguilla —dijo Miley con sorna.
Las manos de Nick le estaban poniendo nerviosa. Se apartó y se volvió hacia él.
—De verdad, Nick. Puedo hacerlo igual de bien que Dan y tú... y quiero hacerlo. Es nuestro heno. Así Dan o tú podréis quedaros en casa y no os sentiréis tan culpables.
— Miley...
—Podéis volver los dos para almiarar el heno — Miley les prometió con dulzura—. Necesitaremos tres personas para eso, y últimamente el abuelo tiene bastante artritis.
—¿No está bien? —dijo Nick mirando hacia la casa.
—Solo está cansado —le dijo Miley —. Esta noche le ha dolido la espalda y no ha dormido correctamente. Ahora se le ha pasado, pero lo he convencido para que se quede en casa descansando.
—Escucha, jefe —dijo Dan mirando primero a Miley y después a Nick—. ¿Por qué no tomo prestada la camioneta de la señorita Cyrus y vuelvo a casa? Así podré limpiar el tanque, si la señorita Cyrus está dispuesta a ocupar mi puesto. ¿Te parece bien? —entonces, antes de que Nick pudiera abrir la boca, Dan se bajó del tractor y fue hacia Miley—. ¿Las llaves de su camioneta?
Con su mirada le decía que lo hiciera rápidamente.
Miley le pasó las llaves, anonadada, y Dan se dirigió hacia la camioneta aparcada bajo unos árboles.
—¡Podrías esperar a que te dijera si me parece bien o no! —le gritó Nick.
—¿Qué te parece bien? ¿Trabajar conmigo o con la señorita Cyrus? —Dan le sonrió y después le guiñó un ojo a Miley—. ¡Jesús, jefe, estarías loco si quisieras trabajar conmigo cuando tienes esta alternativa!
Dan puso en marcha la camioneta y se alejó a toda velocidad. Y Nick y Miley se quedaron solos.
—¿Qué diablos... ? — Nick se le quedó mirando fijamente—. ¡Yo no diría que limpiar el tanque fuera tan urgente! —frunció el ceño—. Se está metiendo...
—¿En qué se está metiendo? — Miley le preguntó y  Nick negó con la cabeza.
—A Dan no le gusta Delta—reconoció—. Pero si cree que va a hacer de casamentero...
—No puede hacer de casamentero cuando tú ya has elegido a tu pareja —dijo Miley, a pesar del esfuerzo que le costó hacerlo.

—No —dijo Nick enfadado—. Además, no sabía que quisieras dejar solo a tu abuelo estando enfermo como está —dijo.
—El abuelo está bien solo —le aseguró Miley, y sonrió a pesar de la cara de enfadado de Nick—.Nick, el abuelo ha pasado veinte años solo. Le cuesta soportarme, sobre todo porque me paso el día cantando. Le gusta, pero seguro que agradecerá estar un par de horas solo.
—¿Tú cantas? — Nick le preguntó y Miley sonrió de oreja a oreja.
—Por supuesto. Todo el tiempo. ¿Tú no?
—No... No demasiado. ¿Qué es lo que cantas?
—Oh, cualquier cosa —se apresuró a decir—. Esta mañana canté El Mesías de Handel en la ducha y cuando cerré el grifo el abuelo puso la radio a todo volumen para no escucharme.
Nick negó con la cabeza y esbozó una sonrisa de pesar.
—Estás loca, Miley Cyrus—le dijo con firmeza, olvidándose del enfado; aquella chica era mitad mujer, mitad duende, y la resolución de Nick empezaba a tambalearse un poco... o quizá bastante—. El hombre que se encargue de ti será un valiente.
—Entonces, menos mal que tengo al abuelo — Miley le respondió, desafiándolo con la mirada—. Y me alegro de que él no sea tan exigente como tú, Nick... ¿Bueno, empezamos ya?
—Estoy deseando —dijo Nick con solemnidad.
Esa fue la última vez que hablaron durante toda la mañana. Podrían haberse separado, encargándose cada uno de uno de los prados de heno seco. Pero sin necesidad de hablarlo decidieron trabajar en equipo. Iban segando un tractor junto al otro, Miley algo más lenta que Nick. De ese modo había que prestar más atención, pero resultaba mucho más divertido que hacerlo sola.
¿Más divertido?
Miley era tan consciente del hombre que ocupaba el tractor de al lado que se pasó toda la mañana agarrada al volante con fuerza.
Miley se esforzó al máximo para no quedarse atrás, y al terminar la mañana, el primer prado estaba plano y el heno segado y secándose al sol. Tres días de sol y estaría listo para almiarar. Eso significaba que tendrían alimento para el invierno, más un poco para vender.
Al terminar la última fila, apagó el motor del tractor y saltó al suelo en el mismo momento en el que Nick se detenía junto a ella.
El enorme tractor de Miley había pasado toda la mañana vibrando y al bajar le pareció como si pisara tierra firme después de muchos meses en el mar.
A Miley le fallaron las piernas y se agarró al tractor para no caerse.
— Miley...
Nick se adelantó rápidamente y la agarró de la cintura con sus manos fuertes. La miraba con cierta preocupación.
—Parece que no eres tan capaz como pensabas, ¿no, señorita Cyrus?
—Soy capaz...
Miley intentó apartarse de él, pero las piernas no le funcionaban. Cosa rara, la cercanía de Nick no le estaba ayudando a recuperar el equilibrio.
—Solo tengo... calor.
Nick sacó un enorme pañuelo para que se limpiara el sudor de la cara.
—Debería haber parado antes. Necesitamos cabinas con aire acondicionado —dijo Nick con pesar mirando la cara congestionada de Miley con inquietud—. Las tenemos en las cosechadoras.
—Qué suerte tienen los que cosechan el trigo —consiguió articular Miley—. Es una pena que esto sea heno en lugar de trigo.
—Es cierto —la miró detenidamente—. Ya has hecho suficiente. ¿Quieres que llame a Dan para que siga esta tarde?
—No —aunque su respuesta pareciera grosera, no pensaba reconocer que estaba cansada—. Puedo hacerlo. Aunque no me importaría comer algo. ¿Quieres venir a casa a tomar un sándwich?
—¿Le importará mucho a Jack si no lo hacemos?
Miley intentó pensar, pero solo era consciente de la sensación que le producían las manos de Nick Jonas.
—No —dijo al fin—. Jack está tan acostumbrado a hacerlo todo solo que a menudo come antes de que llegue yo. Pero... —vaciló—. La verdad es que necesito media hora de descanso.
—¿Pero, estás segura de que podrás continuar?
—Estoy segura.
Nick sonrió con admiración.
—Una hora de descanso sería mejor —decretó—. Y una hora al abrigo de este sol. Bajemos al río.
—Debería haber traído sándwiches...
—No hay necesidad —dijo Nick alegremente—. La señora Brown ha venido temprano hoy y aquí tenemos todo lo necesario —dijo a Miley y fue hacia la cabina del tractor, de donde sacó una nevera portátil—. El almuerzo está servido, señora —le dijo a Miley; le tomó la mano y echó a andar—. ¿Puedes llegar hasta el río?
El río estaba en la base del prado que habían segado. Altos árboles del caucho bordeaban la ribera, y desde donde estaban a pleno sol, Miley percibió el suave murmullo de las aguas.
—Claro que puedo llegar hasta allí —dijo con dignidad—. Por llegar al río... sería hasta capaz de correr.
Tardaron dos minutos en llegar al río, donde las tupidas copas de los árboles resguardaban la zona del sol.
El río era precioso. Miley se detuvo cerca de la orilla y contempló su belleza.
—Deberíamos habernos traído el bañador —dijo Nick con pesar; la miró con una expresión de duda dibujada en su rostro y Miley adivinó lo que estaba pensando.
De no haber estado ella presente, se habría quitado la ropa y se habría metido en el agua a toda velocidad.
Y ella habría hecho lo mismo. No podía nadar con los pantalones vaqueros y las botas de cuero. Si Nick no estuviera allí...
Bueno, desde luego no pensaba perderse el chapuzón solo porque él fuera hombre y ella mujer.
Aunque no era eso lo que en realidad le echaba atrás, sino más bien el que ese nombre fuera Nick Jonas.
¡Qué ridiculez!
—No voy a dejar que eso me detenga —dijo con firmeza—. Sobre todo con el calor que tengo. Tengo el trasero ardiendo de haber pasado tantas horas sentada en ese asiento de plástico, y el resto no puedo decir que esté mejor.
— Miley...
—Suéltame, Nick —le ordenó, retirando la mano—. Tengo cosas más importante que hacer que quedarme aquí a discutir contigo.
Entonces, antes de que Nick pudiera contestar, Miley  se había quitado las botas y los pantalones y corría hacia el agua.
Con una camiseta que le llegaba por debajo de las caderas, Miley estaba mucho más respetable que si hubiera ido en bikini, pero aun así sintió cierta timidez. Aunque solo fue hasta que se metió en el río.
Echó a correr y se sumergió en el agua fresca y deliciosa. La frescura del agua la envolvió como una bendición, limpiándola de todo el polvo, la suciedad y el polen de una pasada. La goma que le sujetaba el pelo se le soltó y la rizada melena flotó a su alrededor.
Bendita liberación...
Buceó un poco más al fondo. Se estaba quedando sin aire y tendría que emerger pronto.
En la superficie estaría Nick Jonas, observándola.
Bueno, no podía quedarse debajo del agua para siempre. Miley era una buena nadadora, pero todo nadador tenía su límite. Tomó impulso y subió a la soleada superficie.
Al hacerlo, encontró a Nick exactamente donde lo había dejado; con la nevera en la mano y observándola mientras sacaba la cabeza del agua, como si fuera un extraterrestre.
—¿Qué estás haciendo ahí fuera? —le preguntó, jadeando por haber pasado tanto tiempo sumergida—. El agua está muy rica.
—Yo no... —el hombre parecía desconcertado.
—¿No sabes nadar? ¡Pues métete en donde no cubre y chapotea!
Desde el centro del río, Miley le salpicó antes de volver a sumergirse con rapidez.
Cuando salió de nuevo a la superficie, Nick Jonas ya no estaba en la orilla. Miley respiró hondo tres veces, miró a su alrededor y volvió a desaparecer bajo el agua.
Pero no fue voluntariamente.
Un par de fuertes manos tiraron de ella hasta que tocó el fondo arenoso con las puntas de los dedos, y después la soltaron de modo que pegó un bote como si fuera un tapón de corcho.
Sacó la cabeza del agua, tosiendo y riéndose al mismo tiempo.
—Rata de agua... —la cabeza de Nick apareció junto a ella y Miley se volvió para mirarlo—. ¿Cómo te atreves? Podría haberme ahogado...

lunes, 20 de agosto de 2012

Capitulo 14.-

—Es su costumbre —Delta le dijo a Nick con determinación—. Los niños deben tener unos horarios. Todos los libros lo dicen.
—¿Ah, sí?
—Mira, el año que viene estarán internos en un colegio —dijo Delta—. Tendrán que acostumbrarse a una rutina entonces.
—Supongo que tienes razón — Nick suspiró y silbó a sus perros, que volvieron corriendo hasta él—. Del, si no te importa, voy a dar un paseo. Volveré dentro de una hora más o menos.
—Nicholas, no me llames Del —le dijo Delta—. Sabes que odio los diminutivos.
—Es cierto — Nick asintió—. Bueno, Delta me parece bien.
Solo que no le parecía bien.
Delta no le parecía bien a Nick. Aunque sabía que debía parecerle bien. Delta era su prometida, por amor de Dios. Debería caminar por los campos de trigo pensando en Delta...
Sin embargo, Nick solo era capaz de pensar en una esbelta muchacha de ojos verdes llamada Miley Cyrus.
Nick cruzó el enorme campo de trigo con sus perros, siguiendo el camino que Matthew y Paddy habían seguido el otro día. Paddy había trazado una senda con su alocado galopar.
—Diablillo... —suspiró Nick, recordando a su sobrino a lomos del enorme caballo.
Pero no podía enfadarse con él por eso. Ni tampoco por la tarta de cumpleaños malograda.
Sabía muy bien quién había estropeado la tarta. Pero cuando pensaba en sus sobrinos y en su cómplice, a  Nick le entraban ganas de echarse a reír.
Sobre todo cuando pensaba en la cómplice.
Cuando Nick había sacado a Miley de la bañera, algo se había desencadenado en su interior; algo que no le había pasado en treinta años.
Nick Jonas había sentido que perdía el control.
El recuerdo del cuerpo suave de Miley, de cómo había cedido deliciosamente bajo sus manos y se había acurrucado a su cuerpo, le volvió a la memoria.
Miley tenia un cuerpo tan esbelto, tan suave, tan...
¡Tan perfecto!
¡Pero qué locura!
—Estás pensando en tonterías, Nick—se dijo y los perros lo miraron con preocupación—. Sí, lo sé. Yo también soy cómplice del crimen — Nick les sonrió—. Me quedé cruzado de brazos mientras vosotros pagabais el pato. Y ahora estoy aquí, hablando solo — Nick hizo una mueca—. Venga, volvamos a casa, igual que ha hecho la señorita Cyrus.

Los perros sacudieron la cabeza y volvieron a mirarlos con curiosidad, como si su amo se hubiera vuelto loco. Nick sonrió. No podía volver aún a casa.
Siguió caminando, subió una colina y fue hacia el río. Si seguía andando, llegaría al límite de la finca de Jack Cyrus...
Tal vez Miley estuviera montando a Paddy...
—Vuelve a casa y ayuda a Delta a limpiar — Nick se dijo con empeño e intentó cambiar de dirección, pero no pudo.
Sabía que Delta no lo necesitaba. Estaría dando órdenes a los camareros y cocineras; y no le gustaba que los hombres entraran en la cocina.
No le gustaba que se metieran en su parcela.
—Y por eso es por lo que me voy a casar con ella —dijo Nick en voz alta, ignorando las miradas de sus perros—. Me voy a casar con ella porque es previsible, competente y muy adecuada. Sabe lo que deseo en una esposa. ¿Pero qué quiero exactamente en una esposa? —reflexionó un momento—. Quiero a alguien que cuide de los mellizos.
Jamás había pensado en otra cosa. Cuando su hermano había fallecido y se había quedado con los mellizos, le había entrado un pánico tremendo. Debía acostumbrarse a la vida de padre y esposo.
Pero no era solo a eso, sino también a las ideas que tenía Delta sobre cómo debía transcurrir su vida. Sobre las fiestas y la organización.
—Mis padres también celebraban fiestas —les dijo a los perros—. Todo el tiempo. Es lo que hacen las parejas casadas.
Pero no recordaba que las fiestas de sus padres tuvieran algo que ver con la orquestada función de esa tarde. Recordaba que la gente solía divertirse en aquellas fiestas... El primero él.
¿Pero qué estaba pensando? Delta había llegado a su vida en un momento caótico y le había quitado un gran peso de encima. Solo debía sentir gratitud hacia ella.
Pero Nick no dejaba de pensar en Miley. De pronto vio una sombra en el horizonte, algo moviéndose a toda velocidad, y Nick se detuvo.
Era Miley a lomos de Paddy. Galopaban en el prado más alejado de la finca de Jack. Miley Cyrus... Vio su melena de rizos castaños agitándose al viento y pensó si todavía tendría el pelo húmedo.
Deseó acariciar esos bucles.
La chica era menuda, no le llegaba por el hombro, pero tenía un corazón de oro. Un corazón que había abrazado a Laura y a Matt, y a su abuelo Jack.
¿Qué tipo de mujer renunciaría a la gloria internacional para irse a vivir con su abuelo y salvar su granja?
«Una loca», pensó sonriendo.
Se sentía honrado de tener a Miley Cyrus como amiga, decidió, y sabía que movería cielo y tierra para que le segaran el heno.
¿Sería suficiente?
Por supuesto que sí. ¿En qué más estaba pensando?
—¿Qué tipo de vida tendría si dejara a Delta y formara una relación con esa... con esa... ?
No sabía cómo describir a Miley.
—Tendría tres niños —se dijo con amargura—. Tres salvajes. Y a Laura y a Matt les hace falta disciplina. Son responsabilidad mía.
Así que no había más que decir. Nada más que pensar.
Nick Jonas echó una última mirada Miley sobre su caballo y se dio la vuelta para irse a casa.
Tenía responsabilidades esperándolo. Tenía una vida cuidadosamente planeada. Todo estaba bajo control.
Se dio la vuelta para volver a Delta.

Había llegado el momento de segar el heno. El lunes amaneció despejado, apacible y caluroso; estaban a finales de verano y el parte meteorológico no anunciaba más que calor para toda la semana. Miley  lo escuchó en la radio mientras desayunaba, y cuando estaba terminando, llegaron Dan y Nick.
Ese día tocaba segar. Miley había asumido que utilizaría el viejo tractor de Jack con la vieja segadora, pero tanto Nick como Dan llegaron conduciendo sendas y enormes segadoras modernas. ¡Con esa maquinaria podrían segar ambos prados en un día!
Miley llamó a Jack y salió al porche a recibirlos. A recibir a Nick...
¿Por qué demonios le hacía sentirse así?, se preguntaba mientras empujaba la puerta mosquitera.
—Buenos días, señorita Cyrus.
Nick Jonas saltó del tractor con agilidad y se acercó a la barandilla del porche a saludarla. Al llegar miró el reloj que llevaba en la muñeca.
—Son las ocho, casi la hora del almuerzo.
—No pensé que fuerais a venir —dijo, intentando ignorar el efecto que le causaban los pantalones ceñidos y la camisa medio abierta de Nick—. Pensé que esperaríais a que refrescara un poco.
—Nosotros no. Cuanto más calor, mejor. Hace la temperatura ideal para segar... o para ir a la playa, dependiendo de lo pausado que sea cada uno — Nick señaló a Dan, sentado en su tractor—. Jack dijo ayer que primero deberíamos segar el prado del río. Nos vamos a hacerlo ahora, así que te veremos por la tarde... a no ser que Jack tenga algo que decirnos.
Esa tarde... Tenían la intención de segar el heno sin ella.
Otro día sin ver a Nick.
—¿Pero y yo?
Miley se metió las manos en los bolsillos y se mordió el labio.
Su intención no había sido ponerse mimosa, pero así había hablado; como un niño que se va a perder algo bueno.
Nick sonrió.
—Puedes bajar a mirar si prometes no meterte en medio —dijo con generosidad.
Miley arrugó la nariz en señal de desagrado y fue hacia el tractor de Dan.
—¿Dan, tienes algo mejor que hacer esta mañana? —le preguntó en tono afable.
—Bueno, siempre hay cosas que hacer... —miró con vacilación a su jefe y después a Miley—. Pero tu heno tiene prioridad. Ya deberías haber hecho la siega hace un mes o más.
—Sí, pero soy capaz de segar igual de bien que vosotros — Miley le dijo de plano—. Si me confiarais uno de estos tractores...
— Miley... — Nick se plantó a su lado rápidamente y le puso las manos en los hombros—. ¿A qué estás jugando? ¿Crees que dejaríamos que una mujer hiciera nuestro trabajo?
¡Vaya!
—¿Estás diciendo que no soy capaz de segar en línea recta?
—Estoy seguro de que sí —Nick sonrió—. O tal vez hacer dibujos...
—Sí, y en espiguilla —dijo Miley con sorna.
Las manos de Nick le estaban poniendo nerviosa. Se apartó y se volvió hacia él.
—De verdad, Nick. Puedo hacerlo igual de bien que Dan y tú... y quiero hacerlo. Es nuestro heno. Así Dan o tú podréis quedaros en casa y no os sentiréis tan culpables.
— Miley...
—Podéis volver los dos para almiarar el heno — Miley les prometió con dulzura—. Necesitaremos tres personas para eso, y últimamente el abuelo tiene bastante artritis.
—¿No está bien? —dijo Nick mirando hacia la casa.
—Solo está cansado —le dijo Miley—. Esta noche le ha dolido la espalda y no ha dormido correctamente. Ahora se le ha pasado, pero lo he convencido para que se quede en casa descansando.
—Escucha, jefe —dijo Dan mirando primero a Miley y después a Nick—. ¿Por qué no tomo prestada la camioneta de la señorita Cyrus y vuelvo a casa? Así podré limpiar el tanque, si la señorita Cyrus dispuesta a ocupar mi puesto. ¿Te parece bien? —entonces, antes de que Nick pudiera abrir la boca, Dan se bajó del tractor y fue hacia Miley—. ¿Las llaves de su camioneta?
Con su mirada le decía que lo hiciera rápidamente.
Miley le pasó las llaves, anonadada, y Dan se dirigió hacia la camioneta aparcada bajo unos árboles.
—¡Podrías esperar a que te dijera si me parece bien o no! —le gritó Nick.
—¿Qué te parece bien? ¿Trabajar conmigo o con la señorita Cyrus? —Dan le sonrió y después le guiñó un ojo a Miley—. ¡Jesús, jefe, estarías loco si quisieras trabajar conmigo cuando tienes esta alternativa!
Dan puso en marcha la camioneta y se alejó a toda velocidad. Y Nick y Miley se quedaron solos.
—¿Qué diablos...? —Nick se le quedó mirando fijamente—. ¡Yo no diría que limpiar el tanque fuera tan urgente! —frunció el ceño—. Se está metiendo...
—¿En qué se está metiendo? — Miley le preguntó y  Nick negó con la cabeza.
—A Dan no le gusta Delta—reconoció—. Pero si cree que va a hacer de casamentero...
—No puede hacer de casamentero cuando tú ya has elegido a tu pareja —dijo Miley, a pesar del esfuerzo que le costó hacerlo.