miércoles, 29 de febrero de 2012

Capitulo 8.-

— No pareces tan pagada de ti misma como yo esperaba —comentó burlonamente una lánguida voz femenina.
Sorprendida, Miley giró sobre sus talones. De pie junto a la ventana estaba Bianca, la hermana de Nick, una morena delgada como una escoba con un envidiable traje recto de color blanco que parecía pregonar que era de diseño.
— ¿Bianca?—murmuró confusamente. Su cerebro se resistía a funcionar.
La única imagen que estaba grabada en su cabeza era la de Delta abrazando a Nick, riendo y sonriendo con clara intimidad. Desde luego, no había reaccionado como cualquier mujer lo habría hecho si su amante hubiera puesto fin a su relación y, casi inmediatamente, se hubiera casado con otra mujer. Aquella imagen perturbadora todavía se clavaba en su interior como un diabólico cuchillo.
Bianca caminó hacia ella con una sonrisa burlona.
—Sí, tengo que reconocer que, por mucho que te desprecie, Miley, admiro tu sangre fría. Tienes a un verdadero Jonas viviente en tu poder como un rehén para conseguir una fortuna.
—No sé de qué me estás hablando —dijo Miley retirándose húmedos mechones de cabellos rubio platino de su frente con un gesto vacilante.
—Destiny... tu milagroso billete de vuelta al círculo familiar —dijo Bianca soltando una carcajada de desprecio—. Pero no estaría muy tranquila en tu lugar. Puede que Nick se haya casado contigo para conseguir la custodia de su hija, pero no creo que planee quedarse con las dos...
— ¿Qué me intentas decir? —la interrumpió Miley con voz tensa.
Ya veo que sigues necesitando que te digan las cosas palabra por palabra —le espetó Bianca con una mirada de superioridad—. Nick se quedará con Emily y se deshará de ti. Y, ¿por qué no? ¡Tú hiciste lo mismo con él!
— ¿Por qué me sigues odiando tanto? —susurró Miley horrorizada ante la persistente malicia de aquella mujer—. ¿Y qué haces aquí?
—Arruinaste la vida de mi hermano una vez y ahora lo estás intentando de nuevo. Los mellizos permanecen unidos —le dijo Bianca sucintamente—. Y en cuanto a lo que hago aquí, se trata de negocios nada más, aunque creo que debo disculparme por haber reunido a Nick con Delta inadvertidamente. Eres una estúpida celosa. ¿Y qué esperanza tienes contra una joven de esa edad?
Miley se quedó blanca como la nieve.
—Perra —murmuró conmocionada.
—Madre di Dio, ¿qué demonios está pasando aquí? —intervino Nick bruscamente cortando la conversación como un aire gélido en un día caluroso de verano.
Miley se dio la vuelta desconcertada, chocó contra una mesa y lanzó un lujoso jarrón de flores contra la chimenea. El cristal estalló en todas direcciones.
— ¡Maldita sea! —jadeó y, automáticamente, se agachó para recoger los pedazos de cristal.
—Me temo que tu mujer no está preparada para olvidar el pasado, Nicky. Lo intenté… ahora no puedes decir que no lo he intentado.., pero oíste lo que me llamó, ¿verdad?
—Miley, deja en paz los cristales —ordenó Nick con los ojos echando chispas y una expresión implacable. Se acercó hasta donde estaba y la levantó—. Ahora mismo podemos pasar sin una esposa salpicada de sangre en el papel de la protagonista.
—Debe de ser horriblemente vergonzoso ser tan torpe —comentó Bianca con ironía.
Miley se mordió el labio inferior lastimando la suave carne y probó el sabor acre de su sangre.
—Siento que Miley haya sido tan grosera —dijo Nick lentamente aprisionando a su mujer con una mano anclada sobre su hombro—. Pero estoy convencido de que quiere disculparse por perder la cabeza.
Miley se puso rígida y permaneció muda, indignada de que la trataran como una niña que se hubiese portado mal. La frustración y la furia la recorrieron al darse cuenta de que cualquier cosa que dijera en su defensa en aquellos momentos no sería convincente.
—No te preocupes —suspiró Bianca, dirigiéndole una sonrisa. Miley miró a la morena con un odio apenas disimulado.
—Dadas las circunstancias... —vaciló Nick, y luego se encogió de hombros abandonándose al destino—. Puedes usar la finca para tu sesión de fotos. Me hago cargo de que sería difícil encontrar otro escenario en tan poco tiempo...
— ¡Sabía que Delta te haría cambiar de opinión! —entonó Bianca en un nauseabundo tono de alivio infantil. Miley rechinó los dientes—. Sé que es un momento muy inoportuno, pero nunca imaginé que Miley y tú vinierais a esta vieja casa a pasar vuestra luna de miel.
Con un repentino e inesperado movimiento, Miley se liberó de la mano que la apresaba y salió a zancadas de la estancia.
—Dio... —gimió Bianca a sus espaldas—. Si hubiera sabido que te iba a causar tantos problemas, no te lo hubiera pedido.
Miley subió las escaleras precipitadamente. No pasaría ni un solo instante más en aquella casa... ni por Destiny ni por nadie. ¡Iba a salir enseguida! Con la respiración entrecortada por el sollozo, buscó su maleta, que todavía no había deshecho, y trató de cerrarla metiendo como podía las mangas y los dobladillos de las prendas que sobresalían al haberlas desordenado antes con las prisas por vestirse.
— ¿A qué demonios crees que estás jugando ahora? —inquirió Nick desde la puerta.
Miley se dio la vuelta arrodillada como estaba y con las mejillas ardiendo de furia.
— ¡Apártate de mi camino, cerdo! No, no eres un cerdo, eres menos que eso. Eres una serpiente... una serpiente escurridiza, astuta, traidora y estúpida... porque si piensas que voy a quedarme aquí y aguantarte a ti, a tu novia y a la arpía de tu hermana, estás soñando.
—No vas a ir a ninguna parte, piccola mia —le espetó crudamente cruzándose de brazos—. Cuando la felicidad de mi hija está en juego, sería capaz de hacer cualquier cosa.
— ¿Qué quieres decir con eso?
—Quiero decir que el día que me abandones empezaré a reclamar la custodia de mi hija. No me excluirás de su vida otra vez —aseguró Nick con brusco énfasis.
Miley se quedó blanca de la conmoción, electrificada por aquella amenaza. De repente, la exposición viperina de Bianca no parecía tan fantasiosa. ¿Sería posible que Nick planeara utilizarla mientras la necesitara... y luego prescindiese de sus servicios como esposa y madre al mismo tiempo?
—Me estás asustando —murmuró Miley en impulso involuntario de franqueza.
—Y tú a mí cuando te veo arrastrar una maleta apenas veinticuatro horas después de decir «Sí quiero» por segunda vez en tu vida —exclamó Nick, con rostro pálido pero con una fiera determinación reflejada en su esculpida estructura ósea—. No espero que mi hermana y tú os hagáis íntimas amigas, pero sí espero que aceptes como una mujer madura que mi familia es también la familia de Dest y que cuando llegue aquí a finales de semana, no tiene por qué verse envuelta en una guerra de mezquindades que empezó incluso antes de que ella naciera.
—Yo no fui quien volvió a empezar la guerra.
Nick extendió sus manos fuertes en un arco de impaciencia por lo que consideraba un tema sin importancia.
—No consentiré que Destiny venga a casa por primera vez y encuentre una atmósfera hostil...
— ¿Y qué piensas hacer para mejorar esa atmósfera? —inquirió Miley soltando una carcajada sin rastro de humor al recordar la humillación a la que la había sometido minutos antes—. Te odio, Nick. De verdad que te odio por lo que me has hecho hoy.
—Tal vez me odies por lo que no te he hecho —replicó lanzando una mirada explícita a la cama revuelta—. Apenas puedo creer que me resistiera a la tentación.
Más afectada de lo que podía soportar por aquel cambio de humor y de tema, Miley respiró aceleradamente mientras su pecho subía y bajaba al compás de su respiración.
—Te abofetearé si lo vuelves a intentar.
— ¿Cuándo me he sentido inhibido por esa expectativa? —le lanzó Nick en tono complacido—. Ya deberías saber que me encantan los retos —prosiguió con una sonrisa cruel—. Pero puedes estar tranquila de momento, gracias a nuestros inesperados visitantes.
— ¿Inesperados? —inquirió Miley con incertidumbre.
—Dio... ¿no imaginarás que deseaba que levantaran este circo en nuestra casa? —preguntó con una mueca de clara incredulidad—. Pero no tardarán en irse.
— ¿Por qué necesitaba Bianca tu permiso para usar la casa? —inquirió Miley. Su indignación empezaba a ceder al ver que Nick estaba tan contrariado por la invasión como ella.
—La finca es ahora de mi propiedad. Cuando Vittorio decidió venderla, yo la compré.
— ¿Y qué tiene que ver tu hermana con una sesión de fotografía?
—Hace tres meses compró un estudio fotográfico. Está haciendo lo posible para destacar en el mundo de la moda. Delta es una top model —explicó Nick—. Bianca la necesita para vender este reportaje y, como Delta es una amiga de la familia, accedió a ayudarla.
Miley reconsideró la imagen de Delta y Nick juntos y admitió que lo que había visto no podía describirse como algo más que un saludo afectuoso.
— ¿Delta es... una amiga de la familia?
—Nuestros padres se mueven en los mismos círculos sociales.
—Te vi con ella antes —se oyó Miley confesar con sorprendente brusquedad—. Estaba como una lapa pegada a ti.
—Delta es muy expresiva —dijo Nick encogiéndose de hombros bajo el penetrante escrutinio de Miley—. Y para ser sincero, cara, está siendo muy generosa. Salí con ella hasta hace muy poco —le recordó en tono de reprobación—. Pero, vamos, el almuerzo está servido.
La idea de tener a la hermosa y generosa Delta rondando por la casa la hacía sentirse profundamente insegura. Aquella misma mañana se había dicho que sería capaz de llevar un matrimonio de conveniencia, pero horas después estaba ahogándose en un pantano de dolor y confusión. ¿Por qué ningún otro hombre había tenido el poder de desgarrar su corazón con una sola sonrisa y paralizarlo apareciendo con unos vaqueros?
—Sabes... Necesito aire fresco más de lo que necesito comer.
Pero Nick la interceptó antes de que alcanzara la puerta y la presionó contra su cuerpo contemplándola con evidente frustración.
—No me excluyas de tu vida… y no huyas de mi lado.
La dura protuberancia masculina de su virilidad presionó su estómago y la hizo vibrar como un fórmula uno a punto de emprender la carrera. Pero Miley combatió su fragilidad con frenética determinación.
—Estamos haciendo un hogar para nuestra hija, eso es todo —le dijo con voz trémula—. Ahora... por favor, suéltame.
Su mirada ardiente le dijo que no estaba dispuesto a escucharla, pero se oyó el batir de una puerta y el ruido de voces irrumpiendo en el vestíbulo. Nick la liberó maldiciendo y Miley huyó corriendo escaleras abajo y salió al exterior. Pero sintió como si la mitad de su alma se hubiera quedado en el círculo roto de su abrazo. Ahogó un sollozo en su garganta e inspiró el aire caliente y pesado con lágrimas en los ojos.
Sólo el amor la había herido tanto. Nick influía en todas sus emociones. Y era tan doloroso y tan terriblemente familiar para Miley... Podría haberlo soportado mejor si sólo hubiera sido sexo. La idea de que siguiera amando a Nick la petrificaba. Amarlo significaba que lo último que podía soportar era vivir un humillante matrimonio de conveniencia basado en el bien de su hija.
Aturdida por aquella oleada de emociones, Miley vio a Nick bajar las escaleras de entrada de la casa. Era un hombre irresistible y cada uno de sus ágiles movimientos la hacían ser consciente no sólo de él sino de su extrema vulnerabilidad. Enseguida, desvió la mirada y sólo entonces prestó atención a la escena que estaba teniendo lugar ante sus ojos. Delta estaba posando delante de un seto de tejo artísticamente podado con un precioso vestido de fiesta de color rosa pálido que dejaba ver sus hombros desnudos. Dest había tenido una Barbie que se le parecía mucho. Tan perfecta que parecía imposible, vestida como una princesa de cuento de hadas, completa con aquella nube de cabellos dorados.
—Imponente, ¿verdad? —dijo Bianca apareciendo a su lado.
—No creo que sea una coincidencia que Delta y tú hayáis llegado hoy —dijo observando cómo delta lanzaba un beso seductor a Nick entre pose y pose.
—Pero Nick sí. Es evidente que yo sabía que ibais a venir aquí —confirmó Bianca con ironía.
Desdeñando con irritación las atenciones de la maquilladora, Delta se acercó a Nick con la eficiencia de un misil programado para dar en el blanco.
—Llegas tarde —le dijo Miley a Bianca con firmeza—. Deberías haber montado esta farsa una semana antes de la boda.
—Sólo estoy haciéndote ver una relación ininterrumpida —dijo Bianca dulcemente—. ¿Te parece que Delta actúe como una mujer que ha perdido a su amante por otra mujer? Sabe por qué Nick se ha casado contigo y sabe que no durará mucho. Puede permitirse ser comprensiva.
Delta había enredado a Nick en una animada conversación. Miley levantó la barbilla y se acercó. Delta la ignoró, pero Nick posó con naturalidad la mano en la parte inferior de su espalda. Miley se apoyó en él haciendo un minúsculo pero agresivo movimiento e introdujo la mano en el bolsillo trasero de su pantalón vaquero. Se sintió envuelta en su aroma y calor. Como una seductora camino de convertirse en la víctima de su propia estrategia, Miley inspiró con desesperación sintiendo que Nick se ponía tenso y cambiaba de postura, y se cuestionó confusamente la inconsistencia de su comportamiento provocativo.
—Vamos a dar un paseo —murmuró Nick con significativa brusquedad. Delta abrió los ojos.
—No puedo, tengo que ponerme el próximo vestido en cinco minutos —dijo frunciéndole el ceño a Miley, demasiado egocéntrica como para darse cuenta de que la invitación no había ido dirigida a ella—. Ah, sí, casi lo olvido. Jared me dio un mensaje para ti.
— ¿Jared? —inquirió Miley, que se quedó fuera de juego momentáneamente por la referencia.
—Fui a ver con él aquella casa —dijo Delta con despreocupación—. Y lo sentí mucho por él. Está destrozado por haberte perdido.
Antes de que Miley pudiera separar los labios para desafiar aquella sorprendente declaración, Nick intervino de manera cortante.
— ¿Y el mensaje?
—Dijo que le recordara a Miley la proposición que le hizo la noche antes de vuestra boda.
—Jared quiere que le des la oportunidad de dirigir la agencia —dijo Miley bajo la mirada impertérrita de Nick mientras Delta volvía a las cámaras con un sonrisa felina de satisfacción—. Es muy ambicioso. ¿Por qué me miras así?
Nick se apartó de su lado y Miley pestañeó.
—Oh, no. Sigues siendo un celoso empedernido.
—Tienes que haber perdido la razón para decir eso —dijo con gélida precisión haciendo una mueca sarcástica.
Sí, posiblemente era así... ¿no estaba atribuyéndole emociones que no poseía? Tenía que haber cierto grado de preocupación para que existieran los celos. Y Nick no se preocupaba. La única preocupación de Nick era destiny. Con un rubor de mortificación, Miley giró sobre sus talones y fue a refugiarse en el bosque sintiendo que se había puesto en ridículo. Era mejor dejar que Bianca y Delta interpretaran su estúpida farsa. Pronto se habrían ido.

— ¿Sabes qué hora es?
Miley se detuvo a mitad de la escalera y consultó detenidamente su reloj.
—Las nueve y media.
— ¿Dónde demonios has estado todo este tiempo? —masculló cruzando el vestíbulo como un depredador hambriento y abriendo las manos con expresividad.
—Fui a dar un paseo. Pensé que era mejor que dejase a nuestros visitantes hacer su trabajo —dijo Miley con voz tensa—. Siento haberme perdido la cena, pero me hice un sándwich en la cocina. Ahora me voy a la cama. Buenas noches.
— ¿Buenas noches? —rugió Nick dejando entre ver la furiosa exasperación que trataba de controlar.
Miley se apresuró a entrar en el vestidor de su habitación. Para contrariedad suya, habían deshecho su maleta. Localizó un camisón y salió corriendo. Escogió una pequeña habitación del segundo piso. Sólo cuando ya estaba metida en la cama y había apagado la luz, empezó a relajarse un poco. Nick acabaría captando el mensaje. Podrían perfectamente ser... compañeros. Cualquier cosa con un matiz más íntimo era imposible y, siempre que no sospechara sus sentimientos hacia él, no podría volverla a herir.
Pasado algún tiempo, el batir de unas puertas en la distancia rompieron el silencio de la casa. Miley frunció el ceño cuando en menos de un minuto se oyó otro batir similar... y luego otro. Perdió la cuenta pero comprendió horrorizada que Nick estaba recorriendo la casa buscando a su mujer perdida. Ashley se quedó inmóvil hasta que finalmente, su puerta se abrió de golpe.
— ¡Tendré que encadenarte en la bodega! —exclamó Nick caminando hacia la cama y fulminándola con la mirada—. Al menos, así sabré dónde encontrarte. Te pasas la mitad del día escondiéndote en el bosque y luego subes al ático para pasar la noche. ¿Qué clase de matrimonio te crees que es éste?
—No es un matrimonio normal...
— ¡Pero va a serlo! —juró Nick con convicción apartando la ropa de su cama y levantándola en sus brazos antes de que pudiera impedirlo—. Debes estar en mi habitación, y ahí es donde estarás. Y si no quieres dormir en la cama conmigo puedes dormir en el suelo… pero en la misma habitación. ¿Por qué? Porque eres mi esposa.
—Me chantajeaste para que me casara contigo.
—Déjalo ya —replicó Nick con desprecio bajando las escaleras de dos en dos y dando zancadas por el pasillo—. Para ti el chantaje fue maná caído del cielo.
— ¿Qué dices?
—Me deseas tanto como yo te deseo a ti... y sólo de esta manera me has podido tener sin reconocer ese hecho. ¡Maná caído del cielo! —repitió Nick con mordaz provocación al tiempo que la dejaba caer sobre la cama.
—Esa acusación es completamente ridícula —dijo Ashley tratando de parecer convincente pero roja como un tomate.
—Y como no me vas a convencer de que no me deseas, puesto que la mutua atracción es evidente, no entiendo por qué sigues huyendo en dirección opuesta —declaró Nick con salvaje franqueza—. ¿Qué más quieres de mí? ¿He de decirte que tengo toda una hilera de tarjetas de crédito y unos ingresos mensuales que ambicionaría hasta un rey del petróleo?
Miley palideció y tragó saliva al oír aquella degradante acusación. Tal vez era el momento de contarle a Nick la verdad sobre el acuerdo financiero de su separación.
Miley agarró dos almohadas y las puso delante de sí como barrera defensiva.
—Y tu silencio no va a llevamos a ningún sitio —le espetó Nick golpeando las almohadas y maldiciendo en italiano—. A veces eres tan endemoniadamente infantil...
—No es infantil creer que nuestra relación funcionará mejor si dormimos en camas separadas —protestó Miley con voz trémula—. Y, por cierto, no soy codiciosa y nunca lo he sido.
Se hizo un silencio expectante.
— ¿Es eso el final de una increíble oleada de seguridad en ti misma? —sondeó Nick irónicamente. Miley inspiró profundamente y se dijo que saldría ganando si lo avergonzaba con la verdad. Levantó la cabeza.
—Tu padre persuadió a Ashley para que aceptara el dinero en mi nombre. Ashley lo metió en una cuenta de un banco suizo y no me dijo que existía hasta la semana pasada.
—Madre di Dio... —murmuró Nick con voz quebrada, conmocionado ante aquella revelación.
Miley saltó de la cama y adoptó una postura defensiva.
—De modo que puedes dejar de llamarme codiciosa y no necesito ni tus tarjetas de crédito ni tus copiosos ingresos, porque con ese dinero Destiny y yo viviremos cómodamente durante el resto de nuestros días.
—No mentías al decir que no te habías llevado ni un penique cuando te divorciaste de mí... —reflexionó Nick mirándola con ojos dorados llenos de interés. La velocidad a la que asimilaba la nueva información la aterrorizó—. Miley la mártir... eso parece mucho más real. Entonces, pensabas de verdad que me hacías un favor divorciándote de mí y manteniendo en silencio la existencia de Miley. Dejaste que mi padre te convenciera, ¿verdad?
Se pasó una mano no muy firme por su negro y miró hacia el cielo apretando la mandíbula. El silencio creció y persistió hasta que Miley sintió ganas de chillar de la tensión.
—Miley... ¿seguías queriéndome cuando te divorciaste de mí?
Miley se quedó aterrorizada. Una pequeña cosa que había confesado y en menos de un minuto ya iba a cruzar la línea de meta.
—Dios mío, estoy tan cansada —musitó fingiendo un bostezo y tratando de ocultar el desconcierto de su cara con las manos.
—Vuelve a la cama —la invitó Nick con voz ronca—. Te despertaré enseguida.
Miley se agitó sin querer como una presa fácil ante su irresistible atractivo. Imaginó sus manos sobre su cuerpo y la recorrió un estremecimiento de excitación. Una necesidad desesperada que no podía controlar se apoderó de ella. ¿Por qué no darle la oportunidad de probar que su idea de matrimonio podía funcionar?
—No nos arriesgaremos a otro embarazo —comentó Nick con medido énfasis—. ¿Es eso lo que te preocupa? No quiero otro hijo.
E instantáneamente Miley contestó su propia pregunta. Se sintió atravesada por el dolor. Seguramente tener más hijos habría sido una posibilidad en el matrimonio normal que Nick había dicho que deseaba. Sin embargo, había desechado fríamente la idea de aumentar la familia antes de que pudiera plantearse aquella posibilidad.
Con un brusco movimiento, Miley asió una ligera manta que estaba a los pies de la cama. Ante la mirada de total incredulidad de Nick, se envolvió en ella y se acurrucó en un confortable sillón.

Capitulo 7.-

Miley se quedó estupefacta al oír aquella osadía pronunciada con tanta serenidad.
—Sabes que no accederé a eso —declaró con voz tensa.
— ¿No? —inquirió Nick arqueando una ceja.
—No. Compartir una habitación o una cama es imposible. Y me gustaría que te fueras para poder vestirme —lo informó Miley.
—Miley...
—Ahí está la puerta. Úsala —le aconsejó levantando la barbilla—. Lo nuestro no es un matrimonio convencional. Me forzaste a casarme contra mi voluntad.
—Lo mires como lo mires, estamos casados. Y sin la pasión este matrimonio no tiene la mínima esperanza. De hecho, ahora mismo es lo único que tenemos a nuestro favor —replicó Nick irónicamente—. ¿Por qué tratas de negarnos ese único elemento positivo?
Miley no estaba preparada para esa cruda sinceridad y perdió hasta el último ápice de viveza y color. Al pedir su propia habitación sólo trataba de protegerse. La aterrorizaba exponerse a que Nick la hiriese otra vez.
—No permitiré que sabotees este matrimonio sin antes darle una oportunidad —declaró Nick con rígida impaciencia—. Por una vez en tu vida vas a aceptar tu situación y hacer un verdadero esfuerzo.
—No tienes ningún derecho a hablarme así —replicó Miley con voz temblorosa.
—Ha sido un aviso —contestó Nick clavándole una mirada de hielo—. Por muy mal que se pongan las cosas, esta vez te quedarás. Ahora tenemos que pensar en nuestra hija...
—Sí, pero...
—Trece años has tardado en reunir el valor de decirme por qué te marchaste la otra vez y me lo echaste en cara como si yo supiera de qué estabas hablando.
—Yo... —dijo Miley poniéndose rígida.
—Pero no me dijiste ni una palabra en su momento —exclamó Nick mirándola de arriba abajo con llameantes ojos dorados—. Y, lo creas o no, el divorcio fue un duro golpe para mí. No estaba preparado y desde luego no lo vi venir. Te amaba y creía sinceramente que tú me amabas a mí también... y luego me di cuenta de que no era así, ¿no, Miley?
Miley se quedó helada y sintió una gran confusión emocional. No había considerado nunca la posibilidad de que Nick no hubiera deseado el divorcio.
—Sólo lo dices ahora para hacerme sentir mal —lo censuró—. Estás mintiendo.
—Dio... —dijo Nick dando un paso hacia delante.
—Estás tratando de retorcer las cosas y actuar como si yo te hubiera abandonado sin razón, cuando sabes perfectamente que no tenía motivos para quedarme. Tú ya te habías ido a otra habitación.
Nick la asió por los antebrazos para aprisionarla. Tenía la expresión rígida y un aire de perplejidad en la mirada. Luego soltó lentamente sus delgados brazos y frunció el ceño al tiempo que entornaba los ojos.
—Sólo porque no podía dormir en la misma cama que tú sin ponerte las manos encima...
—Eso no tiene sentido.
— ¿Qué no? Nunca pasé tanta vergüenza en mi vida como el día en que mi padre me dijo que esperaba que no siguiera pidiendo sexo a mi esposa por que las mujeres embarazadas no se sentían cómodas haciendo el amor después de los dos primeros meses. Quise preguntarte si te había estado haciendo daño pero no pude reunir el valor de hacerlo. Mis exigencias en ese ámbito habían sido, después de todo, bastante voraces...
— ¡Creí que ya no me deseabas! —lo interrumpió Miley boquiabierta—. Nunca me hiciste daño.
— ¿No?
Miley lo negó con la cabeza rápidamente y sus cabellos de color rubio platino ondearon junto a sus mejillas encendidas. Sus ojos violetas estaban clava dos en los suyos.
—Por eso me sentí tan culpable cuando abortaste —confesó Nick bruscamente—. Pensé que todos aquellos encuentros apasionados podían haber contribuido a que...
— ¡No! —protestó Miley en un susurro de dolor, y acarició su brazo con los dedos para consolarlo—. Simplemente ocurrió. El doctor me había asegurado que no había razón para que no siguiéramos haciendo el amor... Siempre me gustó hacerte perder el control. Era casi tan excitante como perderlo yo —confesó Miley todavía conmocionada. Por increíble que pareciese, Nick la había deseado a pesar de su voluminosa figura y la idea la había dejado desarmada.
—Por favor… no digas eso —gimió Nick, y con manos delgadas y fuertes la levantó y la presionó contra su cuerpo, tenso y musculoso. Miley averiguó por sí misma por qué estaba temblando al entrar en contacto con la dureza de su encendida masculinidad.
Nick tomó sus labios con voracidad salvaje y ardiente. La excitación la asaltó y provocó una violenta oleada de respuesta. En un instante, lo rodeó con los brazos y le acarició el pelo murmurando un gemido que lo incitó a seguir. Con aquel único beso, la pasión que Miley había contenido durante tanto tiempo explotó en una lluvia de fuegos multicolores y le hizo perder la cabeza. Con un ahogado gruñido de satisfacción, Nick exploró vorazmente su boca con traviesa precisión semejante a una posesión primitiva.
La bajó al suelo y la hizo girar, buscando con los labios la suave piel de su nuca y descubriendo puntos de placer que Miley pensó que no poseía. Miley estiró el cuello dejándose llevar por aquel éxtasis y deslizó sus caderas hacia atrás, contra su virilidad encendida, sintiendo que se estremecía como reacción a su provocación.
Sus manos ascendieron lentamente sobre sus senos henchidos que presionaban la camisa de algodón. Cuando acarició las puntas de sus pezones con los pulgares, Miley se quedó sin respiración y sintió un húmedo calor en la entrepierna. Nick la giró de nuevo y la levantó para llevarla con él hasta la cama sellando sus labios con los suyos.
—Decías que era increíble en la cama —susurró Nick entrecortadamente, clavándole sus ardientes ojos dorados mientras se hincó y se despojaba de su camisa—. No era cierto. Éramos increíbles juntos...
Un tórax musculoso y moreno apareció ante su vista, y Miley empezó a derretirse y a sentir debilidad en todos sus miembros. Nick se inclinó sobre ella y desató los botones de su camisa. Luego la abrió y contempló sus senos henchidos y pálidos con clara apreciación.
Cuando sus miradas se volvieron a cruzar, Miley se estremeció de sensualidad y Nick bajó su oscura cabeza para atrapar un suave pezón rosado y hacer que Miley se agitara y gimiera con aquel placer torturador.
En algún lugar próximo se oyó el estridente sonido del teléfono y Miley frunció el ceño. Nick maldijo con el poco aliento que le quedaba. Con la brusquedad de una frustración violenta, se apartó de Miley y buscó con la mano el teléfono móvil. Luego, inesperadamente, Nick se quedó helado mientras Miley lo contemplaba con creciente fascinación.
—Hola —murmuró con sorprendente afecto—. Si… Si... maravilloso… estupendo... ¿Te gustaría hablar con tu madre?
— ¿Destiny?—dijo Miley instintivamente avergonzada, como si su hija acabase de entrar en la habitación y los hubiera sorprendido en la cama. Nick le pasó el teléfono sin decir palabra.
— ¿Cómo les va? —preguntó dest—. Sabía que estaríais súper preocupados por mí porque es la primera vez que estoy fuera de casa.
—Sí...
— ¿No es muy romántico que papá te haya llevado al lugar donde os conocisteis? Apuesto a que te quedaste de piedra.
—Sí...
—Bueno, estoy bien y me lo estoy pasando de miedo, así que espero que no les importe que no los vuelva a llamar... —dijo Desty bajando la voz antes de continuar—. Lo siento, pero parece muy ñoño tener que llamar a casa.
Segundos después, Miley devolvió el teléfono a Nick y él lo dejó a un lado. Se hizo el silencio y Miley frunció el ceño cuando Nick no hizo ademán de volverla a abrazar. Se puso en tensión y se ruborizó al reconocer su intensa excitación.
—Pensé que mi fantasía de adolescente había coloreado los recuerdos, pero no ha sido así —dijo con voz profunda e inexpresiva mirándola fríamente. Se levantó de un respingo de la cama y tomó su camisa—. Realmente eres dinamita en la cama, pero creo que voy a tomar el aire.
La cara de Miley se encendió por el shock y la humillación. Aquel rechazo cayó como un viento invernal sobre su carne desnuda. Se cubrió con la sábana y cerró los puños por debajo.
— ¿Qué te pasa? —se oyó preguntar con perplejidad.
Nick se volvió hacia ella y torció sus generosos y sensuales labios.
—Todavía estoy muy enfadado contigo. Cada vez que recuerdo que apartaste a mi hija de mi lado tengo ganas de aplastar algo. Pero lo superaré. Es irracional esperar de ti más de lo que eres capaz de dar, y es imposible dar marcha atrás al reloj.
—No eres justo —dijo Miley con desmayo. Había ocultado aquella ira tan bien, que la había engañado.
—Al contrario, estoy siendo muy justo. Eres una madre considerablemente buena. Eres hermosa y sexy, y estupenda en la cama —le dijo haciéndole inclinar la cabeza y ruborizarse—. Que seas tan codiciosa y tan superficial emocionalmente no es gran cosa —añadió Nick gravemente. Miley alzó la cabeza en seguida.
—No soy codiciosa... y tampoco superficial.
—Miley, tienes la constancia de una mariposa.
— ¡Eso no es cierto!
—No importa —dijo Nick encogiéndose de hombros—. Si no fuera por Dest, no estaríamos aquí.
—No hace falta que me lo digas —replicó Miley. Sólo estaba confirmando lo que ya sabía, lo que inexplicablemente había olvidado en la última media hora. Pero se sintió increíblemente vacía y degradada. La intimidad que, como una tonta, había creído recuperar con Nick, sólo había sido una ilusión nacida de su estúpido sentimentalismo y de su voracidad sexual. Se odiaba por su debilidad. Quería morir, pero no delante de él.
Sin avisar, Nick se dirigió hasta la puerta y la abrió de golpe con gesto impaciente.
—Creo que tenemos visita.
Una voz femenina ascendía hacia el piso de arriba y se oía el distante taconeo de unos zapatos de tacón de aguja en la escalera de mármol.
—Bianca —susurró Nick saliendo al pasillo para interceptar a su hermana.
— ¿Y cómo demonios ha entrado? —jadeó Miley palideciendo—. ¿Volando sobre una escoba por la ventana?
Nick se paró en seco y volvió la cabeza dejando ver su perfil endurecido por la ira y la incredulidad. Miley se puso como un tomate al darse cuenta de lo que acababa de decir.
—Madura, Miley —la aconsejó Nick con mordacidad—. Tal vez te hayas quedado atrapada en el tiempo, pero los demás hemos crecido. Si no puedes comportarte como una adulta y ser civilizada, sugiero que te quedes aquí arriba.
—Yo...
Pero la puerta ya se había cerrado. Gimiendo de frustración, Miley se volvió a arrojar sobre la almohada. Nick no tenía ni idea de lo mucho que su hermana la había hecho sufrir. Pero la verdad, Bianca no era su peor problema en aquellos problemas. De modo que apartó la sábana y se levantó sintiendo miedo hacia lo que la deparaba el futuro. Había caído en brazos de Nick, se había quedado sin defensas y una voracidad física que la aterrorizaba la había traicionado con humillante facilidad.
Diez minutos después, Miley descendió la escalera. Había recuperado la seguridad en sí misma gracias al elegante vestido de color azul pálido que llevaba puesto. Por dentro tenía un torbellino de emociones y de conflictos pero no estaba dispuesta a recibir a Bianca con cara compungida.
Las puertas del vestíbulo que daban al exterior estaban abiertas de par en par. Al llegar al último peldaño, Miley se quedó helada. Nick estaba fuera rodeado por los brazos de una rubia. Miley pestañeó y volvió a mirar, incapaz de dar crédito a sus ojos. Unos brazos delgados y morenos rodeaban el cuello de Nick, y la mujer sonreía mostrando la perfección de su perfil y una melena rubia dorada que ondeaba al viento. Miley la reconoció al instante...
Su corazón dio un vuelco de dolor y se quedó en estado de shock. Delta Goodrem . ¿Qué hacía allí? ¿Y por qué Nick le había hecho pensar que se trataba de su hermana? Un gemido de angustia se quedó atrapado en su garganta y huyó al salón antes de que la vieran.