miércoles, 6 de junio de 2012

Capitulo 6.-


- Tiene a la señora Van Aucken por la línea uno -le informó a Nick su secretaria a través del intercomunicador.
-Gracias, señora Watley -respondió Nick, levantando el auricular y apretando el botón correspondiente-. Buenos días, Beryl. ¿A qué debo...?
-¿Se lo has pedido ya?
-¿Que si se lo he pedido a quién?
-¿Le has pedido ya a Miley Cyrus que te acompañe a la gala benéfica en el museo de arte? -replicó ella, con un suspiro-. Es mañana por la noche. ¿No me irás a decir que no se lo has pedido todavía?
 -Nunca te dije que lo iba a hacer -replicó él, devolviendo una pluma al bote que guardaba sus objetos de escritorio y que, desde hacía seis días, alojaba también un adorno del pelo que tenía intención de devolver en alguna ocasión.
 -Eres un beep, Nick.
-Lo que me haría un beep es intentar empezar una relación con la señorita Cyrus-observó Nick reclinándose sobre la silla para resistir la tentación de ponerse a juguetear con el adorno.
-¡Quiero que llames a la señorita Cyrus! -insistió Beryl-.¡Eres un reprimido! Te apuesto algo a que te planchas los calzoncillos.
-Muy graciosa -replicó él, sin querer admitir que así era.
-Pídele ,que te acompañe. ¿O es que ya se lo has pedido a otra persona?
-En realidad, estaba pensando en no asistir.
 -¿Hablas en serio? No creo que los fideicomisarios del museo se alegren mucho si no asistes a un acontecimiento tan importante, especialmente cuando tú fuiste quien los convenció para organizarlo.
-Yo tampoco lo creo.
-En ese caso, llama a Miley.
-Nuestra cita de la semana pasada se estableció como algo imposible de repetir. Además, estoy seguro de que ella no disfrutó mucho. Confía en mí si te digo que ella estará encantada de no volverme a ver.
-¡Dios, que tonto eres! Y, además, estás más ciego que un topo. ¿Es que no te acuerdas de la manera en que la mirabas la otra noche?
-No.
- Bueno, pues ella te miraba a ti del mismo modo.
-Si eso es cierto, ¿cómo es que yo no me he dado cuenta?
 - Porque eres un beep, tonto y ciego -le espetó la mujer.
-Ha sido un placer hablar contigo, Beryl pero ahora tengo que...
-No seas necio, Nick. Llámala.
-Me colgará el teléfono en cuanto sepa que soy yo. Seguro que para ella ahora no soy más que un recuerdo molesto. Aunque es mucho más probable que se haya olvidado de mí.
-¿Igual que tú te has olvidado de ella?
Touché. Efectivamente, Miley había ocupado sus pensamientos toda la semana.
Nick rebuscó entre sus papeles su cajetilla de tabaco.
-Además, deberías dejar de fumar -dijo Beryl, al oírle encender el cigarrillo-.Ahora dicen que causa impotencia. Lo dijeron en un programa de la televisión. Creo que deberías comprarte esos parches...

-Lo pensaré -replicó él, aspirando el humo con fuerza.
 -Si ese es tu modo de decirme que te deje en paz...
 -¿Cómo dice, señora Watley? -exclamó Nick, a voz en grito-. ¿Que tengo otra llamada por la línea dos? ¿Quién? No, no. Tiene razón. No debemos permitir que Su Eminencia tenga que esperar.
 -Muy gracioso Nick pero escúchame. Quiero que Miley Cyrus vaya a esa gala contigo mañana por la noche. E incluso a la de la Fundación del Riñón la semana que viene. ¡Ah! Y, además, está la de la Prevención del Cáncer de Mama dentro de dos semanas.
- Ella es solo una acompañante, no una novia estable.
- Eso podría cambiar. Me cae bien. Y a ti te gusta, más de lo que probablemente crees, dado lo cortito que eres. Mira, por lo menos tienes que llevarla a la gala de mañana. He hablado de esas joyas con mis hijas y están como locas por verlas.
- y Joe igual.
-Demi Crane va a asistir, lo que significa que Joe va a comportarse como un ángel mañana.
-No creo que eso sea posible. Mira, Beryl, sé que en realidad te da igual que tus hijas le compren joyas a la amiga de Miley Cyrus. Lo único que pasa es que crees que hay un gran romance esperándonos. Pues te equivocas, te lo prometo. Y, aunque fuera verdad, y especialmente si así fuera, me mantendría con más motivo alejado de ella: Lo último que quiero en mi vida en estos momentos es un romance.
-Los romances son tortuosos si se eligen parejas que saben cómo apretarte bien las clavijas, lo que parece que es tu fuerte. Pero, dado que alguien de mejor juicio elijo a Miley para ti, deberías darle una oportunidad antes de desecharla, ¿no te parece?
 -No, Beryl no. Sé que lo haces con las mejores intenciones, pero no va a ser así. No voy a meterme en líos empezando una relación ni con Miley Cyrus ni con cualquiera otra mujer. Gracias por preocuparte de mí lo suficiente como para convertirte en una pesada, pero la respuesta es no. No voy a pedirle que me acompañe mañana.
-¿Y tú te crees que me voy a rendir así por las buenas? -le desafió Beryl-. ¿Con quién te crees que estás tratando, Nick? Soy la hija de un luchador de Brooklyn, no de uno de esos ricachones, y no acepto bien la derrota. No es que no sepa perder con gracia, es que no sé perder.
 -¿Me estás diciendo que siempre te sales con la tuya? -preguntó Nick, sonriendo con indulgencia-. ¿El cien por cien de las veces?
- Nick, tengo más de un millón de años, más dinero que Trump y me he asegurado de que todo el mundo que conozco me debe al menos un favor. Tú, por ejemplo, me debes como medio millón de favores.
-Ah.
-Eso es lo que digo yo. Ah. Esos cheques tan sustanciosos que te extiendo en cuanto me haces una señal se podrían acabar de la noche a la mañana.
-Tú no serías capaz de hacer eso. Además de ser su amiga, Beryl era una de las pocas personas con las que siempre se podía contar para donar dinero generosamente cuando había causas que lo necesitaran en cualquier lugar del mundo.
Nick estaba en una posición ideal para darle el toque de alerta a todas esas personas como Beryl y conseguir una buena inyección de dinero para aliviar esas crisis. Sin comisión para él. En esos casos, el trabajo era estrictamente humanitario. .
-¿No? -preguntó ella-. Mi chequera siempre ha estado abierta para ti, Nick. Lo que quieres, tienes. Pero yo te pido que hagas una cosita de nada y...
 -No me puedo creer que serías tan obstinada como para negarte a dar dinero a gente que lo necesita...
 -Tienes otros benefactores. No dependes solo de mí.
-Beryl, ya sabes que tú eres la única que no me fríe a preguntas para lo que es, nunca me hace esperar o me somete a un papeleo interminable.
-Yo te he mimado. Es uno de mis malos hábitos, darle todo a las personas a las que amo. Bueno, eso ya se acabó. El pozo se ha secado, Nick. Afronta la realidad.
-Me rindo, Beryl -dijo por fin Nick, apagando su cigarrillo-. llevaré a la señorita Cyrus a la gala del museo. Eso, si ella quiere venir conmigo.
-¿Ya las otras dos galas?
 -Lo pens...
-Creo que oigo cómo se me cierra la chequera.
 - Tú ganas, Beryl. ¿Estás contenta?
-Muchísimo. Nunca te arrepentirás, Nick.
 -Ya me arrepiento.
Después de despedirse de ella, Nick colgó el auricular con no demasiados buenos modos y se cubrió la cara con las manos, musitando una serie de palabras no muy amables.
De repente, vio el adorno del pelo y se descubrió la cara. Con un suspiro de resignación, extendió la mano y lo sacó para ponerse a juguetear con él encima de la mesa. La aguja tenía la forma de una ramita de árbol ligeramente curvada, con pequeños brotes. La cabeza de la aguja estaba adornada con varias piedras semi preciosas y unas pequeñas plumas.
Evidentemente, estaba hecho a mano, probablemente por la misma persona que hacía el resto de las joyas de Miley. Había algo en la rústica elegancia de aquel adorno que le recordaba a ella. Había algo en él que le atraía. Se acercó las plumas a la nariz y aspiró. Por haber estado en contacto con el pelo de ella, olía a lavanda, el olor de su niñez en los campos de Inglaterra, de los macizos que había en el jardín de su tía Enid.
El aroma era suave y sencillo, justo como ella. Sin embargo, Nick pensó que no había nada de sencillo en Miley Cyrus. El aura de ingenuidad solo conseguía incrementar su atractivo físico.
Todo estaba muy calculado en ella. ¿De verdad había accedido a llevarla a tres galas más? Tras dejar la aguja en la mesa, se mesó los cabellos.
Sus planes, pensados tan cuidadosamente, se estaban haciendo trizas. La idea de salir con «golosina para el brazo» era evitar una relación personal con una mujer.
Aquello ya era suficiente, sobre todo teniendo en cuenta que Miley Cyrus ya le había capturado en la trampa de su sexualidad. Parecía como una obra en la que Nick representara el papel del hombre que hace todo lo posible por evitar relaciones románticas y lo consigue de tal modo que es capaz de alinear a la ingenua muchacha de su vida.
Sin embargo; en el acto 11, entra en escena Lady Beryl Van Aucken, la celestina. Como el hombre le debe mucho dinero, tiene que aceptar el chantaje de escoltar a la ingenua por la ciudad.
Tal y como estaba entonces, Nick corría verdadero peligro de convertirse en el bufón de la corte.
Odiaba la sensación de verse controlado por las circunstancias, especialmente cuando esas circunstancias estaban conspirando para lanzarle a otra relación no deseada. David deseaba mantener esa relación completamente impersonal, completamente mercantil. y para hacer eso, tendría que guiarse con mano de hierro, a pesar de lo que Beryl o Miley pudieran desear. El tercer acto estaba todavía por escribir.
-Señora Watley -le dijo a su secretaria, tras apretar el botón del intercomunicador -, póngame con Cristian Cyrus.
Encontrará su número con el resto de mis tarjetas de negocios, llame a su teléfono móvil, no a su apartamento. Con aquel gesto, Nick quería evitar que Miley contestara el teléfono y también que el asunto fuera más como un trato comercial.
-Tengo al señor Cyrus por la línea uno, señor Jonas.
-Gracias -respondió Nick, apretando el botón de la línea uno-. Buenos días, Cris.
 -¿Cómo va todo, Nick? -preguntó Cris, con un trasfondo de ruidos de la calle-. Llevo días con la intención de llamarte para contarte algunas ideas que se me han ocurrido para organizar fiestas. Pero había pensado que era mejor es esperar hasta que volviera de las islas. Nos marchamos mañana por la mañana, yo y Daniel, y volveremos el día veinticinco. Dos semanas de tranquilidad para asarnos como cerdos...
-Suena... fenomenal...
-¿Qué tal te fue con Miley en la gala de la Cruz Roja?
-Estoy seguro de que ella ya te lo ha contado todo.
 -No, no le hemos podido sacar mucho. Ha estado tan callada que he estado... bueno, ya sabes, un poco preocupado de que no hubiera ido realmente bien. En realidad, ha sido por eso por lo que no te he llamado antes.
-Pues ella es la razón de mi llamada. He organizado una velada de las de mil dólares en el Museo de Arte Moderno para favorecer su proceso de expansión. Es mañana por la noche y me preguntaba si... tu prima estaría interesada en acompañarme. Con las mismas condiciones de la vez anterior.
- Es decir, que quieres que te sirva de «golosina en el brazo».
 -Efectivamente. De hecho, incluso se me había ocurrido que tal vez sería mejor hacerla algo habitual, ya sabes, al menos durante un tiempo.
-Algo habitual... ¿Como si fuera una novia estable?
-Supongo que a los extraños les parecería que estamos saliendo pero, los dos sabemos que solo sería... Bueno, ya sabes, una mera acompañante. ¿Crees que ella estaría interesada? –preguntó Nick, rebuscando sus cigarrillos.
-No sé, Nick. Ella pensó que iba a ser solo una vez, ¿sabes?
 -Bueno, ¿crees que podrías convencerla?
- Tal vez. ¿Sabes una cosa? -añadió Cris, después de una pausa-. Creo que no hay ninguna razón para que no nos podamos reunir hoy para que yo te pueda contar esas ideas mías. No es necesario esperar a que vuelva de vacaciones. ¿Estás libre para comer? Ya sé que probablemente eres más bien un tipo de club privado pero hay un nuevo restaurante de sushi entre la Sexta y la Séptima Avenida.
Se llama Nishino. .
Nick comprendió enseguida las intenciones de Cris.
 Él estaba dispuesto a pedirle a Miley que siguiera acompañándole pero solo si Nick accedía a escuchar sus ideas.
-He dado por sentado que comes sushi -insistió Cris-.Alguien me dijo que viviste en Japón hace algún tiempo.
Nick se dio cuenta de que aquello era lo que Cris había planeado desde un principio. Dándole «golosinas» esperaba congraciarse con él para que Nick se animara a contratarle para organizar una de sus galas.
No era nada nuevo, pero le molestaba verse manipulado por otro de los actores de aquella pequeña farsa.
 -Yo te invito -comentó Cris. ¿Acaso necesitaba Nick tan desesperadamente el dinero de Beryl? No, no tanto. Había otras millonarias en la ciudad.
De repente, su mirada fue a parar al adorno de pelo de Miley. Estaba encima de un montón de papeles. Tras apagar el cigarrillo, se llevó las plumas a los labios.
-¿Nick?
- Estaré allí a mediodía -concluyó Nick, colgando el teléfono antes de que Cris pudiera decir adiós.

Capitulo 5.-


-Ya lo he hecho. Dice que Demi no le interesa sexualmente. Creo que esa elegante imagen de dinero viejo no le excita.
 -¿Y eso es todo? ¿Lo que necesita es solo una buena minifalda y sujetadores que marquen buen escote? Ya sé lo que tengo que regalarle a Demi para su cumpleaños.
 -¿Es que nunca te cansas de inmiscuirte en la vida de otras personas, Beryl?
- Es mejor que cultivar orquídeas. Además, no te preocupes porque Joe pueda descubrir que Miley es solo una acompañante. La podrás tener toda para ti.
-¿Y qué te hace pensar que la quiero solo para mí?
-La manera en la que la estás mirando.
-No es lo que tú te imaginas, Beryl. Esto es solo un acuerdo. Ella no es nadie. Solo es una modelo.
- En eso te equivocas. Esa chica tiene algo, Nick.
 -Por favor, no me vuelvas a decir lo dulce que es.
 -No es solo eso -dijo Beryl-. Tiene... carácter. Tiene capas que la protegen de su verdadera personalidad. ¿Es que no lo ves?
-Se suponía que ella era una mujer sin complicaciones.
-Quien quiera que te haya dicho eso, es culpable de publicidad engañosa -concluyó Beryl.
Miley cerró los ojos mientras Nick la llevaba a casa en su Jaguar. Le había costado mucho mantenerlos abiertos pero lo hizo dada la falta de conversación y el estado de agotamiento de su mente. En general, creía que su actuación aquella noche no merecía más de un aprobado.
Había empezado bastante bien, representando su papel a la perfección pero, a medida que había ido pasando la tarde, el cansancio la había transformado de una rubia sin cerebro en una arpía. Sabía perfectamente que no debería haber sacado el tema de sus deberes como «golosina para el brazo» ni mucho menos haber mencionado lo que pensaba de Nick.
Había estado a punto de estropeado todo.
Cris no se sentiría muy satisfecho si aquella actuación acababa por traerle repercusiones negativas a él. Después de todo lo que él había hecho por ella, Miley le había defraudado. Incluso, se había defraudado a sí misma, poniendo en peligro la oportunidad de conocer a las hijas de Beryl Van Aucken. Aquella oportunidad podría haber sido suficiente para sacar su trabajo a escena.
Pero Nick la odiaba tanto que jamás la invitaría al museo.
 -¿Está dormida?
-No -respondió Miley, abriendo los ojos.
Nick detuvo el coche en un semáforo en rojo sin mirarla. Nick era un enigma, un inglés medio hostil con un tremendo atractivo y un aire de misterio.
Miley no sabía nada de él excepto que había estudiado Derecho en Oxford y solo lo sabía porque Cris se lo había dicho.
Durante las horas que habían pasado juntos, Nick Jonas no le había hecho ninguna revelación personal ni le había preguntado nada sobre ella.
Miley se había sentido intimidada toda la tarde. No le gustaba el hecho de sentirse acorralada por nadie. Tal vez solo había sido producto del cansancio o una reacción. a la animosidad que él parecía llevar a su alrededor como una armadura.

-¿Le importa si fumo? -preguntó él.
-¿Quiere que le diga la verdad o que me limite a acceder cortésmente? -le espetó ella, al ver que él sacaba la cajetilla de Dunhill.
 -Que acceda cortésmente.
- En ese caso, adelante -dijo ella, bostezando-. Me importaría más si esta fuera una cita de verdad. Los hombres que fuman no son buenas presas.
-No me dé la charla sobre el cáncer y las enfermedades coronarias -replicó él, volviendo a meter los cigarrillos en el bolsillo.
 - y el enfisema. '
 -¿Por qué había creído yo que no me iba a echar la charla? .
-y las disfunciones sexuales.
-¿Cómo dice?
-Fumar provoca impotencia. Lo vi en un programa de televisión.
- Eso es una tontería.
-No, es cierto. Fumar reduce el suministro de sangre al... bueno, umm.
-Gracias, ya me lo imagino -respondió Nick, accionando los limpiaparabrisas al ver que empezaba a llover.
-Y eso por no hablar del mal aliento. Yo besé a un fumador una vez. Y no creo que vuelva a hacerlo -concluyó ella, haciendo un gesto de asco.
-Siéntase libre de echarse a dormir cuando se lo pida el cuerpo
. -Creo que ahora me siento mucho más despejada.
-¿Es eso una amenaza?
-¿Por qué tiene tanto miedo de mantener una conversación conmigo?
- No es que tenga miedo pero lo encuentro un poco aburrido, dada su naturaleza beligerante.
-Eso es solo porque estoy cansada.
-Y, para ser completamente sincero, no veo motivo alguno. Usted misma lo ha dicho. Esto no es una verdadera cita. No tenemos obligación alguna de entretenemos o de impresionarnos, o sea lo que sea lo que hace la gente en la primera cita. Creo que lo mejor que podemos hacer es guardar silencio y, si a usted no le importa, me encantaría que así fuera.
-Siempre tiene que dominarlo todo. Es usted un dominador obsesivo.
-Diez minutos. Solo hasta que lleguemos a su casa y ya no tendrá que soportar mi obsesión por la dominación total nunca más. ¿Cree que lo podrá conseguir?
Miley se cerró, imaginariamente, una cremallera en la boca y se recostó en el asiento del pasajero.
El coche tenía un olor especial, como a nuevo que Cris había descrito una vez como el mejor afrodisíaco del mundo. Miley nunca había montado en un Jaguar antes.
Había estado a punto de mencionarlo al verlo aparcado al lado de casa de Cris, pero se lo había pensado. Nick Jonas hubiera asumido que una modelo de mundo estaría acostumbrada a ese tipo de coches.
Por las luces de la calle, no pudo evitar mirarle las manos. Las tenía muy hermosas, fuertes y capaces pero al mismo tiempo elegantes. Poco a poco, los ojos se le fueron cerrando y entre el ruido de la lluvia, el de los limpiaparabrisas y la vibración del motor se fue quedando dormida.
 Sin embargo, una imagen se le clavó en la mente la de las manos de Nick Jonas acariciando el cuerpo de una mujer. Miley no pudo dejar de imaginarse el fuego que encenderían a su paso, los suspiros y los gemidos... Aquellas eran las manos de un hombre que sabía cómo tocar a una mujer, que le gustaba tocar a las mujeres, que sabía los lugares que debía acariciar y explorar y las maneras infinitas de hacerlo...
Nick mantuvo la mirada fija en la carretera a medida que la lluvia arreciaba, agradecido y desilusionado de que Miley Cyrus se hubiera quedado en silencio.
Sabía que se había excedido. Había crecido para mimar a las mujeres, tratarlas con respecto y atender sus necesidades, por lo que le dolía haberla tratado de aquella manera.
-Señorita Cyrus -dijo, sin dejar de concentrarse en la carretera-. Sé que no tiene muy buena opinión de mí y no la culpo. Solo quiero que sepa... Debería saber que no es usted. Esta noche no lo ha hecho del todo mal y yo no quería resultar ser un... bueno, supongo que sí quería. Pero solo quería que supiera que no es usted. Soy yo... y ciertos asuntos que no tienen nada que ver con usted. Sé que no quiere que le cuente la historia de mi vida y Dios sabe que yo no tengo deseo alguno de compartirla, pero... Por eso, si le hecho que la velada le resultara imposible, quiero que sepa que...
Nick se dijo que, por lo menos en aquel instante, debía mirarla.
Pero al hacerlo, la disculpa se le heló en la garganta.
Ella estaba dormida. No había oído ni una palabra de lo que él había dicho. Sin embargo, Nick se dijo que no importaba.
No volvería a verla después de aquella noche. ¿Por qué avergonzarles a los dos con un despliegue de penitencia? Probablemente, solo conseguiría que ella se riera de él cuando se lo contara a Cris y a su novio.
Se suponía que aquella mujer no iba a traerle complicación alguna. Entonces, ¿por qué sentía como si sus planes, cuidadosamente preparados, se le fueran escapando poco a poco de las manos?
 Al entrar en la calle de Cris, se dirigió directamente al edificio del piso de él y aparcó delante de la puerta.
-Señorita Cyrus. . .
Ella no se movió. Seguía acurrucada en el asiento, con la cabeza inclinada a un lado y las manos en el regazo.
-Señorita Cyrus. Hemos llegado.
Nada.
 Ella ni pestañeó. Las sombras de la calle se filtraban a través del parabrisas, lleno de gotas de lluvia y le daba al rostro de ella una luminosidad que parecía algo vivo.
Los mechones del cabello se le habían soltado y caían sobre los hombros y el pecho. La chaqueta se le había abierto, revelando unos senos maravillosos luchando voluptuosamente con la ligera seda que los contenía.
Extraordinariamente hermosa, bañada con la luminosidad de la juventud, Miley Cyrus parecía una ninfa de los bosques durmiendo en una gruta secreta.
Nick se dio cuenta de que se estaba llevando por la imaginación y se obligó a volver a la realidad.
 Encendió un cigarrillo y bajó su ventanilla hasta la mitad. El agua entraba por la ventana pero no le importó. Aspiró ansiosamente el fragante humo pero entonces recordó lo que ella le había dicho y acabó por tirar el cigarrillo por la ventana.
-Maldita sea... Señorita Cyrus... -insistió él.
Ella no respondió.
Tras un momento de duda, él extendió una mano para acariciarle la mejilla-. Señorita Cyrus. Despiértese. Hemos llegado.
 Ella se rebulló un poco y levantó una mano para tocarse la mejilla que él le había rozado. Pero: luego se acomodó de nuevo, como si tuviera la intención de pasar la noche allí. .
Nick se inclinó sobre ella y le recogió el pelo detrás de una oreja.
Un poco más fuerte, volvió a decir:
-Es hora de despertarse.
Aquella vez, ella abrió los ojos, asustándose un poco al ver lo cerca que él estaba de ella.
-Se ha quedado dormida. Ya hemos llegado.
 -¿Adónde?
-A la casa de su primo en Chelsea.
-Oh -musitó ella, volviendo a la realidad. luego se frotó los ojos-. Pensé que estaba todavia en ese tren.
 -¿Qué tren?
 -En el tren de Cleve... Tahití -corrigió Miley con rapidez-. En el tren de Tahití.
-No hay trenes enTahití.
-Los sueños son así -dijo ella, estirándose como una gata.
-Bueno... escuche comentó él, llenándose de deseo al imaginarse esos mismos movimientos bajo ella-, compóngase un poco y la acompañaré hasta la puerta.
-No tiene por qué hacer eso.
 -Claro que sí. Es más de medianoche y no me gusta este barrio. No hace mucho tiempo que lo llamaban la cocina del infierno.
 -Si insiste... Gracias -dijo ella, inclinándose para recoger su bolso, que estaba a sus pies. Entonces, se le soltó todo el pelo, cayéndosele las agujas que se había puesto para sujetado, Nick le recogió una mientras ella se ponía a buscar la otra.
Nick encendió la luz interior del coche pero el pequeño objeto parecía. haberse desvanecido.
Cada vez que ella movía el pelo, este desprendía el suave olor de la lavanda.
Esto, junto con el roce del pelo de ella cada vez que se inclinaba, lo estaba volviendo loco.
- Lo encontraré luego y se lo devolveré mañana -afirmó él, apagando la luz-. Es muy tarde. Es, mejor que vayamos dentro.
Al ver el modo en que ella lo miraba, Nick supo que ella también había sentido el tirón del deseo. No era posible que ella estuviera fingiendo.
Sin embargo, lo mismo había pensado de Delta y de las demás, pero se había equivocado.
Nick abrió rápidamente la puerta. Al ver que ella hacía lo mismo le dijo:
-No, espere un momento. Yo daré la vuelta al coche.
El salió del coche y se dirigió a la puerta de ella, extendiendo una mano para ayudada a salir mientras le resguardaba con el abrigo de la lluvia. Rápidamente se dirigieron a la puerta principal pero Miley tardó un rato en averiguar cuál era la que abría.
-Gracias -dijo ella, entrando y dándole el abrigo.
- Voy a subir con usted. Cuando dije que la acompañaría a la puerta, me refería a la puerta de su apartamento. Este no es un edificio tremendamente seguro y podría haber alguien al acecho en los pasillos.
 Ella permitió que él la acompañara hasta el montacargas y subieron en él hasta el sexto.
Allí ella, tuvo que probar varias veces hasta que consiguió abrir la cerradura
-Gracias otra vez -afirmó ella.
-Gracias a usted por amoldarse a mis planes tal con tan poco tiempo. Bajo la macilenta luz de aquella bombilla, con el pelo alborotado y el maquillaje corrido, Miley era capaz de cortarle a Nick la respiración.
Su mirada era más lán da que nunca y tenía las mejillas sonrojadas.
El bajó la mirada y contempló el colgante que todavía no había conseguido ver.
-Si me permite -observó él, sacándose las gafas del bolsillo.
Luego, levantó una mano y tomó el gran huevo de entre los senos de Miley.
 Ella se quedó muy quieta al notar que él tomaba el huevo.
Nick se dio cuenta de que su tacto era muy suave, pero no tanto como la piel de Miley Entonces, vio que era un insecto, notablemente entero y hermosamente colocado.
Las alas, como de encaje, y las largas antenas lo hacían parecer una mariposa. Nick giró el huevo para ver el insecto desde diferentes ángulos, notando la calidez que desprendían los pechos de Miley. Cinco meses eran demasiados sin haber tocado a una mujer.
La respiración de ella se aceleró al sentir el roce de sus nudillos subiendo y bajando por su piel.
El se sintió aliviado de que ella sintiera algo cuando la tocaba, aunque solo fuera indignación.
-En realidad, es un poco triste -dijo él, refiriéndose a la pequeña criatura que había terminado en aquella bola de resina para la eternidad-.El pobrecillo no ha tenido ninguna oportunidad. .-
 -Mírelo de este modo -replicó ella-. Ha alcanzado un esplendor en la muerte que nunca tuvo en vida. En cierto modo, se ha hecho inmortal . No creo que sea un destino tan terrible para un insecto.
-Supongo que algunas trampas son mejores que otras -respondió Nick, dejando que los dedos la rozaran una vez más al soltar el colgante-. Sin embargo, no por eso dejan de ser trampas.
Él se quitó las gafas y se las guardó en el bolsillo.
 Al levantar la mirada, notó que ella lo estudiaba con una expresión de melancolía, como si se estuviera preguntando qué era lo que le había provocado tanta amargura a Nick.
 -Buenas noches, señorita Cyrus -dijo él, antes de marcharse.

sábado, 2 de junio de 2012

Capitulo 4.-


- Tal vez tengas razón en lo de que la estaba escondiendo de mí, mamá -dijo Joe, tomando el abrigo de visón que le daba la muchacha del guardarropa-. Nick normalmente no deja de pasear por todas partes en este tipo de acontecimientos así que debe de haber estado evitándonos a propósito, o mejor dicho evitándome. Le intimida la competencia.
-¿Dónde está Demi esta noche, Joe? -preguntó Nick.
 -¿Qué Demi?
 -Demi Crane, tu novia.
-¡Qué raro! No recuerdo tener novia.
- Pues sí que es raro, considerando todos los años que lleváis juntos.
-Como amigos. Ella es como una hermana para mí.
- Es culpa mía -le dijo Beryl a Miley-. Lo he mimado demasiado al intentar darle todo lo que yo no tenía cuando era niña y ahora no quiere crecer. Estaba con esa mujer tan maravillosa, con la que había estado saliendo desde la adolescencia, una mujer que nunca había mostrado interés en ningún otro hombre y que hubiera accedido a casarse con él sin pensado. Sin embargo, él está demasiado ocupado jugando a Don Juan para darse cuenta de lo maravillosa que es esa mujer.
-Demasiado maravillosa como para estropearla intentando convertida en algo que no es –dijo él, con una sonrisa que le había etiquetado como el soltero más codiciado de la ciudad-. Me parece -añadió, dirigiéndose a Miley-, que mi avaricioso amigo ha estado intentando toda la noche reservada para él. Se dará cuenta de que ni siquiera nos ha presentado y, normalmente, él nunca se queda corto en lo que se refiere a las cortesías sociales.
-Beryl -dijo Nick, por fin-, me gustaría presentarte a la señorita Miley Cyrus. Señorita Cyrus, esta es la señora Beryl Van Aucken. El caballero que la está desnudando con la mirada es su hijo Joe.
Miley extendió la mano primero a Joe y luego a la señora Van Aucken.
-Encantada de conocerla, señora Van Aucken llameme Miles -dijo ella con una sonrisa.
 - Llámame Beryl. Nick es un poco encorsetado, pero dime que no te llama señorita Cyrus en privado.
Miley se echó a reír al notar la incomodidad que aquel comentario había provocado en Nick.
 - Eso sí que sería raro -afirmó Miley.
 -Cariño -dijo Nick, extendiendo la chaqueta de Miley-, no me gusta interrumpir toda esta diversión a mi costa pero creo que es mejor que...
-¿Qué tenemos aquí? -preguntó Beryl, mirando el collar de Miley-.Joe, mira esto.
-Yo lo vi enseguida -replicó Joe, con una sonrisa-. Cosas como esa no se me escapan.
Nick lo miró, como advirtiéndole por aquel comentario. No es que le atara nada con Miley, pero no iba a tolerar que otro hombre coqueteara en público con una mujer con la que se suponía que él estaba.
 - Es muy interesante -dijo Beryl -. ¿Está hecho a mano?
-Sí.
-Es tan elaborado. En verdad exquisito.
-¡Gracias! -exclamó Miley, con su hermosa sonrisa.
-¿Es la artista alguien que tú conoces? –le preguntó Beryl a Miley.
-U m... sÍ... Sí. Es una amiga mía –contestó ella, sonrojándose.
-¿Utiliza él alguna vez piedras talladas? ¿Algo con un poco de brillo?
-Es una mujer -aclaró Miley-. Sí, por supuesto. Tengo muchas piezas con... bueno, es decir, muchas de sus piezas con piedras semipreciosas talladas y algunas con piedras talladas y pulidas.
-Entonces, tú debes de ser una de sus mejores clientes.
 -Mm, sí. Bueno... quiero decir que le vendrían bien más clientes. Siempre está buscando personas a las que les interese su trabajo y que quieran...
-Comprar algo.
-¡Sí! .
-Es muy interesante -dijo Beryl-. Pero no es mi tipo de joyas. A mí me gustan más los diamantes y el platino. Pero es muy interesante. ¿Joe, tienes mi abrigo?
 -Estoy a tu servicio, mamá -dijo Joe, mientras le ayudaba a ponerse el abrigo y Nick hacía lo mismo con Miley-.. Sé que te he visto antes. ¿Ha podido ser el invierno pasado en Aspen?
-Mm... -¿Tal vez en el Club Caribú? -insistió Joe, ignorando las miradas de Nick.
 -No, yo nunca he estado allí.
 -Entonces, ha sido en el Mandalay. Sé que te vi el invierno pasado. Tuvo que ser en Aspen.
-Nunca he estado en Aspen.
- No veo motivo alguno para ir a Aspen –dijo Beryl-. O Gastaad, me da lo mismo. ¿Por qué hay que ir a buscar nieve en el invierno?
-Mi madre pasa el invierno en Palm Beach -confesó Joe, con un pequeño gesto de repulsión-. Demasiadas mujeres con el pelo teñido de azul al volante de Bentleys para mi gusto. .
- y para el mío también -admitió Beryl -, pero al menos allí puedo salir a la calle sin tener que encorsetarme en uno de esos malditos trajes espaciales que se llevan en Aspen. Y hablando de Palm Beach, mis hijas van a venir conmigo este año y sé que les encantaría tener alguna joya nueva que ponerse allí, algo diferente. A las dos parecen gustarle ese tipo de cosas -añadió, señalando el collar de Miley-. Sin embargo, son muy especiales, solo les gustan determinados tipos de piedras. ¿Acepta tu amiga encargos?
-¡Sí! Claro. Le encanta trabajar para sus clientes.
 -Ojalá las chicas estuvieran aquí esta noche para que pudieran ver ese collar. No se atreverían a encargarle nada a tu amiga sin ver una muestra de su trabajo.
 -Bueno, tal vez pudiera darte mi... bueno pudiera yo anotar sus números de teléfono -dijo Miley, muy azorada-, y dárselos a mi amiga para que puedan concertar una cita y ella pueda mostrarles algunas cosas.
 -Tú no conoces a mis hijas -dijo Beryl, haciendo un gesto con los ojos-. Están tan mimadas como Joe en sus cosas. Ninguna de las dos se molestaría en concertar una cita para ver las joyas y, aunque lo hicieran, no lo mantendrían. Pero si te vieran a ti puestas las joyas, sé que se interesarían. Probablemente entre las dos le encargue una docena de piezas a tu amiga. ¿Llevas cosas suyas a menudo?
-Son las únicas joyas que conozco.
- Entonces, no hay problema. las dos estarán en esa cosa que organizan en el museo de Arte Moderno la próxima semana. Ponte algo realmente espectacular y trae una tarjeta de tu amiga.
-Hmm -dijo Miley, muy triste de repente, mirando a Nick.
 -¿No me irás a decir que todavía no te ha invitado a la gala benéfica del museo? Pues yo sé que vas a ir -le dijo Beryl a Nick-. Lo has organizado tú. Pídela que vaya contigo y no te dirá que no. Conseguirá ayudar a su amiga a hacer una buena venta.
 -Lo pensaré.
-Saint Bart, ¿no es eso? -dijo Joe, cuya atención seguía fija en Miley-. Todas las modelos veranean allí. Te vi en ese lugar, en la locura de fiesta que se organiza en la playa de Saline.
-¿Qué te hace pensar que soy modelo?
 -¿Una mujer tan imponente como tú? -replicó Joe-. Me sorprendería que no te haya visto en Nueva York antes de hoy. ¿Con quién estás?
-¿Cómo? Ah, con «Boss».
-¿De verdad? El año pasado salí con una chica que acababa de firmar con ellos. Ganaba cuatro mil dólares todos los días, pero estoy seguro de que a ti te va mucho mejor. Esos pómulos valen por sí solos mil dólares más.
Nick siempre se había sorprendido del modo en el que los americanos hablan del dinero pero, antes de que pudiera intervenir y llevarse a Miley,
Beryl lo agarró con su pequeña mano huesuda y tiró de éL.
-Ven conmigo. Quiero hablar contigo.
Nick permitió que Beryl apartara hasta una esquina tranquila desde donde pudieran ver a Miley y a Joe pero sin que estos les oyeran.
-Si estás planeando llevar a otra mujer a la gala del museo es mejor que lo canceles y lleves a Miley-le espetó la mujer-. Ella vale mucho más que cualquiera de esas fulanas de ojos fríos con las que sales habitualmente.
-¿De ojos fríos? -repitió Nick, incrédulo-. No te contengas, Beryl, dime lo que piensas. Beryl recordaba a su abuela Sunny.
Su abuela había nacido en una familia humilde, hija de un minero de Yorkshire. Se había casado con alguien de clase superior pero nunca había dejado de tener los pies en la tierra y había sido la única de su familia que le había puesto los puntos sobre las píes cuando le molestaba algo de él. Por eso, la había querido y respetado de todo corazón.
- Déjame ver-dijo Beryl-. La primera de todas ellas tuvo que ser esa agente inmobiliaria, como quiera que se llame, que trajo los planos para las cooperativas del East Side a la gala benéfica del tincoln Centre y los extendió encima de la mesa.
 - Por eso la llevé a casa temprano y no volví a verla -contestó Nick, sin quitarle ojo a Joe y a Miley.
-Sí, le faltaba clase pero aquella pelirroja era más astuta. Me refiero a la que acababa de ser nombrada socia en el bufete y que estaba intentando jugar a dios. Solía entregar montones y montones de tarjetas de negocios cuando tú no mirabas. Te costó un poco más darte cuenta de lo que era esa.
-Tres citas.
- Pero la peor de todas fue esa reina de hielo que fue prometida tuya, la diseñadora. Delta algo... Goodrem Eso es Delta Goodrem
-Nunca estuvimos prometidos oficialmente -dijo él, sin querer confesar que le había faltado poco y querer confesar que ella solo le había utilizado para lanzar su carrera como diseñadora.
-Cada vez que la traías a una de estas galas sociales, yo creí que me daba algo -admitió Beryl-. En cuanto te dabas la vuelta, aquella mujer se ponía a trabajarse a todos los que había en la habitación. Era como una prostituta pero no vendía sexo, solo sus modelos. Y creo que le funcionó. No puedes ir a una de estas cosas sin que veas uno de sus modelitos. Y me he enterado de que va a presentar su primera gran colección en la primavera.
 -Yo también lo he oído-confesó Nick. Lo que más le había dolido de Delta era que, como las demás, ella le había utilizado para conseguir su éxito, pero le había hecho creer que estaba interesada en él-. Desde entonces, he sido mucho más... selectivo.
-Pues no lo debes de ser tanto -dijo Beryl-. Joe me ha dicho que la chica que llevaste a la subasta de la semana pasada intentó venderle un barco.
-Él también
 -me lo dijo esta mañana. Iba a traerla aquí esta noche pero cancelé la cita.
-Bien. Estás mucho mejor con Miley. Me parece muy real, muy genuina. Hay una cierta franqueza en ella, cierta dulzura... -dijo Beryl-. Pero ella es solo una acompañante, ¿verdad? Lo sabía -añadió ella, al ver la mirada de Nick-. Si te dejaran, elegirías a Cruella de Vil. Dado que Miley es como el antónimo de Cruella, es evidente que alguien la ha elegido por ti.
Nick se limitó a guardar silencio y se metió las manos en los bolsillos, tocando los cigarrillos con la punta de los dedos.
Beryl tenía razón. Su gusto por las mujeres había caído en picado últimamente.
- Mi única pregunta -continuó Beryl-, es por qué no asistes a estos actos sin pareja. Sería mucho menos complicado.
-o más porque entonces me etiquetarían de «disponible». Tarde o temprano me vería abocado en otra relación y he jurado que me mantendré al margen de todo eso.
 -¿Para siempre? ¿No crees que eso será un poco solitario?
- Es mejor estar solo que acostumbrarse tanto a hacer el tonto que acabe por convertirme en uno. ¿Crees que él lo sabe? -preguntó Nick, mirando a Joe y Miley.
 -¿Que ella solo es «golosina para tu brazo»? No. Es tan tonto como una farola cuando se encuentra con una mujer hermosa.
 -Entonces, ¿no se lo dirás?
-¡Dios mío! Claro que no. Si él supiera que ella está disponible, no perdería ni un segundo en llevársela a la cueva más cercana, lo que sería un obstáculo más en su relación con Demi. ¿Sabes que le dio un anillo la semana pasada?
-No creo que sea un anillo de compromiso.
- Él lo llama un anillo de la amistad, pero es un zafiro del tamaño de un puño. Sin embargo, a pesar de todo, es solo un regalo de amistad -dijo Beryl, haciendo un gesto de lo más concluyente con los ojos-. ¿Cómo me las he arreglado para criar tal tontaina? Ni siquiera se acuesta con esa muchacha y yo sospecho que ella se está reservando para él. Mientras tanto, él se dedica a corretear por ahí con cualquier niñata con silicona que se le cruza por el camino. ¿Te importaría hablar con él por mí?


viernes, 1 de junio de 2012

Capitulo 3.-


- Lo tendré en cuenta. ¿Estás seguro de que está lista?
 - O tal vez podríamos usar un hangar o un almacén -insistía Cris-. O incluso, podríamos sacar a la gente de la ciudad en un autobús a una bodega o incluso a un casino. Ahora estoy hablando de un tipo diferente de acontecimiento social, del tipo que gustaría a los de mi generación.
- Me parece que esa gente tiende a ser algo egoísta y no dan demasiado dinero... Tienen los brazos cortos y bolsillos bien profundos.
-Olvídate de eso. Hay jóvenes empresarios en los campos de la comunicación y la informática que tienen los bolsillos a rebosar y muchas ganas de vaciados por una buena causa, pero solo si se les pide del modo adecuado. Los bailes benéficos de corbata negra no les van... Miley pensó que aquel momento era el más adecuado para su aparición.
-Miley -dijo Cris, poniéndose de pie mientras la miraba con aprobación-. Permíteme que te presente a Nick Jonas.
Él, que estaba de espaldas, se inclinó sobre la mesa para apagar el cigarrillo y se volvió hacia ella.
Lo primero que ella pensó fue que él era muy alto al ver la figura vestida de esmoquin. Lo segundo que pensó fue que era muy atractivo. Los ojos no eran oscuros, sino azules y el pelo era negro como el ala de un cuervo. En resumen, aquel hombre era la imagen perfecta del hombre urbano, civilizado pero tremendamente atractivo.
 Cuando la miró, el aire civilizado pareció desaparecer, solo por un segundo, para mirada con un primitivo interés.
Enseguida, la imagen civilizada tomó su lugar, haciéndole pensar a Miley que lo había imaginado. Era mejor así porque ella no buscaba despertar el interés de un hombre como Nick Jonas. Solo hacía aquello para hacerle un favor a Cris, nada más.
La única razón por la que esperaba despertar su interés era por todas las molestias que Daniel se había tomado para arreglada.
-Miles -dijo Cris-.Es Nick. Nick, Miley pero los amigos le decimos Miles.
 -Señorita Cyrus -dijo él, dando un paso al frente.
 -Señor Jonas -respondió ella, aliviada de que él hubiera optado por un tratamiento formal, con una sonrisa.
- Espero que os divirtáis -dijo Daniel, entrando con una chaqueta de brocado dorado y un bolso de malla.
Con una mirada de resignación, Cris presentó también a Daniel, quien metió las llaves de la casa en el bolso antes de dárselo a Miley.
Cuando ella tomó la chaqueta para ponérsela, Nick dio un paso al frente y extendió una mano.
- Permítame.
Miley dudó un instante antes de darle la chaqueta. No estaba acostumbrada a aquellas cortesías.
 Él se puso detrás de ella, para que ella pudiera meter las manos por las mangas. Cuando él le subió la chaqueta, no pudo dejar de rozarle los brazos, lo que le puso la piel de gallina a Miley.
Como las solapas se le habían quedado por dentro, Jonas se puso delante de ella para colocárselas. Ella no sabía donde mirar por lo que le miró las manos.
 Eran fuertes y no estaban muy cuidadas. Podían haber sido las manos de un labrador pero había algo aristocrático en la longitud de sus dedos.
 Al levantar la vista y cruzar su mirada con la de él, Miley se dio cuenta de que había cometido un grave error al ir a Nueva York.

-Está bostezando otra vez -dijo Nick, poniendo su taza de café en la mesa.
 No era solo que estuviera bostezando sino que los párpados de los ojos se le habían ido poniendo cada vez más pesados, dándoles un aire de lo más seductor.
-Pensé que me las estaba arreglando muy bien para ocultarlo -respondió ella, parpadeando.
 - Hasta ahora sí.
Nick había estado contemplándola. De todas las mujeres que había en aquella fiesta, Miley Cyrus era con mucho la más hermosa.
Era una rubia platino con un rostro que podría rivalizar fácilmente con el de sus compañeras. Hermosos pómulos, una sonrisa arrebatadora Y unos enormes ojos castaños que lo miraban con una franqueza aplastante. Era precisamente aquella franqueza lo que más le enervaba. Aquella mirada era rara entre las altas esferas de la sociedad neoyorquina, donde normalmente las acompañantes se pasaban la velada buscando con la mirada una compañía que fuera más prestigiosa.
Además, el vestido de Miley y el primitivo pero espectacular collar resaltaban aún más el toque indomable de la belleza de aquella mujer.
El collar no dejaba de llamar la atención de Nick, no solo porque fuera extraño sino porque descansaba en uno de los pechos más lozanos y de piel más cremosa que había visto jamás.
Nick no acertaba a distinguir lo que había en el interior del ámbar y maldijo una vez más el hecho de que su visión le hubiera obligado a llevar gafas de lectura a la edad de treinta y cuatro años.
Le parecía un insecto pero no podía asegurado por lo que, constantemente, tenía que reprimir los deseos de mirarle el pecho, como si fuera en realidad un adolescente.
Miley le recordaba una de las bailarinas balinesas que le habían hipnotizado con sus rituales movimientos. Sin embargo, la ilusión de que Miley fuera una encantadora pagana, chocaba fuertemente con la opulencia de la Gran Sala de Baile del Waldorf Astoria, en cuya planta superior se encontraban.
Para alivio de Nick, el acto benéfico de aquella noche había reunido a tantas personas como podía albergar aquella sala. Todas las plantas de la sala de baile estaban adornadas con mesas cubiertas de manteles rosas con centros florales a las que se sentaban los que habían accedido a contribuir a la Cruz Roja solo por el privilegio de estar allí.
Aquel acontecimiento social había sido un éxito, pero ya era cerca de medianoche Y las celebraciones estaban a punto de terminar. Los discursos habían terminado hacía mucho tiempo y los camareros servían café y champán a ritmo de la música de las sonatas de Beethoven.
Miley ocultó un nuevo bostezo tras la palma de la mano.
-¿Tan aburrida está? -preguntó él.
Cuando llegaron al Waldorf, ella se había comportado completamente del modo opuesto.
Se habían mantenido a su lado, sonriendo a los invitados que se acercaban a saludarles. Durante los discursos, había escuchado muy atentamente Y se había tomado la cena con gusto.
Aquella muestra de apetito le había sorprendido, ya que ella pertenecía a una profesión famosa por su pavor a la comida. Sin embargo, ella estaba más generosamente proporcionada que sus delgadísimas colegas.
-No me aburro -respondió ella-. Solo estoy cansada. He estado levantada toda la noche.
-Ah -respondió él, asumiendo que había estado de copas-. Evidentemente, este no es el tipo de personas que le atraen.
-¿El tipo de personas que me atraen? –dijo ella, quitando con los dedos la capa superior del postre que estaba comiendo-. ¿Y cuál cree usted que es el tipo de personas que me gustan?
- Estrellas de rock, pseudo nobles con títulos de pega, modelos que se imaginan actores y actrices... En resumen, cualquiera cuya idea de divertirse es llegar destrozado a una habitación de hotel.¿Ando cerca?
 -Ni siquiera podríamos decir «caliente» -replicó ella, lamiendo suavemente la capa de crema, que saboreó con los ojos cerrados.
Nick sintió que, si le ponían al lado de una llama, explotaría, por lo que tomó dos copas de champán que le ofrecía un camarero.
-Salud.
 -No debería beber esto -dijo Miley, tomando un sorbito-. Me va a dar más sueño, pero me encanta el modo en el que las burbujas me hacen cosquillas en la nariz.
Ella parecía más relajada entonces que cuando estaban cenando. Todos los comensales eran buenos conversadores, pero Miley solo había hablado cuando se dirigían a ella. Tal vez era porque no sabía cómo hablar con personas que le doblaban la edad y solo le interesaba lo que se llevaría la próxima temporada.
- Tal vez esté equivocado en lo del tipo de personas que le atraen pero, sinceramente, pareció encontrar algo aburridos a las personas que compartían mesa con nosotros.
 - En realidad, me cayeron bastante bien -respondió ella, tomando un poco más de pastel y un buen sorbo de champán.
-¿De verdad? Pues a mí me pareció que estaba muy incómoda. Casi no dijo ni una palabra.
-Según tenía entendido, era mejor que mantuviera la boca cerrada.
 -Con esto entiendo que su primo le ha estado dando consejos para su papel esta noche.
-¿Es que esperaba lo contrario?
-Bueno... nunca hubiera esperado que él le dijera que era mejor que no hablara.
-Él no me lo dijo exactamente así -dijo ella, examinando un trozo de pastel antes de comérselo-. Pero en resumidas cuentas era eso. ¿Es que mi primo está equivocado?
 -Bueno, es cierto que yo prefería que usted mantuviera una actuación... discreta.
-¿Discreta? ¿No le parece que esa es una manera muy diplomática de decirme que mantenga la boca cerrada y esté mona? -sugirió ella.
Nick sonrió-.
- Mi función aquí esta noche es de ser la fantasía de cualquier hombre. Decorativa y sumisa. Yo acepté ese papel he intentado cumplir mi parte del trato. Y ahora, usted me recrimina por haber hecho justamente eso...
-No estoy recriminándola -replicó él-. Solo es que pensé que usted parecía... casi asustada de hablar. Pero no le estoy pidiendo que mantenga un voto de silencio. Se le permite hablar.
-Hasta cierto punto.
-¿Es usted siempre tan beligerante, señorita Cyrus? .
-Me pongo de mal humor cuando estoy cansada. Pero intenté comportarme bien, delante de los demás.
Miley se lamió un poco de crema de un dedo, de un modo tan poco ceremonioso que hubiera podido parecer que ella no sabía lo provocativo que podía resultar y el efecto que aquello podría tener en un hombre.
 Por su profesión tenía que ser consciente del efecto que sus gestos podían tener. Se pasaba la vida haciéndole el amor a la cámara. ¿Cómo no iba a saber lo que estaba haciendo? Sin embargo, el aire de inocencia que rodeaba a Miley Cyrus le irritaba.
Sabía que era un acto calculado, artificial, hecho únicamente para ensalzar su atractivo. Sin embargo, era completamente embrujador.
Nick no pudo evitar sentirse incómodo al verse tratado de aquel modo, especialmente cuando aquella «cita» era solo de conveniencia, sin siquiera el susurro de una promesa sexual. . Sin embargo, ella estaba incumpliendo las reglas.
¿Por qué? ¿Era acaso la seducción algo intrínseco en ella? ¿O sería algo más?
-¿Sabes lo que pienso sobre ti? -añadió ella, lamiendo otro poco de crema-. Creo que estás obsesionado por controlado todo.
-¿De verdad? -dijo él, con fingida indiferencia, anhelando con todas sus fuerzas un cigarrillo para tener algo que llevarse a las manos ya que no podía ser ella.
-Quieres controlado todo, Yo no debería hablar demasiado pero tampoco debería hablar demasiado poco. Tienes estas estrictas reglas para tus «golosinas», que se supone que yo debo cumplir pero si intento clarificadas lo único que se te ocurre decirme es: «señorita Cyrus, ¿es usted siempre tan beligerante?» añadió ella, imitando el acento inglés de Nick, que tuvo que morderse los labios para no reírse-. Cris dice que es usted un buen tipo.
-Qué cosa tan extraordinaria.
 - No, no lo es. Le he visto a usted hablar con él y con los comensales que había sentados a nuestra mesa esta noche. Efectivamente, creo que es usted un buen tipo, considerado, encantador, divertido incluso, con todo el mundo. Excepto conmigo. Parece que yo soy la única que es capaz de sacarle el mal humor -explicó ella.
Nick casi se ahogó con el champán que estaba tomando. Poco se imaginaba ella que era capaz de sacarle otras cosas-.
- No puedo dejar de preguntarme por qué es así. ¿Son las mujeres en general las que le molestan o soy solo yo? ¿Es que le he estado apretando alguna clavija sin darme cuenta?
-Dudo mucho que haya algo que usted haga sin darse cuenta, señorita Cyrus...
-¿Qué significa eso?
 -Absolutamente nada. Es tarde -dijo él, enfadado consigo mismo por haberse dejado llevar en aquel tete-a-tete . ¿Damos ya por terminada la noche?
-Solo estaba intentando entablar conversación.
-Si lo que quiere es que clarifiquemos las reglas básicas, ¿puedo sugerirle que no incluya entre sus tópicos para entablar conversación la disección de los fallos de mi personalidad?
-Fallo. En singular -corrigió ella-. No es que no tenga otros, sospecho que los tiene en abundancia, pero de lo que yo estaba hablando era de su obsesión por controlado todo.
-Que es un asunto de lo más apasionante.
-Pues usted podría haber presentado otro.
- Para eso está presuponiendo un deseo de conversación por mi parte. Esto no es una cita normal y corriente, señorita Cyrus. No hay necesidad de evitar los silencios con una conversación inane.
-Pues creo que eso era lo que usted estaba haciendo cuando me dijo: «está bostezando otra vez» -dijo ella, imitando de nuevo su acento-. No está hablando lo suficiente, señorita Cyrus. Deje ya la maldita conversación, señorita Cyrus.
 -¡Qué extraña imitación! -exclamó él, intentando así cubrir la carcajada que se le había escapado.
 -Es uno de mis muchos talentos –replicó ella, entre bostezos.
-Está cansada -dijo él, intentando no pensar en los otros talentos-. Voy a llevarla a casa.
Miley le apartó la silla y le hizo un gesto para que ella saliera delante de él. Él estuvo a punto de ponerle una mano en la cintura pero al ver el pronunciado escote que ella llevaba y que terminaba casi en su bien torneado trasero, se preguntó si sería acertado hacerlo.
Al final, decidió que como no la volvería a ver jamás, no importaba si lo hacía de todos modos. Encontró que la piel era deliciosamente suave al tacto.
 Ella se tensó un poco al sentir la mano de él pero no dijo nada. Él dejó caer la mano un poco más, hasta perderse en los sedosos pliegues del traje e imaginó cómo sería explorar la íntima feminidad de aquella mujer, rasgarle el ligero vestido y hundirse en ella.
Aquella fantasía era tan real. que le turbó. «No eres más que un pobre hombre», se dijo. Al llegar al piso de abajo, él decidió tomarla del brazo y llevarla así a través de la pista de baile. No era que no hubiera tenido oportunidades de practicar el sexo desde que había roto con Delta el abril anterior.
 A pesar de que no había salido con ninguna mujer más de dos veces, hubiera podido acostarse con cualquiera de ellas si hubiera querido. Sin embargo, no lo había hecho para no implicarse en una nueva relación en la que todo acabase por escapar a su control.
- ¡Nick! -exclamó una voz de hombre cuando estaban llegando al guardarropa. Al mismo tiempo una mano le dio un buen golpe en la espalda-. ¿Dónde has estado? Mi madre ha estado preguntando por ti.
-Joe -dijo Nick, estrechando la mano de su colega Joe Van Aucken, quien no dejaba de mirar a Miley-. Si hubiera sabido que ibais a estar aquí, os habría buscado.
 -¡Mentiroso! -le acusó Beryl Van Aucken, acercándose con una sonrisa en los labios. La señora Van Aucken era una de las principales interesadas en las causas filantrópicas de la ciudad.
Al contrario de su hijo, un joven alto de pelo rubio, Beryl Van Aucken era menuda y tenía el pelo muy blanco.
Al contrario de sus amigas, iba vestida con una chaqueta de estilo chino con pantalones negros.
-Lo que estabas haciendo era esconder a esta preciosidad de mi hijo -añadió la mujer-. Y, conociendo a Joe, no te culpo
. - Me has descubierto, Beryl -bromeó Nick, saludándola con verdadero afecto con un beso en la mejilla-. Me alegro mucho de verte, aunque solo sea para decir adiós.




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Siento no haber subido mucho este mes, pero el colegio me tiene colapsada:/ intentare subir lo mas seguido posible:) son un amor♥