Dulce tomaba un café con hielo que sabía a agua de cloaca fría e ignoraba a Richard, que estaba dos mesas más allá. No sufría mucho por la infidelidad de Liam, pero no estaba preparada para abrazar a su nuevo objeto de deseo. Se alegraba de que Liam y Nick estuvieran hablando fuera porque necesitaba también unos minutos para aclarar sus ideas.
No sabía si reír o llorar. Estaba enamorada de Nick. En algún momento de la noche se había enamorado de él.
Sabía que había encontrado lo que quería... un amor de los de tacón de aguja. Nick no tenía nada de cómodo. Era alternativamente cáustico y tierno, valiente y vulnerable. Y ella sabía con una certeza que casi la asustaba que diez años después o cincuenta años después sentiría todavía lo mismo por él.
Tal vez todo aquello había empezado en la sesión de fotos de dos semanas atrás y los sueños eróticos habían querido decirle lo que ni su cabeza ni su corazón estaban preparados para escuchar.
Estaba tan inmersa en sus pensamientos que se sobresaltó cuando Liam se sentó a su lado.
-Nick dice que tenemos que hablar.
-Pues habla.
-Lo siento -dijo él.
-Y deberías. Eres un villano. No sólo me eres infiel sino que esta noche me mientes cuando te llamo por teléfono y me haces creer que sigues encerrado en la galería.
-Lo sé. He hecho mal. No puedes llamarme nada que no me haya llamado yo ya. Sabía que te enfadarías y, si se enteraba Nick, él también. No quería hablar contigo esta noche. No quería lidiar con esto.
-Tú has creado un monstruo, doctor Frankenstein. Lidia con él.
-Tienes razón.
-Sí.
¿Cómo seguir riñendo a alguien que se mostraba de acuerdo con ella? Lo que antes quería decirle cuando lo viera cara a cara era que esperaba que se le cayera el pene, pero ahora... seguramente se mostraría de acuerdo con ella. ¿Y qué satisfacción podía haber en eso?
-Siento muchas cosas. No haber tenido el valor de decirte las dudas que tenía sobre mi sexualidad antes de enrollarme con Richard. No haber sido lo bastante hombre para decírtelo personalmente. Y haberme portado como un beep hace un rato.
Miley no había sido nunca rencorosa. Perdonaba con facilidad. No sabía si era una bendición o una maldición. Y su facilidad para perdonarlo seguramente indicaba que no lo había querido como debía querer una mujer a un hombre para casarse con él. Y sabía también que, de no ser por el comportamiento de Liam, jamás habría ocurrido aquella noche con Nick. Y ella se alegraba mucho de que hubiera pasado. De eso no se arrepentía.
-Acepto tus disculpas y ya no deseo que se te caiga el pene -dijo.
Liam soltó una risita.
-No quiero que te enfades eternamente conmigo.
-No voy a decir que me caiga bien Richard, pero si a ti te importa y te hace feliz, me alegro por ti.
-Gracias. Es más de lo que merezco.
-Sí que lo es -Miley sonrió y Liam tendió una mano y le metió un mechón de pelo detrás de la oreja.
-Eres una mujer muy especial. A una parte de mí le habría gustado que lo nuestro saliera bien.
-Habría sido imposible, Liam. Y debo decir que me alegro de que hay pasado esto. Yo estoy bien, ¿pero tú has hecho las paces con Nick?
-Sí. Hemos hablado de lo que pasó antes. Ya le he pedido perdón. Y me ha hablado de sus padres.
-Es raro. Yo los detestaba por lo que me había contado él y luego me han caído bien.
-A mí siempre me ha pasado lo mismo con ellos. Han hecho mucho daño a Nick, pero no son intencionadamente crueles, sólo distantes. Yo de adolescente nunca me sentía mal recibido en su casa, pero siempre había una distancia. Si eres el amigo, eso está bien, pero si eres su hijo, no. Nick finge que no le importa, pero siempre ha querido que se fijaran en él -parecía disgustado-. Ni siquiera vinieron a la graduación del instituto.
Miley sufría por Nick.
-En cuanto ha llamado su padre, no ha dudado ni un segundo en venir. Se merece unos padres mejores.
Su vehemencia hizo sonreír a Liam.
-Eso le pasa a mucha gente, pero tenemos que conformarnos con lo que tenemos. Nick es uno de los mejores hombres que conozco, pero ellos le han dejado algunas cicatrices.
Miley respiró hondo y se lanzó a la piscina de cabeza.
-Lo quiero -le pareció que el sentimiento cobraba realidad al darle voz.
La conmovió la melancolía que vio en los ojos de Liam.
-Lo sé.
-¿Lo sabes? ¿Cómo es posible...?
-Lo he sabido en cuanto os he visto juntos en la habitación.
Miley soltó una risita.
-Ridículo, ¿verdad? Ayer tú y yo estábamos prometidos y ahora estoy aquí sentada diciéndote que me he enamorado de él.
-Yo no diría ridículo. Yo diría que es como es, más o menos igual que lo mío con Richard.
-Tú eres su mejor amigo. Necesito que a ti no te importe -a Miley no le resultaba fácil pedirle su bendición.
-No puede importarme o tú no dejarías de atormentarme y darme la lata.
Los dos se echaron a reír. Liam se puso serio.
-Tendrás que luchar por él.
A ella se le encogió el corazón.
-Sé que está enamorado de otra, o por lo menos eso cree él. ¿Quién es ella?
-Sé que hay alguien. Alguien de quien no quiere hablar, lo cual no es raro en él ya que es muy reservado. Pero yo no me refiero a eso -sus ojos, azules mostraban cierta lástima-.Tendrás que luchar con Nick.
-Esperaba encontrarte aquí. Está dormida. Nick levantó la vista de su taza de café. Su padre había envejecido veinte años en una noche. Hablar con él era siempre más incómodo que hacerlo con un desconocido.
-¿Quieres un café? -preguntó Nick.
-¿No sería posible conseguir una taza de té?
-Siéntate y veré lo que puedo hacer.
Volvió poco después con una taza de agua, una bolsa de té y azúcar.
-Es lo máximo que he conseguido.
-Gracias -dijo su padre.
Dejó que reposara el té y se produjo un silencio incómodo. Nick carraspeó.
-Si mamá está bien y descansando, no volveremos a subir. Explícale que no queríamos despertarla, ¿de acuerdo?
Su padre asintió.
-Se lo diré. Gracias por venir.
-De nada. Me alegro de que me hayas llamado.
Hubo otro silencio. Su padre preparaba su té con movimientos precisos. Un terrón de azúcar que removía dos veces. Levantó la vista y se encontró con los ojos de Nick.
-Ella quería que vinieras... y yo también.
-Sólo tenía que llamar -quizá fue por el agotamiento o tal vez por el valor para decir cosas a horas intempestivas, pero Nick dijo-: Lo único que he querido siempre era que me quisierais.
Su padre movió la cabeza. Parecía un anciano cansado.
-Me temo que hemos sido unos padres terribles. Siempre he querido tanto a tu madre que no hice sitio para nadie más. Eso estuvo muy mal. Cuando esta noche he creído que podía perderla, me he dado cuenta de lo importantes que sois para mí, no sólo ella sino tú también. Los dos. Creo que Miley tenía razón. Tenemos un hijo maravilloso al que no conocemos.
El frío interior de Nick no tenía nada que ver con el aire acondicionado.
-No quiero ser él y eso que cubre un hueco porque crees que puedes perderla.
-No. No es eso. Tu madre y yo te hemos echado de menos estos últimos años, pero todos hemos cerrado el círculo. No sé si era tu intención, pero tú también nos has apartado de tu vida.
No había nada que decir a eso, así que Nick guardó silencio.
Su padre asintió con la cabeza.
-Nos lo merecíamos, lo sé. No podemos cambiar el pasado. El futuro es lo único que tenemos. A tu madre y a mí nos gustaría formar parte de tu vida.
Nick había esperado eso toda la vida. Tendría que haber estado exultante. Pero había construido un muro alrededor de sus sentimientos. Cada decepción, cada hora de soledad, había sido como un ladrillo de ese muro. Una oferta de buenas intenciones no podía derribar una pared tan firme. Se frotó el cuello, rígido por la tensión.
-No sé.
-Supongo que es justo.
Paul tomó un sorbo de té. Liam terminó su café. Su padre carraspeó.
-¿Qué hay de Miley? ¿Está prometida con Liam?
Nick prefería aquel tema al de la falta de relación con sus padres.
-Hasta esta noche, era su prometida. Yo no soy gay y no lo seré nunca, pero Liam acaba de salir del armario.
Su padre parpadeó. Dos veces.
-Esto parece un drama de la BBC.
Nick sonrió. Su padre nunca intentaba ser gracioso, pero a veces lo era. Movió la cabeza.
-Es complicado, pero lo que importa es que Miley y yo no somos pareja. Anoche me quedé atrapado en su apartamento y cuando mamá pensó que... bueno... le dejamos pensarlo.
-Ah, todo eso a mí no me importa. Lo que me importa es la expresión de tu cara cuando la has visto entrar en la habitación. Ella y tú tenéis lo mismo que hemos tenido tu madre y yo siempre. Una corriente profunda, una conexión que poca gente encuentra.
Nick le había explicado ya que no tenían una relación y no tenía intención de hablar de sus sentimientos con aquel hombre que nunca antes había mostrado el menor interés por ellos.
-¿No crees que es un poco tarde para decidir que te interesa mi vida?
-Eso depende de ti, pero no, yo no lo creo. No puedo cambiar el ayer, pero puedo cambiar el mañana.
Nick no sabía qué decir. No podía prometer nada que no pudiera cumplir y no sabía si para él era ya demasiado tarde.
Su padre parecía decepcionado.
-Está bien. ¿Volverás mañana, o mejor dicho hoy, a ver a tu madre?
-Vendré.
Era lo máximo que podía prometer.
-¿Cuántas probabilidades hay de encontrar aparcamiento en una calle de Manhattan? -preguntó Miley cuando Nick metió el viejo Jaguar de su padre en un hueco a muy poca distancia de la casa de ella.
-Debe de ser por todos esos pobres diablos que se quedaron atrapados en el trabajo -sonrió él.
Paul Jonas les había ofrecido su coche, ya que él no pensaba moverse del hospital y Nick volvería ese día. Miley había aceptado encantada volver a casa con aire acondicionado en lugar e corriendo.
-Papá ha dicho que hay una linterna en el maletero. Dame un minuto -Nick abrió su puerta y salió.
Poco después aparecía en la puerta de ella con la linterna en la mano.
-Por lo menos no tenemos que subir las escaleras a oscuras -dijo.
-Le estaré eternamente agradecida a tu padre -repuso Miley.
La calle estaba desierta y en silencio. Nick y ella parecían ser las dos únicas personas despiertas en la ciudad. Una vez en la puerta, Nick le tomó la mano y entraron juntos.
-No sé si mi padre me hubiera ofrecido el coche si hubiera estado yo solo -dijo él cuando empezaban a subir las escaleras-. Seguro que tú nunca has conocido a nadie al que no le caigas bien.
Miley sabía que hablaba para distraerla de la oscuridad. A pesar de la linterna, la negrura apelaba a sus peores miedos. Se centró en la conversación e intentó no pensar que podía tragarla la oscuridad.
-Eso no es cierto. Con la mayoría de la gente me llevo bien, sí, pero eso es porque me gusta la gente. Creo que por eso me molestaba tanto haberte caído mal desde el primer momento.
-Nunca me caíste mal.
La joven hizo una mueca, pero no discutió su afirmación.
-Y a la señora Hinky no le gusto.
-¿A quién?
-A la vecina de al lado. Pero no le gusta nadie. Yo creo que está loca, que es una paranoica. Está convencida de que la gente la espía.
Nick hizo-un ruido con la garganta.
-¿Vive a tu derecha mirando el edificio de frente?
-Sí.
Él le contó su experiencia en el saliente y Miley se echó a reír.
-¡Oh, Dios mío! Eso habría dado un susto de muerte a cualquiera, pero en especial a esa mujer -volvió a reírse.
-Pobre mujer. Seguro que yo era su peor pesadilla hecha realidad.
-Yo te he visto desnudo y no es una pesadilla, pero luego iré a explicárselo para que no se muera de miedo.
-Buena idea -él tiró de su mano-. Ya hemos llegado.
Caminaron en silencio por el pasillo. Miley abrió la puerta de su apartamento. Dentro hacía tanto calor como cuando se habían marchado.
Nick encendió una vela y apagó la linterna.
-No quiero que se acabe la pila.
El gato los recibió con un maullido. Miley lo levantó en vilo sorprendida.
-Hola. ¿Nos has echado de menos? -miró a Nick-. Es la primera vez que sale a recibirme.
El gato le golpeó la barbilla con una pata sin uñas. Miley se echó a reír y lo dejó en el suelo.
-Ya es suficiente, ¿eh?
-Es el cambio de nombre -comentó Nick.
-Puede, o puede que sea mi fe en que cambiaría algún día. Nuestras percepciones se convierten en nuestra realidad.
¡Vaya! ¿De dónde había salido aquello? Debía de estar muy cansada para ponerse a filosofar.
Y lo estaba. Agotada. Física y mentalmente. Se desperezó y captó el olor de su axila. Terrible.
-Podría dormir una semana, pero antes me voy a duchar. ¿Quieres acompañarme? Sólo a la ducha -añadió, para que él supiera que no le ofrecía sexo.
-Sí -rió Nick-. En este momento no soy capaz de nada más. No creo que se me levante, ni siquiera por ti.
Y sonrió.
-Mejor. Porque seguro que yo me quedaba dormida antes de terminar.
Nick la abrazó por la cintura.
-De acuerdo. Sólo ducha.
Entraron en el baño y él dejó la vela en el lavabo.
Miley se desnudó y amontonó la ropa en el suelo. Miró desnudarse a Nick.
-Si no estuviera tan cansada, intentaría seducirte.
Él se echó a reír.
-Creo que tendré que quemar toda esta ropa cuando llegue a casa.
Entraron en la ducha. Ella no quería pensar en él volviendo a su casa. No quería que terminara la magia de esa noche.
-No sé si quemarlas. Puede que te baste con fumigarlas -dijo.
Se metió debajo del chorro. El agua fría era una delicia sobre su piel sudorosa. Nick y ella se turnaban en silencio debajo del chorro. Cuando los dos se hubieron lavado de arriba abajo, cerraron el grifo.
-Espera -él tomó una toalla y empezó a secarla con gentileza.
-Puedo hacerlo yo -protestó ella, pero no hizo ademán de quitarle la toalla.
-Ya lo sé.
Siguió secándola y ella lo miraba, fascinada por el agua que se pegaba a sus pestañas oscuras y por las gotas atrapadas en la barba oscura de su mandíbula.
-Hum -era agradable sentirse mimada-. Lo creas o no, necesito más de una hora de sueño.
Nick soltó una risita y se arrodilló para secarle las piernas. Cuando se enderezó, le cubrió el pelo con la toalla y empezó a darle un masaje maravilloso en la cabeza.
-O dejas de hacer eso, o me voy a quedar dormida de pie.
Nick le puso la toalla alrededor de los hombros y sonrió.
-Eso no estaría bien.
Tomó otra toalla y se secó rápidamente, mientras ella lo miraba con aire de zombie. Él salió de la bañera, le puso una mano detrás de los hombros, la otra debajo de las rodillas y la levantó en brazos.
Miley no protestó. Le echó los brazos al cuello y apoyó la mejilla en su pecho. El ritmo firme de su corazón le servía de nana. Se durmió así, rodeada de su aroma, con su piel contra la de él.
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