Miley sabía que estaba en un lío. Algo acababa de pasar en el baño, sin que mediara ni siquiera un beso. Algo que había hecho que pasara de la mera lujuria al enganche. Sabía ya que la cuestión no era si iban a acostarse, sino cuándo. Era imposible que él la tocara con tanta ternura si no la deseaba. Y, en cierto modo, saber eso, hacía que se sintiera más cómoda con él.
Nick encendió todas las velas colocadas por el dormitorio.
-Tengo un par de camisetas que me quedan grandes -dijo ella-.A ti te quedarán estrechas, pero al menos no están mojadas -sacó una camiseta que usaba a veces para dormir-. ¿Qué te parece ésta?
-Gracias.
-Pues quítate esa mojada.
-¿Piensas mirar?
-A menos que tú tengas inconveniente. Una chica tiene que extraer sus placeres de donde pueda.
-No sé si se me puede considerar un placer.
-Yo creo que sí.
Nick se quitó la camiseta. Y Miley pensó que tenía un cuerpo para morir por él. Hombros anchos, caderas estrechas y un buen torso entre ambas cosas. Tenía la sensación de que acababa de descubrir al hombre perfecto. Y aunque fuera un tópico, le resultaba muy sexy el modo en que su vello oscuro bajaba desde el ombligo y desaparecía por la cintura del pantalón.
-Sí eres un placer -declaró.
Él sonrió.
-¿Quieres lanzarme esa camiseta?
Ella suspiró audiblemente.
-Si no hay más remedio... pero no te sientas obligado a vestirte por mi causa.
Se la lanzó y él la atrapó con una mano.
-¿Estás coqueteando conmigo? -preguntó.
-Sí. Descaradamente.
-¿Y crees que es buena idea?
-No. Creo que seguramente sea muy mala idea, pero me gusta. ¿Y a ti?
-¿Si me gusta o si me parece buena idea?
-Las dos cosas.
-Me gusta y sé que es mala idea -se puso la camiseta y escondió su torso.
¡Aguafiestas!
Pero no importaba, ya que Miley pensaba volver a quitársela muy pronto.
El dormitorio resultaba muy íntimo a la luz de las velas, sobre todo sabiendo que ella estaba a punto de desnudarse.
-Espera un momento, no te muevas. Vuelvo enseguida.
Corrió a la sala y regresó inmediatamente con la cámara.
-Quiero captar el momento, la preparación, no sólo el producto foral -dijo.
Cuando hacía fotos, se volvía uno con la cámara. Detrás de la lente podía ser él mismo.
-¿Quieres fotografiarme cambiándome de ropa?
-No, pero sí preparándote para hacerlo. Además, así te vas acostumbrando a la cámara. Sólo tienes que olvidar que estoy aquí.
Miley lo miró a los ojos, con una mirada encendida que lo reconocía como el hombre al que había besado antes.
-Eso no puedo hacerlo -musitó.
-¿Y puedes olvidar que la cámara está aquí? -él estaba orgulloso de la firmeza de su tono, ya que se sentía muy poco firme.
-Creo que sí.
Nick hizo un par de fotos para que ella se fuera acostumbrando. Miley sonrió nerviosa.
-Relájate -le aconsejó él. Si conseguía que siguiera hablando, se relajaría también-. ¿Te has recogido el pelo porque así resulta más fresco?
-Sí, pero ahora hace tanto calor que no creo que haya ninguna diferencia.
Se volvió, se soltó el pasador y el pelo cayó sobre los hombros en una cascada de rizos. Nick hizo una foto y ella sacudió la cabeza y metió los dedos en el pelo. Lo miró a través del espejo con una mezcla de anhelo e incertidumbre y a él se le aceleró el corazón. ¿Había algo más íntimo y encantador que una mujer soltándose el pelo?
-¿Mejor? -preguntó ella.
Otra foto.
-Perfecto. Sigue con lo que haces.
Ella levantó los brazos y metió las manos debajo del pelo.
-Precioso. Así se definen muy bien el cuello, los hombros y los brazos. Un estudio de la perfección. Una obra de arte.
-No hace falta que digas esas cosas.
-Lo sé, pero son verdad -y sería mucho mejor sin la interferencia de las líneas del top-. Sigue de espaldas a mí y quítate el top -dijo, pensando sólo en la mejor foto.
-¿Así es como consigues que se desnuden las mujeres? ¿Con unos cuantos cumplidos? - ella lo miró riendo por encima del hombro.
-Me has pillado -repuso él con otra risita-. No quiero fotos eróticas, sólo captar la línea de tu espalda sin el top. Apártate del espejo, sigue de espaldas a mí, quítate el top y levántate el pelo como ahora. Un momento. Ahí. Quédate ahí -la apartó del espejo y la colocó delante del candelabro alto de tres brazos, de modo que la luz le diera en la espalda-. Sólo un poco más a la derecha.
La tocó un poco para expresarle lo que quería hacer. Había tocado cientos de veces a mujeres hermosas que iban menos vestidas que ella, pero tenía la sensación de que era la primera vez. Lo embargaba un anhelo cargado de deseo que amenazaba con derribar su compostura. Inhaló con fuerza.
Dejó caer la mano y se apartó de ella para agarrarse a la cámara a modo de salvavidas.
-No hace falta que te quites el top si no quieres -la voz firme de la que se había enorgullecido un momento atrás había desaparecido.
-Quiero quitármelo -murmuró ella.
Se lo desabrochó y Nick lo vio caer hacia delante. Ella bajó los brazos y lo sujetó por delante. La tela que cortaba las líneas y curvas elegantes de la espalda había desaparecido.
-Maravilloso. Espectacular -hizo una foto tras otra-. Muchas mujeres de rostro hermoso no quedan bien desde este ángulo. Levántate el pelo otra vez. Como has hecho antes.
Miley siguió sus instrucciones. Nick no se había visto nunca atrapado emocionalmente por su trabajo. Era un arte, su arte, y en cierto sentido, era una extensión de sí mismo, pero también había una parte que no era personal, que no involucraba sus sentimientos .Y esa noche no era así.
Ella se volvió un poco hacia la derecha, lo suficiente para insinuar la redondez de su pecho. Bajó los brazos y volvió el rostro hacia él cubriendo con el pelo los pechos y los pezones, pero revelando a medias la redondez suave de las nalgas. A pesar de que se había vuelto hacia él, su cuerpo expresaba también algo más... como si acabara de decidir algo.
-Nick, ¿sabes por qué tenía dudas sobre mi relación con Liam?
Él pensó un momento en la pregunta.
-¿Has conocido también a otro?
-No exactamente. Me interesa otra persona, sí, pero no he hecho nada por acercarme.
Él la escuchaba con atención.
-¿Puedes ser más clara?
-Antes te prometí que no volvería a echarme en tus brazos y no pienso hacerlo, pero ha llegado el momento de ser sincera y creo que tú debes saberlo. Eras tú.
A él se le aceleró el corazón. ¿Miley había tenido dudas de su relación con Liam porque pensaba en él? No podía creerla. ¿Qué podía atraerla de él?
-No digas eso, por favor. Puede que Liam se haya portado mal, pero yo no soy un hombre especialmente bueno y no quiero convertirme en un peón de tu venganza porque Liam te haya herido en tu orgullo o te haya roto el corazón.
Ella echó la cabeza atrás con una mirada de rabia y dolor, y pareció no notar que uno de los pezones asomaba a través del pelo. Pero ya lo notaba él por los dos.
-¿Crees que me he inventado esto para vengarme de Liam?
-¿No intentas seducirme?
-Intento ser sincera, payaso arrogante y sarcástico... y tú me estás empezando a poner rabiosa.
-Eso ya lo veo. ¿Pero por qué ibas a tener dudas sobre tu relación por mi culpa? Como no fuera porque dejaba de gustarte por tener un amigo como yo.
Miley parecía cada vez más furiosa.
-Ésta es la verdad, Nick. Te guste o no. No sé por qué, pero he empezado a soñar contigo. Con nosotros. Los sueños empezaron después del día que pasamos juntos en la sesión de fotos.
-¿Qué clase de sueños? -él apenas podía respirar.
-Sexuales. Y muy explícitos.
-Sólo son sueños, Miley.
-Ya lo sé. Pero esos sueños contigo empezaban a alterar mi relación con Liam.
En lugar de aclararse, todo era cada vez más oscuro y lioso. Casi resultaba más fácil cuando Liam y ella se pertenecían mutuamente. Entonces era fruta prohibida y el papel de Nick resultaba claro.
-¿Por qué ibas a permitir que unos cuantos sueños interfirieran con una relación de verdad?
-No era cuestión de elegir y no han sido sólo unos cuantos sueños. Suceden casi todas las noches. Al principio no quería dormirme porque no quería soñar que hacía el amor contigo -ella bajó la cabeza y se observó las uñas-.Y ahora he llegado al punto en el que estar dormida es la mejor parte del día.
Levantó la vista.
-Y me sentía terriblemente culpable porque me parecía que hacía mal en soñar esas cosas estando prometida con Liam -lo miró a los ojos-. Y más todavía porque lo que tú y yo teníamos en los sueños era mucho mejor que lo que Liam y yo teníamos en la realidad.
Sus palabras lo seducían, le ponían los nervios de punta, tensaban su cuerpo como si ella lo hubiera acariciado con las manos.
-Puede que ya no tengas más sueños de ésos -dijo.
La joven negó con la cabeza.
-Cuando ha llamado Liam esta tarde, estaba en la siesta. Soñaba que estaba a punto de explotar sexualmente... contigo.
Nick pensaba que, si se le ocurría entrar en más detalles, el que iba a explotar sería él. Su pene estaba y duro y palpitante.
-Me sentía como la fulana más grande al este del Mississippi. ¿Sabes lo primero que se me pasó por la cabeza cuando me dijo que esta noche vendríais los dos?
-Ni idea -contestó él con voz ronca.
-Un trío. Para que veas lo depravada que me has vuelto. Ahora intento seducirte, pero no para vengarme de Liam sino porque necesito la realidad del contacto contigo para exorcizar los sueños. Porque tal y como estoy ahora, me temo que no puedo tener nada con otro hombre.
Cuando tenía siete años y estaba frustrada por su falta de progresos en sus clases de natación, un día había respirado hondo y se había lanzado de cabeza sin pensarlo dos veces. Y desde ese día su filosofía había estado muy clara: nadaría o moriría en el intento. Evidentemente, había aprendido a nadar.
Y ahora acababa de lanzarse también de cabeza con Nick. Pero lo que había dicho era cierto. Temía no poder estar con otros hombres. Y si de paso, ella podía servirle de descarga de su amor no correspondido, ¿por qué no?
Nick se acercó a ella y empezó a hacer una foto tras otra.
-Miley, estoy seguro de que sí puedes estar con otros hombres. Y no tardarás en descubrirlo en cuanto vuelvas a estar en... circulación.
Circulación. Quería decir en la cama de otro hombre. Y evidentemente, no tenía la menor intención de ser ese hombre. Miley se sintió avergonzada.
¿Por qué no podía tener la boca cerrada? ¿Por qué había dejado que unos cuantos sueños eróticos y un beso de primera la convencieran de que había química entre ellos?
Era obvio que toda la química estaba en su cabeza... en su desequilibrio. Él estaba dispuesto a fotografiarla y antes le había ofrecido consuelo y ella había interpretado mal la situación. Y lo que tenía que hacer ahora era vestirse e intentar mantener su dignidad hasta que volviera la luz y Nick saliera de su casa y de su vida.
-Tienes razón. Circularé un poco y resolveré el problema -repuso-. Déjame que me vista.
Se dirigió al armario. A lo mejor podía encerrarse una hora en él... pero no, porque estaba oscuro. No volvería a estar en su casa sin una linterna.
-Miley...
Nick le tocó el hombro y ella se quedó paralizada mientras una ola de calor la llenaba por dentro.
-Por favor, no me toques.
-Eso no era lo que decías hace un momento.
Anhelaba que la tocara. ¿Y qué importaba el orgullo después de todo? Ya se había puesto en evidencia.
-Sabes a lo que me refiero. No creo que pueda soportar que me toques y no sigas más allá. Y puesto que eso no te interesa, lo mejor es que no me toques para nada.
La mano de él seguía en su hombro.
-Yo no he dicho que no me interese -sus dedos se movieron por la piel de ella en una caricia suave-. Lo que no quiero es que mañana te arrepientas de esto.
La joven se giró despacio hacia él.
-No busco una historia eterna. Te deseo esta noche. Sé que estás enamorado de otra mujer. Déjame ser ella esta noche para ti.
-¿Tú te acostarías conmigo sabiendo que puedo fingir que eres otra mujer?
Ella levantó la barbilla.
-Sí. Porque te deseo mucho -no era una chica tímida en casi ninguna situación, pero la proximidad de Nick y la luz de las velas la desinhibían más que nunca-. Aceptaré lo que tengas que ofrecer, excepto un revolcón por lástima.
-Tú no ocuparías el lugar de ninguna otra. Aquí se trata de ti y de mí. Yo no te insultaría fingiendo que eres otra persona -Nick le puso un dedo debajo de la barbilla para echarle atrás la cabeza. En sus ojos no había nada de lástima. Ardían de calor y pasión por ella-. Y yo no quiero un revolcón por venganza.
-Jamás -repuso Miley. Le echó los brazos al cuello y sintió la tensión de su cuerpo-. Esto no es una venganza.
Quería saciar aquel deseo que la consumía y quería que él la hiciera sentirse una mujer deseable. Necesitaba subir su autoestima sexual.
Él le pasó el pulgar por el pómulo.
-¿De verdad es esto lo que quieres, Miley? ¿Estás segura de que me deseas a mí? Porque una vez que empiece, parar sería una tortura.
Ella se apoyó en él y acercó sus caderas a las de él. Su pene estaba duro como una piedra. Miley tenía las bragas empapadas y le ardía el cuerpo. Frotó los pechos desnudos en la camisa de él y se regodeó en la sensación suave del algodón contra sus pezones endurecidos. Respiró su aroma masculino y le mordisqueó la barbilla. La respiración de él se aceleró.
-Sí, estoy completamente segura de que te deseo. Y no quiero que pares. Te quiero desnudo encima de mí... -le mordisqueó el lóbulo de la oreja- debajo de mí... -pasó la lengua por sus labios-a mi lado... -notó que él se estremecía- detrás de mí... -el deseo espesaba su voz y palpitaba a través de su cuerpo- pero sobre todo dentro de mí.
Sus palabras y caricias destruyeron todas las defensas que él había levantado. Acostándose con Miley, podía perder al único amigo que había tenido en su vida, pero estaba dispuesto a cambiar su amistad y su sentido del honor por una noche con ella. Por abrazarla, tocarla y hacerle el amor. Y si esa decisión le hacía ser menos hombre, tenía el resto de su vida para lidiar con eso. Tal vez se arrepintiera al día siguiente, pero esa noche ella era suya.
Dejó la cámara en el suelo.
-Miley...
Tomó la cabeza de ella en sus manos. La besó con gentileza, a conciencia, con una promesa callada de que por esa noche se pertenecían mutuamente. Le dijo en un beso todas las cosas que no podía o no quería decir en voz alta... lo mucho que la deseaba, lo hermosa que la encontraba por dentro y por fuera, que ella era la más deseable de las mujeres, que era su Perséfone, pero que después de ofrecerle y aceptar amor esa noche, la dejaría libre.
Ella le devolvió el besó y se fundió con él.
El beso se fue haciendo más apasionado, subió de intensidad, y ella introdujo las manos debajo de la camisa de él y le acarició la piel. Sus caricias lo encendieron todavía más. Tomó los pechos de ella en sus manos y jugó con los pulgares en los pezones. Miley se apretó contra él y gimió en su boca abierta. Y Nick se sentó en la cama y la colocó entre sus muslos.
Ella se acomodó entre sus piernas.
-Tengo la sensación de que lleve años esperando tus caricias -musitó ella. Lo besó debajo de la barbilla mientras exploraba su pecho con las manos.
Bajó los dedos al cinturón y los vaqueros de él.
-Espera un segundo. Déjame quitarme las botas -dijo Nick.
Miley se levantó y él se agachó a quitarse las botas. Miley se sacó el pantalón corto y las bragas y los dejó en el suelo delante de él. Nick terminó de quitarse las botas y levantó la vista.
La vio desnuda en todo su esplendor y se alegró de estar sentado. Era una mujer redondeada, desde las piernas bien formadas hasta las curvas de las caderas. Tenía una cintura pequeña y pechos llenos. Y al parecer era una defensora de la depilación a la brasileña.
El deseo lo sacudió con fuerza, tensándole los testículos.
-Eres tan hermosa que me dejas sin aliento.
Ella sonrió, y en su sonrisa había una timidez que lo conmovió. Se sentó en la cama detrás de él y rió con suavidad, con el pecho contra la espalda de él. Le pasó las manos por los hombros y le besuqueó el cuello.
Nick se volvió y la atrapó debajo de su cuerpo, con los brazos a ambos lados de los hombros de ella. Los ojos de Miley se oscurecieron, abrió los labios y se pasó la lengua por el de abajo.
Arqueó la espalda. A la luz de las velas, su piel brillaba como una perla rara. Nick lamió el hueco de su garganta e inhaló su aroma. Quería hacerle el amor toda la noche, aprender cada centímetro de su cuerpo con la boca, con la lengua, con las manos... Pero hacía tanto tiempo que la deseaba que no creía que pudiera esperar mucho esa primera vez. Le lamió uno de los pezones y ella lanzó un gemido hondo.
-Nick... -musitó.
Él le lamió el otro con la punta de la lengua y volvió al primero para seguir atormentando los dos.
Estaban ambos húmedos de sudor y la piel de ella resbalaba contra la de él.
Se colocó de espaldas y lo besó como si no pudiera cansarse nunca. Su lengua se entrelazó con la de él. Sus manos lo exploraban, casi con frenesí, y ella gemía, lo cual lo excitaba aún más. Parecía desearlo tanto como él a ella. Volvió a ponerse de lado y tiró de él. Buscó algo detrás de él. Nick interrumpió el beso.
-¿Qué haces?
-Buscar un preservativo.
Era tan tonto que había olvidado el preservativo. Eso no le había ocurrido nunca.
Ella lo miró con ojos luminosos.
-Tengo miedo de que esto sea otro sueño - dijo-. No quiero despertar. Porque si me despierto, me voy a enfadar mucho.
Nick se echó a reír. Ella sabía cómo halagarlo.
-No es un sueño -le acarició la espalda. La realidad nunca había sido tan dulce.
La joven le mostró el preservativo con aire de triunfo.
-Con sabor a fresa -rompió el paquete-¿Te importa que haga los honores?
-Por favor.
Miley le puso el preservativo con su mano cálida y él cerró los ojos.
-Mi placer es tu placer -dijo ella.
Hasta el momento sólo había rozado su pene; ahora lo apretó y volvió a acariciarlo. Él abrió los ojos.
-Si no quieres que esto termine aquí, no vuelvas a hacer eso -dijo con voz ronca.
-Yo estoy preparada si tú lo estás. Llevo semanas soñando contigo. No necesito más preliminares.
Se inclinó sobre él y le besó el pecho y los pezones hasta bajar al vientre. Lamió su pene rígido y se lo introdujo en la boca. Nick tuvo que recurrir a toda su fuerza de voluntad para no terminar allí mismo. Ella lo soltó y él pudo respirar de nuevo. El pelo de ella le rozaba el vientre y sus mechones le hacían cosquillas en la piel
-Esto es mucho mejor que en mis sueños - dijo ella con ojos brillantes por la pasión.
Se echó hacia atrás, abrió las piernas y sonrió.
-¿Me vas a penetrar ya o voy a tener que suplicártelo?
Nick se colocó entre sus piernas y la rozó con la punta del pene.
-No es necesario que lo supliques.
Ella lo abrazó con las piernas y él la penetró con lentitud y tiró hacia atrás hasta que estuvo casi fuera antes de volver a entrar de nuevo igual de despacio. Miley lanzó un respingo y lo empujó dentro con fuerza.
-Eres un malvado -gruñó.
Y Nick empezó a moverse conmovido. Era como si ella hubiera creado una magia alrededor de ellos que los juntaba en una unión que iba mucho más allá de la parte física. Como si hubiera abierto una parte de sí misma y lo invitara al calor y la luz que había en ella.
Era muy abierta y generosa y él quería darse también. Le ofreció todo lo que pudo de sí mismo. Se movía cada vez más deprisa y ella se agarraba a la colcha y lo animaba con sus movimientos hasta que los dos entraron juntos y gritando en el orgasmo.
Su Miley no era ninguna flor apagada. Era una mujer osada y hermosa y, si él hubiera tenido algún miedo de que lo usara como sustituto de Liam, habría desaparecido al oírla gritar su nombre una y otra vez.
¿Había gritado alguna vez así el nombre de Liam? ¿Se había arqueado debajo de él como si fuera a morirse si no la tocaba? Nick no quería pensar en eso, pero no podía evitarlo.
Miley yacía inmóvil bajo él, con los ojos cerrados y la respiración jadeante. Una sonrisa lenta entreabrió sus labios. Abrió los ojos.
-Ha sido... increíble... mucho mejor que los sueños.
Una sensación extraña se apoderó de él. Tardó un momento en reconocer que era satisfacción, una gran satisfacción. Respondió con otra sonrisa.
-Desde luego -y, como quería compartir lo que sentía pero no sabía cómo decirlo, la besó lenta y tiernamente.
Levantó la cabeza y la miró. Su pelo revuelto estaba sobre la cama. Sus ojos eran oscuros y misteriosos, tenía los labios hinchados a causa de los besos y el cuerpo relajado por el orgasmo. Sin pensar lo que hacía, le pasó los dedos por la línea delicada de la mandíbula e inhaló su fragancia. Ella le tomó la mano, acercó los dedos de él a sus labios y los acarició levemente.
-Nick... -vaciló.
-¿Sí?
-No quiero que te sientas incómodo -ella apartó la vista-.Y no sé cómo decir esto.
El corazón de él, que apenas acababa de recuperarse de su encuentro sexual, volvió a latir con fuerza.
-Pues dilo.
-Oh... esto es muy difícil.
Nick apenas podía respirar. ¿Habría descubierto al hacer el amor que sentía algo profundo por él?
-¿Qué, amor? -los apelativos cariñosos nunca habían formado parte de su vocabulario.
No se los habían dicho de niño y no los había cultivado de adulto, pero aquél le salió solo.
-Estoy sudorosa y pegajosa y tengo miedo de oler mal. Necesito una ducha.
Claro. Nick se rió de sí mismo y de lo desviado de sus cálculos. Sabía que no era el ser más adorable del planeta. Ni siquiera lo habían querido sus padres. Aquélla no era la declaración de amor que se había atrevido a esperar por un instante, pero ella tenía razón. Los dos estaban pegajosos de sudor y, aunque él podía ser muy tonto, no lo era tanto como para desaprovechar una oportunidad así.
-¿Quieres que te frote la espalda?
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