martes, 29 de mayo de 2012

Capitulo 2.-


Miley, dejando la mochila en la cama-.
- ¿Es que no se te ha ocurrido que nunca lo has mencionado?
-No puedo acordarme de ningún momento en el que al menos no lo sospechara. Pero tenía miedo de que, si se lo decía a alguien, incluso a ti, acabaría por salir en la portada del periódico local y no podría volver a aparecer por casa.
 - Tenías que haberte imaginado que me enteraría en cuanto llegara aquí.
 -Claro, pero esto es Nueva York y no Ohio, donde tal vez le hubieras dicho algo a alguien sin querer. Lo siento, Mils. Sé que debería habértelo dicho hace mucho tiempo. ¿Amigos?
 -¿Cómo no íbamos a ser amigos? -preguntó Mils, sonriendo.
 - Me tenías algo preocupado en eso -dijo él, abrazándola.
 De repente, un sonido algo estridente salió de entre los dos-.
- O somos capaces de hacer música con nuestros cuerpos o es mi teléfono móvil.
-Creo que es más bien el teléfono –dijo Miley, riendo.
- Cristian Cyrus-dijo él, tras sacarse el teléfono del bolsillo-. ¡Nick! Me alegro de tener noticias tuyas -añadió, mirando a Miley.
-¡Por fin os encuentro! -exclamó Daniel, saliendo de entre el attrezzo con una bandeja de sandwiches y agua mineral.
-Ahora mismo la estoy mirando -le decía Nick al teléfono-. Todo está arreglado.
-¿Cómo? -exclamó Miley-. ¡No!
-Claro, claro que está dispuesta. Por cierto, ¿te he mencionado que es mi prima? -preguntó Nick.
Mils se acercó a Nick y le tomó por el cuello de su chaqueta, sacudiendo la cabeza-.
- ¿Engañarte? -añadió Nick al teléfono mientras le suplicaba a Miley con un gesto de los labios-. No, Nick, no, claro que no te he engañado. Es modelo. Se llama Miley Cyrus. En estos momentos se aloja conmigo porque acaba de llegar a la ciudad procedente de...
-Tahití -le ofreció Daniel mientras ponía la bandeja en el cofre.
- Tahití -dijo Nick al teléfono-.. Creo que... de presentar unos bañadores. Para uno de esos calendarios.
-Cris... -dijo Miley.
 -No -observó Cris, tapándole a Miley la boca-. No, no tiene casa propia.Ya no... Porque... ha estado fuera de la ciudad durante un tiempo. Ha estado trabajando en... -añadió, mirando a Daniel para que le ayudara.
- Milán -dijo Daniel.
- Milán -concluyó Cris.
-¿Milán? ¿Tahití? -protestó Miley, tras apartar la mano de su primo-. Cris...
 -¿Por qué no se lo dices tú mismo? -sugirió Cris, pasándole el teléfono a Miley para luego dejarse caer al suelo de rodillas con las manos suplicándole.
-¿Señorita Cyrus? -decía la voz al otro lado del teléfono, profunda y suave.
 -¿Sí?
-Quería decirle lo mucho que le agradezco que haga esto por mí, especialmente cuando le hemos avisado con tan poco tiempo.
-Gracias. Quiero decir, de nada -contestó Miley, tragando saliva.
-Y, desde luego, le estoy muy agradecido a su primo por haberlo organizado todo.
 -Sí, es un hombre al que le gusta ayudar , musitó Miley, dándose cuenta de que Cris había conseguido justamente lo que buscaba.
-¿Paso a recogerla a las ocho y media entonces?
-A las ocho y media estará bien -dijo Miley, viendo a Cris aferrado a sus piernas.
-Gracias, gracias, gracias -susurraba Cris.
-Hasta luego, entonces -dijo Nick Jonas.
-Adiós -respondió Miley, colgando el teléfono.
-¡Gracias, Mils! -exclamó Cris, que, trasponerse de pie, la besaba y la abrazaba alocadamente-. ¡Te adoro!
 -¿De verdad? Pues yo creo que estoy empezando a odiarte -bromeó Mils, dejándose caer en la cama.
Tomó un bocadillo pero al ver que estaba hecho de carne casi cruda, lo volvió a dejar en la bandeja.
 -¿Va a dormir aquí? -preguntó Daniel-. No creí que le gustara estar aquí, rodeada de toda tu parafernalia fellinesca.
 -y no le gusta -dijo Cris, sentándose también en la cama y tomando un sandwich-. Se siente vulnerable e indefensa sin cuatro lindas paredes a su alrededor pero es demasiado educada como para decir nada.
 -¿Quieres dejar de leerme los pensamientos?
 -¿Cuatro paredes? -preguntó Daniel, moviendo las perchas de manera que formaran un cuadrado perfecto alrededor de la cama-. Voilá! Ya tienes cuatro paredes.
-Me gusta más así -dijo Miley, atentamente observada por Cris-. Muchas gracias, Daniel.
-¿Has hecho tú todos esos trajes? -añadió, al ver una máquina de coser.
-Algunos -respondió Daniel, abriendo la botella de agua-. El resto los he comprado, pero normalmente tienen que modificarse para que le sirvan a un hombre.
-Hablando de trajes -dijo Cris, con la boca llena-. Miley va a necesitar un traje de noche para la fiesta. Algo sexy pero elegante. Además de zapatos, peinado, maquillaje... Bueno, todo el lote. Esperaba que tú, Daniel, pudieras sacudir la varita mágica y transformar en una Cenicienta a nuestra pequeña pueblerina.
-¿Hacer de hada madrina, eh? -preguntó Daniel-. ¡Ese es mi papel favorito! ¿Cuánto mides? ¿Un metro setenta y cinco más o menos? ¿Y cuál es tu talla? Espera, déjame adivinar -añadió, haciendo que Miley se pusiera de pie-. Esa ropa tan amplia que llevas no me ayuda, pero yo diría... que eres una cuarenta de cuerpo y treinta y ocho de piernas. Entonces, rápidamente, se fue a una de las perchas y sacó un vestido, que acercó para que Miley lo inspeccionara. .
-¿Eso? -preguntó Miley, examinando el vestido.
Era un vestido de seda largo, cortado al bies, de color cobre con unas finísimas hombreras-. Pero si no tiene nada de tela -protestó ella.
 -Ya verás como sí la tiene cuando te lo pongas -dijo Daniel, sonriendo-. Es perfecto.
 -Pruébatelo -le animó Cris, poniéndose de pie para bajar las persianas.
-¿Y qué talla tienes de pecho? -preguntó Kevin, mirándole los senos-. ¿Una ochenta y cinco? Tengo un precioso sujetador sin hombreras, de los que realzan el pecho y viene con un tanga a juego.
-¡Un tanga! -exclamó Miley, escandalizada.
- Las marcas de las braguitas son la muerte para un vestido como este. Además, tengo una bisutería de circonita que parece completamente auténtica. Y si usas un treinta y nueve de pie, y me apuesto mi rizador de pestañas a que es así, tengo unos zapatos de tacón de aguja dorados que son para morirse.
-Si puedo andar con ellos, me los pondré, pero no quiero bisutería. Me pondré mis cosas.
 Tras desabrochar la mochila, sacó su collar más espectacular. Era de oro, labrado para simular unas ramas, del que colgaban dos docenas de piedras de ámbar, ónice y granate muy bien pulidas. En el centro, algo más baja que las demás, Miley había colgado «el huevo del águila», una nuez de ámbar que guardaba en su interior un insecto alado prehistórico perfectamente conservado.
-Esto es la cosa más fea que he visto en toda mi vida -dijo Daniel, sosteniendo el collar delante de la ventana.
-No te preocupes por lo que dice, primita -dijo Cris-. Es que tiene una debilidad extrema por el brillo y el relumbrón. Es su mayor falta.
 -Eso y una debilidad por los hombres que se disculpan por mí cuando deberían estar convenciendo a sus primas para que no se pongan un vestido de noche con un collar de pedruscos y bichos -dijo Daniel, devolviéndole el collar a Miley con dos dedos-. Pruébate el vestido para que pueda entallártelo. Luego, es mejor que te des un relajante baño de espuma para que luego pueda yo peinarte y maquillarte. Te prometo no ponerte como una máscara -añadió, al ver el pánico reflejado en el rostro de Miley.
Miley les pidió a los hombres que esperaran fuera del perímetro de las perchas mientras ella se cambiaba a pesar de las protestas de Daniel de que ellos eran inmunes a sus encantos.
-Lo que tienes que recordar esta noche es que tú estás allí estrictamente para Nick Jonas -dijo Cris-Tú eres su adorno. No te despegues de su lado, sonríe constantemente Y ríele los chistes. Sé encantadora pero no hables demasiado Y no hagas amistades tú sola.
-Me estás convirtiendo en una geisha -replicó ella, quitándose la sudadera y la camiseta.
-Ya te dije que no había sexo de por medio.
- Las geishas no son prostitutas –intervino Daniel.
 - Efectivamente -confirmó Miley, quitándose las zapatillas-. Su trabajo es tener un buen aspecto y mimar a los hombres. Eso es todo. Ellas se limitan a servir el té, a cantar y a ese tipo de cosas.
-y no le digas a nadie que acabas de conocerlo -le advirtió Cris-. Tiene que parecer que hay algo entre vosotros.
-¿Y por qué no se lleva simplemente una muñeca hinchable? -preguntó Miley. Creo que con eso le vale.
-Miley...
-Espero que te des cuenta de que esta noche estoy agotada -añadió ella, quitándose los vaqueros-.Ya sabes lo maliciosa que me pongo cuando estoy cansada.
-¿Tú? -preguntó Daniel-. ¿Maliciosa?
-Sí, se le cruzan los cables muy rápido cuando está cansada -confirmó Cris-. Mileysita, cielo, prométeme que te lo pensarás dos veces antes de hablar esta noche. Por favor. Y no le digas que haces joyas. Él cree que eres modelo. Si alguien te pregunta para qué agencia trabajas, di que para «Boss». Creo que se llama «Boss Models Worldwide». Si te preguntan lo que ganas...
-Nadie me va a preguntar algo tan grosero -dijo Miley, poniéndose el collar.
 -Esto es Nueva York Aquí son así de groseros -replicó Cris-. Diles que cobras cinco mil dólares al día.
-¿Al día? No creo que pueda decir eso sin que se me note que estoy mintiendo -añadió ella, mientras se ponía el vestido.
Era precioso, pero con las tiras de su sujetador y el pelo tan desordenado no dejaba de parecer una niña que se había vestido con las ropas de su madre. Por mucho que Daniel la arreglara no dejaría de parecer una granjera con un vestido caro.
 -Creo que esta noche va a ser una pesadilla.
 -¡Cielito, no! -exclamó Daniel-. No escuches a Cris. Limítate a relajarte y a divertirte.
-¡No! -replicó Cris-. ¡No te relajes! Hay demasiado en juego aquí. No quiero insultarte ni nada por el estilo pero, ¿sabes qué tenedor hay que usar y todas esas cosas?
-Sí, claro. El grande para recoger el heno y el pequeño para armar pianos.
-Miley -insistió Cris-. Recuerda que acabas de volver de Tahití y que, antes de eso, vivías en Milán. ¿Crees que te acordarás? Cinco mil al día, Tahití. . .
 -¿Y si no puedo? ¿Es que vaya arruinar tu vida?
 -Solo mi carrera -dijo Cris, con un suspiro
Miley miró el reflejo de su imagen en la ventana, rodeada por el panorama de la ciudad con la que había soñado durante años. Casi deseó no haber puesto el pie allí.
-Ya te he dicho que te odio, ¿verdad Cris?
El timbre sonó justo cuando Daniel estaba terminando de maquillar a Miley.
 -Es muy puntual. ¡Qué banalidad! –protestó Daniel.
-¡Ya ha llegado! -exclamó Cris, asomando la cabeza por la puerta del cuarto de baño-.Acabo de abrirle. ¿Estás lista?
-Casi -dijo Daniel.
-¿Y el pelo? -preguntó Miley.
 -Dame cinco minutos -respondió Daniel, sacando unas tenacillas del pelo y enchufándolas.
 - Entonces, te acuerdas de todo lo que te he dicho, ¿verdad? -insistió Cris-. No te separes de Nick no hables demasiado...
-Cris, ¿te pones así cuando estás preparando una de tus fiestas? .
-Sí. Por eso todo sale perfectamente -le espetó él-. Dan, ¿te parece que ese color de lápiz de labios es el adecuado? ¿No crees que sería mejor algo más oscuro...?
-iCállate y sal de aquí! -protestó Daniel-.Está a punto de llegar a la puerta. En aquel momento, sonaron tres golpes en la puerta principal.
 -Ya es hora -dijo Cris, yendo a abrir y dejándose la puerta entreabierta. Unos segundos después, se oyó el ruido de las cerraduras y la puerta abriéndose-. ¡Nick! Me alegro mucho de volver a verte.
-Cristian -dijo una profunda voz, que lleno a Miley de pánico.
-¿Me das el abrigo? -le ofreció Cris.
-No, gracias. Espero que ella esté lista. Le dije a las ocho y media en punto.
-Claro que está lista. Saldrá enseguida -añadió Cris, en voz más alta para que Daniel y Miley le oyeran.
-Tranquila -susurró Daniel-. Parece que te van a poner una inyección letal.
-Ese hombre me intimida.
-Miley, mírate -dijo Daniel, dándole un espejo.
Miley vio que su aspecto era excelente.
Daniel le había aplicado el maquillaje con muchísimo cuidado, resaltándole los rasgos, y le había metido el vestido hasta que le sentaba como un guante. Además, el sujetador le daba un escote de lo más llamativo en el que «el huevo del águila» se alojaba cómodamente. Estaba provocativa pero elegante. Era la verdadera esencia de una geisha.
-Creo que si esta noche alguien se siente intimidado, será Nick Jonas -añadió Daniel.
En el salón, Cris estaba invitando a Nick a tomar algo de beber.
-Whisky, si tienes -respondió Jonas.
-¿Solo?
-Con hielo. ¿Te importa si fumo?
-En absoluto, en absoluto... Estoy seguro de que tengo algo por aquí que podremos usar de cenicero.
Daniel hizo un gesto de asco en el espejo.
-Cris es normalmente el primero en decir que fumen fuera. Me horroriza verlo comportarse tan servilmente -le dijo Daniel mientras le recogía el pelo con dos de las agujas que la propia Miley había diseñado para adornos del pelo.
Luego le soltó unos pequeños mechones, dándole un aspecto ingenuo a la vez que sofisticado-. Me está empezando a gustar ese collar. Ya no me parece ni la mitad de feo de lo que me pareció esta tarde.
-Me asustas cuando dices esas cosas, Daniel. Yo he venido a Nueva York para crear mis joyas, como esta. Tengo que hacerme con una clientela a la que le guste este tipo de cosas.
 -Oh, no dejes que yo te influya, querida. Soy un esclavo del brillo y del relumbrón, como te he dicho Cris. Por cierto -añadió, tomándole las manos a Miley, que nunca se había hecho la manicura-, todavía hay ciertos retoques...
-Creo que es mejor que los dejemos-sugirió Miley.
- Tienes razón. Voy a por tu chaqueta y tu bolso.
Miley trató de no morderse los labios. Cuadró los hombros y se dirigió al salón, deteniéndose justo en la puerta, detrás de un enorme ficus.
Cris y Nick Jonas estaban hablando de la vida social de Nueva York.
Nick se rió un par de veces. Tal vez, después de todo, era un buen tipo. 
 -¿Dónde se celebra la gala de esta noche? - preguntó Cris.
-En el Waldorf -respondió Nick Jonas, tomando un sorbo del whisky.
-¿En la sala Imperio?
 -No, en el Gran Salón de Baile.
 -Me impresionas -replicó Cris.
-Necesitábamos una sala de ese tamaño. Tiene capacidad para mil quinientos invitados sentados.
- Es una sala espectacular -prosiguió Cris-. Es perfecta cuando se quiere un aura de lujo clásico pero, ¿has pensado alguna vez en la rampa de un aparcamiento?
-¿Te refieres a un aparcamiento público? -preguntó Nick Jonas, riendo.
-No, no, no. No parecería un aparcamiento. Por dentro no. Yo lo transformaría en un castillo medieval o en una tumba egipcia llena de tesoros y pasajes secretos...

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