martes, 1 de mayo de 2012

Capitulo 4.-


Nick se había criado en Nueva York y nunca había visto a un ciervo atrapado por la luz de unos faros, pero él se sentía así en aquel momento. ¡Maldición! Si hubiera pensado con la cabeza en lugar de ir olfateando en torno a Miley como un adolescente enloquecido por las hormonas, habría visto acercarse aquello y habría podido anticipar la pregunta. Pero como no había sido así, ella lo había pillado desprevenido y en aquel momento se sentía bastante tonto.
-Es un misterio para mí -era un embustero terrible.
-No me digas.
Estaba claro que ella no lo creía. Y él podía jugar un poco con la verdad para protegerla de lo que percibía como egoísmo por parte de Liam, pero no quería mentirle conscientemente. Sin embargo, el modo exacto en que Liam pensaba manejar aquello sí era un misterio para él.
Miley tomó su teléfono móvil.
-Vamos a llamar a Liam. Si está encerrado en la galería sin luz, no puede estar muy ocupado.
Nick se encogió por dentro. A ella podía destrozarla saber lo ocupado que podía estar Liam en aquel momento.
Miley marcó el número y tamborileó con los dedos en la mesa.
-Hola, Liam. ¿Está todo tranquilo por allí? Bien... Nada. Hemos comido pizza fría y fruta. Le he preguntado a Nick de qué querías hablar esta noche y parece que él está tan a oscuras como yo... No, eso no pretendía ser una broma... Pues hablemos ahora. Ya sé que querías estar aquí, pero puedes decírmelo por teléfono. Siento mucha curiosidad. No me hagas esperar. Tienes que satisfacerle... Sí, está aquí. De acuerdo.
Ella respiró con fuerza y pasó el teléfono a Nick.
-Quiere hablar contigo.
Él agarró el aparato de mala gana.
Miley puso los brazos en jarras y lo miró de hito en hito. Genial. Nada de conversación privada. Aunque no le extrañaba nada. Seguro que empezaba a pensar que le tomaban el pelo.
El instinto le decía que no le iba a gustar lo que se avecinaba.
-¿Liam?
-Miley quiere saber de qué quería hablarle esta noche -Liam sonaba claramente asustado.
Nick se apoyó en la encimera y cruzó un pie encima del otro.
-Sí.
-No puedo decírselo por teléfono -Liam hablaba como si él acabara de exigirle que hiciera precisamente eso.
Nick miró el rostro firme de Miley.
-Me parece que no tienes elección.
-Sí la tengo. La mejor elección posible. Díselo tú.
Nick estuvo a punto de soltar el teléfono.
-No.
-Sí. Cuanto más lo pienso, mejor me parece. Tal vez para él, sí. ¿Pero y para los demás?
-Por supuesto que no.
-Oh, vamos. Vosotros os caéis mal. ¿Y de qué otra cosa vais a hablar? ¿Qué vais a hacer atrapados juntos en la oscuridad? Este apagón puede durar varias horas.
-No lo haré.
-Piénsalo. Sería mejor así.
¿Sólo hacía doce horas que pensaba que Liam no podía hacer nada que pusiera en peligro su amistad? Empezaba a cambiar rápidamente de idea.
-Tú no la conoces como yo -decía Liam en ese momento-. No cejará hasta que se lo diga uno de los dos. Puedo intentar despistarla con alguna historia sobre los planes de boda, pero eso lo empeorará todo mucho más cuando se entere de la verdad.
-No veo por qué no puede esperar vuestra conversación.
-Te digo que es sexy y encantadora, pero también es implacable cuando quiere algo. Es una magnolia de acero.
Nick sabía que eso era cierto. Lo había experimentado en carne propia cuando ella le había hincado los dientes al tema de su vida amorosa. Pensó en golpearse la cabeza contra la encimera o quizá contra el armario. Cualquier cosa dura.
¿Acaso podía empeorar aún más aquella noche? Primero se había quedado atrapado con una mujer a la que deseaba más allá de toda lógica. Ahora dicha mujer estaba a punto de atormentarlo para que le contara algo que podía destrozarla él era el afortunado que tenía que cumplir con un deber doble. No sólo estaba en la línea de fuego para que lo dispararan como portador de malas noticias, sino que no había nadie más que pudiera intentar arreglar el desastre subsiguiente. Y para colmo, estaba dispuesto a ir hasta el infierno si pensaba que ella lo necesitaba.
-Lo haré -dijo.
-Nick, eres el mejor amigo que puede tener un hombre.
-Y hablaremos de eso.
Aquello no lo hacía por él, lo hacía por Miley.
Porque ella merecía algo mejor que oír la verdad por teléfono mientras Liam estaba encerrado con su nuevo amante. Porque, aunque le costara la vida, él podía ofrecerle un hombro fuerte en el que llorar y estar a su lado.
-De acuerdo. Te lo agradezco. Te lo agradeceré eternamente. Déjame hablar con ella un momento.
Nick le devolvió el teléfono a Miley.
-¿Sí?... ¿Me lo dirá él?... Bien. Hablaremos luego -ella cerró el móvil, tomó su vaso y bebió el vino que contenía. Lo dejó en el mostrador y miró a Nick expectante.
-Tengo entendido que vas a decirme algo.
Nick sintió un nudo de aprensión en el estómago.
-Vamos a la otra habitación. Creo que es mejor que te sientes.

Nick parecía sombrío. ¿Qué podía causar esa rigidez en su mandíbula? ¿Y era lástima eso que expresaban sus ojos cuando la miraba?
La verdad fue como un puñetazo en el pecho. Respiró hondo. Liam se estaba muriendo. Le habían diagnosticado algo espantoso y esa noche le iban a dar la noticia los dos juntos. Y ella era la peor persona del mundo por tener sueños eróticos con Nick y regodearse en su lujuria mientras el pobre y valiente Liam se enfrentaba solo al espectro de la muerte.
Nick se inclinó hacia delante, con los brazos en las rodillas y los dedos cruzados. La miró.
-Esto debería decírtelo Liam. Yo venía sólo para darle apoyo moral... No sé por dónde empezar.
Miley enderezó los hombros y se sentó más recta en el sofá. Tenía que ser valiente.
-¿Cuánto tiempo hace que lo sabe?
Nick la miró sorprendido.
-¿Cuánto hace que lo sabes tú?
-Desde ahora mismo.
Nick la miró con aire interrogante.
-¿Ahora?
-Lo he supuesto. Y Liam puede contar con que estaré a su lado aunque la boda no se celebre -tal vez estuviera demasiado enfermo o no viviera lo suficiente para llegar al altar.
-Miley, ¿qué es lo que crees que sabes? 
-Liam se está muriendo, ¿verdad? ¿Qué tiene?
¿Cáncer? ¿Un tumor? ¿Cuánto hace que lo tiene?
Sabía que últimamente estaba distinto, pero pensaba...
Nick movió una mano en el aire para hacerla callar.
-Vamos a retroceder un poco. ¿Tú crees que Liam se está muriendo?
-¿No es así? Tú tienes un aire muy tétrico.
-Yo siempre tengo un aire tétrico. -suspiró Nick-. Por lo que yo sé, Liam está muy sano.
Miley se dejó caer contra el sofá, aliviada.
Mientras Liam estuviera sano, todo lo demás podía...
-Ha estado con otra persona.
-¿Qué? -Miley volvió a enderezarse-. ¡Bastardo! -lo mataría. Ella se sentía culpable por sus sueños y él le ponía los cuernos-. ¿Es alguien que conozco?
-Creo que lo has visto.
Miley tardó un momento en asimilar lo que acababa de oír.
-¿Lo? ¿Acabas de decir que Liam sale con un hombre?
Nick asintió con la cabeza.
-Eso es lo que me ha dicho esta mañana.
-¿Un hombre? ¡Un hombre! ¿Me deja por un hombre?
Habría sido bastante malo que la dejara por otra mujer, ¿pero un hombre? Nunca en su vida se había sentido tan furiosa y humillada. Por no hablar de traicionada.
Sintió el picor de las lágrimas en los ojos. ¡Maldición! No se enfurecía a menudo, pero, cuando lo hacía, en lugar de gritar y amenazar lloraba. ¡Vaya porquería!
Nick negó con la cabeza.
-No creo que quiera romper necesariamente. Sólo quería contártelo. Dice que sólo ha pasado una vez y cree que es bisexual -Nick parecía más sombrío que nunca.
¿Liam no quería necesariamente romper? ¡Qué valor! Aquello alimentó aún más su furia. Ella no tenía nada en contra de los homosexuales, pero no se casaría con uno. Tiró del anillo de compromiso, que se atascó en el nudillo. Aquello fue la última gota. Miley, la oveja negra de la familia, había vuelto a meter la pata. Su furia salió en forma de lágrimas calientes que rodaban por sus mejillas. Tiró de nuevo y al fin consiguió sacarse el anillo. Se lo puso a Nick en la mano.
-Ya no lo necesito -la última palabra terminó en un sollozo.
Estaba tan furiosa que temblaba. Y sollozaba.
Nick se acercó a ella. Miley le vio la cara. Parecía angustiado. La abrazó y la apretó contra la pared de su pecho, donde la meció adelante y atrás.
-Por favor, no llores. Todo irá bien.
El austero y sarcástico Nick le ofrecía consuelo. Y saber que aquel hombre, al que no le caía bien, se veía obligado a tener que consolarla, sirvió para enfriar su furia y detener sus lágrimas. Llorar cuando estaba enfadada había sido una maldición suya desde la infancia.
Y resultaba casi tan humillante como ser tal fracaso como mujer que había empujado a Liam a buscar compañía masculina. Si le quedara algo de orgullo, se apartaría en el acto, pero en cierto modo resultaba menos embarazoso seguir donde estaba, apretada contra el pecho de Nick. Además, era un pecho muy agradable.
-Qué gracioso que yo te diera consejos sobre tu vida amorosa cuando la mía era un desastre y yo ni siquiera me daba cuenta -dijo contra su camisa-. ¡Qué patético!
-Miley, no vuelvas a referirte a ti misma con esa palabra -Nick le tomó el rostro en las manos y le echó la cabeza hacia atrás hasta que lo miró. Le secó las lágrimas con los pulgares con gentileza y ella sintió cosquillas en la piel. La rodilla de él se apretaba contra su pierna desnuda-. En ti no hay nada ni remotamente patético. Eres hermosa y sexy.
Y evidentemente, él era tan mentiroso como el que más. Miley sabía que tenía los ojos y la nariz hinchados por el llanto. Algunas mujeres lloraban de un modo bonito, pero ella no era de ésas. Estaba bastante segura de que no tenía muy buen aspecto. Y luego estaba el cambio sexual de su novio.
-Sí, soy tan hermosa y sexy que he empujado a mi prometido a hacerse gay.
-En este momento estoy muy enfadado con Liam. Y aunque es amigo mío, es un beep -él le dio una palmadita en el hombro.
¡Pobre Nick! No era de extrañar que le costara tanto abordar el tema.
-Ya es bastante malo que él te haya colocado en medio -dijo-. No tienes por qué decir todo esto. Y no te preocupes, he terminado de llorar. Cuando me enfado, lloro. Es uno de mis, encantos -se secó las últimas lágrimas.
-Liam es un imbécil.
Ella suspiró. Aquél era el hombre que había visto el día que la había fotografiado, el hombre al que había entrevisto detrás de su muro de reserva. Podía ser muy agradable.
-Es muy caballeroso por tu parte decir eso.
-Yo no tengo nada de caballeroso, sólo digo algo que es evidente. Tú eres hermosa y sexy y Liam es un beep.
Miley abrió la boca, pero Nick la interrumpió.
-Puede que esto te convenza. Bajó la cabeza y la besó en la boca.

Miley sabía exactamente a lo que era... fruta prohibida. Miley, cálida, adictiva. Nick sintió su vacilación y sorpresa y saboreó la sal de sus lágrimas.
Se apartó de su boca y reprimió la tentación de seguir explorando. Se pasó las manos por el pelo.
-Esto no venía a cuento. Te pido disculpas.
Ella negó con la cabeza.
-No -le echó los brazos al cuello y bajó su boca hasta la de ella-. Por favor, no te disculpes.
Lo besó en los labios y la fantasía de él se hizo realidad. Miley lo besaba con pasión.
Sabía que estaba enfadada con Liam, que aquello era una venganza. Sabía que lo más prudente sería alejarse. Pero aunque su cabeza le decía todo eso, su corazón le indicaba otra cosa. Le devolvió el beso, con toda la pasión reprimida de seis meses. Había vivido de fantasías y ahora tenía en sus brazos el objeto de aquellas fantasías.
La lengua de ella le lamió los labios y eliminó el último rastro de resistencia que quedaba en él. Deslizo las manos en el pelo de ella y la estrechó contra sí. Ella se apretó con fuerza, su rabia y frustración casi palpables. Y de pronto aquello desapareció, reemplazado por algo menos volátil... y mucho más peligroso. Ella se suavizó y su boca empezó a dar en lugar de tomar. A ofrecer. Nick tomaba y daba también.
Le acarició la piel desnuda de los hombros y ella gimió en su boca y se estremeció contra él.
La razón lo abandonó por completo. Se hundió en el sofá y ella lo siguió y se tumbó contra él, entre sus muslos, con las caderas apretadas contra la erección que él no podía negar. Los dedos de ella acariciaban su pelo y él seguía explorando la dulzura cálida de su boca. Colocó las manos en la curva sexy de la espalda de ella.
La intensidad del beso lo sorprendía. Ella se apretaba contra su erección con un gesto de súplica y él gemía en su boca. Llenaba sus manos con la redondez de sus nalgas y la estrechaba contra sí. Miley pasó una pierna por encima de la de él y quedó a horcajadas, sobre su muslo, abierta a él.
Nick le pasó los dedos por los muslos sedosos y rozó con los nudillos el borde de las bragas, que estaban mojadas.
-¡Oh, Nick! -gimió ella en su boca-. Tú siempre me haces...
Aquello sirvió para que él pudiera pensar. Se apartó de ella y se incorporó sobre un codo, aunque ella seguía entre sus piernas. ¿Qué rayos hacía? Le había faltado un segundo para deslizar el dedo debajo del elástico de las bragas y tocarla íntimamente. Respiró con fuerza e intentó recuperar parte de su control.
Miley seguía encima de él, con el cuero apretado contra el suyo. Su excitación, mezclada con su perfume, producía un aroma embriagador.
-Lo siento -dijo él. Apartó la otra mano de su trasero y se frotó la frente.
La joven se colocó en el otro extremo del sofá. Nick le incorporó sentado, echando ya de menos la presión de ella entre sus muslos, como si le hubieran amputado una parte importante de él.
Las lágrimas cubrían las pestañas de ella. La pasión volvía pesados sus párpados. Los besos le habían dejado los labios hinchados.
-Lo siento mucho -repitió él-. No era mi intención... No he debido... Se me ha ido de las manos:
-Por favor, no te disculpes, Nick. No se puede decir que me hayas forzado precisamente. Yo me he echado en tus brazos -apartó la vista de él-. Debes de pensar que soy una fulana.
Él se frotó el cuello contrito. Sentía un gran respeto por ella. La había besado para demostrarle que era deseable porque ella no lo había creído cuando se lo había dicho. Y sólo había conseguido bajarle aún más la autoestima.
-Jamás. Tú estabas enfadada. Me he propasado yo y no volverá a ocurrir. No era mi intención aprovecharme de ti.
Miley negó con la cabeza.
-No te has aprovechado. He sido yo la que se ha precipitado -le tocó una mano, pero la retiró enseguida al darse cuenta de lo que había hecho-. No quiero que te sientas incómodo. No volveré a echarme en tus brazos.
Se acurrucó en su lado del sofá con un pie debajo de su cuerpo.
-¿Sabías lo de Liam? -preguntó.
-No. Nunca me había dado la menor indicación de que pudiera ser gay ni de que le interesara otra persona aparte de ti.
Aunque quizá sí había habido señales y él había sido demasiado obtuso para verlas. Liam era un bastardo por engañarla a ella y por arrastrarlo a él a aquella historia, pero Nick creía que quería sinceramente a Miley. En ese momento ella se sentía herida y traicionada, pero seguramente también quería todavía a su prometido. Y el deber de Nick como amigo era procurar que ninguno de los dos hiciera nada precipitado que pudiera poner aún más en peligro su relación y de los que después pudieran arrepentirse. Así era como debía comportarse un hombre de honor.
Ella respiró con fuerza.
-Si tú tampoco tenías ni idea, ya no me siento tan estúpida.
-Cuando me lo dijo esta mañana, pensé que me tomaba el pelo.
-Bueno, sé que él no puede haber organizado un apagón, pero hay que reconocer que le ha venido de perlas. Así te ha podido pasar a ti la pelota y que me lo dijeras tú. Es un beep lame escoria.
Nick reprimió una carcajada. Desde luego, el lenguaje de ella era colorido.
-Sé que estás dolida y yo también lo estaría. Pero por la mañana verás todo esto de otro modo. Liam y tú podéis arreglarlo.
Miley se cruzó de brazos y le lanzó una mirada altiva.
-¿Por qué no lo llamas? -sugirió Nick.
Conocía lo bastante a las mujeres para saber que hablar las cosas podía ayudar mucho. Y sabía que Liam, que siempre evitaba las confrontaciones, no sería el que iniciara una conversación.
-Habla con él. Yo me voy a la otra habitación y os dejo intimidad.
Ella levantó una mano en el aire.
-No pienso hacerlo. No tengo nada que decirle. Bueno, sí, un par de cosas, pero no mientras él está allí con su nuevo amante -movió la cabeza. No, gracias. Y tampoco quiero pensar en lo que seguramente estén haciendo en este momento.
-Pues ya somos dos -contestó Nick sin pensar.
-¿Y qué podría decir aparte de que es un mentiroso y un tramposo y que espero que no me haya pasado alguna enfermedad que haya pillado practicando el sexo por ahí?
-Dice que tomaron precauciones.
-Espero que en eso no mienta.
-No. Se lo pregunté sin ambages.
-Es un alivio. Y aparte de la satisfacción de mandarlo al infierno, no necesito hablar con él. No vamos a volver y no vamos a seguir adelante. Ahora los dos jugamos en campos distintos. Yo ya llevaba un par de semanas con dudas y esto lo resuelve todo.
¿De verdad había tenido ella dudas? A Nick debió de notársele el escepticismo en la cara.
-Sé que estás pensando que sólo digo eso para sentirme menos humillada, pero es la verdad -dijo ella-. Desde que empecé a tener... -se detuvo con brusquedad, como si hubiera dicho algo que no debiera-, bueno, a tener dudas. Y también tenía la impresión de que Liam intentaba convertirme en lo que él quería que yo fuera.
En una de sus citas dobles, Liam había dicho riendo que él tenía más sentido de la moda que Miley. Nick recordaba también haberla oído decir que tenía que llevarla de compras. Él no había entendido aquellos comentarios. A Nick le gustaba cómo vestía Miley.
-Liam tiene ideas muy específicas sobre algunas cosas -comentó.
-Ajá. Mis padres han intentado moldearme mucho tiempo y reconozco las señales cuando las veo. Pero eso ya no importa. Lo mío con Liam es historia.
Lo cual la dejaba a ella libre y a él constreñido todavía por los lazos de la amistad.

Capitulo 3.-


Tal vez se hubiera pasado un poco al presentarle a los vibradores por su nombre, pero lo había hecho, en parte por nerviosismo, y en parte por la desaprobación que notaba en el tono cortante de él. Según Liam, la altanería de Nick se debía a que era norteamericano de primera generación. Su padre, británico, había sido trasladado a Nueva York como conservador de un museo antes de que naciera Nick. A ella no le importaba a que se debiera, pero estaba harta de su actitud altiva. Y, si había de ser sincera, tampoco le gustaba que la afectara tanto. Cuando estaba con él no podía pensar en nada que no fuera sexo. Había estado a punto de hacer el ridículo cuando él le había puesto las manos en los hombros y después, cuando le tocó el pecho, le faltó poco para suplicarle que la poseyera allí mismo, contra la pared del pasillo. Nick hacía aflorar en ella una sensualidad que no había conocido nunca y cuya intensidad a veces la asustaba.
Nick puso las pilas a la radio en silencio. Sus manos no parecían muy firmes. A lo mejor aquella proximidad también lo afectaba a él.
La radio cobró vida...
-... y parece que el apagón se debe al aumento de la demanda debido al uso mayoritario del aire acondicionado con este calor. Por desgracia, ha fallado la electricidad en todo el estado y las autoridades no están seguras de cuándo volverá la luz. Parece que va a ser una noche caliente, así que quédense donde están y no se muevan. Debido al apagón, vamos a abrir las líneas para peticiones y dedicatorias que tengan que ver con el verano y el calor. Y supongo que dentro de nueve meses habrá muchos recién nacidos. Eh, de alguna forma hay que pasar el tiempo. Vamos a empezar con un clásico. Ama a aquel con quien estás.
Miley extendió la mano y apagó la radio.
¿Atrapada toda la noche con Nick en su apartamento? Intentó reprimir el pánico. Señales de peligro explotaron en su cerebro. Nick, ella, la luz de las velas... y ya tenía la sensación de que la temperatura en su apartamento había subido varios grados.
-Bien, podemos olvidarnos de la comida tailandesa -dijo-. ¿Tienes hambre?
Por supuesto, tenía que ser ella, la gorda, la que sacara el tema de la comida. Pero estaba hambrienta y al menos dejaba de pensar en sexo. Y en Nick. Y en sexo con Nick. Bueno, no dejaba de pensar, pero era cierto que tenía hambre.
Él sonrió y a ella la desarmó el brillo de sus dientes blancos en la penumbra.
-Estoy muerto de hambre. Podría comerme las uñas.
-No tengo mucha comida en casa. Hay una charcutería a menos de dos manzanas. ¿Crees que seguirá abierta?
-Debería. En el apagón de 2OO3, las tiendas de comida vendían barato porque no sabían cuánto tiempo duraría el apagón. Mejor vender la comida que dejar que se estropeara. Yo llevo algo de dinero encima. Vamos a intentarlo -sonrió de nuevo-. Y no me importaría comprar también unos carretes de fotos.
Por supuesto que no. Era fotógrafo y era normal que le apeteciera hacer fotos. Y también era increíble cómo cambiaba su actitud cuando hablaba de fotografía.
-Bien. Comida y carretes. Por mí de acuerdo -dijo ella.
Apenas acababa de hablar cuando vieron un relámpago, que fue seguido de un trueno. Empezó a llover a cántaros. Al parecer, esa noche no ocurría nada en pequeñas dosis.
-O no. Me da lo mismo. Pero se acabó. No pienso planear nada más esta noche porque todo lo que planeo sale mal -Miley soltó una risita nerviosa. Tomó una vela gruesa y se dirigió a la puerta-. No tengo una despensa muy surtida, pero no será necesario que comamos uñas.
No dijo nada al ver que Nick apagaba las demás velas de la habitación antes de tomar la radio y seguirla. Tenía velas suficientes en el armario para que les duraran una semana, pero no tenía sentido discutir por eso.
Estaba más que dispuesta a enterrar el hacha de guerra, ya que parecía que iban a estar juntos algún tiempo.
De camino a la cocina, tomó su vaso de vino.
-Sería una pena desperdiciar un vino bueno.
-Ah, algo en lo que estamos de acuerdo -Nick cambió la radio por su vaso y la botella. Con el tamaño tan pequeño del apartamento, no tendrías problemas en oír la radio desde la cocina. La siguió y, unos segundos después, varias velas iluminaban su cocina minúscula.
-¿Qué es eso? -preguntó Nick.
Miley siguió su mirada hasta el frigorífico. En la semioscuridad, Peaches parecía más un felino salvaje que un gato.
-Es Peaches, mi gato. Le gusta ponerse encima del frigorífico. Es agresivo y sólo oye lo que quiere.
-¡Pobrecito! Tú también serías agresiva si te llamaras Peaches -Nick hizo un ruido de simpatía con la boca y levantó la mano para rascar al animal detrás de las orejas. Peaches le gruñó inmediatamente.
-No es muy amigable.
-Yo tampoco -Nick se apoyó en la encimera y se cruzó de brazos.
-Pues si crees que te voy a adoptar también a ti, olvídalo -sonrió ella-. Seguramente serías tan malhumorado y desagradecido como él.
-Seguramente -sonrió también él-. ¿Por qué lo adoptaste?
-Porque lo iban a sacrificar y porque me enamoré de él a primera vista -repuso ella-. Antes o después será mi amigo.
Nick enarcó las cejas con sorna.
-Me parece que eres una optimista.

-Puede que sí -ella abrió el frigorífico y pensó en sus opciones limitadas de comida-. El microondas y el horno no funcionan. Tengo pizza de ayer y puedo preparar una ensalada de fruta. ¿Qué te parece?
-Mejor que las uñas.
Miley se echó a reír. Sacó la comida y cerró la puerta del frigorífico.
-¿Siempre eres tan gracioso y entusiasta?
-Sí, excepto cuando estoy de mal humor -Nick tomó un sorbo de vino y ella casi pudo verlo retirarse, como si encontrara inaceptable aquella camaradería-. Ha sido muy mala suerte que sea Liam el que se ha retrasado y no yo.
Liam. Claro. Su prometido. Miley hizo girar su anillo con el pulgar. La embargó una oleada de culpabilidad. Desde la llamada de teléfono no había pensado en Liam. Se encogió de hombros.
-Es una urgencia y todos hacemos lo que podemos. Seguro que Liam preferiría no estar encerrado en la galería con el pintor de acrílicos. Y aunque a ti no te encante estar aquí, es mejor que quedarse encerrado en el metro.
Sacó la tabla de cortar, un cuchillo y un bol grande.
-¿Y por qué crees que no me encanta estar aquí? -preguntó él.
La joven empezó a cortar una piña. Estuvo a punto de decir que no era tan tonta como parecía, pero lo pensó mejor.
-¿Debo creer que te encanta estar atrapado en mi apartamento conmigo?
-¿Me creerías si te dijera que no hay ningún sitio donde me apeteciera más estar?
Algo en las profundidades de sus ojos la dejó sin aliento. Se echó a reír para ocultar su confusión.
-No. Creo que seguramente hay una larga lista de lugares donde preferirías estar, pero eres muy amable al decir eso.
-Sí, claro. Yo soy un tipo amable.
-Sé sincero. ¿No preferirías estar con tu chica? O si la sesión de fotos se hubiera prolongado un poco más, ahora podrías estar con Chloe.
Miley sabía que estaba indagando. Habían salido a veces en una cita doble con Nick. Y él había ido cada vez con una mujer diferente. Pero después de la sesión de fotos con ella, se había disculpado cada vez que Liam lo había invitado a salir con ellos.
Añadió manzana cortada en dados al bol y tomó un plátano. Sentía curiosidad por la vida amorosa de él. Aunque sabía que no tenía nada que ver con ella. Pero si iba a seguir haciendo el amor con él en sueños, al menos podía estar un poco al tanto de su vida sentimental.
-No tengo chica y Chloe no es mi tipo -Nick se encogió de hombros.
¿Una modelo hermosa y delgada no era su tipo? Miley lo miró. A lo mejor era...
-Y no. No soy gay -continuó él-. Chloe es una mujer agradable, pero a mí no me gusta.
La joven sintió un alivio que a todas luces estaba fuera de lugar. Cortó una naranja. ¿Qué clase de mujer era su tipo? ¿Qué mujer gustaba a un hombre reservado como él? ¿Y por qué no tenía novia si era tan sexy?
-¿Y qué clase de mujeres te gustan? -preguntó.
-Nunca lo he pensado.
-Claro que lo has pensado. Todo el mundo tiene un tipo que le gusta más.
-Yo no tengo un tipo concreto.
Aquel hombre necesitaba soltarse un poco la melena. Miley mezcló la fruta en el bol.
-Claro que lo tienes. Apuesto a que si te paras a pensarlo, hay un tipo de mujer que te atrae, que te calienta la sangre.
-¿Esto es un juego, Miley? ¿Quieres que diga que me atraen las mujeres como tú? -preguntó él en voz baja y peligrosa.
¿No era eso lo que quería? ¿Saber que, después de todas las veces que se había retorcido y gritado su nombre en mitad de un orgasmo, que se había despertado húmeda y saciada, él no era completamente inmune a ella? Sí y no. El único juego era consigo misma, y era un juego peligroso. Apartó la vista de los ojos oscuros de él y sacó dos tazones del armario.
-No seas ridículo. Has dejado muy claro lo que piensas de mí. Simplemente me sorprende que no sigas con Lenore. Hacíais buena pareja.
Lenore había sido la acompañante de Nick la noche en que Liam le pidió matrimonio. Una rubia alta y soñadora cuyo físico se complementaba muy bien con el aspecto moreno y oscuro de Nick.
Cortó los trozos de pizza y se sentaron en la pequeña mesa de hierra forjado que había en el rincón.
Nick se encogió de hombros.
-Lenore es simpática. Por eso dejé de verla. Estoy en una situación de amor no correspondido y no me parecía justo salir con ella cuando mi corazón y mi cabeza estaban en otra parte. Eh, la pizza está deliciosa. Gracias.
-Me alegro de que te guste.
Miley sentía unos celos insospechados e irracionales al pensar que una mujer había conquistado el corazón altivo de Nick. Aquella mujer misteriosa debía de ser un parangón de virtudes. Hermosa, sofisticada, delgada, ingeniosa, y seguramente muy inteligente. Miley la odiaba ya. La odiaba por haber conquistado el corazón de él y por haberlo rechazado.
-Lo siento -murmuró-. Ésa es una situación difcil. ¿Quieres hablar de ello? ¿De ella? A veces, cuando lo hablas con alguien, las cosas no parecen tan desesperadas. Quizá yo pueda ayudarte a encontrar el modo de conquistarla. Puedo darte una perspectiva de mujer.
Mordió la pizza para no seguir diciendo tonterías. Nick la miraba por encima del borde de su vaso con expresión indescifrable.
-¿Me ofreces ayuda con mi patética vida amorosa?
Tal vez eso fuera la cura que necesitaba ella para superar aquella cosa que sentía por él. Asintió con la cabeza y tragó saliva.
-Sí. ¿Por qué no?
Él dejó su vaso vacío sobre la mesa.
-Es muy generoso por tu parte, pero ella no está libre.
-¿Está casada?
-No, pero tiene una relación seria.
Aquello la irritó. ¿Nick estaba enamorado de verdad o lo atraía la falta de disponibilidad de ella? La gente, sobre todo los hombres, siempre querían lo que no podían tener. Si una chica era tabú, enloquecían por ella.
-Hasta que no diga el «sí quiero», sí está libre. Tienes que decidir hasta qué punto te importa. Si estás dispuesto a pasar de otras relaciones, es porque debe de importarte mucho. Despierta, Nick. ¿Qué vas a hacer? ¿Quedarte quieto en un estadio célibe extraño...?
-Yo no he dicho nada de celibato -dijo él con tono altanero.
Miley levantó los ojos al techo.
-¡Oh, por favor! Si no sales con una mujer porque no quieres ser injusto con ella, es seguro que no te acuestas con nadie.
Era sorprendente cuánto le gustaba aquella idea. Por eso, quizá, se esforzó más aún por animarlo.
-¿Y te vas a mantener en un estado de celibato un par de años o el resto de tu vida porque ella tiene una relación pero no está casada? ¿Cuánto la deseas?
-Con todas las fibras de mi ser.
Su intensidad le produjo un escalofrío en la columna y le clavó un cuchillo en el corazón. ¿Por qué era tan tonta? A ella no le importaba nada a quién deseara o dejara de desear.
-En ese caso, es hora de pescar o tirar el cebo.
-Gracias por tu consejo. Lo tendré en mente. Aquello resultaba muy retorcido. El objeto de su afecto no correspondido, y prometida además de su mejor amigo, estaba sentada enfrente, bañada por la luz de las velas, con un top sexy que le dejaba al descubierto la espalda y los hombros y un pantalón corto, y le aconsejaba que intentara conquistarla. O por lo menos así había interpretado él la frase de la pesca.
Miley terminó su vaso de vino y volvió a llenarlo.
-Pues yo creo que deberías lanzarte. ¿Qué tienes que perder?
¿Qué tenía que perder si se lanzaba a por ella en ese momento?
-Nada, aparte de mi orgullo y mi autoestima -repuso.
-Es muy difícil abrazar esas cosas y acurrucarte con ellas en la cama. O disfrutar de un vaso de vino y un baño espumoso a la luz de las velas con ellas.
Nick luchaba por mantener una expresión de sorna mientras las palabras de ella creaban imágenes de ellos dos en su mente. La ironía de estar tomando un vaso de vino con ella casi fue más fuerte que él. Era masoquista continuar con aquella conversación. ¡Qué diablos!, simplemente estar allí era ya masoquista.
-Pero el vaso de vino se termina, las velas se consumen y el agua se enfría, por lo que quizá sea mejor optar por algo más duradero.
-Pero la vida es pasajera. El mañana puede no llegar antes de que se acabe el vino o se enfríe el agua.
-¿Estoy en compañía de una hedonista? - preguntó él, que recordaba bien la presencia de Tiny, Enrico y Bob en el dormitorio.
Ella se puso un mechón de pelo detrás de la oreja.
-La vida es corta y es una pena desaprovechar oportunidades. Esa mujer podría ser el amor de tu vida y tú la dejas escapar. ¿Y quién sabe? Tal vez sienta lo mismo por ti. A lo mejor simplemente no se ha dado cuenta. O es tímida y tiene miedo de decírtelo.
Nick se echó a reír. Ninguna de esas dos posibilidades podía atribuirse a Miley. Su aversión a la oscuridad era el único miedo que le había conocido.
-No creo que el miedo tenga mucho que ver con esa mujer.
miley apoyó el codo en la mesa y apretó los labios. Se llevó un dedo a la comisura de los labios y lo miró pensativa. Tenía una boca encantadora, de labios llenos, pero sin ayuda de colágeno.
-A lo mejor lo tuyo es una especie de amor cortesano -chasqueó con los dedos-. Eso es. Los caballeros andantes sólo amaban a sus damas a distancia. A lo mejor te da miedo declararte porque en el fondo no te atrae físicamente. Quizá no sabrías qué hacer con ella si correspondiera a tu atracción -dijo.
Y se cruzó de brazos como si acabara de resolver un rompecabezas.
Los días de la infancia en los que Nick se veía a sí mismo como un caballero andante habían pasado hacía mucho. Los sentimientos que ella le producía no tenían nada de caballeroso. Ardía por ella. Y estaba harto de sus especulaciones. Ya era hora de que acabara aquella conversación. Conocía un modo seguro de darla por terminada y demostrarle lo equivocada que andaba con sus nociones románticas.
Pasó un dedo por el borde del vaso y le sonrió a través de la mesa, para que vislumbrara la pasión oscura que se agitaba debajo de la superficie.
-Yo no sé nada de amor caballeroso -dijo con deliberación-. Sé que, si tuviera ocasión, la poseería como un loco durante una semana.
Ella abrió mucho los ojos y tragó saliva, pero no apartó la vista.
-Oh. Bien... entonces...
Tal vez se había pasado un poco.
-Perdona si te he escandalizado.
Miley levantó la barbilla.
-Para nada. Yo creo que toda esa pasión es... sexy No creo que haya una sola mujer en el mundo a la que no le guste saber que su hombre la desea tanto que quiere... -se detuvo un momento- poseerla como un loco durante una semana. Siempre que, en algún momento de la semana, quiera también conversar un poco y aprender a conocerla durante el maratón de sexo.
En boca de ella, las palabras sonaban excitantes en lugar de ofensivas. Sobre todo porque las pronunciaba con aquel acento sureño meloso y un brillo especial en los ojos.
Nick estaba metido en el barro hasta la rodilla, pero al parecer le faltaba sentido común para dejar de hundirse más.
-Nunca he funcionado sólo a base de lujuria. Su cerebro y su personalidad me atraen también. De no ser así, sólo querría poseerla media semana. Y no lo haría a lo loco.
La sonrisa pícara de ella lo dejó sin aliento.
-Eres perverso, Nick.
Aquello era peor que hundirse en barro. Era un coqueteo sexual y tenía que terminar cuanto antes. Se echó hacia delante, atraído por el calor de los ojos de ella, embaucado por su sonrisa.
-Quizá mi amor languidece sin ser correspondido porque soy demasiado perverso para amar.
Ella se adelantó un poco y su rodilla rozó la de él, que sintió el contacto hasta la punta de los pies. Una sonrisa seductora entreabría los labios de ella.
-Eso lo dudo mucho. ¿No sabes que esa perversidad vuelve locas a las mujeres?
Lo único que sabía Nick era que ella lo volvía loco.
-¿Hablas por experiencia personal?
-Soy mujer, así que supongo que sí -había algo en sus ojos. Algo que decía que sabía lo malo que podía ser él y le gustaba a su pesar.
Lo cual era ridículo, ya que él se había protegido siempre de ella. Levantó las cejas en un gesto interrogante. Y ella parpadeó y su mirada cambió. Se recostó en la silla y pareció poner distancia entre ellos.
-¿Y qué haces con toda esa energía acumulada? -preguntó.
Aquella mujer era increíblemente curiosa, lo cual era una de las razones por las que él se había apartado de la esfera de Liam y ella. Por un momento pensó en decirle que se masturbaba mucho para ver si así conseguía que dejara de hacer preguntas, pero la táctica de intentar escandalizarla ya le había fallado una vez. Y además, no podía decidirse a hablar con tanta crudeza. Optó por la verdad.
-Corro mucho. En este momento, seguramente esté preparado para un maratón -se rió de sí mismo-.Y no subestimes nunca la eficacia de la ducha fría.
De hecho, una ducha fría le parecía una idea fantástica en ese momento. El sudor se pegaba a su piel, y la de ella brillaba con una capa fina de humedad. Tenía que estar enfermo para que el sudor de una mujer le pareciera sexy
-No sabía que corrías. Yo no entreno para maratones ni mucho menos, pero corro cinco días a la semana.
-¿También estás sexualmente frustrada? - preguntó él.
-No, tengo un trasero gordo -sonrió ella con una picardía que ocultaba cierta timidez. Nick iba a decirle que su trasero era perfecto, pero se contuvo-. Deberíamos correr juntos algún día.
-¿Por qué no? -asintió él.
-¿Qué te parece mañana?
-Dependiendo del tiempo que tardara en volver la luz, era posible que él sí necesitara correr al día siguiente.
-Trato hecho.
En la sala de estar sonó el móvil de ella. Miley se disculpó y se puso en pie.
Nick se quedó en la cocina para dejarle intimidad. Empezó a recoger la mesa. Sin el rumor del frigorífico, no pudo evitar oír su conversación a pesar de que estaba puesta la radio.
-Sí, mamá, estoy bien. No, no está aquí. Lo ha pillado en la galería... No, no estoy sola. A un amigo de Liam lo ha sorprendido aquí el apagón. Sí. Es fotógrafo... No, no saben cuándo volverá la luz. No, no hay señales de vandalismo, pero sí, nos quedaremos en casa -bajó la voz-. Mamá, aquí las cosas no son tan estrictas como en casa y prefiero no quedarme sola... Sí, te llamaré luego.
Liam había ido a conocer a los padres de Miley después del compromiso, y después le había hablado de ellos a Nick. Muy conservadores, muy sureños, muy estrictos. Miembros de la aristocracia de Savannah, su padre era cirujano y su madre miembro vitalicio del club de jardinería. Habían comido en el club de campo.
Nick no tenía que ser muy imaginativo para saber que mamá Cyrus había dicho a su hija que resultaba muy poco apropiado que estuviera a solas en su apartamento con otro hombre durante un apagón. Pero al menos ella llamaba para ver cómo estaba su hija. Nick dudaba de que a sus padres se les ocurriera esa idea.
Miley volvió a la cocina cuando él terminaba de enjuagar y meter los tazones en el lavavajillas.
-Mi madre ha oído la noticia en la CNN - dijo-. ¿Ya has recogido? Si no estuviera prometida, te guardaría para mí.
Sus palabras frívolas eran una daga en el corazón de él.
-Ah, pero está Liam; ¿verdad? -preguntó con frialdad.
-Sí, está Liam -ella dejó el móvil en la encimera y se volvió hacia él-. Pero eso me recuerda... ¿por qué veníais Liam y tú aquí esta noche?