sábado, 5 de mayo de 2012

Capitulo 13.- FIN


-¡Un momento! -gritó Nick.
¿Es que no podía tener ni un momento de paz en su apartamento? Primero lo había llamado su padre al móvil después de dejarlo en su casa, después había llamado Liam para contarle tonterías y preguntarle si estaba en su casa y ahora había alguien en la puerta.
Bajó las escaleras de su loft. Por lo menos había vuelto la electricidad y no tenía que preocuparse por lo que le ocurriría a Miley en la oscuridad.
A pesar del regreso del aire acondicionado, seguía haciendo mucho calor. Se había duchado sin afeitarse y se había puesto zapatos de correr y una camiseta. Estaba limpio, pero la barba le daba aspecto descuidado, lo cual encajaba mejor con su humor.
Abrió la puerta, y se arrepintió enseguida. Era Miley. La miró. Llevaba un vestido de verano que realzaba sus curvas y el pelo recogido encima de la cabeza. Unas gafas de sol ocultaban sus ojos. En la espalda llevaba una mochila negra pequeña.
-¿Qué haces aquí? -preguntó él con brusquedad.
-Puede que no hayas tenido buenos padres, pero seguro que te educaron mejor que eso. ¿No vas a invitarme a entrar?
-Entra -él se pasó las manos por el pelo, pero se hizo a un lado. No tenía un buen día y no se sentía especialmente bien educado-. ¿Qué haces aquí? -repitió.
Dejó la puerta entornada a modo de indirecta.
Miley cerró la puerta y se subió las gafas de sol a la cabeza. Le brillaban los ojos. Estaba radiante.
-Vengo a cobrarme una promesa.
Se acercó más, y el olor combinado de su perfume y de su cuerpo hizo que a él le resultara muy difícil pensar.
-Yo no te prometí nada.
-No fue una promesa exactamente, sino más bien una intención -ella se quitó la mochila y la sujetó con una mano. Lo miró de arriba abajo con malicia.
Nick no sabía qué pensar. Esa mañana la había dejado y ahora ella lo miraba como si fuera un polo en un día de calor. Y él sabía muy bien lo que hacía ella con los polos.
-¿Has bebido? -preguntó.
La sonrisa de ella le subió la temperatura del cuerpo.
-Sólo café.
-¿Y cuál es esa intención?
-Tú dijiste que, si conseguías a tu amor, sabrías qué hacer con ella -se acercó un paso más a él-. Pues bien, estoy aquí y espero que me poseas como un loco durante una semana.
Aquello lo excitó en el acto. Nick sabía que tenía que sacarla de allí enseguida. Cuando se ponía a hablar así...
Tenía que mantener la cabeza fría.
-¿Y por qué crees que tú eres ella? -era imposible que lo supiera; él no se lo había dicho a nadie.
-Dime que no lo soy -ella sacó una foto de su mochila y se la pasó. Era una foto de él, sorprendido en un momento de debilidad... mirándola.
-Convénceme de que esto es mentira -insistió ella.
Nick sabía bien el poder de una fotografía. ¡Qué ironía! Tantos años escondiéndose detrás de una cámara para que ahora lo desnudara una foto.
No podría convencerla de que no la quería. Pero sabía que ella no lo amaba de verdad. No era posible. Le puso las manos en los hombros y lo apartó de ella-. Miley, tú estás despechada. Es demasiado pronto. No me conoces bien.
-Está bien, creo que ya has sacado todos tus argumentos. Pues ahora me toca hablar a mí. En primer lugar, Liam me hirió en mi orgullo -le dio con el dedo en el pecho-, tú me has partido el corazón. En segundo lugar, ¿para qué es pronto? El amor no tiene tiempo. Y tercero, no me digas que no te conozco.
Le tomó la mano y se la llevó a los labios.
-Te conocí cuando saliste al alféizar a por mi gato. Te conocí cuando me dabas la mano en la oscuridad y cuando cubrías a Liam. Te conocí cuando fuiste corriendo a ver a tus padres porque te necesitaban, cuando me secaste y me llevaste a la cama en brazos porque estaba muy cansada para moverme. Seguro que hay muchas facetas de ti que todavía no he visto, pero no me digas que no te conozco.
Nick quería creerla, pero sabía cosas que ella desconocía. Sabía que, cuando ella lo conociera, conociera el núcleo vacío dentro de él, no podría quererlo.
Apartó la mano y se alejó unos pasos.
-¿No lo comprendes? -tenía que hacérselo entender. -Yo soy Hades, señor de la oscuridad. Tú eres Perséfone, luz y belleza. No debes estar conmigo.
Miley abrió mucho la boca unos segundos.
-Por favor, dime que no crees esas bobadas que acaban de salir de tu boca. ¿Por qué diablos iba a querer yo ser una blanda como Perséfone? Si te gustan las analogías mitológicas, por lo menos compárame a Atenea o Artemisa, no a una inútil a la que tuvo que salvar su madre -lanzó la mochila sobre el sofá-. Pensaba llamar a un psicólogo el lunes para mí, pero creo que eres tú el que debe pedir cita.
-Yo no necesito un psicólogo -repuso él-. Y si tan maravilloso soy, ¿por qué intentas cambiarme?
-Yo no intento cambiarte -ella levantó las manos en el aire-. Sólo intento que comprendas un par de cosas. Y si no dejas de decir locuras, sí necesitas un psicólogo.
-¿Y crees que puedes anularlas sólo con decir que son locuras?
-Escucha, amigo. Tú fuiste el que me dijo que, si iba a dejar que la opinión de mis padres dirigiera mi vida, hiciera las maletas y volviera a casa. Sigue tu propio consejo y no dejes que tus padres arruinen tu capacidad para tener una relación.
Nick suspiró.

-¿Por qué necesitas tú un psicólogo?

-Porque me estás volviendo loca.
Él se cruzó de brazos.
-¿Cómo te vuelvo loca?
-Bueno, tú personalmente no, pero sí esos sueños. No entendía cómo podía querer a Liam y soñar contigo todas las noches. Pero ahora ya no necesito un psicólogo para eso. No quiero a Liam, bueno, sí lo quiero, pero como a un cruce entre hermano y amigo, no como te quiero a ti.
Nick tenía que reconocer que ella hablaba con lógica.
-¡Oh!
-¿Eso es todo? ¿No vas a decir nada más?
-¿Qué quieres que diga?
Miley cerró los ojos, como si estuviera perdiendo la paciencia.
-Nick, creo que tenemos un futuro largo y feliz por delante. Sé que me quieres, pero me gustaría oírlo sin tener que sacártelo con sacacorchos -se acercó y le puso una mano en la mejilla-.Yo te quiero. ¿Tan difícil es decir eso?
La foto ya lo decía a gritos, pero Nick optó por decirlo también con los labios.
-Te quiero.
-Gracias -ella parecía tan feliz que a él casi se le partió el corazón.
¿Y si no cumplía con sus expectativas? ¿Y si no era el hombre que ella creía?
-Pero eso no cambia nada.
-Y un cuerno. No te vas a librar de mí porque te quiero y sé que me quieres. Adelante, retírate detrás de ese muro que te has construido, pero te juro que lo hundiré aunque tenga que hacerlo ladrillo a ladrillo. Te aseguro que estoy entrenada para luchar por lo que quiero y que esto es la guerra.
-Te cansarás. Antes o después descubrirás que no soy esa versión romántica que te has forjado en tu mente.
-Te equivocas. Y por favor, no me digas que soy irracional. No me hago ilusiones. Eres arrogante, testarudo, sarcástico y mandón.
-¿Tú me has llamado mandón?
-Por eso hacemos tan buena pareja. No me asustas porque yo soy igual -se sentó en el sofá y tiró de él hasta sentar a Nick al lado-. Tú me dijiste que habías pasado miedo en alféizar de la ventana. Tener miedo está bien. Para eso está el valor. Para afrontar lo que no te da miedo no se necesita valor. Tener miedo está bien, pero huir de él no.
-Tú sólo tienes miedo a la oscuridad –dijo él.
-Eso no es verdad. Me asusta muchísimo no ser capaz de convencerte. Tengo tanto miedo de perderte que estoy temblando por dentro.
-¿Y crees que eso sería tan malo?
-Mucho peor que estar sola en la oscuridad. ¿Dónde voy a encontrar a otro hombre que adore este trasero? -sonrió, pero enseguida se puso seria-.Te estoy desnudando mi alma, Nick. Sal al alféizar conmigo.
Poco a poco lo convencía, lo hacía creer. Había algo de mágico en ella porque Nick empezaba a pensar que quizá podía amarlo después de todo. Ella se había aventurado en la oscuridad con él y sólo le había pedido que le apretara la mano. Y ahora le pedía lo mismo. Nick sintió que el vacío oscuro que siempre llevaba dentro empezaba a cerrarse.
Tomó la mano de ella y se la llevó a los labios.
-Me quieres de verdad, ¿no? -preguntó, maravillado.
Miley le sonrió como si acabara de darle la luna.
-Ya te lo he dicho.
Nick la sentó en su regazo y ella se abrazó a su cuello.
-Te quiero -dijo él-. La besó con ternura-. Te quiero -repitió.
Le sentaba bien decirlo y sonaba tan terrorífico como había pensado. La besó de nuevo, esa vez con pasión.
Cuando se apartaron para respirar, él frotó su erección en el delicioso trasero de ella. Sólo un beso y ya estaba excitado. Y antes de entregarse al placer, quería saber una respuesta.
-Tengo una pregunta -dijo-. ¿De dónde has sacado esa foto?
-Me la ha dado Liam -ella le mordisqueó el cuello-. Deberías mirar mi ropa interior, creo que te gustará.
Nick deslizó una mano debajo de su vestido.
-¿Liam hizo esa foto? -esperaba encontrarse un tanga o encaje, pero sus dedos tocaron piel caliente y húmeda rodeada de encaje-. ¡Oh, qué interesante! -recorrió con un dedo los labios húmedos de ella, que el encaje dejaba al descubierto.
-Con agujero. He venido armada para la batalla -sonrió ella. Le lamió el labio inferior con la punta de la lengua-. La foto es de Richard.
Nick le subió el vestido y descubrió unas bragas negras con un agujero en el centro.
-O sea que Liam se ha chivado.
Miley se echó a reír y separó las piernas.
-Sí. Ha sido él.
Nick deslizó un dedo en su canal sedoso y ella lanzó un gemido que lo excitó todavía más.
-Me encanta que hagas esos ruidos. Me pones el pene muy duro.
-Y a mí me encanta que hables así y me toques así. Haces que me moje. Pero eso ya lo sabes.
Sí. Eso lo sabía.
-Recuérdame que le dé las gracias a Liam más tarde. Mucho más tarde. La semana que viene, por ejemplo. En este momento tengo que cumplir una promesa.

                                  FIN

Capitulo 12.-


Nick observaba dormir a Miley. El sol le acariciaba las nalgas y las piernas, tenía un brazo encima de la cara y el pelo castaño sobre la almohada.
Él salió de la cama y entró en el baño a buscar los calzoncillos y los vaqueros. Andar desnudo había estado muy bien durante la noche, pero ya no. La magia de la noche se había desvanecido con la salida del sol.
Tomó su cámara y la ajustó para la luz brillante que había en la habitación. A ninguno de los dos se le había ocurrido bajar la persiana cuando se habían metido en la cama cuatro horas atrás. Ella yacía en parte a la luz y en parte en sombra. Hizo varias fotos, encantado con el juego del sol sobre su piel. Retirándose otra vez detrás de la seguridad de la cámara.
Miley abrió los ojos y le sonrió adormilada. Miró la cámara.
-Por favor, dime que no me estás haciendo fotos sin maquillar y con el pelo así.
-Estás muy guapa -le aseguro él. Y era cierto.
-Sí, claro -ella levantó una mano-. No más fotos, por favor.
-De acuerdo.
Chris se acercó a la ventana y miró al exterior, para ofrecerle un momento de intimidad sin llegar a salir del cuarto.
Crujió el colchón, lo que anunciaba que ella se había levantado. La oyó salir de la estancia y el chirrido de protesta de la puerta del baño.
La gente poblaba de nuevo las calles de la ciudad, pero se veían pocos coches. Hizo varias fotos sin mucho interés. Su corazón no estaba en eso.
Oyó abrirse la puerta del baño y ella volvió a la habitación.
-Gracias por venir conmigo anoche al hospital -dijo él sin volverse.
Miley abrió un cajón de la cómoda.
-Me alegro de haber conocido a tus padres. Y de que tu madre esté bien.
-Sí -Nick se encogió por dentro. Los dos hablaban como personajes de un guión malo.
-Me cayeron mejor de lo que esperaba -siguió ella.
-Estaban... distintos.
Pero eran tan egoístas como siempre. No lo habían buscado porque se sintieran orgullosos de él o se hubieran dado cuenta de que no lo conocían. No, se sentían mortales y vulnerables y él era su refuerzo. Seguía ocupando un segundo plano con ellos. Y en cuanto su madre se sintiera bien, volverían a su mundo privado de dos.
-Tú también les gustaste -comentó.
-¡Ja! Les hubiera gustado cualquiera que te hubiera salvado de ser gay.
Nick se echó a reír.
-Eso tuvo gracia, ¿eh? Si nunca les había presentado a una mujer, tenía que ser gay. Pero no era eso. Tú sabes conquistar a la gente.
-¡Ja! No olvides a la señora Hinky. Y te aseguro que no conquisté a Richard.
-Richard y tú no habéis tenido un buen comienzo -comentó Nick-. ¿Arreglaste las cosas con Liam?
-Más o menos. He cerrado ese capítulo, así que puedo olvidarme del Prozac -sonrió ella-. ¿Y vosotros?
Nick se encogió de hombros.
-Creo que sí.
Miley se acercó a él, le puso las manos en el pecho desnudo y Nick sintió que le ardía la piel.
-Quiero que sepas que esta noche pasada ha sido la mejor de mi vida -dijo ella.
Él retrocedió para alejarse de sus manos.
-Es una reacción muy poco corriente a la ruptura de un compromiso.
Miley dejó caer los brazos a los costados.
-No me refería a eso y lo sabes. Lo bueno de anoche fuiste tú.
-Me siento halagado -y era cierto, pero uno de los dos tenía que mostrarse sensato. Salió a buscar la funda de la cámara, que seguía al lado de la puerta de entrada.
Miley lo siguió sin vacilar.
-No pretendo halagarte, sólo digo la verdad. ¿Recuerdas cuando tu padre le dijo a tu madre que nosotros también lo «teníamos»?
Nick tomó la funda de la cámara sin mirarla.
-Sí. Y siento que ocurriera eso. No quería contrariarla porque había tenido un infarto.
-Yo no siento que ocurriera. Cuando lo dijo, me di cuenta de que había acertado a medias.
Él levantó la cabeza. ¿Había adivinado que estaba enamorado de ella?
-¿Qué quieres decir?
-Me di cuenta de que para mí sí era así -reo puso ella con voz suave.
Nick sintió un anhelo interno, pero se apresuró a reprimirlo. La noche anterior ella estaba dolida y vulnerable. Seguramente habría sentido lo mismo sobre cualquier otro hombre que la hubiera acompañado y tratado con cierta decencia.

-No, Miley. Lo de anoche eran circunstancias especiales. Tú estabas emocionalmente agotada. No confundas las circunstancias de la noche conmigo.
-¿Insinúas que no sé lo que siento? -esa vez su tono suave anunciaba tormenta. Pero él tenía que decir aquello.
Ya se había aprovechado de ella hasta cierto punto y sería un imbécil completo si la dejaba seguir con aquello. Y si le contaba lo que sentía por ella, al día siguiente, o quizá al mes siguiente, ella se daría cuenta de los fallos que tenía, vería la oscuridad que habitaba en él y lo odiaría. Era mucho mejor así.
-La noche pasada fue una montaña rusa de sentimientos para ti. Espera un par de días y será sólo la noche en que se fue la luz en la gran ciudad.
-No seas condescendiente conmigo.
-Sólo soy racional. Uno de los dos tiene que serlo.
En cuanto dijo aquello, supo que había cometido un error.
-Dime que no te he oído decir eso -pidió ella.
Nick sólo quería que ella viera lo que para él era dolorosamente evidente. La noche anterior había sido un espacio fuera del tiempo. Si se mostraba racional, vería que ese día volvía la norma. Pero, por otra parte, a lo mejor ella no podía verlo en ese momento. Quizá se encontraba en los días hormonales del mes.
-¿Estás con eso? -preguntó.
-¿Con qué?
-Ya sabes... el síndrome premenstrual.
El gato aulló en la otra habitación.
-Por suerte para ti, no. Si lo estuviera, seguramente tú estarías muerto -ella entró en la cocina y él la oyó echar comida de gato en el tazón.
Nick buscó su camisa, se sentó en el sofá y se puso los calcetines y las botas. Ella volvió de la cocina y encendió un par de velas en silencio.
-Oye, no me extraña que no pienses con claridad. Entre la salida de Liam del armario, el apagón y el viaje al hospital, la noche fue de lo más extraña. Además, hace un calor infernal y no has dormido mucho -dijo Nick.
-Puede que eso sea cierto, pero tengo el suficiente sentido común para saber lo que siento.
-Cuando vuelva la luz, lo verás de otra manera. Una habitación fresca, una ducha caliente, una comida decente y una noche durmiendo a pierna suelta y todo será distinto.
Miley puso los brazos en jarras.
-Toda la electricidad del mundo no va a cambiar el hecho de que te quiero, arrogante... -cerró la boca con fuerza.
-No -él cerró los ojos un segundo-. Los dos sabemos que no puedes quererme. No se puede pasar de estar prometida con un hombre a querer a otro en menos de veinticuatro horas -y desde luego, no a él, en cuanto lo viera a la luz del día en lugar de ver la versión romántica que se había creado la noche anterior.
La joven levantó la barbilla con desafío.
-Cosas más raras se han visto. Algunas personas se enamoran a primera vista.
-Lo sé -a él le había ocurrido. Pero a ella no. Él no había hecho más que frenar el impacto de la traición de Liam.
Parte de la ira de ella se desvaneció.
-¡Oh, Dios mío! Estaba tan absorta en... Perdona. Olvidaba que tú quieres a otra.
Nick movió la cabeza.
-Hay alguien, pero... Algunos hemos nacido para estar solos.
-No, eso no lo creo. Tú eres maravilloso y tierno y... me niego a creer que tengas que estar solo. Si de verdad la quieres, ve a por ella. No esperes hasta que sea demasiado tarde.
Un ejemplo perfecto de que ella seguía emocionalmente inestable.
-Decídete, Miley. Si me quieres como tú dices, ¿por qué me dices que me vaya con otra?
Ella le puso la mano en la mejilla y lo miró con tristeza.
-Porque no puedo obligarte a que me quieras. Y el orgullo no vale tanto. No me avergüenza haberme enamorado de ti. Tengo justo lo que quería. Este amor es de los de tacón de aguja -bajó la mano y le sonrió-. Esto es duro, Nick. La tenacidad siempre me ha hecho conseguir muchas cosas. Pero no puedo obligarte a que me quieras. Y sé que estamos aquí para eso. Parte de nuestro propósito en la vida es querer y que nos quieran. Así que, si amas a esa mujer, tienes que decírselo. No soy una psicópata que quiera que seas desgraciado sólo porque no me quieres a mí. Quiero que seas feliz.
Ella sólo creía amarlo. Nick sabía que eso no era posible.
-Miley, eres muy especial...
La joven movió la cabeza y levantó una mano para detenerlo.
-No creo que pueda oírte cantar mis alabanzas. Y antes de que sigas, déjame decirte que no puedo sentir lo que siento por ti y ser tu amiga.
Nick negó con la cabeza.
-No, no creo que podamos ser amigos. Ha sido una noche estupenda y tú eres una persona maravillosa, pero no es probable que nuestros caminos se vuelvan a cruzar. Algún día harás muy feliz a alguien...
Ella apartó el rostro y se abrazó como si tuviera frío a pesar del calor sofocante.
-Creo que es hora de que te vayas.
Nick se colgó la cámara al hombro.
-Te enviaré las fotos por correo cuando las revele. Dame un par de días.
Ella lo acompañó a la puerta.
-Envíame la factura.
-No. Eso ya lo hablamos. Nada de factura, ¿de acuerdo?
-Pues entonces te debo una fiesta. Pero sería más cómodo que me cobraras.
-Espero que encuentres al hombre de tus sueños, Miley.
Ella lo miró a los ojos.
-Ya lo he encontrado.
Nick salió por la puerta y cerró la puerta tras de sí. Ella estaba equivocada. Y un día le daría las gracias.

El móvil de Miley empezó a sonar. Por un momento pensó que podía ser Nick que se había dado cuenta de que la noche anterior había sido especial. Pero no. Era el número de Liam.
-Hola.
-¿Nick sigue ahí?
-No. Llámalo a su móvil.
-No quiero hablar con él, sólo quiero saber si sigue allí. Tengo que pasarme -dijo él.
Miley no tenía tiempo para sus dramas.
-Me parece que no. No es un buen momento. No estoy de humor.
-Tengo algo que quiero enseñarte -insistió él.
Miley se sentía demasiado apática y desgraciada para discutir mucho.
-Como quieras. Pásate.
-¿Puedo llevar a Richard?
Por lo menos le pedía permiso.
-¿No vas a ninguna parte sin él? Liam se echó a reír.
-No seas mala.
-Está bien. Haz lo que quieras.
Mientras esperaba, se dedicó a arreglar el apartamento y arreglarse ella. Que la hubieran rechazado no implicaba que tuviera que abandonarse. Liam y Richard llegaron con cafés con hielo, panecillos, queso de untar y jamón cocido. La cafeína estaba bien. Y la comida mejor aún.
Miley tomó la comida y la dejó en el arcón entre el sofá y el sillón.
-Ha sido idea de Richard -le dijo Liam.
La joven no estaba todavía segura de que le cayera bien, pero optó por mostrarse educada.
-Gracias.
-Hay un bollo de canela y pasas -comentó Richard.
-Mi favorito. Gracias de nuevo -ella sacó el bollo y lo untó de queso.
-¿No quieres saber qué es lo que queremos enseñarte? -preguntó Liam, que se sirvió un panecillo.
-Espero que sea interesante, porque no estoy de humor.
-A ver si lo adivino -Liam puso jamón cocido en su panecillo-. Le has dicho a Nick lo que sientes y él te lo ha racionalizado todo y se ha ido.
-¿Cómo lo sabes? ¿Has hablado con él? - preguntó ella.
Hubiera preferido aquella conversación sin Richard, pero tampoco le importaba tanto. Y él estaba callado.
-No me hace falta hablar con él. Somos amigos desde hace mucho -la apuntó con un cuchillo de plástico-.Ya te dije que tendrías que luchar por él.
La joven se sentía vacía por dentro.
-No puedo obligarlo a que me quiera.
-Si te quisiera, ¿lucharías por él?
Miley hizo una mueca. Sabía que Liam era egoísta, pero no cruel.
-Si pensara que me quería, tú sabes que lucharía.
Liam sonrió como el gato que acaba de comerse al canario.
-Esta mañana he descubierto que Nick tiene un gran secreto conmigo.
-¿Sí?
-Sabía que estaba enamorado de alguien, pero no sabía de quién. Y esta mañana he sabido quién es la misteriosa mujer.
A ella le dio un vuelco el corazón. Una cosa era saber que Nick amaba a otra mujer y otra...
-Creía que no habías hablado con él.
-Y no lo he hecho. Pero una imagen vale más que mil palabras. ¿Recuerdas nuestra fiesta de compromiso en la galería?
-Claro que sí. La planeé yo. ¿Por qué no vas al grano de una vez? ¿Quién es ella?
-Cada cosa a su tiempo. Ten un poco de paciencia. Esa noche, Richard hizo fotos de nuestra fiesta de compromiso. Esta mañana las hemos mirado juntos.
Richard sacó una foto de un sobre en el que Miley no se había fijado antes y se la dio a Liam, quien se la pasó a ella.
-¿Qué te parece?
Nick, que claramente no sabía que lo estaban fotografiando, miraba a alguien fuera de la foto. El anhelo de su rostro, la ternura y el dolor de sus ojos fueron como un cuchillo en el corazón de la joven. La expresión de su cara, de sus ojos, era tan íntima, tan personal, que se sentía mal mirándolo. Richard había captado la belleza y la tristeza del amor. Miley apartó la vista.
-Yo diría que es el rostro de un hombre apasionadamente enamorado -dijo con un nudo en la garganta.
Sentía náuseas. Si aquélla era su fiesta de compromiso, era probable que conociera a la mujer a la que tanto amaba él. O no. Muchos invitados habían sido conocidos de Liam.
-Estoy de acuerdo -repuso éste-. La foto está hecha con zoom. Richard sacó esta otra con una lente normal -le pasó otra foto-. Mira al amor de su vida.
Miley se obligó a mirar. La foto cayó sobre el arcón y ella miró atónita una foto de ella misma sentada sola a una mesa. Todos los demás se habían levantado a bailar y ella necesitaba quedarse unos momentos a solas. Nick se sentaba una mesa más allá.
El anhelo, la pasión, iban dirigidos a ella.
-Pero soy yo -susurró.
-Sí. Y como ya te he dicho, una imagen vale más que mil palabras. Él te quiere -dijo Liam con una mueca de triunfo.
Miley estaba atontada.
-Pero eso no tiene sentido. Esta mañana le he dicho lo que sentía y él se ha ido.
-Normal -asintió Liam.
-¿Pero por qué? Le he dicho qué lo quería y él me ha hecho creer que quería a otra y me ha deseado que sea feliz.
-Desde que lo conozco le ha faltado cariño. Denise y Paul no son malas personas y no son crueles. Y yo creo que por fin se han dado cuenta de lo que han hecho y quieren rectificar. Ellos se tenían el uno al otro y Nick estaba solo. Gracias a Dios que existían sus abuelos. Si no hubiera sido por ellos... Pero Nick está convencido de que nadie puede quererlo.
Miley había sacado conclusiones similares por lo poco que le había contado él de su infancia.
-¿Te ha dicho él que no es digno de amor?
-No hace falta. Mantiene a todo el mundo a distancia. He pensado mucho en él desde que salimos del hospital. No creo que haya sido siempre así, aunque cuando yo lo conocí ya lo era. Creo que de niño sus padres no dejaban de apartarlo de sus vidas hasta que al fin decidió que sufría menos si era él el que cerraba la puerta. Sus padres. Jillian, una chica inglesa. Tú. Hasta yo a veces.
Todo aquello empezaba a cobrar sentido.
-Jillian se casó con su primo.
Liam enarcó las cejas.
-¿Te ha hablado de ella?
-Anoche.
-Me sorprende.
-¿Cómo acabó casándose con su primo?
-A mí me contó que, en cuanto llegó a conocerlo, se apartó de él -comentó Liam-. Supongo que eso explica muchas cosas.
Miley se echó a reír.
-Esto cada vez me gusta más.
-Disculpa. Tengo que ir al baño. Liam se levantó y salió de la estancia.
Nick la quería. A ella. No a un parangón de delgadez sin nombre y sin rostro. ¡La quería a ella!
Su apartamento parecía ya diez grados más frío, lo cual era imposible. Tal vez se debía a que sentía el corazón mucho más ligero.
Richard carraspeó y ella se sobresaltó. Se había olvidado de él.
-Te debo una disculpa -suspiró él-.Teníamos que haber enfocado esto de otra manera. Si te he hecho daño, lo siento. No espero que seas mi amiga pero, por el bien de Liam, no quiero ser tu enemigo.
Miley fue por la habitación apagando velas. Cuando terminó, se volvió a mirarlo. En los ojos azules de él no había hostilidad, sólo cautela.
-Yo no creo que el fin justifique los medios, pero es mejor que Liam haya descubierto esto ahora que después de casarnos -hizo una pausa-. No sé si podré ser tu amiga, pero no soy tu enemiga -lo miró a los ojos-. A menos que hagas sufrir a Liam, porque entonces lo seré.
Richard parpadeó, claramente sorprendido. Sonrió.
-Me parece bien.
Liam volvió del baño y los miró.
-Tengo la impresión de que interrumpo algo.
-Le estoy contando tus defectos, pero no he tenido tiempo de terminar -comentó ella.
Liam fingió sorpresa.
-No sabía que tuviera alguno.
Miley sonrió con aire angelical.
-En una hora me dará tiempo a decírtelos todos.
-Eres un encanto, pero sospecho que tienes cosas mejores que hacer con tu tiempo -Liam tomó la foto de Nick y Miley y la observó-. Creo que le da miedo creer que alguien pueda quererlo de verdad. Eso no es sólo un error. Nick sabe bien cómo querer, lo que no sabe es dejarse querer.
Ella se cruzó de brazos y sonrió.
-Pues está a punto de aprender.
Liam le pasó la foto.
-Seguro que lo que siente por ti le da un miedo de muerte. Y si tú le has dicho que lo querías... seguro que está aterrorizado -movió la cabeza-. Si no supiera que eres lo mejor que podría pasarle, casi sentiría lástima de él. Casi.