sábado, 26 de mayo de 2012

Capitulo 1.-


-¿Sabes, lo que es «golosina para el brazo»? preguntó Cristian, el primo de Miley, mientras paraba un taxi en la Séptima Avenida.
A pesar de que había habido taxis en la estación de Pensilvania, Cristian se había negado a tomar uno por lo cercana que estaba su casa. Sin embargo, el pesado equipaje le había hecho cambiar de opinión.
-¿«Golosina para el brazo»? -replicó Miley, algo aturdida por el bullicio de Manhattan en aquella soleada tarde de septiembre-. ¿Qué es eso? ¿Una droga?
- Ese es uno de los significados -dijo él, mientras metía el equipaje en el maletero del coche-. No es como si no supieras lo que es una gran ciudad.
 -Cleveland es de tercera división comparada con esto -comentó Miley, metiéndose, junto con su primo, en el asiento trasero del taxi, que arrancó y se introdujo de nuevo en el lento flujo del tráfico neoyorquino.
-Ya lo entiendo. Entonces, esto es como una especie de prueba personal para ti. Supongo que crees que si consigues progresar aquí, lo podrás hacer en cualquier sitio, ¿no?
-¡Oye! Tú lo has conseguido -replicó Miley, riendo, mientras le daba un puñetazo en la espalda.
 Bajo de estatura y con su pelo castaño eternamente revuelto, Cristian Cyrus se parecía más a un novato de instituto que a un joven empresario de veinticuatro años.
Siete años atrás, después de dejar el instituto en Keniston, Ohio, su ciudad natal, se había mudado a nueva York.
 La opinión de todo el mundo había sido que no conseguiría nada pero se las había ingeniado para transformar su apetito por la dolce vida en una lucrativa carrera que él llamaba «organización de acontecimientos sociales» y que podría definirse más bien como «preparar fiestas».
-Entonces, ¿cómo te va en el amor? -preguntó Miley-. ¿Estás saliendo en serio con alguien?
Con su aspecto juvenil y su magnética sonrisa, Cris como le decian sus amigos había sido un rompecorazones en Keniston. Sin embargo, siempre había puesto tierra por medio cuando las relaciones habían empezado a ir más en serio.
 -¿Salir en serio? ¿En qué planeta has estado viviendo? ¿Y tú? -le desafió él-. ¿Has tenido alguna vez una relación con alguien? No me puedo creer que...
-¡No te oigo! ¡No te oigo! -exclamó Miley, poniéndose las manos en los oídos-. Na, na, na, na...
-No creo que será por falta de oportunidades -le dijo Cris, apartándole las manos de los oídos-. En cuanto te miren los hombres, con ese pelo rubio, esa cara Y esas piernas, por no mencionar tus... -se detuvo, mirándole el pecho-.... otros atributos, estoy seguro de que se vuelven locos. Y eso a pesar de esta armadura que te pones -añadió, señalando la enorme sudadera que llevaba sobre los vaqueros.
-Exactamente -replicó ella-. Los hombres ven partes de mí, y las desean pero nunca me desean a mí. No a mí como persona. Para ellos, yo solo soy una típica rubia estúpida.
-¿Es que no te das cuenta? -preguntó Cris, dándose un golpe en la frente-. Es un círculo vicioso. Los hombres muestran interés por ti y, así, de repente, tú decides que no eres tú lo que quieren, sino tu cuerpo de escándalo. El resultado es que así consigues mantenerlos a distancia, ergo nunca llegan a conocer a la verdadera Miles, ergo cualquier relación se corta de raíz.
-¿Ergo? -preguntó Miley, extrañada de que su primo hubiera utilizado aquella palabra latina tan culta.
-Se supone que las chicas que tienen un título de tres al cuarto no deben juzgar a otras personas...
-¡De tres al cuarto! ¡De tres al cuarto! -replicó Miley, que había conseguido pagarse su bien ganado título en metales, sin duda el más difícil de todas los cursos que se ofrecían en su escuela de oficios, trabajando en el restaurante de costillas más grasienta de Cleveland.
-Lo que quería decir es que alguien, en alguna parte, tiene que romper ese círculo. –insistió Cris, con exagerada paciencia-. Y, dada la falta de ingenio de la mayoría de los hombres para las relaciones hombre-mujer, creo que ese alguien vas a tener que ser tú.
- Y me da el consejo el experto en compromisos de la ciudad de Nueva York -concluyó Miley, poniéndose a mirar par la ventana-. Bueno, ¿qué es eso de «golosina para el brazo»?
-Ah, buena... Es una mujer que sale con un hombre al que no conoce, o por lo menos no conoce muy bien, como en una especie de... acuerdo. Nada serio y no. hay implicaciones románticas. Y, normalmente, un intermediario concierta la cita.
- En Cleveland decimos que eso es ser una chica de alterne.
 -No., no., no.. En este casa no hay sexo de por medio ni se intercambia dinero. La chica es solo algo ornamental. Estas chicas tienen que ser del tipo que hace que todo el mundo se vuelva a mirarlas. La mayaría de ellas son modelos profesionales. Altas, guapísimas y con... atributos de sobra.
 -¿Y los hombres? Son más mayores y no tan decorativos, ¿verdad?
 - Lo único que los hombres tienen en común es su posición social en la cadena alimenticia de Nueva York. Esta normalmente suele estar entre los tiburones. La «golosina para el brazo» es simplemente otro símbolo de su situación social, como los coches o los barcos.
 - Me parece que este tema beneficia más a los tiburones que al plancton con el que salen. ¿Qué sacan las mujeres de todo esto si no hay dinero de por medio?
-Consiguen asistir a acontecimientos sociales de primera clase a las que, de otro modo, nunca hubieran sido invitadas. Estrenos de películas, bailes benéficos, grandes recepciones. Se mezclan con los peces gordas con los que, en condiciones normales, nunca podrían conocer en persona.
 -Me parece que es una razón muy pobre para ponerse toda elegante y encima simular que eres la novia de alguien -dijo. Miley, encogiéndose de hombros-. Yo nunca me tomaría todas esas molestias.
-¿Lo harías para hacerle un favor a tu primo que te quiere mucho y que, a pesar de que lo siente, ya te ha organizado una de estas para ir al baile de la Cruz Roja con un hombre realmente agradable...?
-No..
-No me digas que no todavía.
-Ya te he dicha que no. Lo digo en serio, Cris. ¿Crees que yo podría ponerme de punta en blanco solo para que un tipo tuviera buen aspecto? ¿Yo haciendo el papel de la mujer guapa pero sin cerebro?
Cris se retorció en el asiento para sacarse un recorte de periódico del bolsillo de atrás del pantalón, que alisó encima de la pierna para luego entregárselo a Miley.
-Ese es el hombre.
Miley vio que en la fotografía, muy granulada, había dos hombres con una copa de champán en la mano. Miley reconoció a uno de ellos como el alcalde de NuevaYork.
 -Se llama Nicholas Jonas -añadió Nick, señalando al otro hombre, alto y esbelto, con pelo oscuro y facciones angulosas-. Tiene unos treinta años. Es inglés o al menos de nacimiento. Ahora ya vive todo el tiempo en Nueva York. Estudió Derecho en Oxford y luego desapareció durante diez años.  
- Tal vez estuvo en la cárcel o en un psiquiátrico.
-Alguien me dijo que estuvo viajando.
-¿Durante diez años?
-Hace dos años -explicó Cris-, apareció en Nueva York, alquiló un despacho en el Edificio Flatiron y creó el Grupo Consultor Jonas, que, de la noche a la mañana, se convirtió en la empresa que utilizan los organismos de alto nivel para recaudar fondos. Representa a cada gran museo o iglesia, organizaciones médicas y fundaciones de Nueva York. Lo que hace es sacarles donaciones a los ricos y famosos a cambio de un porcentaje de los beneficios. Dicen que es el mejor.
Miley miró los ojos de Nicholas Jonas, oscuros e intensos. La mandíbula tenía un ligero toque de dureza que, junto a los ojos, le daba un aire fiero que no encajaba con su garbosa apostura.
- No -replicó Miley, dándole el recorte.
 -Miles porfavor -suplicó Cris-. Necesito que hagas esto por mí. Solo esta noche...
-¿Esta noche?
-Ya sé que no te he dado mucho tiempo...
-¿Te das cuenta de que me he pasado las últimas doce horas en un tren? Me marché de Cleveland a las tres de la mañana. Llevo levantada casi treinta y dos horas y estoy completamente agotada. En lo único en lo que puedo pensar es en llegar a tu casa, comer algo y echarme a dormir.
Al mencionar la casa, Miley recordó que Cris le había ofrecido su hospitalidad únicamente hasta que ella pudiera encontrar su propio piso. Además, él le había prestado el dinero para su pequeño negocio de fabricación de joyas sin ningún interés, por no mencionar que él le había dado dinero cuando ella estaba estudiando, lo que significaba que ella le debía algo.
 -Lo siento -dijo Cris-. No creí que estuvieras tan cansada, sino que estarías en la ciudad y me podrías echar una mano.
-¿Echarte una mano en qué? suspiró ella.
-Este tipo, Nicholas Jonas -explicó Cris, sintiendo que ella estaba a punto de capitular-, es el hombre estratégico detrás de todos los actos sociales de postín y de las cenas de mil dólares el cubierto que hay en esta ciudad. Lo sé porque llevo rondando su negocio durante los últimos dos años.
-Eso son muchas fiestas.
-.Él contrata personas que le organicen las fiestas, como yo. Pero las personas que ha estado usando, bueno, las mismas salas de hotel, la misma comida y la misma música de siempre. Yo tengo muchas buenas ideas pero me está costando un poco convencerlo de que me dé una oportunidad. Es que yo no soy muy ortodoxo. Además, mi experiencia es principalmente en fiestas privadas, bodas, celebraciones sagradas... No me va mal, pero los acontecimientos sociales que realmente vienen cubiertos de diamantes son las fiestas benéficas. Bueno, el caso es que fui a ver a Nick a su despacho esta mañana y me lo encontré gruñendo porque había cancelado la cita que tenía para el Baile de la Cruz Roja, no me dijo por qué, y estaba desesperado por encontrar una mujer que le acompañara con tan poco tiempo.
 -¿Me estás diciendo que un tipo como ese estaba desesperado por encontrar una mujer que le acompañe?
- Él no quiere una mujer, quiere «golosina para el brazo». Confía en mí. A Nicholas Jonas nunca le ha faltado compañía femenina pero lo que ocurre es que su gusto no va por las modelos o actrices. Tiende a salir con mujeres empresarias y de carrera. Pero esta noche, por alguna razón, quiere aparecer con un bellezón del brazo.
-¿Y por eso canceló su cita para esta noche? ¿Porque no era un bellezón? Me parece algo asqueroso.
-No sé por qué canceló la cita. Resulta un poco hortera interrogar a alguien a quien estás intentando camelarte. Todo lo que sé es que él me preguntó si yo podía encontrarle a alguien presentable pero sin complicaciones. Exactamente dijo «del tipo de una modelo». Y, siendo el oportunista que yo soy, le dije que no había ningún problema.
-¿Por qué no?
 - Los que organizamos fiestas, tarde o temprano acabamos por conocer a todo el mundo que hay que conocer Y nunca perdemos un número de teléfono. ¿Que se necesita un faquir que se trague espadas? ¿Un artista del graffiti? ¿Una compañía de bailarinas? ¿Golosina para el brazo? Todo lo que tengo que hacer es llamar por teléfono.
-¿Y pensaste en mí para este trabajo?
-En realidad, había pensado en una modelo, pero resulta que lleva un mes en rehabilitación. No me preocupé porque conozco otras modelos pero todas tenían plan para esta noche o estaban fuera de la ciudad. Lo que me hizo pensar en ti.
-Yo no soy modelo.
 -Podrías pasar por una. Te necesito, Miles. Ya le he prometido a Jonas que le encontraría una cita. Si me presento con las manos vacías, se pensará que lo mío
es solo de boquilla y nunca me contratará. Mi carrera se quedará en el mismo punto hasta el final de mis días.
-¿Y no hay nadie más que pueda hacer esto?
 -Yo no puedo concertarle una cita con cualquiera. Tiene que ser alguien de "quitar el hipo. Y tú eres de esas, si no recuerdo mal. No te habrás traído un traje de noche, ¿verdad?
-Sí, claro, los tengo aquí... -bromeó Miles, dando un golpecito en la mochila junto con las tiaras de diamantes de imitación y los guantes de seda largos.
 - No te preocupes. Sé cómo podemos vestirte bien para esta noche.
-¡Qué bien! -exclamó Miles, desesperada. Mira Joe, yo no creo que pueda hacerlo.
 -Claro que puedes. ¡Vaya! Vas a estar codeándote con la alta sociedad neoyorquina en tu primera noche en la ciudad. Aquí vale -le dijo al taxista.
-¿Aquí? -preguntó Miles, algo preocupada, al bajarse del taxi. Se habían detenido delante de lo que parecía ser una vieja fábrica o almacén en un ruinoso barrio de la ciudad-. Pensé que tenías dinero.
-Y lo tengo. Por eso pude permitirme comprar todo el piso de arriba de este edificio –dijo Cris, después de pagar al taxista y sacar las maletas del coche.
Cris se dirigió a la puerta, con una llave en la mano. Miles le siguió a lo largo de un estrecho pasillo hasta un enorme montacargas.
Una vez dentro, Cris apretó un botón y la antigua maquinaria les transportó al sexto piso. Allí salieron a un lúgubre descansillo, iluminado por una única bombilla, que revelaba una puerta marrón con una mirilla.
Miles pensó que había cometido un terrible error viniendo a Nueva York.
 -No juzgues este lugar hasta que lo hayas visto por dentro -comentó Cris, girando la llave varias veces en la enorme puerta, como si le hubiera podido leer la mente.
-¿Cris? -llamó una voz de hombre desde el interior-. ¡Pero si es Miles de la granja Sunnybrook! -exclamó un joven de unos treinta años, de pelo claro y vestido todo de negro, abrazándola y besándola-. ¡Venga, entrad!
El hombre la llevó de la mano dentro de la casa hacia un salón lleno de antigüedades y alfombras orientales que casi se perdían entre las numerosas plantas.
Música de jazz, tocada al piano, salía de unos altavoces invisibles. Completaban la escena unas enormes velas perfumadas.
Miles se sentía como si acabara de entrar en un mundo nuevo. Cris cerró la puerta tras meter todas las maletas en el apartamento y dijo. 
 -Miles, es Daniel Mills. Daniel, ¿qué estás haciendo aquí? Pensé que el ensayo duraba hasta las cinco. .
 -Acabé antes para estar aquí y recibiros. No me gustaría ofenderte pero ¿llevas eso en la calle? -preguntó Daniel, señalando la mochila de Miley-. Querida, eso es para cuando se va uno de marchas forzadas a través de campos de arroz. Cris, ¿dónde vamos a alojarla? Nunca lo hemos hablado.
 -Oh -dijo Miles-. No sabía que tenías un compañero de piso. Daniel, ¿estás seguro de que no os importa que me quede? No quiero imponeros mi presencia.
-Cielito, claro que no -dijo Daniel, tocándole a Miles la mejilla de una manera tan delicada que le hizo preguntarse si Daniel sería homosexual y si Cris lo sabría-. Bueno, ¿dónde la colocamos? Solo hay una cama y, aunque es bien grande, yo diría que no es lo suficiente como para acogernos a los tres, ¿no te parece?
Efectivamente, parecía que Cris lo sabía perfectamente.
Miley miró a su primo con incredulidad y vio que él se sonrojaba.
 -Ya he metido la pata -dijo Daniel.
 -Daniel -dijo Cris-, ¿crees que podrías prepararle algo de comer a Miley? Y tú Miles, ven conmigo.
Miles siguió a su primo, que seguía llevándole las maletas, a través de apartamento, decorado muy cálidamente.
Tras sujetar una cortina, Cris le hizo pasar a una habitación de techos muy altos decorados con tragaluces y decorada con columnas. El cuarto estaba lleno de jarrones, manteles de todos los colores, candelabros...
-Madre mía -murmuró Miles.
-Mis fiestas llevan más attrezzo que la mayoría de las producciones de Broadway. Cris la condujo a través de las columnas, rodeadas por estatuas de dioses griegos medio desnudos, armaduras, animales de granja de pasta de papel...lncluso había un platillo volante.
Al final de la habitación, había una hilera de ventanas, cubiertas de persianas de papel de arroz, revelando una perfecta postal de la línea del horizonte de Manhattan a media tarde.
 Cerca de las ventanas, había una enorme alfombra encima de la cual, una cama de hierro forjado se había convertido en sofá por medio de unos cojines. La cama estaba flanqueada por dos lámparas de pie y, en lugar de mesa, había un pequeño cofre. A un lado de aquel improvisado salón había un montón de perchas con lo que parecían ser vestidos.
 -Esos son los trajes de Daniel -dijo Cris, poniendo las maletas en el suelo-. Se encarga del vestuario y el maquillaje de una obra de teatro alternativo. Todo el reparto son hombres pero los personajes son femeninos. Están todos los tipos desde Blancanieves a Courtney Love.
-¿Es un espectáculo drag?
- No. Es un musical. Y, además, ha tenido unas críticas admirables de nada más y nada menos que del New York Times.
-¡Vaya! -exclamó Miles, dándose cuenta de que ya no estaba en Ohio.
- Pensé que podrías estar cómoda aquí.
 -Sí -dijo Miles, mirando el Museo de Curiosidades que se extendía a su alrededor-. Claro. La vista es impresionante.
 -Y, además, a partir del próximo sábado, tendrás toda la casa para ti sola. Dan y yo nos vamos al Caribe durante dos semanas.
 -¿De verdad? -preguntó Miles, algo aterrorizada de estar sola en aquel apartamento tan surrealista en medio de aquella enorme ciudad.
-Se me había ocurrido que podríamos quitar los trastos de esa zona para que puedas ponerte con tus joyas. Ya te he encargado una mesa de trabajo con un torno y una luz de acetileno y todo lo qué has pedido. llegará mañana.
 -Muchas gracias. No sabes cuánto te lo agradezco.
-Lo que sea por mi prima favorita.
-Entonces, ¿cuánto tiempo hace que sabes que eres homosexual? -preguntó

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